Ansiedad, estrés y cortisol en el autismo

Biología del Agobio: El Cortisol y la Respuesta al Estrés en el Autismo

La adolescencia es una etapa de “poda neuronal” y reajuste hormonal para todos, pero en el cerebro autista, este proceso ocurre bajo una atmósfera química distinta. No se trata solo de sensibilidad sensorial; es una respuesta neuroendocrina desajustada ante un mundo que no deja de emitir señales de alerta.

El Eje HHS: Un sistema en estado de hipervigilancia

El Eje Hipotalámico-Hipofisario-Adrenal (HHS) funciona como el termostato del estrés. Investigadores como Corbett et al. (2014) han confirmado que, mientras los jóvenes neurotípicos muestran un ritmo circadiano del cortisol predecible (alto al despertar y bajo al anochecer), los adolescentes autistas presentan una variabilidad extrema.

Este eje no solo reacciona al peligro físico, sino a la incertidumbre. Para un cerebro que depende de la predicción para sentirse seguro, el cambio de planes o la ambigüedad social se traducen en una descarga de cortisol que el cuerpo tarda horas, o incluso días, en metabolizar.

¿Existen diferencias de género?

La ciencia reciente ha comenzado a desvelar que el estrés no se manifiesta igual en hombres que en mujeres autistas:

  • El fenómeno del “Camuflaje” (Masking): Las mujeres y niñas autistas suelen realizar un esfuerzo cognitivo agotador para imitar conductas sociales. Estudios sugieren que este “camuflaje” mantiene el cortisol elevado de forma crónica, lo que deriva en un agotamiento extremo o burnout mucho antes que en sus pares masculinos.
  • Diferencia en la reactividad: Mientras que los varones suelen mostrar respuestas de cortisol más explosivas ante estímulos externos, las mujeres presentan a menudo una hiporreactividad (niveles de cortisol que no suben cuando deberían), lo que indica un sistema HHS exhausto por el estrés social constante (Fidala et al., 2022).
  • Impacto hormonal: En la adolescencia, el estrógeno puede interactuar con el eje HHS, haciendo que las jóvenes autistas sean más vulnerables a trastornos de ansiedad y depresión vinculados a la desregulación del cortisol.

La “Respuesta de Despertar” y la Fatiga Crónica

Un hallazgo crítico es la Respuesta del Cortisol al Despertar (CAR). En el autismo, esta respuesta suele estar embotada o ser errática. Si el pico de cortisol matutino no es el adecuado, el adolescente empieza el día sin la energía necesaria para afrontar la demanda ejecutiva, lo que genera una paradoja, están “cansados pero cableados” (tired but wired); agotados físicamente pero con un sistema nervioso en alerta máxima.

Estrategias de Regulación Basadas en Evidencia

  1. Reducción de la Carga Alostática: Antes que cualquier suplemento, es vital reducir las exigencias del entorno. Menos ruido, agendas visuales claras y tiempos de “desconexión total”.
  2. Soporte Nutricional y Farmacológico: El uso de Magnesio y Vitamina C actúa como cofactor en la síntesis de neurotransmisores y ayuda a limpiar el exceso de cortisol, pero siempre debe ser pautado tras un análisis de niveles en sangre y por un especialista.
    1. Nutrición con base científica: El Magnesio y los Omega 3/6 han mostrado beneficios en la regulación del sistema nervioso, pero siempre bajo supervisión médica.
    2. Vitamina C: Se ha observado que ayuda a reducir los niveles de cortisol y mejora la calidad del sueño, un factor crítico en el TEA.
  3. Propiocepción y Presión Profunda: Técnicas como las mantas de peso o masajes terapéuticos estimulan el sistema parasimpático, el “freno” natural del cortisol.
  4. Higiene del sueño y relajación: Enseñar técnicas de respiración y mantener rutinas de sueño estrictas ayuda a predecir el día y bajar los niveles de alerta.
  5. El mito del “ejercicio para que se canse”: ¿Llevas a tu hijo al parque para que queme energía y regresa más acelerado que nunca? La ciencia tiene la respuesta. Para un sistema HHS desregulado, el ejercicio físico intenso puede interpretarse como una amenaza física. En lugar de segregar endorfinas y relajarse, el cuerpo interpreta que está huyendo de un depredador, elevando aún más el cortisol y bloqueando el descanso.

Consecuencias de un cerebro “bañado” en cortisol

Vivir bajo niveles altos de esta hormona de forma crónica no es gratuito. El cortisol alto altera la morfología cerebral y afecta directamente a:

  • Las funciones ejecutivas: Dificultad para planificar y tomar decisiones.
  • La memoria a largo plazo: El cerebro está tan ocupado sobreviviendo que no puede procesar información nueva.
  • La regulación emocional: Mayor susceptibilidad a colapsos (meltdowns) o desconexiones (shutdowns).

 

“El estrés crónico puede incluso alterar la conectividad entre la amígdala y la corteza prefrontal. Esto significa que el adolescente autista no solo ‘siente’ más estrés, sino que su cerebro está físicamente configurado para priorizar la respuesta emocional de supervivencia sobre la lógica, debido a esa sobrecarga constante de cortisol.”

Entender que el estrés en el autismo tiene una raíz fisiológica nos permite pasar de la frustración a la empatía. No se trata de “mal comportamiento”, sino de un sistema biológico tratando de sobrevivir en un mundo que percibe como constantemente amenazante.

¿Y tú?, ¿cómo percibes el mundo? Contacto Reservar Cita

Nieves López-Brea Serrat
Psicóloga Sanitaria
Experta en Neuropsicología Clínica Infanto-Juvenil

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía 

  • American Psychological Association. (2020). Publication manual of the American Psychological Association(7th ed.).
  • Alonso, J. R. (2020, 29 de abril). Alumnos con estrés. Neurociencia. https://jralonso.es/2020/04/29/alumnos-con-estres/
  • Alonso, J. R. (2021). El autismo: Reflexiones y pautas para comprenderlo y abordarlo. Editorial AMAT.
  • Alonso, J. R. (2021, 9 de enero). Autismo y calidad de vida. Neurociencia. https://jralonso.es/2021/01/09/autismo-y-calidad-de-vida/
  • Corbett, B. A., Muscatello, R. A., & Blain, S. D. (2014). Dysregulation of the cortisol diurnal rhythm in children with autism spectrum disorder. Autism Research, 7(6), 703–711. https://doi.org/10.1002/aur.1416
  • Fidala, A., Ziemiańska, K., & Pąchalska, M. (2022). Gender differences in stress social reactivity in adolescents with Autism Spectrum Disorder. Journal of Neurological and Neurosurgical Nursing, 11(2), 45-56.
  • McEwen, B. S. (2007). Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873–904. https://doi.org/10.1152/physrev.00041.2006
  • Schreck, K. A., & Williams, K. (2006). Food preferences and sleep problems in children with autism spectrum disorders. Research in Developmental Disabilities, 27(6), 677–689.

Pensamiento Mágico en el TOC

EL PENSAMIENTO MÁGICO EN EL TOC

 

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por la presencia de pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes y persistentes que generan malestar (obsesiones) y comportamientos repetitivos o con reglas rígidas (compulsiones) para prevenir o reducir la ansiedad de las obsesiones.

Con frecuencia, lo que subyace a las compulsiones es la creencia de que su realización será la causa de un cambio en el entorno. Esta relación causal y congruencia con las obsesiones no es siempre lógica, como sí sucedería entre las obsesiones de contaminación y el excesivo lavado de manos. Cuando se considera que un pensamiento o una acción es causante de eventos reales sin existir una conexión física y lógica es lo que se considera pensamiento mágico, y es un concepto muy presente en el TOC. Sería este el caso de niños con TOC Infantil que evitan pisar las líneas de la acera porque creen que así podrán prevenir que a sus padres les ocurra algo malo, o de un adulto que dé 3 golpes a la puerta de su casa antes de salir para que su día transcurra sin complicaciones.

Otro concepto estrechamente relacionado con el pensamiento mágico es la fusión pensamiento-acción, que supone la creencia de que pensar en algún evento aumenta la probabilidad de que ocurra. En este sentido, el pensamiento es relacionado causalmente con un resultado negativo y, al igual que lo descrito en el pensamiento mágico, dan un sentido de sobreresponsabilidad a la persona, tanto del daño como de su prevención.

El pensamiento mágico está presente en toda la población general, tanto infantil como adulta, siendo un fenómeno bastante común. Es especialmente frecuente en niños hasta aproximadamente los 11-12 cuando comienza a declinar. Esto es así porque los niños no tienen correctamente desarrolladas las leyes de la lógica causal, y con frecuencia consideran que si dos eventos se dan uno detrás del otro, el primero es el causante del segundo. De esta forma, un niño podría experimentar, por ejemplo, que al jugar pisando solo las líneas de la acera, su padre se ha torcido un tobillo. Así, podría considerar que ha sido el hecho de pisarlas las que han provocado que su padre reciba un daño. Más adelante, o en otra ocasión, podría evitar pisar las líneas, y al no ocurrir nada a sus padres considerar que esa es la forma de prevenir el daño.

A partir de los 11-12 años, los preadolescentes han aprendido mejor el sentido de causalidad, lo que les lleva a presentar menos pensamiento mágico, aunque este se mantendrá en menor medida durante toda la vida de una persona sana, y se puede seguir recurriendo al pensamiento mágico en situaciones en las que el niño o el adulto no haya encontrado una explicación lógica alternativa. En este proceso, las compulsiones se vuelven relevantes. Puesto que la persona considera que es el realizar la compulsión la que le ha permitido evitar algo negativo, llevarla a cabo reduce momentáneamente su ansiedad y continúan haciéndolo. No obstante, a largo plazo, la reducción del malestar cada vez dura menos tiempo, y puesto que no han experimentado que en ausencia de la compulsión no se produce el evento o daño, no pueden aprender que lo temido no está sujeto a esas acciones.

Debido a esto, la intervención recomendada es la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) y, en el caso de los adultos, puede acompañarse de medicación si su uso se adapta a las características individuales de la persona. El elemento fundamental de la TCC que permite incidir sobre el mantenimiento de los síntomas descritos es la exposición con prevención de respuesta, que permitirá establecer situaciones seguras en las que aprender que no se produce el daño esperado en ausencia de las compulsiones, disminuyendo progresivamente así la ansiedad. Se acompaña además de terapia cognitiva, centrada en la modificación de los pensamientos que causan malestar. En el caso de los niños, el  rol de la familia en este proceso resultará esencial, tanto de acompañamiento como para la supervisión, realizando un trabajo de colaboración con el terapeuta.

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Bibliografía:

American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-5® (5th ed.). Editorial Médica Panamericana. 

Bolton, D., Dearsley, P., Madronal-Luque, R. y Baron-Cohen, S. (2002). Magical thinking in childhood and adolescence: Development and relation to obsessive compulsion. British Journal of Developmental Psychology, 20(4), 479-494. https://doi.org/10.1348/026151002760390819  

Chessell, C., Halldorsson, B., Harvey, K., Guzman-Holst, C. y Creswell, C. (2021). Cognitive, behavioural and familial maintenance mechanisms in childhood obsessive compulsive disorders: A systematic review. Journal of Experimental Psychopathology, 12(3), Article 20438087211036581. https://doi.org/10.1177/20438087211036581

Evans, D. W., Hersperger, C. y Capaldi, P. A. (2011). Thought-action fusion in childhood: measurement, development, and association with anxiety, rituals and other compulsive-like behaviors. Child psychiatry and human development, 42(1), 12-23. https://doi.org/10.1007/s10578-010-0198-x

Evans, D. W., Milanak, M. E., Medeiros, B., y Ross, J. L. (2002). Magical beliefs and rituals in young children. Child psychiatry and human development, 33(1), 43-58. https://doi.org/10.1023/a:1016516205827 

Verhaak, L. M. y de Haan, E. (2007). Cognitions in children with OCD. A pilot study for age specific relations with severity. European child & adolescent psychiatry, 16(6), 353-361. https://doi.org/10.1007/s00787-007-0606-3

Clara Villasana González Psicóloga en prácticas en Psycolab

Nieves López-Brea Serrat
Psicóloga Sanitaria
Experta en Neuropsicología Clínica Infanto-Juvenil

Estas Navidades…RELAX

La Navidad suele ser una época de contrastes: mucha alegría, pero también un nivel alto de estrés por las compras, las reuniones sociales y las expectativas familiares. Activar el nervio vago es la forma más efectiva de pasar del estado de “alerta” (sistema simpático) al de “calma y restauración” (sistema parasimpático).

El nervio vago es el puente principal del sistema nervioso parasimpático (“descansar y digerir”) que conecta el tronco encefálico con órganos vitales como el corazón, los pulmones o el intestino, regulando funciones involuntarias, el estado de ánimo, el sistema inmune y la respuesta al estrés.

Su activación, mediante técnicas como la respiración profunda, el canto o la estimulación, ayuda a restaurar el equilibrio (homeostasis), reducir la inflamación y tratar afecciones como la depresión, la ansiedad y problemas digestivos, abriendo nuevas vías terapéuticas en neurociencia. 
Funciones clave:
  • Regulación autónoma: Controla el ritmo cardíaco, la respiración, la digestión y el reflejo de la tos/vómito.
  • Comunicación bidireccional: Envía señales del cerebro al cuerpo y, crucialmente, recoge el 90% de la información sensorial desde los órganos viscerales hacia el cerebro.
  • Modulación del estrés: Activa la respuesta parasimpática, contrarrestando la respuesta de “lucha o huida” y reduciendo el cortisol.
  • Salud mental: Influye en el estado de ánimo y se estudia para tratar trastornos como la depresión resistente. 

 

Aquí tienes una guía práctica para hackear tu sistema nervioso durante las fiestas:

1. Técnicas de “Emergencia” en la Mesa

Si sientes que la cena familiar te está superando, puedes usar estos métodos discretos:

  • La Exhalación Alargada: El nervio vago pasa por el diafragma. Inhala en 4 tiempos y exhala en 8. La clave es que la exhalación sea el doble de larga que la inhalación; esto envía una señal inmediata al cerebro de que estás a salvo.

  • Beber agua fría: Un trago de agua muy fría activa el reflejo de inmersión, que ralentiza el ritmo cardíaco de forma refleja.

  • Presión ocular suave: Si puedes retirarte un momento al baño, cierra los ojos y presiona muy suavemente tus párpados con los dedos. Esto estimula el reflejo oculocardíaco, conectado directamente con el vago.

2. El Poder del Sonido (Ideal para el ambiente navideño)

El nervio vago está conectado con las cuerdas vocales y los músculos de la garganta:

  • Cantar villancicos: No importa si no afinas. La vibración en la garganta al cantar estimula el nervio vago.

  • Hacer gárgaras: Cuando te laves los dientes antes de salir o al volver, haz gárgaras con fuerza. La contracción de los músculos del paladar blando es uno de los mejores estimulantes vagales.

  • Reír a carcajadas: Busca al familiar que siempre cuenta chistes o mira un video que te haga gracia. La risa verdadera cambia tu química interna al instante.

3. Temperatura y Conexión

  • Termina tu ducha con agua fría: Si el estrés navideño te tiene agotado, los últimos 30 segundos de tu ducha con agua fría actúan como un “reinicio” para tu sistema nervioso.

  • Conexión social segura: El nervio vago es parte del “sistema de compromiso social”. Una conversación tranquila y honesta con una persona que te haga sentir seguro liberará oxitocina y calmará tu sistema nervioso.

4. Post-Cena: La Digestión

El 80-90% de las fibras del nervio vago son sensoriales, llevando información desde el intestino al cerebro.

  • Masaje abdominal: Después de una comida copiosa, realiza círculos suaves en el sentido de las agujas del reloj sobre tu abdomen. Esto ayuda a la motilidad intestinal y reduce la presión sobre el nervio.

 

¿Dispuesto a pasar unas tranquilas fechas?

 

Nieves López-Brea Serrat
Psicóloga Sanitaria Adultos
Experta en Neuropsicología Clínica Infanto-Juvenil

Microbiota y ansiedad

Ansiedad y Microbiota

Tal vez tú también te hayas encontrado en una situación en la que tu cuerpo ha activado todas las alarmas: el corazón se acelera, la respiración se vuelve más superficial y el estómago se revuelve. La ansiedad es un problema que cada vez recibe más atención, afectando a cerca del 10 % de la población mundial cada año (Simpson et al., 2020). Sin embargo, a menudo se le atribuye erróneamente a la ansiedad un origen exclusivamente mental, sin considerar que también pueden estar implicados mecanismos físicos. Este artículo busca ofrecer una comprensión básica de esta interacción.

La ansiedad, se ha relacionado con desequilibrios en la microbiota intestinal. El eje microbiota-intestino-cerebro es unsistema complejo y bidireccional en el que las bacterias no solo participan en la digestión, sino que también producen neurotransmisores y sustancias neuroactivas capaces de influir en el sistema nervioso central (Simpson et al., 2020). Así, alteraciones en la composición de este ecosistema pueden desencadenar respuestas que afectan directamente el estado emocional y la regulación del ánimo.

El estrés y la mala gestión de las emociones tienen un impacto profundo en este equilibrio (TR, 2022). La exposiciónconstante al estrés puede incrementar la permeabilidad intestinal, facilitando el paso de productos bacterianos como los lipopolisacáridos. Estos componentes, al transitar hacia el torrente sanguíneo, pueden originar procesos inflamatorios que, a través de la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, contribuyen a la neuroinflamación yagravan los síntomas de ansiedad (Vista De Depresión, Ansiedad Y Microbiota Intestinal: Mecanismos Neurobiológicos | Acta Neurológica Colombiana, n.d.).

Estudios han identificado un patrón distintivo de disbiosis en individuos con ansiedad. Se ha observado un aumento en bacterias como Bilophila y Alistipes, y una disminución en otras como Anaerostipes y Dialister (TR, 2022). Esta alteración del equilibrio microbiano resulta en una inflamación intestinal que, a su vez, se traduce en un deterioro en la comunicación entre el intestino y el cerebro, estableciendo un vínculo directo entre la salud de la microbiota y el desarrollo de trastornos ansiosos.

Asimismo, la influencia de factores externos como la alimentación, el uso prolongado de antibióticos y las condiciones durante el desarrollo en la infancia se hacen evidentes en la configuración de este ecosistema. Una dieta inadecuada o intervenciones médicas mal calibradas pueden alterar la delicateza de la microbiota, aumentando el riesgo dedisbiosis y, por ende, la susceptibilidad a la ansiedad (TR, 2022).

Un hallazgo innovador en este campo es el descubrimiento de la bacteria Christensenella minuta. Patentada en 2020por un equipo de investigadores liderado por Yolanda Sanz en el IATA-CSIC, esta bacteria, hallada en intestinos saludables, ha demostrado su capacidad para modular el estado de ánimo. A través de la producción de serotonina, uno de los neurotransmisores asociados a la regulación emocional, Christensenella minuta ha mostrado potencial en la reducción de síntomas ansiosos y la atenuación del estrés en estudios experimentales (Csic, 2023).

Finalmente, el reconocimiento del papel esencial que desempeña el intestino – con su vasta concentración de células inmunitarias y neuronas – resalta la importancia de cuidar este microcosmos interno. La interconexión entre la microbiota y el cerebro abre nuevas perspectivas para comprender los mecanismos subyacentes de la ansiedad y plantea posibilidades innovadoras para su tratamiento. La investigación en este campo continúa abriendo caminos que podrían transformar el enfoque terapéutico de los trastornos emocionales, revelando que el bienestar mental y la salud intestinal están íntimamente ligados en una danza compleja y fascinante.

Nuestra compañera Jana-Isabel Vicente resolverá tus dudas el viernes 25 de abril en una Charla sobre Microbiota y Psicobioma que ofrecemos con motivo de nuestro X Aniversario de Práctica de Neuropsicología Clínica en Psycolab. (Actividad gratuita con inscripción previa).

También puedes seguirla en su Blog:

Neuropsyblog: https://neuropsyblogcom.wordpress.com/

 

Bibliografía:

Csic. (2023, March 27). La conexión entre el intestino y el cerebro puede proteger la salud mental. Consejo Superior De Investigaciones Científicas.

https://www.csic.es/es/actualidad-del-csic/la-conexion-entre-el-intestino-y-el-cerebro-puede- proteger-la-salud-mental

Simpson, C. A., Diaz-Arteche, C., Eliby, D., Schwartz, O. S., Simmons, J. G., & Cowan, C. S. (2020). The gut microbiota in anxiety and depression – A systematic review. Clinical Psychology Review, 83, 101943. https://doi.org/10.1016/j.cpr.2020.101943

TR, P. M. (2022, January 31). Doctora Olalla Otero: “En momentos de estrés o ansiedad la microbiota se altera porque entre cerebro e intestino la comunicación es bidireccional.” Revista Pharma Market.

https://www.phmk.es/entrevistas/doctora-olalla-otero-en-momentos-de-estres-o-ansiedad-la- microbiota-se-altera-porque-entre-cerebro-e-intestino-la-comunicacion-es-bidireccional

Vista de Depresión, ansiedad y microbiota intestinal: mecanismos neurobiológicos | Acta Neurológica Colombiana. (n.d.). https://www.actaneurologica.com/index.php/anc/article/view/1341/1661

Jana Isabel Vicente
@neuropsyblog

Nieves López-Brea 
Psicóloga Sanitaria
Neuropsicología Clínica

 

 

 

 

 

 

Miedo a hacer caca en la infancia

¿Por qué mi caca no quiere salir en el inodoro?

 

El control de esfínteres es un proceso que requiere la maduración y el aprendizaje necesarios para controlar la micción y la defecación. Esta maduración depende de cada niño.
Se suele alcanzar en torno a los dos o tres años para el control diurno. El control nocturno es poco más tardío. En ocasiones esta maduración puede llegar a conseguirse en torno a los cinco o seis años.
Mamás y papás, no os alarméis si vuestro peque tarda un poco más en controlar su pipí y su caca. Es normal.

Generalmente, el control del esfínter anal (caca) se produce en torno a los dos o tres años y el control del esfínter vesical (pipí) entre los tres y cuatro años (Consolini, M.D., 2023).

La secuencia en la adquisición del control voluntario de los esfínteres se inicia con el control intestinal durante el sueño, seguido del control fecal en las horas de vigilia. Posteriormente el control diurno de la orina y al final el nocturno.

Se pueden adquirir ambos controles juntos, pero en otras ocasiones se pueden alcanzar a destiempo. La Educación, cultura, situaciones familiares, etc., pueden influir en esta adquisición (Garza-Elizondo, R.,2019).

Este proceso requiere de paciencia por parte de los padres y personas implicadas en el cuidado de los pequeños. La retirada del pañal puede ser un camino largo, pero suelen darse pequeñas señales que nos avisan de que el momento de retirar el pañal se acerca:
Pueden mantenerse secos durante 2 horas; cuando tiene el pañal manchado, se dan cuenta y piden un cambio de pañal; muestran interés por el inodoro y piden estar a solas cuando notan que tienen ganas de hacer caca o pipí, etc…

Durante esta labor, algunos niños se niegan a sentarse en el inodoro o experimentan miedo a hacer caca. Puede deberse a multitud de factores tales como una baja capacidad en la percepción de ganas de evacuar o algún problema médico. Una alimentación baja en fibra y/o la falta de hidratación, ocasionan que las heces se endurezcan, pudiendo producir estreñimiento y provocando malestar y dolor a la hora de evacuar.

En muchas ocasiones, este rechazo a sentarse en el WC, puede deberse a que los peques empiezan a experimentar miedo a la hora de hacer caca en el inodoro. Así mismo, puede influir otros factores como la llegada de un nuevo hermano/a,  problemas emocionales, una situación familiar difícil para el peque, etc…

Estos son momentos claves que se deben abordar con paciencia y mimo.  En ocasiones, este rechazo puede producir retenciones de pipí y/o caca. También aumenta la posibilidad de desarrollar trastornos como la enuresis (incontinencia urinaria) o encopresis (incontinencia fecal) y estreñimiento.

¿En qué consiste la fobia a hacer caca en el inodoro?

Es el miedo a la sensación de expulsar algo fuera de cuerpo. Suele aparecer entre el inicio de la retirada del pañal y los cuatro años, pero puede aparecer en cualquier momento de la infancia e incluso en la adolescencia.

¿Cómo podemos reconocer sus señales?

No les gusta hablar sobre “hacer caca”, se pueden mostrar incómodos o incluso sienten enfado. Se niegan a sentarse en el inodoro. Cuando perciben que tienen ganas de hacer caca, se contraen o saltan para que se les pase las ganas de hacer caca. Pueden mostrarse ansiosos, gritar o llorar cuando se les dice que se sienten en el inodoro. A veces, incluso, se muestran aprensivos con las sustancias que en general puedan salir del cuerpo, no solo la caca, también la saliva, cortar el pelo, ver un poquito de sangre al hacerse una heridita, etc.

¿Qué podemos hacer para abordarlo?

Es fundamental mantener la calma y, ante todo, mostrar una actitud positiva y empática con ellos. No hacen caca en el inodoro porque no quieran, sino que realmente experimentan un malestar. Sentirse comprendido es el primer paso para empezar a afrontarlo.

Nunca se debe amenazar, castigar o gritar por tener que usar aún el pañal o no conseguir hacer caca en el inodoro. Esto no solo aumentará su miedo, también se frustrarán, lo que puede hacer que se sientan avergonzados, dañando su autoestima y rechazando aún más la idea de hacer caca en el WC.

Como menciona Consolini, M.D., (2023), el entrenamiento en control de esfínteres mediante la modificación de la conducta, otorgando una recompensa por el control de esfínteres exitoso, es una opción excelente para abordar dicho miedo. Es interesante leer cuentos con los peques sobre el miedo a hacer caca adaptado a cada edad. Cuanto más lúdico sea el abordaje de este problema, antes podrán resolverlo, evitando problemas físicos como estreñimiento y encopresis, así como problemas emocionales.

Una dieta variada y equilibrada y una correcta hidratación, harán que su microbiota intestinal sea más diversa y ayudará a la correcta evacuación de las heces, evitando también el estreñimiento y aportando salud física y mental en la infancia.

En Psycolab realizamos una evaluación detallada del problema y establecemos un programa de entrenamiento específico y personalizado para alcanzar el control de esfínteres fecal y vesical, venciendo el miedo a sentarse en el inodoro.

Además, durante la Exposición EXCRETA, te acompañaré para resolver tus dudas y será un momento muy divertido para que puedas venir con tu peque a hablar de “caca“.

Te ofrecemos un cuento infantil para leer con tu peque cuando llegue el momento de quitar el pañal. Puedes descargarlo aquí: El gran paso de Leo para quitar el pañal_baja calidad

*Si deseas descargar El gran paso de Leo para quitar el pañal en alta calidad ve a https://www.psycolab.com/neurotienda/ donde podrás descargarlo de forma gratuita o pídenoslo a info@psycolab.com .

 

REFERENCIAS:

Barrios Torres, J. (2014).  Incontinencia fecal en niños. Servicio de Pediatría. Gastroenterología Infantil. Hospital Universitario de Fuenlabrada. Fuenlabrada. Madrid. España. DOI: 10.1016/S1696-2818(14)70187-8

Bezos, S.L., Escribano, C.E. (2012). ¿Qué esconden los problemas de control de esfínteres? A propósito de un caso. Rev Pediátrica. Aten Primaria. 2012; 14: 317-21.

Consolini, D.B. (2023). Thomas Jefferson University Hospital. https://www.msdmanuals.com/es/professional/pediatr%C3%ADa/puericultura/control-de-esf%C3%ADnteres

Garza-Elizondo R. (2020). Control de esfínteres. Acta Pediatr Mex. (2020);41(1):40-2. DOI: http://dx.doi.org/10.18233/APM41No1pp40-421974

Howe, A.C., Walker, C.E. (1992).  Behavioral management of toilet training, enuresis and encopresis. Pediatr Clin North Am. 1992; 39: 413-32. https://doi.org/10.1016/S0031-3955(16)38336-5.

Los días 17, 18, 24 y 25 de enero de 2025, tendrás la oportunidad de consultar a nuestros especialistas tus dudas sobre cómo afecta tu microbiota a tu salud mental o al neurodesarrollo de tu bebé.

Recuerda que durante la exposición, nuestros especialistas no ofrecerán formaciones regladas, sino que estarán en las instalaciones para que te dirijas a ellos cuando quieras.

Más adelante publicaremos fechas en las que sí realizaremos una Jornada de Formación sobre Microbiota y Psicobioma más reglada.

Consulta horarios de la exposición y la asistencia de nuestros especialistas AQUÍ.

Apúntate!!!

Lourdes Romero Montero
Psicóloga Sanitaria

Síndrome del Intestino Irritable (SII)

Síndrome del Intestino Irritable (SII)

El síndrome del intestino irritable (SII), anteriormente conocido como colon irritable, es uno de los trastornos funcionales digestivos más comunes, con una prevalencia en España en torno al 7-10% (Mearin et al., 2016). Se caracteriza por dolor abdominal recurrente, hinchazón y alteraciones en el hábito intestinal (diarrea, estreñimiento o una combinación de ambos). Es un trastorno que representa un alto porcentaje de consultas en atención primaria y derivaciones a gastroenterología. Durante los últimos años, las investigaciones han resaltado el papel central de la microbiota intestinal y su relación con las implicaciones psicológicas asociadas a este trastorno.

La microbiota intestinal, compuesta por miles de millones de microorganismos que habitan el tracto gastrointestinal, desempeña un papel esencial en funciones metabólicas, inmunológicas y de comunicación con el sistema nervioso central (SNC). En el SII, los estudios han señalado desequilibrios significativos en la composición microbiana como la disminución de bacterias beneficiosas [fundamentales para la regulación de la inflamación] (Rodríguez de Santiago et al., 2019), el aumento de bacterias patógenas [hecho que contribuye a la inflamación y el aumento de la permeabilidad intestinal] (Cañete & Esteban, 2020) y la pérdida de diversidad microbiana [asociado a una menor capacidad de la microbiota a adaptarse a cambios externos como el estrés] (Molina-Infante et al., 2018).

El eje intestino-cerebro es clave para entender la interacción entre el sistema digestivo y el nervioso central. Esta comunicación bidireccional permite que los factores físicos y los emocionales se influyan mutuamente. En pacientes con SII, este eje está particularmente alteado:

La Inflamación sistémica de bajo grado provocado por el desequilibrio en la microbiota: desencadena una serie de respuesta inflamatorias, contribuyendo al dolor abdominal y al incremento de la ansiedad y depresión (Gutiérrez & Olmedo, 2020).

Desequilibrio a nivel neuroquímico: las bacterias intestinales tienen dificultades para producir con normalidad neurotransmisores como la serotonina y el GABA que son esenciales para regular el estado de ánimo y la percepción del dolor (Rodríguez de Santiago et al., 2019).

Hiperactivación del eje HPA (hipotalámico-hipofisario-adrenal): implicando una mayor respuesta al estrés y al agravamiento de la sintomatología, afectando al estado de ánimo y el bienestar emocional (Cañete & Esteban, 2020).

Estos factores conforman un círculo vicioso: el estrés aumenta los síntomas digestivos, la alteración de la microbiota y la inflamación aumentan el dolor y la sintomatología emocional, y estos, a su vez, intensifican la sensación de malestar psicológico.

El diagnóstico de SII puede generar un gran impacto psicológico en los pacientes debido al carácter crónico, impredecible y multifactorial del mismo. Entre las principales consecuencias se incluyen ansiedad anticipatoria (miedo a los síntomas en situaciones sociales y laborales) (Gutiérrez & Olmedo, 2020), depresión y aislamiento social debido a la frustración derivada de los síntomas recurrentes y las limitaciones en la calidad de vida (Molina-Infante et al., 2018), somatización que incrementa la atención a las señales físicas y perpetúa el malestar emocional (Rodríguez de Santiago et al., 2019) e, incluso, estigma y vergüenza.

Para abordar estas consecuencias, se recomienda un enfoque integral que combine diferentes enfoques: educación sobre el SII para comprender el trastorno, planificación dietética (consultar con un nutricionista especializado), cambios en el estilo de vida, control del estrés, conseguir una red de apoyo, tratamiento médico y terapia psicológica con exposición ante situaciones temidas (eficaz para reducir la ansiedad y modificar las creencias disfuncionales sobre el dolor y los síntomas digestivos) (Gutiérrez & Olmedo, 2020).

Los días 17, 18, 24 y 25 de enero de 2025, tendrás la oportunidad de consultar a nuestros especialistas tus dudas sobre cómo afecta tu microbiota a tu salud mental o al neurodesarrollo de tu bebé.

Recuerda que durante la exposición, nuestros especialistas no ofrecerán formaciones regladas, sino que estarán en las instalaciones para que te dirijas a ellos cuando quieras.

Más adelante publicaremos fechas en las que sí realizaremos una Jornada de Formación sobre Microbiota y Psicobioma más reglada.

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Referencias

Cañete, F., & Esteban, M. (2020). Avances en el conocimiento del eje intestino-cerebro en el síndrome de intestino irritable. Gastroenterología y Hepatología, 43(4), 203-214. https://doi.org/10.1016/j.gastrohep.2019.12.004

Gutiérrez, M. M., & Olmedo, M. (2020). Relación entre microbiota intestinal y trastornos emocionales en el síndrome de intestino irritable. Revista Española de Enfermedades Digestivas, 112(5), 345-352. https://doi.org/10.17235/reed.2020.6859/2019

Mearin, F., Ciriza, C., Mínguez, M., Rey, E., Mascort, J. J., & Peña, E. (2016). Guía clínica para el manejo del síndrome del intestino irritable. Medicina Clínica (Barcelona), 147(8), 345-351. https://doi.org/10.1016/j.medcli.2016.06.001

Molina-Infante, J., Serra, J., Fernández-Bañares, F., & Mearin, F. (2018). Dieta baja en FODMAPs en el tratamiento del síndrome de intestino irritable. Gastroenterología y Hepatología, 41(1), 10-22. https://doi.org/10.1016/j.gastrohep.2017.11.005

Rodríguez de Santiago, E., Rodríguez Ferrer, I., & Yago, F. (2019). Disbiosis intestinal en el síndrome del intestino irritable: nuevas perspectivas terapéuticas. Revista de Gastroenterología de México, 84(1), 35-43. https://doi.org/10.1016/j.rgmx.2018.04.002

Desirée Castellano
Neuropsicóloga Clínica

Cómo las hormonas digestivas afectan a la salud mental

Cómo las hormonas digestivas afectan a la salud mental

La Navidad y el Año Nuevo ya han quedado atrás, y la mayoría de nosotros pasamos esos días no solo rodeados de nuestros seres queridos, sino también disfrutando de deliciosos platos. Aunque esto nos deja una sensación de calidez y satisfacción, puede tener efectos mayores en nuestros cuerpos que solo darle un poco de trabajo extra a nuestra digestión. ¿Quién habría pensado que las hormonas liberadas durante el simple acto de comer podrían influir directamente en nuestra salud mental? ¿O que algo tan común como saborear una comida también podría moldear cómo nuestro cerebro procesa el estrés, el hambre o la saciedad?

En el centro de esta conexión compleja entre comida, cuerpo y cerebro están tres actores clave: la grelina, el cortisol y la colecistoquinina (CCK). Estas hormonas hacen más que regular el hambre o la digestión: también interactúan con el cerebro, a veces actuando como neurotransmisores. Pero, ¿qué significa eso? ¿Y cómo pueden las sustancias que viajan por el torrente sanguíneo tener un impacto tan profundo en nuestra comunicación neural?

Para responder a esto, es esencial entender los roles de los neurotransmisores y las hormonas. Los neurotransmisores son los mensajeros de respuesta rápida del cuerpo. Son liberados por las células nerviosas y actúan localmente, enviando señales a través de las sinapsis a otras neuronas, músculos o glándulas. Imagínalos como mensajes instantáneos enviados de un dispositivo a otro (University of Queensland, 2024). Las hormonas, en cambio, son más como cartas enviadas por correo postal. Producidas por las glándulas endocrinas y liberadas en el torrente sanguíneo, viajan por el cuerpo para alcanzar sus células objetivo, influyendo en procesos como el metabolismo, la respuesta al estrés y el crecimiento. Sus efectos son sistémicos y más lentos que la acción rápida de los neurotransmisores (Stárka & Dušková, 2020).

Pero aquí es donde se pone fascinante: algunas hormonas, como la grelina, el cortisol y la colecistoquinina CCK, pueden difuminar las líneas entre estos dos roles.

Por ejemplo, imagina que te saltas el desayuno y sientes ese rugido tan familiar en tu estómago. Eso es la grelina en acción. Producida en el estómago, le señala a tu cerebro que es hora de comer. Sin embargo, la grelina no se limita a ser una hormona del hambre; también puede funcionar como una molécula neuroactiva, aumentando tu concentración y motivándote a priorizar la comida (Pradhan, Samson, & Sun, 2013).

Ahora imagina que te estás recuperando de una presentación estresante. El cortisol, liberado por las glándulas suprarrenales, ayuda a tu cuerpo a afrontar el estrés (Knezevic, Nenic, Milanovic, & Knezevic, 2023). Pero esta “hormona del estrés” también influye en neurotransmisores como el GABA y el glutamato, que afectan el estado de ánimo y la regulación de la energía. Aunque el cortisol no es directamente un neurotransmisor, modula el equilibrio químico del cerebro, ilustrando su rol dual (Cleveland Clinic, 2024).

Finalmente, piensa en la satisfacción que sientes después de una comida abundante. Ahí está entrando la colecistoquinina. Liberada por el intestino delgado, activa las enzimas digestivas y estimula la vesícula biliar (National Institutes of Medicine, 2024). Al mismo tiempo, actúa como un neurotransmisor en el cerebro, señalando la saciedad y alentándote a dejar de comer (Rehfeld, 2017).

Grelina: más que solo la campana de rebato del hambre

Comencemos con la grelina, la llamada “hormona del hambre”. Aunque su función principal es indicarle al cerebro que es hora de comer, el alcance de la grelina va mucho más allá de señalar un estómago vacío. Esta hormona interactúa con los sistemas de recompensa del cerebro, particularmente en el área tegmental ventral, una parte clave del cerebro asociada con la motivación y el placer (Müller et al., 2015). Los estudios muestran que la grelina puede amplificar los aspectos gratificantes de la comida, especialmente en condiciones de estrés, empujándonos hacia la comida reconfortante (Schéle, Bake, Rabasa, & Dickson, 2016). Pero este mismo camino también significa que la grelina tiene un papel en la modulación del estado de ánimo y la resiliencia emocional.

Por ejemplo, el ayuno prolongado puede llevar no solo al hambre física, sino también a una irritabilidad o inquietud aumentada, un efecto emocional de la actividad de la grelina en el cerebro (Chuang & Zigman, 2020). Por el contrario, en el contexto del estrés crónico o los trastornos de ansiedad, los niveles elevados de grelina pueden desajustar el equilibrio de recompensa del cerebro, haciendo que sea más difícil resistir los hábitos alimenticios poco saludables (Müller et al., 2015).

Cortisol: el regulador del estrés que tiene un costo oculto

El cortisol, a menudo asociado con la respuesta de “lucha o huida” del cuerpo, es otra hormona que conecta la salud física y mental. En pequeñas dosis, el cortisol es invaluable, permitiéndonos responder a los desafíos, mantener el enfoque y recuperarnos del estrés. Pero cuando el estrés se vuelve crónico, el cortisol pasa de ser un regulador útil a una fuerza disruptiva. La elevación prolongada del cortisol puede suprimir la digestión, interrumpir la motilidad intestinal e incluso alterar el microbioma intestinal, que es crucial para la salud digestiva general (Chrousos, 2009).

En el lado de la salud mental, el cortisol elevado interfiere con neurotransmisores como la serotonina, un estabilizador clave del estado de ánimo. Esto puede llevar a síntomas de ansiedad, depresión e incluso dificultades cognitivas. Piensa en esos momentos en los que el estrés te deja incapaz de comer o, por el contrario, deseando alimentos azucarados y energéticos: el cortisol está trabajando a toda máquina, reorganizando tanto los sistemas de energía de tu cuerpo como tus respuestas emocionales (The Center for Health, 2024).

Colecistoquinina: de la saciedad al equilibrio emocional

La colecistoquinina puede no gozar del mismo reconocimiento que la grelina o el cortisol, pero sus funciones son igualmente intrigantes. Liberada durante las comidas, la CCK se comunica con el cerebro para frenar el apetito y ayuda en la digestión de las grasas (Rehfeld, 2017). Más allá de sus roles físicos, ejerce influencia sobre las emociones al activar el sistema límbico, fomentando sentimientos de satisfacción y relajación después de comer. Sin embargo, esta hormona tiene sus complejidades. La mayor sensibilidad a la CCK se ha relacionado con trastornos de ansiedad, ya que su activación del sistema límbico puede a veces provocar respuestas emocionales intensificadas (Rotzinger & Vaccarino, 2003).

Los estudios indican que una mayor actividad de la CCK, particularmente a través del receptor CCK-B, puede provocar ansiedad e incluso pánico en individuos vulnerables (Rotzinger & Vaccarino, 2003). Por ejemplo, la investigación ha demostrado que la administración de compuestos relacionados con la CCK puede provocar reacciones parecidas al pánico en quienes están predispuestos a estos síntomas. Esto revela la naturaleza dual de la CCK: mientras juega un papel vital en la regulación del apetito y la digestión, la disfunción en su señalización puede contribuir a trastornos del estado de ánimo, como la ansiedad generalizada y el trastorno de pánico. Estos hallazgos subrayan la conexión intrincada entre los procesos digestivos y la salud mental, destacando el eje intestino-cerebro como un área vital para la investigación continua.

En conclusión, la interacción entre la grelina, el cortisol y la colecistoquinina (CCK) va más allá del hambre y la regulación emocional para afectar significativamente el sistema digestivo. La grelina, que estimula el apetito y promueve la motilidad gástrica, prepara al cuerpo para la ingesta de alimentos (Pradhan, Samson, & Sun, 2013). El cortisol, una hormona del estrés, interrumpe la digestión cuando está elevado crónicamente, ralentizando la motilidad intestinal y alterando el microbioma intestinal, lo que puede causar problemas digestivos (Chrousos, 2009). Mientras tanto, la colecistoquinina, liberada después de comer, apoya la digestión al estimular la liberación de bilis y enzimas digestivas, mientras señala al cerebro que se ha alcanzado la saciedad (Rehfeld, 2017). Dado que estas hormonas desempeñan roles fundamentales tanto en la digestión como en la regulación emocional, su influencia en el sistema digestivo puede afectar directamente el estado de ánimo, los niveles de estrés y la salud mental en general, destacando la profunda conexión entre nuestro intestino y cerebro.

Al comprender estos mecanismos, podemos tomar decisiones más informadas sobre nuestros hábitos alimenticios y cómo gestionamos el estrés.

Los días 17, 18, 24 y 25 de enero de 2025, tendrás la oportunidad de consultar a nuestros especialistas tus dudas sobre cómo afecta tu microbiota a tu salud mental.

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Referencias

Chrousos, G. P. (2009). Stress and disorders of the stress system. Nature Reviews

Endocrinology, 5(7), 374-381. https://doi.org/10.1038/nrendo.2009.106

Chuang, J., & Zigman, J. M. (2010). Ghrelin’s roles in stress, mood, and anxiety regulation. International Journal of Peptides, 2010, 1–5. https://doi.org/10.1155/2010/460549

Cleveland Clinic. (2024). The cortisol connection. Retrieved from https://consultqd.clevelandclinic.org/the-cortisol-connection?utm_source=chatgpt.co m

Knezevic, E., Nenic, K., Milanovic, V., & Knezevic, N. N. (2023). The role of cortisol in chronic stress, neurodegenerative diseases, and psychological disorders. Cells, 12(23), 2726. https://doi.org/10.3390/cells12232726

Müller, T., Nogueiras, R., Andermann, M., Andrews, Z., Anker, S., Argente, J., Batterham, R., Benoit, S., Bowers, C., Broglio, F., Casanueva, F., D’Alessio, D., Depoortere, I., Geliebter, A., Ghigo, E., Cole, P., Cowley, M., Cummings, D., Dagher, A., … Tschöp, M. (2015). Ghrelin. Molecular Metabolism, 4(6), 437-460.https://doi.org/10.1016/j.molmet.2015.03.005

Okonkwo, O., Zezoff, D., & Adeyinka, A. (2023, May 1). Biochemistry, cholecystokinin. StatPearls – NCBI Bookshelf. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK534204/

Pradhan, G., Samson, S. L., & Sun, Y. (2013). Ghrelin: Much more than a hunger hormone. Current Opinion in Clinical Nutrition & Metabolic Care, 16(6), 619-624. https://doi.org/10.1097/MCO.0b013e328365b9be

Müller, T., Nogueiras, R., Andermann, M., Andrews, Z., Anker, S., Argente, J., Batterham, R., Benoit, S., Bowers, C., Broglio, F., Casanueva, F., D’Alessio, D., Depoortere, I., Geliebter, A., Ghigo, E., Cole, P., Cowley, M., Cummings, D., Dagher, A., . . . Tschöp, M. (2015b). Ghrelin. Molecular Metabolism, 4(6), 437–460.https://doi.org/10.1016/j.molmet.2015.03.005

Rehfeld, J. F. (2017). Cholecystokinin – from local gut hormone to ubiquitous messenger. Frontiers in Endocrinology, 8, 47. https://doi.org/10.3389/fendo.2017.00047

Cholecystokinin receptor subtypes: role in the modulation of anxiety-related and reward-related behaviours in animal models. (2003, May 1). PubMed. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/12790157/

Schéle, E., Bake, T., Rabasa, C., & Dickson, S. L. (2016). Centrally administered ghrelin acutely influences food choice in rodents. PLoS ONE, 11(2), e0149456. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0149456

Stárka, L., & Dušková, M. (2020). What is a hormone? Physiological Research, S183–S185. https://doi.org/10.33549/physiolres.934509

The Center for Health. (2024). Cortisol and stress. Retrieved from https://www.thecenterforhas.com/increase-serotonin-by-improving-gut-health/

University of Queensland. (2024). What are neurotransmitters? Retrieved fromhttps://qbi.uq.edu.au/brain/brain-functions/what-are-neurotransmitters

Jana Isabel Vicente
@neuropsyblog

Nieves López-Brea Serrat
Psicóloga Sanitaria
Experta en Neuropsicología Clínica Infanto-Juvenil

Psycolab celebra el X Aniversario de Neuropsicología Clínica

En 2025, PSYCOLab celebra su X Aniversario de práctica de Neuropsicología Clínica en Benalmádena y su mayoría de edad, 18 años, como centro referente de Psicología en Málaga.

Con motivo de ello, estamos organizando unas Jornadas de Difusión Científica sobre “Microbiota y Psicobioma”, que acompañaremos con la exposición EXCRETA, realizada por el Museo Nacional de Ciencias Naturales en colaboración con el CSIC y la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (MNCN-CSIC), presenta una perspectiva ecológica, médica, social y cultural que no solemos tener en cuenta por el tabú que representa.

A lo largo de nuestra trayectoria en Benalmádena, hemos realizado diferentes actividades solidarias para devolver de algún modo, el apoyo que nos venís prestando desde hace tantos años y que siempre habéis acogido con gran interés.

Por señalar algunas, los proyectos “Otra Oportunidad”, mantenido durante varios años y dirigido a menores en riesgo de exclusión, a los que se le dio la oportunidad de evaluar sus dificultades cognitivas y socio-emocionales para después abordarlo terapéuticamente y conseguir una mejora de su gestión emocional, un entrenamiento en habilidades sociales y un fortalecimiento de sus funciones ejecutivas.

También iniciamos el proyecto “CUIDA-me”, orientado a ofrecer apoyo psicológico a mujeres embarazadas, a mujeres con depresión post-parto y a mujeres con duelo perinatal. También asistimos a menores con depresión.

Otros proyectos realizados por PSYCOLab, han abordado el facilitar técnicas a la población para la gestión de la ansiedad y mejorar el estado emocional; talleres de inteligencia emocional o Aprendizaje Socio Emocional (ASE) en la población infantil y adolescente y sus familias; nuestros famosos talleres ASEPCE (Aprendizaje Socio Emocional Para la Convivencia Escolar) para ayudar a Prevenir y Abordar el Acoso Escolar en las escuelas y el Ciberbullying; hemos realizado campamentos de verano para estimular talentos múltiples; hemos diseñado proyectos digitales para trabajar la Coeducación en los Colegios (“Si tú eres tú y yo soy yo, quién es más libre de los dos”); hemos hecho Chequeos Gratuitos de Memoria para la población de Benalmádena a mayores de 45 años con antecedentes familiares de trastornos neurodegenerativos; y un largo etcétera que nos animan a seguir ofreciendo este tipo de iniciativas por la buena acogida que siempre demostráis.

Hemos hablado del cerebro del bebé, del cerebro infantil, del cerebro adolescente, del cerebro adulto, del cerebro en la vejez,…

Preparaos porque ahora vamos a hablar de “caca”:

La EXCRETA son productos del metabolismo que el organismo expulsa, y nos guste o no, forma parte de nuestras vidas. Excretamos porque estamos vivos. Pero es que, además, existen multitud de aspectos relevantes en relación a nuestra salud física y mental (por su interacción en el eje intestino-cerebro), y para la salud del planeta.

Nuestro equipo de especialistas de la Medicina, Psiquiatría, Neuropsicología y Psicología Sanitaria, hablarán de microbiota y psicobioma, de gran interés hoy en día en la población en general; y explicarán el por qué de muchos trastornos digestivos, inmunitarios, metabólicos, endocrinos, psicológicos y emocionales se dan hoy en día por la alteración o disbiosis de la microbiota, y que son causantes, de la larga lista de espera que han empezado a tener especialistas de la Medicina Digestiva.

Podrás interactuar con ellos y preguntarles las dudas que tengas sobre diferentes temas que hemos preparado para ti.

Los días 17, 18, 24 y 25 de enero de 2025, tendrás la oportunidad de consultar a nuestros especialistas tus dudas sobre cómo afecta tu microbiota a tu salud mental.

Recuerda que durante la exposición, nuestros especialistas no ofrecerán formaciones regladas, sino que estarán en las instalaciones para que te dirijas a ellos cuando quieras.

Más adelante publicaremos fechas en las que sí realizaremos una Jornada de Formación sobre Microbiota y Psicobioma más reglada.

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“Los seres vivos NACEN, una vez. CRECEN, durante un tiempo. SE REPRODUCEN, si les dejan, y MUEREN, aunque no quieran.

Pero… EXCRETAN de continuo”.

 

 

SIBO: Sobrecrecimiento bacteriano en el Intestino Delgado

SIBO: Sobrecrecimiento Bacteriano en el Intestino Delgado

Los trastornos de la interacción digestivo-cerebro, recientemente conocidos como trastornos funcionales intestinales están presentes en el 30% de la población española. Alguno como el síndrome de distensión abdominal es mucho más frecuente en las mujeres que en los hombres.

Cuando comer duele…

Cuando hablamos de SIBO, hacemos referencia a un sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado de origen oral o colonico. Es decir, hacemos referencia a una afección gastrointestinal que está caracterizada por una gran cantidad de bacterias. Una disbiosis que lleva a que haya una colonización bacteriana en el intestino delgado, pero que pertenecen al intestino grueso. Debido a esto van creciendo en el lugar erróneo, y produce un aumento de endotoxinas y compuestos bacterianos que provocan inflamación crónica de la mucosa intestinal. Dicha patología lleva a tener una gran variedad de síntomas como son:

  • Gases.
  • Diarrea y/o estreñimiento.
  • Inflamación abdominal.
  • Malestar.
  • Dolores articulares.
  • Sensación de sentirse demasiado lleno tras cualquier comida.
  • Dolor abdominal.
  • Perdida/ganancia de peso.
  • Caída del cabello, debilidad en las uñas, sequedad en la piel…
  • También puede dar lugar a intolerancia a la lactosa, fructosa/sorbitol, a una malabsorción de los alimentos y proteínas, déficits de diversas vitaminas como la B12, el zinc, el magnesio que son importantes para una buena salud del cerebro y una estabilidad emocional.

Para su diagnóstico se realiza un test de hidrogeno y metano, es decir un test de aliento con un sustrato de lactulosa o lactitol. Debido a la gran demanda y la disponibilidad de esta prueba, ha habido un sobrediagnóstico. Al simplificar la disbiosis y la influencia que han tenido las redes sociales, ha surgido confusión en los pacientes y los médicos. Son muchos los profesionales que relacionan la hinchazón abdominal propias de los trastornos funcionales con un test de aire espirado, cuya positividad depende de los niveles de hidrogeno y metano que se presenten en el aire expirado. Todo esto ha llevado a que sociedades científicas realicen publicaciones con recomendaciones sobre a quién y cómo diagnosticar SIBO.

En muchas ocasiones la solicitud del paciente de que se le realice este test, deriva de la desesperación que se tiene al tener tantos síntomas con tanto malestar que limita tu día a día, y no darles una explicación a sus síntomas ni una solución, así como estar repercutiendo en la salud mental de estos pacientes. Se hace indispensable mayor investigación sobre microbiota y psicobioma (los microorganismos precursores de la regulación emocional)

En el proceso por el que una enfermedad pasa y se desarrolla, y la interrelación con el sistema nervioso influyen muchos factores como la dieta, la respuesta inmunológica, el estado de ánimo, la microbiota, la mucosa intestinal. Desde un punto de vista médico no son considerados trastornos graves, pero sí que limitan la vida de las personas y afectan a su calidad de vida. Son síntomas parecidos a otras enfermedades como la enfermedad inflamatoria intestinal, la celiaquía, o el cáncer de colon. Los pacientes con SIBO suelen tener antecedentes de enfermedades, pérdidas o ganancias de peso, diarrea, así como ansiedad y depresión, que es totalmente normal debido a la intensidad de los síntomas, la ausencia de una explicación sobre lo que se padece a pesar de haber pasado por varios especialistas, y la nula solución a los síntomas aun poniendo medicación.

Se ha visto que hay una gran correlación en pacientes diagnosticados de SIBO y el estado de la salud mental, a parte de los síntomas mencionados anteriormente, se ha destacado también su relación con otras enfermedades y trastornos, incluyendo los de la salud mental. Es por esto, que se apoya el padecimiento de un trastorno llamado eje intestino-cerebro, el cual es un sistema bidireccional que tiene una comunicación entre el tracto gastrointestinal y el cerebro, el sistema inmunológico y el sistema endocrino, y es a través de dicho eje donde los problemas como el SIBO pueden repercutir en la salud mental. Dicho padecimiento genera mucha inflamación en el cuerpo, a consecuencia de las bacterias y toxinas que producen gases e inflamación, es así como dicha inflamación afecta al cerebro y se relaciona con síntomas como la fatiga mental, la ansiedad y la depresión. Se ha estudiado mucho como las bacterias del intestino participan en la fusión de neurotransmisores como la dopamina, la serotonina y GABA, que son piezas clave para regular el bienestar emocional (psicobioma o psicobiota).

Esta gran conexión que hay entre SIBO y la salud mental, nos lleva a que sea prioridad tener un enfoque integrativo del tratamiento. Sabemos ya que haber sufrido abusos de cualquier tipo en la infancia, altera la microbiota y afecta al psicobioma.

Debido al carácter multifactorial que tiene esta enfermedad, se han desarrollado diferentes tratamientos, el que ha resultado más eficaz ha sido la Terapia Cognitivo Conductual. Primeramente, se realiza una psicoeducación sobre cómo actúan las emociones, la acción que ejercen, sobre todo el estrés y como su respuesta estaría relacionada con el SIBO. Luego se realizaría una creación de conocimiento sobre las conductas, pensamientos y emociones que el paciente este teniendo ante los síntomas que va presentando cada día. Y, por último, se haría una modificación de las respuestas para poder reducir el malestar que produce este padecimiento y disminuir las respuestas de estrés que se están produciendo.

Se ha visto la eficacia de diversas herramientas como son: tablas que monitorean los síntomas, ejercicios de relajación, lectura que le ayude a entender la enfermedad y como puede repercutir en su salud mental, ejercicios de relajación, prevención en crisis o recaídas, entrenamiento en el manejo del malestar de los síntomas físicos y psicológicos, así como en caso de tener que seguir una dieta estricta con el tratamiento, darle una guía para que pueda llevar de la mejor forma posible esas restricciones y que no se vea afectada su vida social.

En enero, Psycolab Benalmádena te trae la exposición EXCRETA, del CSIC, para acercarte a un mundo que hasta ahora se consideraba tabú, y sus especialistas de la Medicina, Psiquiatría, Neuropsiquiatría, Psicología, Neuropsicología y Psicopedagogía, nos ofrecerán charlas y resolverán tus dudas.

Los días 17, 18, 24 y 25 de enero de 2025, tendrás la oportunidad de consultar a nuestros especialistas tus dudas sobre cómo afecta tu microbiota a tu salud mental.

Recuerda que durante la exposición, nuestros especialistas no ofrecerán formaciones regladas, sino que estarán en las instalaciones para que te dirijas a ellos cuando quieras.

Más adelante publicaremos fechas en las que sí realizaremos una Jornada de Formación sobre Microbiota y Psicobioma más reglada.

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Bibliografía

Rozas de Cos, M. (2024). Sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado en adultos: revisión bibliográfica.

Orea Haro, BG (2021). Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes / Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes. Pingüino Random House Grupo Editorial.

Barroso García, M. (2024). Intensidad de síntomas, ansiedad y depresión en pacientes a los que se solicita pruebas de malabsorción de azúcares y de SIBO.

Murillo, A. (2022). Abordaje psicológico como parte del tratamiento del Síndrome del Intestino Irritable (SII): Una revisión bibliográfica. PsicoInnova6(1), 8-25.

García, L. S., Pérez, A. H., Sánchez, I. M., Vega, M. L., Moreno, N. F., & Aisa, Á. P. (2024). Profile of patients diagnosed with hydrogen-producing intestinal bacterial overgrowth and intestinal methanogenic overgrowth in a second level hospital. Revista Andaluza De Patología Digestiva, 47(4), 144–151. https://doi.org/10.37352/2024474.1

DE LA MICOTERAPIA, C. D. É. CASOS CLÍNICOS EN SIBO

Ana Cañete Ángel Psicóloga Sanitaria Experta en Infancia, Duelo y Cuidados Paliativos

Nieves López-Brea Serrat
Psicóloga Sanitaria
Experta en Neuropsicología Clínica Infanto-Juvenil

Microbiota y psicobioma: Eres lo que comes

Microbiota y Psicobiota: Eres lo que comes

¿Sabías que en nuestro cuerpo habita un vasto mundo de microorganismos? ¡Así es!

La microbiota, o microbioma se refiere a la comunidad de bacterias, virus, hongos y otros microbios que viven en nuestro intestino y en otras partes de nuestro cuerpo. Estos pequeños habitantes son esenciales para nuestra salud, ya que ayudan en la digestión, fortalecen nuestro sistema inmunológico y pueden influir en nuestro estado de ánimo.

Mucha gente desconoce cómo puede influir en nuestro estado de ánimo y dan poco valor a la relación que existe entre lo que comen y cómo se sienten, pero es que ya sabemos que “soy lo que como”.

La psicobioma, o psicobiota, es el término que usamos para referirnos a esta conexión entre nuestra microbiota intestinal y nuestra salud mental. Investigaciones recientes sugieren que los microorganismos en nuestro intestino pueden afectar cómo nos sentimos y cómo pensamos. Por ejemplo, ciertas bacterias pueden producir neurotransmisores como la serotonina, que es conocida como la “hormona de la felicidad”.

¡Increíble, ¿verdad?!

Sabiendo esto, urge la necesidad, en un mundo donde la ansiedad y la depresión se están apoderando de la población, y no sólo de la adulta, sino también en la infancia y en la adolescencia.

¿Qué efectos protectores conocemos ya?:

Digestión Saludable: La microbiota ayuda a descomponer los alimentos que nuestro cuerpo no puede digerir por sí solo. Produce enzimas que facilitan la digestión de fibras y otros carbohidratos complejos.

Sistema Inmunológico: Un intestino sano puede fortalecer nuestras defensas y protegernos de enfermedades. Algunas bacterias en la microbiota son capaces de producir vitaminas (como la vitamina K y algunas del grupo B) que son esenciales para nuestro organismo.

Bienestar Emocional: Mantener una microbiota equilibrada puede contribuir a una mejor salud mental y emocional. Influye en el Sistema Nervioso Central a través del eje intestino-cerebro.

Fuente: Dime qué comes y te diré qué bacterias tienes

Los consejos para cuidar de nuestra microbiota, y por ende, nuestra psicobiota, son de sobra conocidos, pero aún nos resistimos a darle la importancia que merece, descuidando nuestra alimentación y la de nuestra familia:

  • Alimentación balanceada: Incluye alimentos ricos en fibra, probióticos, microorganismos vivos que pueden ofrecer beneficios para la salud cuando se consumen en cantidades adecuadas, como yogur y kéfir; y prebióticos, tipos de fibra que alimentan a las bacterias buenas y se encuentran en alimentos como el ajo, la cebolla, los plátanos y espárragos). También debemos comer frutas, verduras, legumbres y granos variados, que hacen que aumenten las bacterias buenas de nuestro intestino. Y no sólo eso, intenta comer pequeñas cantidades distribuidas en unas 5 veces al día en lugar de sólo 3 comidas copiosas. En este post te contamos por qué.
  • Hidratación: Beber suficiente agua es clave para mantener un intestino saludable. Descompone mejor los alimentos para absorber los nutrientes y ablanda las heces, ayudando a evitar el estreñimiento.
  • Ejercicio regular: La actividad física no solo beneficia el cuerpo, sino también a nuestra microbiota y a nuestro cerebro, liberando una proteína, la BDNF que es responsable de la neurogénesis (creación de nuevas neuronas) y de la sinaptogénesis (creación de sinapsis y conexiones interneurales).
  • Reducción del Estrés: Practicar técnicas de relajación como las que enseñamos en consulta, pueden tener un impacto positivo en nuestra salud intestinal. El estrés llega a tener un impacto tan negativo sobre la salud como el tabaco o la radiación.
  • Dormir bien: Un buen descanso es esencial para la salud mental y física. La falta de sueño puede afectar negativamente la microbiota, así que asegurarte de tener un horario de sueño regular y de calidad es clave. Además durante el sueño, se hace una especie de limpieza de nuestro cerebro, fundamental para su correcto desarrollo y aprendizaje.
  • Evitar el uso excesivo de antibióticos: Aunque a veces son necesarios, el uso excesivo de antibióticos puede alterar la microbiota intestinal. Siempre es bueno seguir las indicaciones de un profesional de la salud y considerar alternativas cuando sea posible.

La investigación sobre la microbiota y la psicobiota está en constante evolución, y cada vez hay más evidencia que respalda la idea de que cuidar nuestra salud intestinal puede tener un impacto significativo en nuestra salud mental.

Adoptar un estilo de vida consciente y una dieta saludable puede ayudar a fomentar un microbioma equilibrado.

En enero, PSYCOLab y su equipo de médicos, psicólogos, psiquiatras, neuropsicólogos y psicopedagogos en Benalmádena, te trae la exposición EXCRETA, del CSIC, con motivo de “10 años de práctica de Neuropsicología en nuestra sede”, con charlas y curiosidades para que aprendas mucho más sobre tu microbiota. Síguenos en RRSS para conocer los detalles y horarios del evento:

 

Diario Sur ya se ha hecho eco de la noticia. Apúntate pinchando en la foto:

Exposición EXCRETA en Psycolab Benalmádena

Bibliografía:

“The Human Microbiome Project: A Community Resource for the Healthy Human Microbiome” – Nature (2012)

“Role of the gut microbiota in health and disease” – Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology (2016)

“Gut microbiota’s effect on mental health: The gut-brain axis” – Journal of Psychiatry & Neuroscience (2017)

“Dietary modulation of the human gut microbiome: A systematic review” – Nutrients (2019)

“The Gut Microbiome and Mental Health: A Review of the Literature” Kelly, J. R., et al. Psychiatry Research (2016)

“Microbiota and the gut-brain axis: A review” Cryan, J. F., & Dinan, T. G. Neuroscience & Biobehavioral Reviews (2012)

“Gut microbiota’s effect on mental health: The gut-brain axis”. Sudo, N., et al. Journal of Psychiatry & Neuroscience (2017)

“The Role of the Gut Microbiome in the Development of Anxiety and Depression”. Foster, J. A., & McVey Neufeld, K.-A. Nature Reviews Neuroscience (2013)

“Probiotics and Prebiotics in Mental Health: A Review”. M. R. O’Neill, et al. Nutrients (2020)

“The Psychobiome: The Role of the Gut Microbiome in Mental Health and Disease”. Dinan, T. G., & Cryan, J. F.

Los días 17, 18, 24 y 25 de enero de 2025, tendrás la oportunidad de consultar a nuestros especialistas tus dudas sobre cómo afecta tu microbiota a tu salud mental o al neurodesarrollo de tu bebé.

Recuerda que durante la exposición, nuestros especialistas no ofrecerán formaciones regladas, sino que estarán en las instalaciones para que te dirijas a ellos cuando quieras.

Más adelante publicaremos fechas en las que sí realizaremos una Jornada de Formación sobre Microbiota y Psicobioma más reglada.

Consulta horarios de la exposición y la asistencia de nuestros especialistas AQUÍ.

Apúntate!!!

Nieves López-Brea Serrat Psicóloga Sanitaria Experta en Neuropsicología Clínica Infanto-Juvenil

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