Fobias

Tener miedo, en muchas ocasiones, se trata de un proceso adaptativo ya que nos prepara para desplegar conductas de supervivencia. ¿Pero qué ocurre cuando el estímulo que tememos realmente no es tan amenazante como indica nuestra reacción? Nos encontraríamos, pues, ante una fobia.

Las fobias, a diferencia del miedo adaptativo, cuentan con una serie de características concretas. En primer lugar, su intensidad, persistencia y el carácter irracional de las mismas ante el estímulo fóbico. De hecho, suelen ser los propios aquejados los que admiten que el miedo que les invade es totalmente excesivo. Asimismo, aparece una intensa angustia sólo con el hecho de pensar o ver una fotografía del objeto o la circunstancia temida. Con lo cual, el paciente evita directamente que se produzca la situación o, en el caso en el que aparezca de forma repentina el estímulo, le emerge una necesidad urgente de alejarse del mismo.

Los tipos de fobias más habituales son las referentes a animales (serpientes, arañas, insectos, entre otros), entornos o circunstancias naturales (por ejemplo, tormentas, agua, alturas o la oscuridad), ambientes sanitarios (realizarse un análisis de sangre o ponerse una inyección, ver heridas u otras intervenciones médicas invasoras) y situacionales (túneles, ascensores, transportes… ).

La exposición a lo temido (ya sea de forma presencial o a través de la imaginación o medios audiovisuales) conlleva una serie de respuestas de carácter fisiológico:

  • Cambios en la actividad cardiovascular: aceleración cardíaca e incremento de la presión arterial. No obstante, las fobias relacionadas con la sangre, inyecciones y heridas pueden tener patrón distinto, observándose tras ese incremento del ritmo y la presión una caída muy rápida que puede dar lugar a desmayos.
  • Respuesta galvánica de la piel: se produce un aumento de las respuestas provenientes de las glándulas sudoríparas.
  • Aumento de los reflejos: como, por ejemplo, la respuesta de sobresalto.
  • Cambios en la actividad cerebral: incremento de la actividad de un circuito cerebral conformado por distintas regiones como la amígdala, la ínsula, la corteza prefrontal y la corteza cingulada.

Existen diversas causas que contribuyen a la aparición de una fobia. En primer lugar, tener un contacto negativo con un estímulo o circunstancia y desplegar conductas de evitación tras producirse la situación desagradable. Por ejemplo, tener un choque con el coche y no conducir más por miedo a que vuelva a ocurrir (amaxofobia). Si bien es cierto que hay estímulos que se pueden convertir más fácilmente en fóbicos debido a que antiguamente amenazaban la supervivencia (como ciertos animales), que ese contacto haya sido grave y/o frecuente o que concuerde con nuestras expectativas de peligro (consideramos más lógico caerse desde un sitio alto que tener otro tipo de reacciones). Asimismo, también se puede producir debido a la observación en terceras personas de consecuencias aversivas tras el contacto con el estímulo o circunstancia o al recibir información al respecto (alertas de nuestros familiares, noticias en prensa sobre accidentes…). Estas variables pueden retroalimentarse: en el ejemplo anterior, podría darse la situación de que tras tener el choque con el coche y desarrollar ese miedo, un familiar tenga un accidente más grave y esté hospitalizado. En este caso, el hecho de conducir se ha convertido en un estimulo altamente aversivo almacenado en nuestra memoria.

Estas variables, a su vez, se encuentran bajo la influencia de ciertas características del individuo. Por un lado, contar con una hipersensibilidad neurobiológica al estrés y, por otro, una vulnerabilidad psicológica que potencia la creencia de que las situaciones amenazantes resultan totalmente incontrolables, miedo a los síntomas físicos y susceptibilidad al asco. Con lo cual, los pacientes entran en un círculo vicioso compuesto por ansiedad anticipatoria que sobreestima la amenaza y la percepción de no tener las habilidades suficientes para afrontar la situación. Este hecho, en última instancia, empuja al sujeto a emitir conductas evitativas. Y, además, en muchas ocasiones el entorno contribuye al mantenimiento de estas respuestas (en nuestro ejemplo: “no te preocupes, yo conduzco que sé que a ti te da mucho miedo”).

Por tanto, el tratamiento de las fobias va encaminado fundamentalmente a la exposición al objeto o situación temida. Pese a que lo ideal es la exposición en vivo, se realizan otras intervenciones menos invasoras según las características del paciente como el uso de la imaginación o la realidad virtual. Asimismo, también se suele compaginar con otras técnicas como el abordaje de creencias erróneas, la creación de nuevas asociaciones, el entrenamiento en habilidades relacionadas específicamente con lo temido o la relajación, entre otras.

Desirée Castellano Olivera

Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Influencia de las funciones ejecutivas en el rendimiento académico

Cada día somos más conscientes del papel fundamental que tienen las funciones ejecutivas en el rendimiento académico y escolar, así como en la toma de decisiones, en la inhibición conductual, en la planificación y en la organización.

El término funciones ejecutivas alude a aquellas habilidades necesarias para alcanzar objetivos, especialmente ante tareas o circunstancias nuevas. Y es que en nuestro día a día, además de realizar las tareas habituales, nos enfrentamos a situaciones que hacen necesaria la creación de planes creativos y originales. Para ello, solemos realizar una especie de “ensayos mentales” de las soluciones que se nos han ocurrido, prediciendo los resultados que obtendríamos si las llevásemos a la práctica.

El control ejecutivo está formado por diversos componentes, los más documentados son los siguientes:

  • La memoria de trabajo: implicada en el acceso, el mantenimiento y la posterior manipulación de la información novedosa.
  • Planificación: creación, selección y organización de los pasos necesarios para alcanzar una meta, teniendo en cuenta todo nuestro aprendizaje previo.
  • Fluencia: velocidad para procesar la información entrante y emitir la conducta necesaria.
  • Flexibilidad: desplegar los comportamientos apropiados a la situación, facilitando la alternancia entre varias actividades.
  • Inhibición: frenar respuestas inadecuadas e ignorar a aquella información que no resulta relevante.
  • Toma de decisiones: escoger, entre varias opciones, aquella que conlleve mayores beneficios y el menor coste posible.

Es en el área prefrontal del cerebro donde se regula el funcionamiento del control ejecutivo. En ella, se pueden apreciar tres áreas diferenciadas:

  • El área dorsolateral: implicada en procesos de razonamiento, flexibilidad cognitiva, formación de conceptos y en la habilidad para resolver problemas. Además, interviene en otros procesos como la atención o la memoria de trabajo
  • El área cingulada anterior: se encarga de iniciar las conductas voluntarias, en los aspectos motivacionales y en la detección de los errores. Asimismo, también nos permite dividir y mantener nuestra atención.
  • El área orbitaria-ventral: clave en regular las emociones, tomar decisiones y en la capacidad para evaluar los riesgos y beneficios.

El rendimiento escolar está íntimamente relacionado con aspectos neurobiológicos, ya que el aprendizaje depende del funcionamiento del sistema nervioso. Concretamente, las funciones ejecutivas permiten a los alumnos evitar distracciones en clase, seguir un plan de estudio o saber adaptarse y reaccionar ante diferentes situaciones, entre otras cosas. Con lo cual, cuando un estudiante presenta déficits en el control ejecutivo pueden aparecer ciertas dificultades:

  • Problemas con la memoria de trabajo: pueden afectar al seguimiento de las clases, en las tareas relacionadas con la lecto-escritura o con el cálculo mental.
  • Falta de habilidades para planificar y tomar decisiones: con lo cual, se requiere la supervisión de padres o profesores para realizar las actividades, organizar el estudio y gestionar eficientemente el tiempo.
  • Escasa flexibilidad cognitiva: alumnos a los que les cuesta cambiar de actividad o entender conceptos nuevos y se frustran si comenten errores.
  • Déficits inhibitorios: presencia de comportamientos impulsivos y graves dificultades para concentrarse.

Por lo tanto, muchos alumnos con problemas para sacar adelante el curso académico, pueden beneficiarse de los entrenamientos en funciones ejecutivas. Este tipo de intervenciones se centran en fomentar las capacidades de autorregulación, mejorar procesos tan importantes como la atención y la memoria y potenciar la aparición de conductas más reflexivas y adecuadas. Todo ello se lleva a cabo mediante actividades lúdicas y prácticas para que el aprendizaje se pueda trasladar al ambiente escolar.

Si utilizáramos un símil para entender las funciones ejecutivas, diríamos que el cerebro es nuestro “ordenador central”, y las funciones ejecutivas serían el “informático” que maneja dicho ordenador. Cuanto mejor preparado y entrenado esté nuestro “informático”, mejor provecho le sacaremos a nuestro “ordenador”.

Bibliografía

Portellano Pérez, J. A., y García Alba, J. (2014). Neuropsicología de la atención, las funciones ejecutivas y la memoria. Síntesis.

Tirapu-Ustárroz, J., Bausela-Herreras, E. y Cordero-Andrés, P. (2018). Modelo de funciones ejecutivas basado en análisis factoriales en población infantil y escolar: metaanálisis. Revista de Neurología 67(6), 215-225. https://doi.org/10.33588/rn.6706.2017450

Véglia, A. P., y Ruiz, M. G. (2018). Intervención sobre las Funciones Ejecutivas (FE) desde el contexto educativo. Revista Iberoamericana de Educación, 78(1), 27-42. 

Verdejo-García, A. y Bechara, A. (2010). Neuropsicología de las funciones ejecutivas. Psicothema, 22 (2), 227-235.

 

 

 

Desirée Castellano Olivera

No estoy triste, tengo depresión

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la depresión será la principal problemática de salud en la población en un futuro cada vez más cercano. En la actualidad, se calcula que más de 300 millones de personas padecen este tipo de sintomatología. Concretamente, en España hay aproximadamente 3 millones de pacientes con este diagnóstico o con un diagnóstico mixto ansioso-depresivo. No obstante, se estima que alrededor de un 58% de las personas que la padecen, no buscan ayuda profesional. Debemos ser conscientes de que se trata de un trastorno muy incapacitante y que puede afectar a cualquier persona.

El trastorno depresivo se caracteriza por un sentimiento de tristeza profunda y pérdida de interés por realizar actividades, incluso aquellas con las que se solía disfrutar con anterioridad. También pueden aparecer otros síntomas como pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, disminución de energía, enlentecimiento, culpabilidad o incapacidad para concentrarse.

Esta sintomatología, por tanto, podría clasificarse en las siguientes categorías:

  • Afectiva y emocional: el descenso del estado de ánimo puede apreciarse por sentimientos de desesperanza, amargura y pesimismo. Asimismo, es habitual la sensación de vacío o insensibilidad. En la población infantil, juvenil y anciana puede predominar la irritabilidad más que la tristeza.
  • Cognitiva: pueden aparecer problemas de concentración y memoria, dificultad para pensar e indecisión. La atención suele focalizarse únicamente en estímulos de carácter negativo.
  • Conductual: podría apreciarse una ralentización de movimientos y gestos. Asimismo, el abandono de relaciones sociales, tareas y responsabilidades.
  • Motivacional: se aprecia apatía, aburrimiento e indiferencia que dificulta realizar las actividades cotidianas y la toma de decisiones.
  • Somática: síntomas como dolores de cabeza, molestias abdominales, problemas de sueño, falta de energía y disminución del deseo sexual pueden estar presentes.

Las causas de esta patología son complejas debido su diversidad ya que abarcan aspectos genéticos, fisiológicos, hormonales, psicológicos y sociales. Diversas áreas cerebrales como la amígdala, la corteza prefrontal, el hipocampo y la corteza cingulada, muy relacionadas con las emociones, son de un tamaño más reducido en las personas que sufren esta enfermedad. Las primeras hipótesis sobre la etiología del trastorno depresivo hacían referencia a un déficit en neurotransmisores como la serotonina (que influye en el sueño, la actividad motora, el apetito o el comportamiento sexual, entre otras) y la noradrenalina (asociada con aspectos como la motivación, los mecanismos de recompensa y el aprendizaje). Recientemente, se aboga por la interacción de factores genéticos y ambientales que altera la liberación de los mismos. Además, hay evidencia de una reducción de los niveles de GABA (implicado en la inhibición de la actividad neuronal) y de altos niveles de glutamato (neurotransmisor excitador) en personas con sintomatología depresiva.

Asimismo, se están incorporando nuevos hallazgos como la influencia del estrés al sistema nervioso central, al sistema inmune y al eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA). Los eventos estresantes de carácter crónico pueden tener un grave impacto cerebral, alterando diferentes estructuras y sus funciones. Además, hay estudios que relacionan procesos inflamatorios entre las causas de esta problemática, encontrándose altos niveles de citosinas pro-inflamatorias en los pacientes. Este hecho puede producir atrofia y muerte neuronal, favoreciendo la sintomatología depresiva característica.

Con lo cual, tratamientos con agentes glutamatérgicos, gabaérgicos y con fármacos antiinflamatorios están dando resultados prometedores en investigaciones preliminares. Asimismo, la terapia asistida con psicodélicos está en estudio debido a su relación con la serotonina, el glutamato y la plasticidad neuronal.

Además del tratamiento farmacológico en los casos que se requiera, se hace imprescindible un abordaje psicológico. En él, los objetivos pueden ser muy diversos según las necesidades de cada paciente: promover conductas saludables, ejercicio cardiovascular, programar actividades agradables, entrenar en habilidades sociales, fomentar el autocontrol, dotar de estrategias de solución de problemas, examinar pensamientos negativos, entre otros. Asimismo, es muy importante hacer hincapié en la prevención de recaídas y dotar de estrategias para evitarlas de cara al futuro.

Bibliografía

Navío Acosta, M. y Pérez Sola, V. (2020). Depresión y suicidio 2020. Documento estratégico para la promoción de la Salud Mental. Wecare-u.

Ortiz-Tallo, M. (2019). Psicopatología clínica. Adaptado al DSM-5. Ediciones Pirámide

Pérez-Padilla, E. A., Cervantes-Ramírez, V. M., Hijuelos-García, N. A., Pineda-Cortés, J. C. y Salgado-Burgos, H. (2017). Prevalencia, causas y tratamiento de la depresión Mayor. Revista Biomédica, 28(2), 89-115.

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga.

“Imagina un bebé” (El cerebro del bebé)

Imagina un bebé

¿Por qué un curso sobre el cerebro del bebé?

Bueno, soy neuropsicóloga infanto-juvenil y psicóloga experta en psicología sanitaria y psicología de la educación; pero sobre todo soy “mamá”, y yo diría que, en escala de importancia, esto último sería lo primero, ya que serlo, me ha ayudado a entender mi profesión de una forma totalmente diferente. En mi carrera he aprendido mucho sobre la infancia y la adolescencia, por lo que debo a mi hija y a todo mi alumnado mi formación y para ellos y para ellas, decidí realizar este curso, porque yo hubiera necesitado uno en su día y porque al fin y al cabo “lo hacemos lo mejor que podemos y sabemos”, así que vamos a intentar “saber” un poco más y “podremos” hacerlo mucho mejor. Se lo debemos a tantos niños y niñas que desean un papá y/o una mamá con dos únicas condiciones: cariño y tiempo. A cambio de tan poco, vamos a intentar darles mucho.

¿Por qué he decidido empezar “imaginando un bebé” antes de que haya un bebé? Precisamente por la importancia que cobra el tipo de relación afectiva que se dé entre los progenitores con los que vaya a convivir ese bebé…cada vez más estudios relacionan una convivencia afectiva, respetuosa y amorosa de la pareja con un mejor desarrollo socio-emocional y cognitivo del bebé. En el primer capítulo hablaremos de la oxitocina, una importante hormona que hará que nuestra pareja se refuerce antes, durante y después del bebé…

La oxitocina juega un papel fundamental en el establecimiento de los vínculos que formamos con nuestras parejas y en el parto con nuestro bebé. Es conocida como la hormona del amor, es la responsable de que amemos, seamos fieles, compasivos y empáticos. Bien podríamos llamarla la hormona de la “humanidad”. Se segrega durante las relaciones sexuales, pero también durante el parto y la lactancia. Pero su papel más ancestral es la supervivencia de las especies que viven en grupo. Se estima que tiene más de 500 años y además de ser una hormona, es un neurotransmisor.

Es producida en el hipotálamo y secretada desde la hipófisis y está implicada en comportamientos de cuidado, en la compasión, en el comportamiento maternal y en comportamiento de agresión. Su presencia interviene en la regulación del miedo eliminando las respuestas de parálisis. Está muy relacionada con la monogamia y la fidelidad, siendo la responsable, por su déficit de infidelidades en la pareja. De momento es difícil saber si tu pareja derrocha oxitocina, pero aunque no sea así, es algo que se puede generar de nuevo cuidando los lazos afectivos y reparando los vínculos rotos, es lo que se suele hacer en terapia de pareja y que además, mejorará la salud mental de ambos, por lo que te contaremos siete truquillos para aumentar los niveles de oxitocina de forma natural antes o después de que lleguen los peques.

Lo que veremos después serán curiosidades sobre la posibilidad de tener un embarazo, ya que no suele ser tan fácil como pensamos, por lo que siempre es recomendable conocer todos los recursos de los que disponemos.

Y de aquí entramos de lleno de una forma muy dinámica e interactiva, con juegos, enlaces y vídeos, en lo que podemos esperar en cada trimestre de embarazo, tanto sobre los cambios en el bebé como en la mamá (y en el otro progenitor si lo hay), hasta que por fin se da el nacimiento…con más oxitocina!!! Pero cuidado!!!

El embarazo y el nacimiento de un bebé son tremendamente importantes, existen factores protectores y factores de riesgos que tendremos que tener muy en cuenta, ya que puede alterar el neurodesarrollo motor, físico, sensorial, senso-emocional, lingüístico, conductual y cognitivo, por lo que es de vital importancia que esto se conozca y se promuevan hábitos saludables en los progenitores desde que se “imagina un bebé”.

 

Con esta ayuda, tendremos un bebé sano que hará que cada mañana amanezcamos con más ilusión pero con menos energía, por lo que los siguientes años no podemos descuidarlos en absoluto, los cinco primeros años también serán fundamentales para todo su neurodesarrollo, es como si en este tiempo, se construyeran todas las carreteras por las que circulará todo su futuro. Por lo tanto, abordaremos paso a paso todo su neurodesarrollo motor, sensorial, físico, socio-emocional, lingüístico, conductual y cognitivo hasta los 5 años, para que puedas seguir el correcto ritmo de crecimiento de tu peque.

IMAGINA UN BEBÉAccede a “Imagina un bebé” pinchando en la imagen y descubre las valoraciones que han hecho algunos usuarios. 

 

 

 

 

 

Nieves López-Brea Serrat, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga infanto-juvenil

Discalculia y ansiedad frente a las matemáticas

Discalculia y ansiedad frente a las matemáticas

“Desde pequeña siempre se me han dado mal las matemáticas. Memorizar las tablas de multiplicar se convirtió en un suplicio, pero iba saliendo del paso como buenamente podía. Según iban avanzando los cursos, más difícil era el temario y menos entendía las clases.

La situación se complicó cuando aparecieron las ecuaciones en el temario , empecé a sentir bastante malestar cuando llegaba la hora de esa asignatura. Temblaba, me sentía tonta, parecía que hablaban en otro idioma. En las demás clases me iba bastante bien, no entendía qué era lo que ocurría.

Los profesores, al final de la exposición, comentaban: ¿alguien tiene alguna duda? Yo siempre pensaba “TODAS”. Llegó un momento en que ya no quería esforzarme e intentar atender, estaba convencida que no iba a comprender los contenidos. Es decir, me rendía antes de intentarlo directamente…”

Lo que ocurría eran, ni más ni menos, que síntomas de discalculia. La discalculia, algunos la consideran la dislexia de las matemáticas, hace referencia aquellas dificultades que afectan a la capacidad matemática como, por ejemplo, realizar cálculos, definir grupos de objetos y en el pensamiento espacial. La persona que lo padece, pese a no tener un cociente intelectual bajo, tiene un rendimiento académico en las matemáticas por debajo al esperado para su edad y desarrollo mental. Sus causas pueden ser debidas a aspectos evolutivos, educativos, neurológicos y/o cognitivos y pueden aparecer déficits en distintas habilidades: lingüísticas, perceptivas, atencionales y matemáticas.

 

Además de posibles causas genéticas que a día de hoy todavía se encuentran en proceso de estudio, esta problemática se asocia a una disfunción en los lóbulos parietales. Concretamente, daños en el hemisferio izquierdo (encargado del lenguaje) provocan dificultades en la comprensión y emisión de números y, por tanto, déficits en la realización de operaciones aritméticas. Asimismo, si la lesión se encuentra en el hemisferio derecho, se verán afectadas diversas capacidades como, por ejemplo, la organización espacial de las cantidades o la resolución de problemas de carácter abstracto.

De igual manera, se ven implicadas zonas occipito-temporales (pertenecientes a una de las vías visuales) en capacidades como el procesamiento de la semejanza numérica y para realizar cálculos con varios dígitos. Finalmente, hay investigaciones que señalan una disminución de células y fibras nerviosas en diversas regiones cerebrales en los niños que padecen discalculia.

Por tanto, los problemas que suelen tener los niños con esta condición son muy diversos:

  • Atención: les resulta complicado seleccionar entre diferentes estímulos y dirigir la atención al verdaderamente importante, dificultando la resolución de operaciones y problemas.
  • Percepción: déficits en la diferenciación figura-fondo, en la discriminación y orientación espacial y se aprecia cierta lentitud perceptiva.
  • Memoria: rendimiento bajo en el mantenimiento y manipulación de datos numéricos.
  • Autoconcepto: éste suele ser negativo, presentando bajo autoestima e inseguridad.
  • Atribuciones: los sujetos con esta problemática suelen atribuir sus fracasos a escasa capacidad y los éxitos a factores ajenos como la suerte.
  • Conducta: los niños con discalculia suelen emitir respuestas de carácter impulsivo.
  • Ansiedad: la incapacidad para resolver las tareas les provoca angustia y malestar.
  • Estrategias metacognitivas: desconocimiento sobre los pasos a seguir para resolver problemas.

La discalculia, tal como se ha indicado, suele presentarse con ansiedad frente a las matemáticas. Esta circunstancia se caracteriza por sentimientos de tensión y miedo que interfiere en el rendimiento en las tareas relacionadas con las matemáticas. La principal consecuencia son la emisión de conductas de evitación y un autoconcepto negativo.

Con lo cual, un diagnóstico temprano es importante para poner en marcha una rehabilitación para mejorar los déficits. Además de una evaluación al alumno, se hace necesario extraer información del contexto familiar y escolar. El plan de intervención debe ser totalmente personalizado e individualizado para cada caso, usando ejercicios cuya temática incluya los intereses del niño. Asimismo, es imprescindible fomentar la autoestima y dotar de estrategias motivacionales para enfrentarse a los miedos e ir abandonando las conductas de evitación.

 

 

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

BIBLIOGRAFIA

Castejón, J. L. y Navas, L. (2011). Dificultades y trastornos del aprendizaje y del desarrollo en infantil y primaria. Editorial Club Universitario

Fiuza Asorey, M. J., Fernández Fernández, M. P. (2014). Dificultades de aprendizaje y trastornos del desarrollo. Manual didáctico. Ediciones Pirámide

Rosselli, M. y Matute, E. (2011). La Neuropsicología del Desarrollo Típico y Atípico de las Habilidades Numéricas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 11(1), 123-140

Tejedor, B., Santos, M. A. , García-Orza, J., Carratalà, P. y Navas, M. (2009). Variables explicativas de la ansiedad frente a las matemáticas: un estudio de una muestra de 6º de primaria. Anuario de Psicología, 40 (3), 345-355

Teruel Romero, J. y Latorre Latorre, Á. (2014). Dificultades de aprendizaje. Intervención en dislexia y discalculia. Ediciones Pirámide

 

El daño cerebral adquirido en Neuropsicología

Daño cerebral adquirido

El daño cerebral adquirido es una condición en la que el cerebro sufre una lesión que altera su estructura y funcionamiento previo. Las causas pueden ser muy diversas: traumatismos craneoencefálicos (lesiones), enfermedades cerebrovasculares (AIT, Ictus, demencias, encefalopatias hipertensivas…), tumores o enfermedades infecciosas del sistema nervioso central, entre otras.

Gracias a los avances médicos y los buenos profesionales, un mayor porcentaje de personas sobreviven tras una lesión cerebral. Desgraciadamente, en ocasiones aparecen ciertas secuelas en estos pacientes:

  • Déficits en la capacidad motora y sensorial: se aprecian en el equilibrio, el control de la postura, falta de sensibilidad en ciertas partes del cuerpo o la funcionalidad de los sentidos.
  • Problemas cognitivos: según la localización del daño pueden surgir dificultades de atención, memoria, lenguaje y funciones ejecutivas.
  • Alteraciones emocionales y conductuales: frecuentes tras el daño en la corteza prefrontal. Concretamente, puede surgir un perfil caracterizado por la pasividad, la apatía y la desmotivación u otro compuesto de conductas desinhibidas, impulsividad e hiperactividad. Asimismo, son frecuentes también los episodios de irritabilidad e ira, cambios en el estado de ánimo y síntomas de ansiedad y depresión.
  • Falta de conciencia de las dificultades: también denominado “anosognosia”, es la imposibilidad para detectar las limitaciones o problemáticas causadas por el daño cerebral.

Por tanto, junto al trabajo de otras disciplinas, la Neuropsicología se hace imprescindible en la evaluación y abordaje de estos casos. Los programas de rehabilitación cognitiva compensan o mejoran las alteraciones, contribuyendo a la mejora de la calidad de vida del paciente.  Este proceso debe ser totalmente individualizado, teniendo en cuenta la causa, amplitud y pronóstico de la lesión y creando ejercicios prácticos y útiles para las dificultades que aparecen en el día y a día. Además, también es muy interesante conocer los gustos y aficiones del paciente para personalizar aún más estas actividades.

De igual modo, este tipo de rehabilitaciones requieren del trabajo de los familiares. Tanto en el proceso de evaluación como en el de intervención, facilitando los cambios en el entorno, favoreciendo el cumplimiento de las tareas y aportando apoyo emocional. En este tipo de pacientes, son habituales los sentimientos de miedo y frustración, dando lugar a una serie de predicciones negativas que dificultan el curso del tratamiento.

En resumen, el tratamiento de pacientes con daño cerebral se aborda de forma multidisciplinar. Concretamente, la neuropsicología se centra en favorecer la autonomía personal y los procesos de socialización, estimular las funciones cognitivas y acompañar a los pacientes en la toma de conciencia de las dificultades.

Bibliografía:

Arango Lasprilla, J. C. (2006). Rehabilitación neuropsicológica. El Manual Moderno

Delgado-Mejia, I. D. y Etchepareborda, M. C. (2013). Trastornos de las funciones ejecutivas. Diagnóstico y tratamiento. Revista de Neurología, 57(1), 95–103.

Por Desirée Castellano Olivera, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

Neuroeducación

¿NEUROEDUCACIÓN O PSICOLOGÍA DE LA EDUCACIÓN?

La neuroeducación gana terreno frente a la psicología de la educación en el ámbito científico y en las aulas

 

¿Neuroeducación o psicología de la educación? La neuroeducación aporta estrategias para potenciar el aprendizaje a partir del conocimiento de la estructura y el funcionamiento del cerebro. Su avance hoy en día supone la independencia y la liberación de otras disciplinas basándose en conocimientos científicos.

Sin embargo, todavía existe la creencia errónea de que la neuroeducación es una continuidad de la Psicología de la Educación sin entidad propia como ciencia.

Esto está cambiando

En 2019 apareció la primera Cátedra de Neuroeducación de la mano de la Universidad de Barcelona y Edu1st, dirigida por David Bueno y Anna Forés. Dicha noticia fue dada a conocer en el II Congreso Internacional de Neuroeducación, en el que también participamos dando difusión a nuestro estudio de buenas prácticas en Neuroeducación.

Incluso la Universidad de Harvard está invirtiendo activamente en esta nueva disciplina defendiendo que el aprendizaje está intrínsecamente relacionado con el funcionamiento cerebral. El problema de que no se consolide con más fuerza es porque los científicos escriben para otros científicos y no para la población en general.

Muchos de nosotros, profesionales de la psicología, hemos apostado por el progreso de la neuroeducación como disciplina científica. Hemos unido las ramas de la Psicología Sanitaria, la Psicología de la Educación y la Neuropsicología para poder abordar con conocimiento (y con humildad) todo lo concerniente al aprendizaje, a los métodos de enseñanza, al desarrollo humano, a la conducta, a la motivación, a la inteligencia, a la creatividad y/o a la cognición social, entre otros aspectos.

Entendemos que para ofrecer con garantías formación y asesoría en neuroeducación, debemos trabajar en estrecha colaboración con otras disciplinas como la pedagogía o ciencias como la biología, con el fin de poder mejorar el desarrollo de las capacidades y competencias del alumnado, del profesorado e incluso de las instituciones educativas.

Como resultado tendremos la potenciación de la adquisición de conocimientos, la mejora de la conducta, el diagnóstico y la intervención en los procesos psicológicos y neuropsicológicos que afectan al aprendizaje o los que se deriven de éste.

Este es tu cerebro

Deseamos haceros llegar la neuroeducación, con la base sólida del conocimiento científico y la experiencia en neuroeducación y neuropsicología pero con un lenguaje sencillo. Tan sencillo que hemos creado un cuento interactivo para todas las edades a fin de que estos conocimientos puedan llegar a todas partes. Lo hemos llamado “ESTE ES TU CEREBRO  y sabemos que te encantará.

Disfrútalo: https://cursos.psycolab.com/

Todos nuestros cursos online en cursos.psycolab.com

 

Por Nieves López-Brea Serrat

Psicóloga Sanitaria experta en Neuropsicología Infanto-Juvenil y experta en Psicología de la Educación.

Neuroeducación

LA NEUROEDUCACIÓN EN EL AULA (y fuera de ella)

Potenciar el aprendizaje desde la neuroeducación

Si te dedicas a la psicología o la educación en cualquiera de sus diversas formas, la neuroeducación habrá entrado por la puerta del aula en más de una ocasión. Ya sabes que las capacidades de aprendizaje del alumnado vendrán determinadas por la ecuación GENES x AMBIENTE, de tal modo que la educación potenciará o debilitará esas habilidades.

Te queremos brindar otra puerta fácil y bonita de abrir. Se trata de un cuento interactivo que hemos llamado ESTE ES TU CEREBROy sabemos que gusta a todas las edades.

Pero antes de eso, desde nuestro conocimiento científico del cerebro, te proponemos algunas estrategias para potenciar el aprendizaje:

Los sentidos

  • Recordamos mejor lo que se presenta en colores que lo que está en blanco y negro. En concreto, el AZUL, favorece la memoria y el entendimiento de nuevos conceptos.
  • Algunos estudios evidencian que se da un aumento significativo en el aprendizaje (un 30% más) si se usan aromas de flores silvestres mientras aprendemos. También por la noche durante el sueño.
  • El aroma del café también hace que consigas mejores resultados sin que tengas que consumir cafeína. El cerebro asocia el olor a las consecuencias de tomarlo y anticipa sus beneficios.
  • El aprendizaje visual es más potente que las meras palabras escritas. Pero no caigamos en el error de catalogar a nuestro alumnado en base a los estilos de aprendizaje (visual, auditivo y cinestésico). Esto no tiene ningún sustento científico. Lo entenderemos de forma que nuestro cerebro será más efectivo cuantos más estímulos sensoriales conecten las diferentes regiones cerebrales implicadas. La imaginación será igual de potente que la visualización en el aprendizaje
  • Cuanto más adornado esté el espacio donde se aprende, mayor interferencia habrá sobre el cerebro. La atención ejecutiva tendrá más dificultad para focalizar en el estudio y para inhibir las distracciones.

La proactividad

  • Si en lugar de ser meros agentes pasivos ante el aprendizaje, nos hacemos preguntas sobre lo que vamos a aprender antes de hacerlo. Cometeremos errores, sí, pero aprenderemos mucho más.
  • Enseña o explica a otros lo que has aprendido en voz alta. Con esto activarás los circuitos cerebrales de recompensa, mejorarás la motivación y liberarás dopamina. Por eso es más difícil aprender sólo (esto seguro que lo habrá comprobado nuestro alumnado durante el confinamiento por el Covid-19). Hay algo insustituible para que se dé el aprendizaje durante la infancia, que es la interacción, tanto entre iguales como entre alumnado y profesorado.

Los tiempos

  • Aprendemos más si estudiamos o hacemos los deberes de lo que aprendimos el día anterior y no si lo hacemos el mismo día.
  • También si en lugar de estudiar 3 horas al día, tenemos 3 sesiones de 1 hora de esa asignatura.
  • Los descansos entrenan”* . Debemos mejorar la eficiencia cognitiva realizando pausas durante el proceso de aprendizaje. Tan solo levantarnos del asiento y estirarnos hace que haya un aporte de más del 7% de oxigenación en el cerebro. (*NOTA: frase que ha popularizado nuestro experto asesor en educación D. Mehdi Nolte, nominado 3 años consecutivos a mejor docente de España en los Premios Educa. No podíamos dejar de decirlo ;-)).

De neuroeducación y neuroaprendizaje dentro y fuera del aula hablamos en nuestro cuento online “ESTE ES TU CEREBRO”. No te lo pierdas, hazte con él pinchando en el enlace, es para cualquier persona y cualquier edad y si te dedicas a la educación, no puedes no tenerlo.

 

Todos nuestros cursos online en cursos.psycolab.com

 

Por Nieves López-Brea Serrat

Psicóloga Sanitaria experta en Neuropsicología Infanto-Juvenil y experta en Psicología de la Educación.

ALTERACIONES DEL RITMO VIGILIA-SUEÑO EN NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES

Los ritmos circadianos son cambios físicos, psicológicos y conductuales que siguen un ciclo diario de 24 horas y que responden a la luz y a la oscuridad. Por ejemplo, dormir de noche y estar despierto por el día sería un ejemplo de ritmo circadiano. Y no sólo los encontramos en las personas, sino también en los animales, las plantas y muchos microbios. Su estudio se llama cronobiología.

Nuestros relojes biológicos son innatos, están compuestos por proteínas que interactúan con todo nuestro organismo para producir los ritmos circadianos, regular su programación y sincronizarlos.

Nuestro reloj biológico tiene unas 20.000 neuronas reunidas en el núcleo supraquiasmático, ubicado en el hipotálamo cuya información proviene directamente de los ojos, por lo que los ritmos circadianos son muy sensibles a la luz del día, haciendo que se activen o se desactiven los genes que controlan los relojes biológicos.

Este sistema está compuesto por marcapasos centrales, osciladores periféricos (hepático y cardiaco), un reloj molecular (bucles de retroalimentación positiva y negativa que dan lugar a ritmos de expresión génica), la retina, la glándula pineal y vías de entrada y salida de información.

Todos los órganos de nuestro cuerpo tienen su propio oscilador circadiano que, dirigidos por nuestro núcleo supraquiasmático, mantienen un orden temporal adecuado y orquestado, y favorece nuestra salud. Es cuando se desacoplan por los motivos que os hablaremos ahora, cuando se convierten en osciladores autónomos con su propia estructura circadiana, generando algunos problemas críticos en el individuo.

Durante los seis primeros meses de la vida de un bebé, irán apareciendo los ritmos circadianos y se irán madurando, pero la interacción sincrónica “mamá-bebé”, será determinante para que se establezcan unos correctos ciclos de sueño. Antes de esos seis meses, es común que se produzcan desajustes y se inviertan los ciclos de sueño-vigilia, que, si no se regulan adecuadamente, producirán una cronodisrupción del reloj biológico.

Los ritmos circadianos controlan la producción de melatonina, la hormona que hace que nos entre sueño por la noche, y dejemos de tenerlo por la mañana (con una diferencia de unas pocas horas según la edad que tengamos). Y ahora además se está estudiando como guardián del cerebro frente al coronavirus (Covid-19).

La información de “luz” que reciben los nervios ópticos por el día o por dispositivos móviles, es interpretada por el cerebro de tal manera que, si hay luz, el cerebro no activará la producción de melatonina para dormirnos. La ausencia de luz (porque sea de noche, o porque apaguemos nuestros dispositivos móviles), sí hará que se produzca y favorezca el inicio de la somnolencia.

Además de su papel regulador, la melatonina también tiene propiedades antitumorales, neuroprotectoras, inmunomoduladoras, antiinflamatorias y antioxidantes.

Cuando cambiamos a países con diferentes zonas horarias, sufriremos el temible jet lag porque mi reloj está sincronizado con otros horarios, y me llevará varios días que se ajuste a los nuevos ciclos de luz/oscuridad.

Cuando nuestros ritmos circadianos se desajustan o se alteran continuamente, tendremos trastornos del sueño, bajo rendimiento académico, trastornos cognitivos, trastorno afectivo estacional, alteraciones hormonales, pérdida de hábitos alimentarios y problemas de digestión, alteraciones de la temperatura corporal, deterioro del sistema inmunitario, afecciones médicas crónicas, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, depresión, trastorno bipolar, deterioro cognitivo, algunos tipos de cáncer y envejecimiento prematuro. Por lo que podemos entender que respetar los ciclos del ritmo vigilia-sueño no es un capricho, sino una necesidad para cuidar nuestra salud, tanto física como mental.

La población más afectada es por tanto, la de los/las trabajadores/as con turnos rotatorios de día y de noche; el personal de vuelos transmeridianos con jet lag crónico; y la adolescencia, donde nos situamos en un porcentaje de hasta un 40% que ya presentan déficits crónicos del sueño al estar “conectados” a dispositivos con luz brillante de noche (móviles, tablets, ordenadores,…). El problema es que esto ya se está empezando a ver a partir de los 8 años.

Otro motivo es que en la adolescencia se retrasan la secreción de melatonina por la noche y se adelanta por la mañana, siendo frecuente que haya una diferencia de un par de horas con los horarios que tenían en primaria, y se da en mayor proporción en chicos que en chicas. De hecho, el sistema educativo ignora estos cambios haciendo que en secundaria se entre al instituto más temprano aún, teniendo de este modo auténticos zombies en clase. Podría decirse que su reloj biológico es de 25 horas en lugar de 24. Si además los fines de semana se incrementan los desfases, nos encontramos con adolescentes con un verdadero y crónico jet lag social.

Y aunque existen diferentes cronotipos (el matutino se levanta y se acuesta pronto frente al vespertino que se levanta y se acuesta tarde), la mayor parte de la población se sitúa en puntos intermedios.

Algo diferente a la cronodisrupción, es el Síndrome de retraso de fase o Síndrome de la fase del sueño retrasada (SFSR) definido como un tiempo de inicio y finalización del sueño retrasado en más de dos horas en relación con los tiempos de sueño aceptables socialmente (en nuestro caso, serían personas que se acuestan entre las 23,30h y las 5,30h). Aunque en la mayoría de casos la dificultad se da en conciliar el sueño, una vez que se da, suele ser normalizado. Pero sí tiene consecuencias sobre todo laborales y escolares al no estar en sintonía con el resto de la sociedad. Y esto es un ejemplo de lo que está ocurriendo en la adolescencia.

Una forma rápida de recuperar nuestros ritmos circadianos es la exposición a la luz natural (por ejemplo, dormir con la persiana levantada para que la luz nos despierte y dejar los dispositivos móviles fuera de nuestro alcance cuando nos vayamos a dormir) y la realización de ejercicio moderado.

El sueño, junto con la nutrición, la actividad física, el desarrollo social y la actividad mental, serán pilares fundamentales para cuidar de nuestra salud física y mental.

Bibliografía:

  • Perumal SR, Srinivasan V, Maestroni GJ, Cardinali DP, Poeggeler B, Hardeland R. Melatonin: Nature’s most versatile biological signal? FEBS J. 2006; 273: 2813-38.
  • Arendt J, Skene DJ. Melatonin as a chronobiotic. Sleep Med Rev. 2005; 9: 25-39.
  • Pandi-Perumal SR, Trakht I, Srinivasan V, et al. Physiological effects of melatonin: role of melatonin receptors and signal transduction pathways. Prog Neurobiol. 2008; 85: 335-53.
  • Cronobiología Básica y Clínica. Ed: J.A. Madrid, A. Rol del Lama. Editec@Red, Madrid 2006.
  • Pediatría integral. Vol. XXII, nº8, dic. 2018, curso VI (J. A. Madrid, G.Pin Arboledas, M.C. Ferrández Gomariz).
  • Merino Andreu M, Hidalgo Vicario MI. Hipersomnia. Somnolencia diurna excesiva y alteraciones del ritmo circadiano en pediatría. Pediatr Integral. 2010; XIV(9): 720-34.

Por Nieves López-Brea Serrat, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga infanto-juvenil.

 

 

 

 

 

 

La atención y el estrés en el cerebro de los niños y las niñas

Estoy viendo muchas situaciones donde se les grita, presiona e incluso se les está pegando a los niños y niñas porque no están haciendo las tareas del cole “como deben”, “no se enteran” o “se distraen mucho”.

A los padres y madres que pegan, sólo les diré un par de cosas:

  • “Si pegas a un adulto es delito, ¿si pegas a un niño o a una niña es educación?, piénsalo bien, porque yo creo que es todo un abuso de poder injustificable en un contexto de confianza.
  • “Si pegas a un niño o a una niña, no va a dejar de quererte, pero aprenderá a dejar de quererse a sí mism@”, piénsalo también.

(Y por favor, absteneros de esos comentarios que oigo de “a mí me pegaron y no me ha creado ningún trauma”, antes de que lo hagáis pensad si alguna vez habéis escuchado esto otro: “a mí me trataron con respeto y me ha causado un trauma”, ¿verdad que no? Pues eso).

Ahora sí vamos a hablar un poco sobre la atención y sobre el estrés.

Parece que se está difundiendo el tiempo de atención que puede mantener un niño o una niña en base a su edad, y claro, si tu niño o tu niña no entra dentro de esos tiempos ya empezamos a agobiarnos, a pensar que se distrae mucho, que es torpe, y lo peor de todo, a hacérselo sentir a ellos y a ellas y a estresarles aún más, con lo cual su cerebrito no es capaz de soportar más presión y se bloquea.

Para que lo entendamos un poco, en primer lugar, la atención no puede ser evaluada con una simple prueba de tiempo para dictaminar que con 6 años deben mantener su atención unos 30 minutos y con 10 años unos 50 minutos como se está afirmando en redes sociales. Además el concepto de atención, aún hoy en día, es muy difuso, ya que habría que definir si nos referimos a la atención como filtro para elegir estímulos relevantes o como mecanismo que regula los procesos cognitivos que dirigen el aprendizaje donde entran conceptos como percepción, dirección, selección, alternancia, velocidad de procesamiento,…lo que daría lugar a diferentes tipos de atención (selectiva, alternante, sostenida,…) y si vamos más allá visual/auditiva, controlada/automática, voluntaria/involuntaria, global/selectiva,… (por ejemplo, los bebés nacen con una capacidad increíble para atender de forma global todo lo que les rodea como si de un gran foco se tratase, es cuando crecemos cuando vamos forzando este proceso atencional para que se dirija únicamente a estímulos concretos como si ahora fuéramos una linterna, entrenando al menor a que deje en la oscuridad todo lo que hay alrededor y que antes sí veía)…

Para resumir, ya que el tema de la atención es bastante amplio y podríamos estar días hablando de ello, como norma general, y posiblemente en cualquier edad comprendida entre los 3 y los 99 años, si el estímulo es un rollazo, no podremos mantener nuestra atención por mucho que queramos, y aunque parezca que tenemos los ojos fijos en la tarea, bien podría estar dirigiendo mi atención a la última peli que he visto que era bien chula. Es la novedad y la curiosidad que despierta la tarea (o el docente) lo que permite “captar” la atención más o menos tiempo, se tenga la edad que se tenga. Aún así, en otro post,  os traeremos truquillos para entrenar diferentes atenciones.

Vamos ahora con el estrés. No hace falta nombrar todos los estudios que existen donde se indican claramente, los efectos negativos que tiene el estrés sobre el aprendizaje, la conducta y la salud. Y no sólo en la infancia, sino que el estrés prolongado en el tiempo, tendrá consecuencias a largo plazo, perturba el correcto desarrollo del cerebro y debilita el sistema inmunitario, aumentando el riesgo de enfermedades además de aumentar el riesgo de adicciones y otros trastornos mentales.

¿Por qué es tan sensible el cerebro infantil al estrés? Pues porque precisamente es el momento evolutivo donde más conexiones neuronales se darán al estar el sistema nervioso aún en desarrollo. El perfil neuropsicológico de niños maltratados se caracteriza por déficits de atención, memoria, retraso en el lenguaje y en el neurodesarrollo….,por lo que vamos a pararnos a reflexionar un momento:

Le gritas, le insultas o le golpeas porque “no aprende adecuadamente”, o “no se porta adecuadamente”, esto genera estrés en sus cabecitas y justo lo que estás haciendo, es impedirle que “aprenda adecuadamente” o “aprenda a portarse de una forma diferente”. Ahí lo dejo.

Evidentemente, que yo haya algún día que me estrese, que me enfade o que pegue algún grito, no es para que piense que estoy maltratando a nadie, pero cuando esto se convierte en el día a día, entonces debo pararme un poco a pensar si es lo que quiero seguir haciendo, porque yo sí soy adulto, y puedo poner en práctica el autocontrol que le exijo a mis peques.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014) define el maltrato infantil como los abusos y la desatención de que son objeto los menores de dieciocho años. Incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo, que causen o puedan causar daño a la salud y desarrollo físico o mental, la dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.

Para suavizar el tema, os animo a ver este precioso vídeo en familia:

ALIKE

Por Nieves López-Brea Serrat, neuropsicóloga infanto-juvenil

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