CUIDA-me: Abordaje de la depresión infanto-juvenil y perinatal

CUIDA-me: Abordaje de la depresión infanto-juvenil y perinatal

Psycolab (Sociedad Científica Sanitaria Emocional), cada año lanza su proyecto solidario para la población de Benalmádena. Los últimos años, el proyecto “Otra Oportunidad” ofreció a decenas de niños y niñas un abordaje integral ante dificultades del aprendizaje. Este año, nuestro equipo, conocedor del delicado estado emocional de la infancia y la adolescencia, arranca con el Proyecto “CUIDA-me”, para el abordaje de la depresión infanto-juvenil y perinatal.

 

La depresión a día de hoy se considera una de las enfermedades más comunes en la sociedad. Se entiende como una alteración en el estado de ánimo de la persona, afectando a todas las áreas de su vida, provocando gran sufrimiento en quien la padece.

Más de 250 millones de personas sufren esta enfermedad en todo el mundo, siendo más prevalente en la población femenina que en la masculina. Según la OMS, la depresión es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad.

Dada la situación pandémica atravesada los últimos años, se han observado variaciones en los casos de depresión en la población. Desde 2021, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 5% de la población adulta presenta esta enfermedad. No podemos dejar de mencionar, la elevada cifra del 3% en depresión infantil. El bajo nivel de detección y tratamiento de depresión en esta población, llevan a una mayor cronicidad.

La manifestación de la sintomatología tanto en población adulta como infantil es similar, existiendo algunas variaciones. Los principales síntomas a los que se deben atender en la población infantil son los siguientes:

  • Irritabilidad o estado de ánimo triste.
  • Bajo rendimiento académico.
  • Problemas conductuales.
  • Alteraciones en el sueño y/o apetito.
  • Empeoramiento de las relaciones sociales y familiares, incluso aislamiento.
  • Baja autoestima.
  • Ideas de muerte o suicidio.

La variabilidad de los síntomas en cada niño, depende de la etapa madurativa en la que se encuentre.

Uno de los principales riesgos asociados a la depresión, y la consecuencia más grave, es el suicidio. Cada año se suicidan en el mundo 700.000 personas. Podemos decir que es la cuarta causa de muerte en jóvenes entre 15 y 29 años a nivel mundial.

Si miramos con lupa la situación en España, tras la situación de confinamiento vivida en 2020, se produjeron 3.941 defunciones por suicidio, un 7,4% más que en el año 2019. Esto supone una media de 11 personas que mueren por suicidio al día. Sin olvidar que, en 2020, 61 niños y adolescentes murieron por esta causa frente a los 8 menores que murieron por Covid-19.

En 2021, el 2% de niños entre 4 y 8 años han presentado pensamientos suicidas, algo inusual a estas edades. Esto nos indica que es imprescindible cuidar del cerebro del bebé y del cerebro de la madre.

Por tanto, se trata de una problemática real de la sociedad que no puede pasar desapercibida y hay que abordarla de manera tajante e inmediata. Existen mecanismos para prevenir el suicidio y el número 024 de atención inmediata. No dudes en usarlo.

Incluso la Asociación de Pediatría, lanzó en enero de 2022 un comunicado alarmante que nos recuerda que antes de la pandemia, se estimaba que el 30% de los menores habían presentado ideación suicida en algún momento, el 10% lo habían intentado y un 2% de forma seria, requiriendo atención médica. Se calcula que 18% de los menores se infligen autolesiones antes de los 18 años.

Los estudios que indican tras la pandemia por COVID aumentos en todos estos indicadores son numerosos. La Fundación ANAR ha atendido en este período un 145% más llamadas de menores con ideas o intentos de suicidio, y un 180% más de autolesiones con respecto a los dos años previos. En el año 2020, se suicidaron en España 14 niños menores de 15 años, el doble que el año anterior. Entre el grupo de jóvenes de 15 a 29 años el suicidio es ya la segunda causa de fallecimiento, solo superada por los tumores malignos. El sexo femenino, la presencia de síntomas depresivos, una mayor exposición a casos COVID, y un mayor consumo de redes sociales son factores de riesgo para la conducta suicida en la actualidad.

Bibliografía:

Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y la Adolescencia. Actualización. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Unidad de Asesoramiento Científico-técnico Avalia-t; 2018. Guías de Práctica Clínica en el SNS.

Fundación Española para la prevención del suicidio (10 de noviembre de 2021). Observatorio del Suicidio en España 2020. https://www.fsme.es/observatorio-del-suicidio-2020/

Organización Mundial de la Salud (13 Septiembre, 2021). Depresión.

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression

Organización Mundial de la Salud (17 de Junio, 2021c). Suicidio. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

https://www.savethechildren.es/actualidad/suicidios-adolescentes-espana-factores-riesgo-datos

 

Nieves López-Brea Serrat, experta en Neuropsicología y Neuroeducación

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Alba Ruiz
Psicóloga Sanitaria

Terapia EMDR, eficaz frente al trauma

¿Qué es la terapia EMDR y quién se puede beneficiar de ella?

EMDR es el acrónimo en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares). Es un abordaje terapéutico desarrollado desde 1987 por Francine Shapiro para desensibilizar y reprocesar traumas psicológicos de forma natural.

Desde 2013 la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la Terapia EMDR como tratamiento para los trastornos relacionados con el Trauma.

El enfoque del EMDR está en el recuerdo de la experiencia o experiencias traumáticas que han contribuido al desarrollo de la patología o del trastorno que presenta el paciente. Es el recuerdo traumático lo que se trata terapéuticamente: “No es lo que pasó, sino el recuerdo de lo que sucedió”. La información relacionada con experiencias traumáticas o estresantes no siempre se procesa completamente, sino que a veces, las percepciones iniciales vividas en el momento del suceso se quedan encerradas en una red neuronal con las mismas emociones, creencias y sensaciones físicas que existían en el momento del hecho. Así, al quedarse ese recuerdo traumático “encapsulado” impide que se integre al resto de la red neuronal, el recuerdo no se procesa y se bloquea el sistema innato que empuja a cada uno hacia la auto-curación.

La base del EMDR es la estimulación bilateral. Se estimulan ambos hemisferios cerebrales mediante movimientos oculares, tapping o tonos auditivos. Gracias a este abordaje los recuerdos atrapados de modo disfuncional hacen una transmutación, es decir, adquieren otro significado más adaptativo y luego se almacenan a través de un proceso de reconsolidación. Es el cerebro el que hace el trabajo.

Después de una sesión de EMDR, los pacientes recuerdan todavía el hecho o la experiencia, pero sienten que pertenece al pasado, y el contenido se integra desde una perspectiva adulta, alcanzan una visión más madura y funcional.

¿Para qué se utiliza?

La investigación científica sobre EMDR ha establecido que es un tratamiento con evidencia empírica (evidence-based) para la terapia del Trastorno de Estrés Post-Traumático. Asimismo, el EMDR demuestra su eficacia para traumas con T “mayúscula” y t “minúscula”.

Ejemplos de trauma con “T” incluirán atentados, robos, accidentes de coche, experiencias en guerras, abusos sexuales o físicos. Situaciones en los que la persona a sentido que su vida corría peligro a causa de un agente externo.

Los traumas “t” se refieren a traumas relacionales: rechazo de los padres,  bullying (acoso escolar), mobbing (acoso laboral), etc., es decir, situaciones que la persona vive como perturbadoras y que se repitieron y mantuvieron en el tiempo.

Un suceso traumático marca un antes y un después en la vida de una persona. El pasado se hace presente porque no se pudo resolver. El abordaje EMDR ayuda a que la persona pueda discriminar el peligro real y no real; a dar un sentido a las emociones respecto al recuerdo traumático y a que el hecho quede integrado en la memoria declarativa de una manera adaptativa y saludable.

“El trabajo con EMDR se centra en procesar los recuerdos conectados con los problemas actuales, para luego abordar los síntomas presentes y los cambios hacia el futuro”. (Asociación EMDR España)

 

¿Quién lo puede aplicar?

Psicólogos o psiquiatras debidamente entrenados, supervisados y formados por entrenadores (trainers) acreditados por EMDR Europa, cuyos cursos han sido validados en cuanto a su metodología y contenidos.

¿Quién se puede beneficiar de la terapia EMDR?

La terapia EMDR ayuda a niños y adultos de todas las edades. Los terapeutas utilizan la terapia EMDR para abordar diferentes dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles en la vida de la persona que solicita la ayuda:

• Trastorno de estrés postraumático (TEPT) y otros problemas relacionados con el trauma y el estrés
• Ansiedad, ataques de pánico y fobias
• Depresión y trastornos bipolares
• Trastornos disociativos
• Trastornos alimentarios
• Duelos y pérdidas
• Dolor
• Ansiedad por el rendimiento
• Trastornos de la personalidad
• Violencia y abuso físico, sexual y emocional
• Trastornos del sueño
• Abuso de sustancias y adicción

Referencias Bibliográficas:

Asociación EMDR España (2022) (en línea) ¿Qué es la terapia EMDR? https://www.emdr-es.org/Sobre-EMDR/Que-es-EMDR

Bossini, L., Fagiolini, A y Castrogiovanni, P. (2007). Neuroanatomical Changes after Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR) Treatment in Posttraumatic Stress Disorder. The Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neurosciences,  19(4), pp.475-476.

García, F. (2022). Workshop Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR). Manual de Entrenamiento Nivel I. Instituto Español de EMDR S.L.

Lee, C.W. y Cuijpers, P. (2013). A meta-analysis of the contribution of eye movements in processing emotional memories. Journal of Behaviour Therapy and Experimental Psychiatry, 44(2), pp.231-239.

Organización Mundial de la Salud (2013). OMS, Ginebra. Nuevo protocolo y directrices clínicas para dispensar una atención de salud mental eficaz a adultos y niños expuestos a traumas o a la pérdida de seres queridos https://apps.who.int/mediacentre/news/releases/2013/trauma_mental_health_20130806/es/index.html

Shapiro, F. (1989). Eye movement desensitization: A new treatment for post-traumatic stress disorder. Journal of Behaviour Therapy and Experimental Psychiatry, 20(3), pp.201-217.

Solomon, R.M., Shapiro, F. (2008).  EMDR and the adaptative information processing model potential mechanisms of change. Journal of EMDR Practice and Research, 2(4), pp.315-325.

SILVANA MORILLAS

Silvana Morillas Neuropsicóloga y terapeuta EMDR

 

Consecuencias del conflicto bélico en el cerebro infantil

CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO BÉLICO EN EL CEREBRO INFANTIL.

OBJETIVOS:

  • Conocer, reconocer y diferenciar las consecuencias de los conflictos bélicos en la infancia, en función de la etapa evolutiva, de la exposición, el tiempo de exposición y el contexto que les rodea.
  • Abordaje desde una perspectiva biopsicosocial y neuropsicológica.

Son muchos ya los estudios que han abordado este tema y las consecuencias en la población. Recordemos que estos conflictos se vienen desarrollando de forma activa en Camerún, Etiopía, Mozambique, Oriente Próximo, Sáhara Occidental, Sahel, Siria, República Centroafricana, Yemen,…Pero estos conflictos quedan lejos de nosotros y aunque los conocemos, no despiertan nuestra sensibilidad como el conflicto actual. ¿Por qué? Creo que porque ahora, por cercanía y por el poder que pueden ejercer hacia nosotros, sí vemos afectada nuestra seguridad.

Además…Todos conocemos a alguien, ¡yo conozco a alguien!

Hoy en día, 115.000 personas ucranianas viven en España

Antes de la pandemia, contábamos con 260.000 turistas ucranianos.

Pero ante todo, lo que sabemos a ciencia cierta, es que la guerra destruye la vida.

Más de la mitad de los menores Ucranianos han sido desplazados. Entre los niños que huyen, muchos no están acompañados o han sido separados de sus familias. Esos niños corren un mayor riesgo de violencia, abusos y explotación. Y cuando son trasladados a través de diferentes fronteras, los riesgos se multiplican.

Tampoco podemos olvidar a aquellos niños y niñas que no pueden escapar: niños con alguna enfermedad o discapacidad, niños que ya estaban recluídos en instituciones, y todos tenemos en la memoria algunas vivencias trágicas de abusos, de confinamiento y de falta de estímulos e incluso de luz solar en antiguos orfanatos de ciudades destruidas en otros tiempos.

Efectos conocidos del Estrés Post Traumático:

Cualquier conflicto bélico despierta una respuesta adaptativa de amenaza, donde las respuestas del organismo son luchar o huir. En ese momento, se da una activación del sistema nervioso simpático: Se contraen los vasos sanguíneos para que sangremos menos si sufrimos alguna herida, pero así fluye también menos sangre al cerebro. La glándula suprarrenal segrega cortisol, que nos proporciona glucosa para convertirla en energía. El nervio vago, que constituye una línea directa entre el cerebro y las vísceras y normalmente sirve para que mantengamos la calma y la seguridad, inhibe su actividad. A consecuencia de ello, se nos acelera la frecuencia cardiaca y se incrementa la presión sanguínea. Es probable que nos desmayemos o que se nos afloje la vejiga.

Esto puede ocurrir en el momento de la huída, o también ante una preocupación anticipada, cuando empezamos a escuchar en los medios que el conflicto puede llegar a darse aunque aún no haya comenzado.

La adrenalina da una mayor energía al organismo para luchar o huir, ya que, en cualquiera de estos dos procesos, debemos soportar una gran tensión física y aumentar nuestra resistencia, es por ello que aumenta nuestra frecuencia cardíaca, aumenta también el flujo sanguíneo a los músculos, se abren las vías respiratorias, aumenta el consumo de glucosa, se da una vasoconstricción de los vasos sanguíneos y aumenta la presión arterial.

El estrés perjudica nuestra función ejecutiva, lo que dificulta nuestra capacidad para resistir los impulsos. El estrés crónico puede aumentar la respuesta de recompensa de nuestros cerebros. Así que nos hará más propensos a la adicción, y a hacer que consumamos alimentos más grasos y con alto contenido en azúcar.

LA AMENAZA PREVIA POR COVID 19:

Como nos recuerda David Bueno iTorrens, ni siquiera es necesario un conflicto real, analicemos un momento la sensación de peligro inminente y constante que hemos vivido con la pandemia por Covid-19. Durante estos dos años, hemos oído frecuentemente un uso del lenguaje propio de los escenarios bélicos, apoyado por el incremento de presencia policial y militar. ¿Quién no escuchaba que nuestros sanitarios estaban en primera línea de la batalla y que debíamos ganar esta guerra? Este vocabulario no es neutro para el cerebro, sino que estimula ciertas conexiones neurales relacionadas con la supervivencia, anulando la capacidad reflexiva del ser humano y reduciendo la flexibilidad cognitiva.

Esos dos años de “conflicto” también han tenido sus consecuencias en el cerebro de nuestros niños y niñas y creo que todos somos conscientes de ello con el aumento significativo de casos de ansiedad, depresión, autolesiones e intentos autolíticos en menores. Incluso hay estudios que indican que los sentimientos de soledad de estos se acerca al 30%, frente al 18% de ancianos que encabezaban esta estadística.

Que nuestros menores se sientan más solos que nuestros abuelos es algo que debemos empezar a considerar seriamente. Que tengamos niños y niñas con 7 años que piensen en el suicidio no tiene nombre y deberíamos de revisar seriamente nuestro negligente sistema.

Volvemos a la realidad de esos miles o millones de niños que viven o han vivido directa o indirectamente un conflicto bélico real. Un solo suceso traumático puede desencadenar la misma sintomatología que una exposición más prolongada, ya que en situaciones más prolongadas suelen activarse mecanismos resilientes característicos de todo ser humano, pero también una liberación constante de adrenalina, debido a un estrés crónico, traerá enfermedades físicas como problemas digestivos, enfermedades cardiovasculares, enfermedades metabólicas, trastornos del sueño, trastornos del aprendizaje, ansiedad y depresión.

Pero en todo caso, el estrés crónico cursa con otra consecuencia…

Los telómeros son una cubierta protectora al final de una hebra de ADN. Cada vez que una célula se divide, pierde un poco de sus telómeros. Una enzima llamada telomerasa puede reponerla, pero el estrés crónico y la exposición al cortisol disminuyen su suministro. Cuando el telómero está demasiado disminuido, la célula a menudo muere o se vuelve pro-inflamatoria 

El estrés, los abusos o el maltrato psicológico sufrido en la infancia provoca el mismo envejecimiento precoz que la radiación o el tabaco.

Uno de los marcadores del envejecimiento precoz es el acortamiento de los telómeros, regiones de ADN que protegen los bordes de los cromosomas y que se van desgastando con la edad debido a la pérdida de la enzima telomerasa. Cuando los telómeros se acortan por debajo de una longitud mínima, las células interrumpen su ciclo celular y dejan de regenerar los tejidos, produciéndose así su envejecimiento y, consecuentemente el de todo el organismo.

En 1961, el biólogo Leonard Hayflick descubrió que las células humanas corrientes son capaces de dividirse un número finito de veces antes de morir. Las células se reproducen fabricando copias de ellas mismas (proceso denominado mitosis). Sin embargo un día, las células del laboratorio de Hayflick dejaron de reproducirse, como si estuvieran cansadas. La células más longevas lograron efectuar alrededor de cincuenta divisiones celulares, aunque la mayoría se dividió muchas menos veces. Aquellas células fatigadas acababan alcanzando un estado que denominó senescencia: seguían estando vivas pero habían dejado definitivamente de dividirse. Esto es lo que se llama «límite de Hayflick», el límite natural que alcanzan las células humanas al dividirse, y la causa de que exista ese límite resulta ser que los telómeros se han vuelto críticamente cortos.

Es decir, los telómeros van acortándose de manera natural con el paso del tiempo, ya que cada vez que una célula se divide, una porción de telómero no se replica. Este es el motivo por el que todo ser humano envejece.

Sin embargo, las células madre, si se mantienen sanas, disponen de suficiente telomerasa para poder seguir dividiéndose a lo largo de toda nuestra vida.

¿Por qué el estrés tiene entonces estas consecuencias también? Nosotros sabemos que el estrés crónico es un factor de riesgo de trastornos y enfermedades psiquiátricas, pero también lo es de patologías cardiovasculares y autoinmunes.

Cuando estamos expuestos constantemente al estrés, la adaptación al mismo provoca que los sistemas inmune, metabólico y endocrino dejen de funcionar correctamente, ya que se da una respuesta excesiva y continua que altera la división celular generando un acortamiento de los telómeros más rápido.

De hecho, ya hay estudios como el de Judith Carrol en la Universidad de California que nos dice que el estrés de las madres previo al parto e incluso con anterioridad al embarazo puede generar un impacto negativo en la salud de los hijos, acortando del mismo modo la longitud de los telómeros en el bebé. También estaría relacionado con un mayor riesgo de cáncer, de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos y otras causas de muerte a una edad temprana.

Existe un período especialmente vulnerable en el tercer trimestre del embarazo de madres con altos niveles de estrés, en el cual los niños tienen un mayor riesgo de acortamiento de los telómeros. De hecho, si una madre tiene depresión, sus hijas serán más propensas a sufrirla también e incluso antes de que se manifieste esa depresión en las niñas, sus telómeros sanguíneos ya son más cortos que el de niñas de madres que no tenían depresión.

También el estrés previo o durante el embarazo provoca partos prematuros, por lo que esas madres que incluso aún no están embarazadas o que ya lo están, darán a luz a niños y niñas prematuros con las consecuencias que también conocemos de ello.

Sabemos que los factores de riesgo ante el estrés, la ansiedad y la depresión son modificables, pero prácticamente la totalidad de las mujeres que experimentan estos problemas de salud mental pasan desapercibidas, incluso entre nosotros, por lo que debería darse un abordaje prenatal y perinatal, prestando mucha atención a los síntomas en las mujeres embarazadas o aquellas que desean ser madres y aún no lo son.

Fomentar entre las embarazadas factores protectores frente a los trastornos mentales harán que no sólo no los hereden sus bebés, sino tampoco próximas generaciones, ya que esta información se queda guardada en los genes.

¿TODOS LOS MENORES SUFREN EL MISMO GRADO DE ESTRÉS?

No. A algunos menores les dicen que van a pasar unas vacaciones fuera de casa, o que van a probar a vivir en un país nuevo, o que van a visitar a familiares a los que ya conocían,…

Estos niños y niñas podrán iniciar sus rutinas y sentirse más seguros más rápido que aquellos que saben que huyen de una guerra y/o que han perdido a alguien en el camino. Depende también mucho de la etapa evolutiva en la que se encuentre el niño. La infancia es un momento muy vulnerable que tenemos que cuidar. Muchas veces vamos a creer que lo mejor es que inicien cuanto antes la rutina escolar y la integración en el nuevo entorno, pero otras será peor si les empujamos a un entorno desconocido que genera aún más estrés en los menores y que quizás necesitaban más tiempo con sus madres. Sabemos que la oxitocina que se genera entre la madre y sus hijos es un factor protector frente al estrés, por lo que deberemos evaluar cada caso de forma independiente, evaluando qué estrategias de afrontamiento tiene el menor, qué necesidades tiene, y qué nivel de hiperactivación se observa en él.

Cualquier niño o niña atemorizados pueden sentirse fuera de control y desamparados. Tengamos en cuenta que no sólo necesitan haberlo vivido, basta con haberlo presenciado.

Sabemos que el cerebro asocia fácilmente emociones, sensaciones, olores, posturas, lugares y sonidos.

Además, los conflictos en Ucrania se dan desde 2014 y que la constante amenaza desde entonces ha hecho que la hiperactivación de estos niños sea una constante en sus vidas. Muchos manifiestan desde antes del conflicto actual, altos niveles de angustia, problemas para dormir, pobreza, mala calidad alimentaria, marginación, etc.

HERRAMIENTAS ÚTILES:

MÁS ALLÁ DE LA INFANCIA, LA ADOLESCENCIA:

Recordemos que el periodo evolutivo en el que se encuentra el menor, va a determinar algunas diferencias en el modo en que perciben, entienden o dan respuesta al conflicto.

Los adolescentes tienen sus propias formas de pensar, sus propios valores, y suelen responder más con ira que con miedo. Incluso habréis oído al principio de estallar todo esto, como nuestros adolescentes aseguraban que ellos defenderían su país con armas y que estarían preparados para matar. Algo que a mí me preocupa, ya que los adultos debemos argumentar contra eso con preguntas tipo, ¿a quién crees que ayudaría eso? Evidentemente debemos validar sus emociones y hacerles ver que lo entendemos pero que la violencia precisamente, es lo que desencadena este tipo de conflictos, por lo que nunca puede ser la solución a ellos.

Debemos preguntarles mucho sobre lo que ven en Internet, sobre lo que piensan y cómo gestionan todo esto que está ocurriendo. Con los adolescentes ucranianos lo tendremos más difícil por el idioma, ya que son reacios al servicio de traducción y se aíslan mucho más.

El cerebro adolescente se caracteriza por una mayor sobreactivación emocional o hiperreactividad. Ante una situación de amenaza, la amígdala reacciona y cualquier estímulo neutro puede ser interpretado como un peligro potencial. Además, en la adolescencia, los niveles de cortisol son más elevados que en la infancia o en la adultez, por lo que esto les predispone a mayor ansiedad y mayores respuesta de ira, viviendo sus problemas y preocupaciones con mucha más intensidad.

La adrenalina y el cortisol, además de influir en los estados de ánimo, también interfieren en los procesos de aprendizaje.

Para que entendamos un poco mejor cómo influye el estrés en el aprendizaje: sabemos que las ratas son muy buenas recordando y encontrando la salida a los laberintos, pero si les mostramos un gato o un olor a gato, no sólo no son capaces de encontrar la salida sino que se quedan bloqueadas sin poder avanzar ni retroceder. (Muchos padres y docentes son como ese gato en el laberinto).

Tenemos otra hormona menos conocida, la tetrahidropregnanolona, que también se libera por el estrés, pero mirad qué curioso, en los adultos esta hormona reduce la ansiedad actuando como un sedante natural, liberándose a las media hora del suceso estresante y favoreciendo la relajación. Sin embargo, en la adolescencia ocurre lo contrario, su liberación hace que aumente la ansiedad, esto significa que están más indefensos ante las consecuencias del estrés que los adultos.

También sabemos que la pérdida de un ser querido, hace que disminuya el tamaño del hipocampo, responsable de la adquisición de nuevos aprendizajes, aumenta la reactividad de la amígdala y hay menor conectividad en la corteza prefrontal, afectando por lo tanto a la motivación y al control de impulsos.

Además, reitero que estamos saliendo de dos años de pandemia, donde la hiperactivación y la soledad han hecho estragos con este grupo de la población, que se sitúa en un momento crítico donde debe desarrollar sus habilidades sociales, pero que, debido al uso de mascarillas, han tenido la dificultad de inferir el estado emocional de sus iguales a través de las expresiones faciales, para conocer sus intenciones a priori, desarrollar confianza y empatía.

Recordemos también que la oxitocina reduce el estrés, favorece el aprendizaje al intervenir en los procesos de memoria, la cognición social, la empatía, los vínculos, la cohesión social y la cooperación. Sus beneficios son cada vez mayores, llegando a ser eficaz incluso para el tratamiento del dolor en el cáncer terminal y en la migraña. Tan solo tenemos que mantener el contacto físico más allá de 6 segundos.

Nuestras mascotas también hacen que liberemos más oxitocina en nuestros cerebros y del mismo modo, en nuestra presencia, sus cerebros también la liberan.

Los niños y niñas que viven en hogares afectuosos, liberan mucha más oxitocina que aquellos que viven en hogares donde hay conflictos frecuentes entre sus progenitores y/o están separados.

RESILIENCIA:

Termino esta presentación confiando en la innata capacidad del ser humano de ser resiliente o en la nuestra para generarla mediante esta propuesta de Mónica Marzetti:

 

Muchas gracias!!!

Si eres profesional o estudiante de Psicología, puedes solicitar el vídeo del Webinar a formacion@copao.com

Referencias

Prenatal maternal stress prospectively relates to shorter child buccal cell telomere length. Judith E.Carroll, Nicole E.Mahrer, Madeleine Shalowitz, Sharon Ramey and Christine Dunkel Schetter. Psychoneuroendocrinology (2020).DOI: https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2020.104841

Rees  S, Channon  S, Waters  CS.  The impact of maternal prenatal and postnatal anxiety on children’s emotional problems: a systematic review.  Eur Child Adolesc Psychiatry. 2019;28(2):257-280. doi:10.1007/s00787-018-1173-5PubMedGoogle ScholarCrossref

Maternal Stress Before Conception Is Associated with Shorter Gestation. N E Mahrer et al. Annals of Behavioral Medicine (2020).DOI: https://doi.org/10.1093/abm/kaaa047

https://childrensnational.org/departments/developing-brain-research-laboratory

https://academic.oup.com/abm/article/55/3/242/5873717?login=true

https://newsroom.ucla.edu/releases/maternal-stress-and-faster-aging-of-babies

Neurociencias y Aprendizaje: Autores/as: Analía Verónica LOSADA; Juana Eva SILBERMAN; Mónica Beatriz MARZETTI (Argentina). Natandoson TORRES DANTAS (Brasil). Leslie Bravo GARCÍA; Leidy J. RODRÍGUEZ HIGUERA; Mónica I. HERAZO CHAMORRO (Colombia). Javier TIRAPU-USTÁRROZ; Inma PIQUERES-JUAN, Miguel GARCÍA-SALA (España). Luis ECHAVARRÍA-RAMÍREZ (Perú). Ariel CUADRO; Ana Laura PALOMBO (Uruguay).

El arte de persistir / El cerebro adolescente: David Bueno iTorrens

Nieves López-Brea Serrat. Neuropsicóloga Infanto-Juvenil.

La respiración diafragmática en el control de la ansiedad

La respiración diafragmática en el control de la ansiedad

 

Existen dos técnicas que deberían aprenderse desde que vamos a la escuela para reducir la hiperactivación que se produce en el organismo en situaciones estresantes, en el Trastorno de Ansiedad e incluso en la Depresión.

  • La respiración diafragmática
  • La relajación muscular progresiva

En este post os hablaremos de esta hiperactivación del organismo y de su control mediante la técnica de la Respiración Diafragmática, técnica muy usada también por deportistas de élite para mejorar su rendimiento y por cantantes. También se usa para el dolor crónico, la fatiga física y en la gestión de emociones intensas como la ira y el miedo y para reducir la impulsividad en la infancia y la adolescencia.

La hiperactivación del sistema nervioso autónomo se desencadena por estímulos externos (traumas, estrés, exámenes,  sustos, sorpresas,…), donde la respuesta es impredecible. O por estímulos internos (pensamientos negativos, preocupaciones, incertidumbre, desesperanza,…).

El sistema nervioso autónomo es una de las subdivisiones del sistema nervioso que se encuentra especialmente vinculado con la respuesta de las funciones viscerales e involuntarias, por lo que no tenemos un completo control sobre él.

Podemos dividirlo en la rama “simpática” que se activa en situaciones de lucha o huida, produciendo cambios fisiológicos en nuestro organismos, que nos producen mucho malestar, pero que son totalmente adaptativos,  como:

  • Aumento de la frecuencia cardíaca, para distribuir sangre y oxígeno a mayor velocidad, a nuestros músculos para correr o pelear más rápido.
  • Dilatación pulmonar, o broncodilatación, con el fin de tomar más cantidad de oxígeno y optimizar el rendimiento.
  • Aumento de la presión arterial.
  • Dilatación de las pupilas, que en su día nos permitía tener una mayor capacidad visual ante eminentes depredadores.
  • Disminución de los procesos digestivos para conservar esa gran energía que consume el sistema gastrointestinal, produciendo sequedad de boca al detenerse también la producción de saliva.
  • Contracción de los esfínteres, postergando la necesidad de excretar a un momento donde la amenaza haya desaparecido. Aunque también se produce una contracción de la vejiga, lo que hace que esa presión aumente nuestras ganas de orinar e incluso podríamos tener alguna pérdida, ya que además, la reacción de lucha o huida hiperactiva los riñones y producen más orina de la habitual.
  • Liberación de adrenalina y noradrenalina para aumentar la activación física y psicológica.

La rama “parasimpática“, contrarresta los efectos del sistema simpático,  predominando en condiciones de descanso y relajación, que se ven alterados en situaciones de nerviosismo, estrés, ansiedad y depresión.

La respiración diafragmática, junto con la relajación muscular progresiva, pueden ayudar a esta rama parasimpática en situaciones difíciles, o simplemente, en un mundo tan hiperestimulado como el nuestro, donde los momentos de descanso se ven alterados fácilmente. Al aumentar el aporte de oxígeno en nuestros pulmones, nuestro músculo cardíaco, puede bajar su frecuencia fácilmente.

Existen diferentes técnicas de respiración, por ejemplo, la técnica de respiración por coherencia cardiaca permite controlar las aceleraciones y desaceleraciones del corazón, inspirando y espirando lentamente para aumentar la amplitud de la frecuencia cardíaca y sincronizar la respiración con el ritmo cardíaco. A esto se le llama “coherencia cardíaca”. Teniendo esta técnica la máxima eficacia cuando la frecuencia de la respiración es de 6 ciclos por minuto, con lo que deberíamos realizar 6 inspiraciones/espiraciones de 5 segundos cada una, durante 5 minutos.

Respiración diafragmática Aquí, puedes encontrar una guía para su correcta práctica:

Nieves López-Brea Serrat
Neuropsicóloga infanto-juvenil

Referencias bibliográficas:

  • Kandel, E.R.; Schwartz, J.H. & Jessell, T.M. (2001). Principios de neurociencia. Cuarta edición. McGraw-Hill Interamericana. Madrid.
  • Guyton, A. C. & Hall, J. (2006). Tratado de Fisiología Médica. Elsevier; 11th edition.

No es timidez, es fobia social

La fobia social o trastorno de ansiedad se caracteriza por un miedo intenso, duradero y desproporcionado ante situaciones donde podemos ser evaluados por los demás. Por ejemplo, a las interacciones sociales (mantener una conversación), ser observado (comiendo, bebiendo) y/o a actuar delante de otras personas (exponer un trabajo en clase, dar una conferencia en el trabajo).

Con lo cual, la persona afectada tiene miedo de responder de cierta manera o de desplegar sintomatología ansiosa que pueda ser valorada negativamente por los demás (humillándole, rechazándole o sintiéndose ofendido). Con lo cual, suele evitar ese tipo de circunstancias o, si no tiene esa opción, las resiste con un alto grado de malestar. Este hecho interfiere de manera notoria en su vida cotidiana, por lo que difiere significativamente con la timidez.

Según las investigaciones, las situaciones temidas suelen ser referentes a:

  • Intervención pública: hablar o interactuar en público (hacer una presentación en clase, intervenir en grupos…)
  • Interacción informal: todo lo relativo al inicio, mantenimiento y terminación de las conversaciones (dar una opinión, hacer un cumplido, asistir a una fiesta, llamar por teléfono…)
  • Interacción asertiva: expresar derechos o necesidades a los demás (devolver un producto, rechazar una petición, expresar desacuerdo…).
  • Ser observado: realizar actividades donde se puede ser observado (comer delante de otras personas, asistir a clases de baile…)

Por tanto, se presenta fobia social generalizada cuando el miedo está relacionado con la mayor parte de las situaciones sociales comentadas anteriormente. En comparación con la fobia social circunscrita (el miedo sólo aparece en situaciones concretas), estos pacientes suelen presentar más ansiedad, miedo a la evaluación negativa y déficits en habilidades sociales, lo que les conlleva a deterioro en sus relaciones familiares, sociales y laborales y al despliegue de estrategias de evitación.

Respecto a las reacciones habituales pueden ser corporales, de pensamiento y/o conductuales:

  • Reacción fisiológica: frecuentemente, puede aparecer taquicardia, temblor, sudoración, malestar gastrointestinal, boca seca, dolor de cabeza, problemas para tragar y urgencia urinaria.
  • Reacción cognitiva: dificultad para pensar, sesgo atencional referente a las reacciones corporales, los propios errores y las reacciones de los demás. Esto conlleva a pensamientos negativos frecuentes y anticipación de situaciones.
  • Reacciones conductuales: además de la evitación, se puede recurrir a conductas de búsqueda de seguridad como consumir alcohol o ansiolíticos, evitar el contacto visual, evitar hablar o hacerlo de forma muy rápida…

El inicio y mantenimiento de esta problemática conlleva una gran heterogeneidad de variables biológicas y psicológicas relacionadas entre sí como la capacidad innata para reconocer situaciones de amenaza social, cierta lentitud para reducir la activación fisiológica, experiencias en el pasado asociadas a falta o pérdida de control en una situación social, pautas educativas sobreprotectoras o demasiado exigentes, antecedentes familiares de trastorno de ansiedad y/o depresivo mayor, etc.

Tras un proceso evaluativo completo para determinar los factores implicados en cada caso, la intervención se creará de manera totalmente individualizada. En ella, tendrán cabida aspectos como la psicoeducación, la educación en valores, el entrenamiento en relajación, aceptación y atención plena, la restructuración cognitiva y desvinculación de los pensamientos, el entrenamiento en habilidades sociales y asertividad y la exposición a las situaciones temidas. Asimismo, están emergiendo interesantes métodos de tratamiento como la realidad virtual que permite al paciente a exponerse a los estímulos ansiógenos de forma más controlada y segura.

¿Quieres que te ayudemos? ¡Pregúntanos!

BIBLIOGRAFÍA

Bados, A. (2001). Fobia social. Síntesis.

Caballo, V. E., Salazar, I.C. y Garrido, L. (2018). Programa de intervención multidimensional para la ansiedad social (IMAS). Pirámide

García López, L. J. (2013). Tratando…trastorno de ansiedad social. Pirámide

Reyna, D., Caraza, R., González, M., Ayala, A., Martínez, P., Loredo, A, Leal, R. y Reyes, P. (2018) Realidad Virtual en el Tratamiento de Fobia Social. Smart Technology. Notas de la conferencia del Instituto de Ciencias de la Computación, Informática Social e Ingeniería de Telecomunicaciones, vol 213.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

¿Cómo escapar de la agorafobia si esa es la creencia que te limita?

Frecuentemente, el término “agorafobia” se asocia con una afección que impide a la persona afectada salir de casa. No obstante, esa descripción resulta bastante escasa y limitada. Este trastorno, más bien, se caracteriza por temor y/o evitación a ciertas situaciones en las que se haría muy difícil escapar o contar con ayuda en el caso de que apareciera sintomatología ansiosa o de carácter vergonzoso. Con lo cual, a las personas con agorafobia les provoca un intenso malestar situaciones como el uso del transporte público, encontrarse en espacios abiertos (zonas de aparcamiento, mercados, puentes…) o cerrados (tiendas, museos, teatros, cines…), hacer cola, encontrarse en medio de una gran multitud o estar fuera de casa sin compañía.

Es uno de los trastornos más incapacitantes, puesto que interfiere en todas las áreas de la vida de la persona afectada (familia, pareja, amigos, trabajo…). Asimismo, se suele asociar con una historia anterior de ataques de pánico, pero no siempre es así. Si bien es cierto que la gravedad es mayor cuando hay comorbilidad, es decir, cuando se presentan los dos juntos. También puede aparecer junto a otros trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo y abuso de sustancias.

Entre las circunstancias que contribuyen a la aparición de la sintomatología se encuentran aspectos genéticos, una vulnerabilidad psicológica consistente en sensibilidad a experimentar ansiedad, una sensación exagerada de amenaza y peligro o una historia de enfermedad física y abuso, entre otros.

Este tipo de paciente ante una elevación del miedo o ansiedad (o la anticipación de un posible incremento) despliegan una serie de conductas para eludir esa circunstancia. Con lo cual, aquellas respuestas que, en un principio, alivian la sintomatología se acaban convirtiendo en conductas de afrontamiento desadaptativas que interfieren en la vida diaria:

  • Conductas de evitación: se reduce o elimina la ansiedad evitando la circunstancia o evento temido. Por ejemplo: compro online en vez de ir a la tienda, me quedo en casa en vez de ir al concierto…
  • Conductas de escape: se huye de la situación provocadora de sintomatología ansiosa. “Me tuve que bajar del metro” “Dejé el carrito de la compra y me salí del supermercado”.
  • Evitación interoceptiva: se previene aquellas respuestas fisiológicas asociadas con la ansiedad. “Dejé de hacer deporte, me late muy fuerte y deprisa el corazón y eso me pone nervioso”.
  • Conductas de afrontamiento parcial: se despliegan ciertas conductas, se buscan señales de seguridad o se acude a objetos y/o compañía para facilitar el afrontamiento de la situación temida. “Sólo voy si me acompaña alguien”

Existen varias opciones de tratamiento para la sintomatología asociada a la agorafobia. Entre ellas, las más utilizadas son la exposición en vivo a las situaciones temidas y la terapia cognitivo-conductual (que incluye información sobre el trastorno, abordaje de pensamientos, técnicas de relajación, de exposición y desactivación). Asimismo, en los últimos años, se está utilizando la realidad virtual para el tratamiento de la sintomatología de ciertos trastornos como, por ejemplo, la agorafobia.

Bibliografía
Barlow, D. H. (2014). Manual Clínico de Trastornos Psicológicos. Tratamiento Paso a Paso. Manual Moderno.
Espada, J. P., Olivares, J. y Méndez, F. X. (2008). Terapia psicológica. Pirámide.
Peñate, W., Pitti, C. T., Bethencourt, J. M. y Gracia, R. (2006). Agorafobia (Con o Sin Pánico) y Conductas de Afrontamiento Desadaptativas. Primera Parte. Salud Mental, 29(2), 22-29.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Trastorno por atracón

El trastorno por atracón se caracteriza por episodios de ingesta de comida en grandes cantidades y una sensación de falta de control durante los mismos. Por tanto, es frecuente que durante los atracones se coma muy rápidamente, incluso sin hambre, de forma aislada y hasta sentirse desagradablemente lleno. Tras ello, la persona suele sentirse culpable, triste y/o avergonzado.

La principal diferencia con la bulimia es que en el trastorno por atracón no se acude a comportamientos compensatorios tras la ingesta. Es decir, tras los atracones no se intenta compensar emitiendo conductas como vomitar, usar laxantes y diuréticos o realizar ejercicio físico de forma excesiva.

Las teorías explicativas que se manejan sobre esta patología indican, en primer lugar, una posible predisposición genética a poseer ciertos rasgos de personalidad o tendencia a desplegar un estilo alimentario concreto. Asimismo, regiones cerebrales como el núcleo accumbens, la amígdala y la corteza orbitofrontal parecen estar relacionadas con la aparición de la sintomatología debido a su implicación con los circuitos de recompensa y del control de impulsos. Por tanto,  una de las líneas de investigación es, precisamente, el estudio de las posibles similitudes con los procesos de adicción a sustancias y el juego patológico. Otros autores señalan que este problema suele formar parte de una cadena de otros trastornos relacionados con el comportamiento alimentario (como obesidad o anorexia)  o con el control de impulsos.

 De igual forma, hay teorías que hacen hincapié en distintos factores que facilitan, inician y mantienen la sintomatología del trastorno:

  • Factores predisponentes: influencia de los medios de comunicación, interacción social negativa, situaciones de abuso o abandono, ciertos patrones de interacción familiar, baja autoestima, perfeccionismo…
  • Factores desencadenantes: sensación de hambre o ansia por comer, críticas de terceras personas, crisis familiares o personales, estado emocional bajo, etc.
  • Factores mantenedores: intento de reducir sensaciones, pensamientos e interacciones aversivas, como vía de escape ante dietas restrictivas, ver la comida como premio o gratificación, entre otras.

La intervención ante este tipo de problemática se enfocará según la circunstancia personal del paciente y las variables que la influencian. No obstante, en términos generales, los objetivos principales son instaurar hábitos saludables, tratar la sintomatología física y emocional asociada al trastorno, la adquisición de estrategias y habilidades de afrontamiento y la prevención de recaídas en el futuro. Asimismo, en ocasiones también se realiza un trabajo terapéutico y de asesoramiento a los familiares del afectado.

BIBLIOGRAFIA

Baile Ayensa, J. I., González Calderón, M. J. (2016). Trastorno por atracón. Diagnóstico, evaluación y tratamiento. Ediciones Pirámide.

Raich, R. M. (2017). Anorexia, bulimia y otros trastornos alimentarios. Ediciones Pirámide.

Serra, M. (2015). Los trastornos de la conducta alimentaria. Editorial UOC

 

 

Desirée  Castellano  Olivera

Psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

No estoy triste, tengo depresión

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la depresión será la principal problemática de salud en la población en un futuro cada vez más cercano. En la actualidad, se calcula que más de 300 millones de personas padecen este tipo de sintomatología. Concretamente, en España hay aproximadamente 3 millones de pacientes con este diagnóstico o con un diagnóstico mixto ansioso-depresivo. No obstante, se estima que alrededor de un 58% de las personas que la padecen, no buscan ayuda profesional. Debemos ser conscientes de que se trata de un trastorno muy incapacitante y que puede afectar a cualquier persona.

El trastorno depresivo se caracteriza por un sentimiento de tristeza profunda y pérdida de interés por realizar actividades, incluso aquellas con las que se solía disfrutar con anterioridad. También pueden aparecer otros síntomas como pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, disminución de energía, enlentecimiento, culpabilidad o incapacidad para concentrarse.

Esta sintomatología, por tanto, podría clasificarse en las siguientes categorías:

  • Afectiva y emocional: el descenso del estado de ánimo puede apreciarse por sentimientos de desesperanza, amargura y pesimismo. Asimismo, es habitual la sensación de vacío o insensibilidad. En la población infantil, juvenil y anciana puede predominar la irritabilidad más que la tristeza.
  • Cognitiva: pueden aparecer problemas de concentración y memoria, dificultad para pensar e indecisión. La atención suele focalizarse únicamente en estímulos de carácter negativo.
  • Conductual: podría apreciarse una ralentización de movimientos y gestos. Asimismo, el abandono de relaciones sociales, tareas y responsabilidades.
  • Motivacional: se aprecia apatía, aburrimiento e indiferencia que dificulta realizar las actividades cotidianas y la toma de decisiones.
  • Somática: síntomas como dolores de cabeza, molestias abdominales, problemas de sueño, falta de energía y disminución del deseo sexual pueden estar presentes.

Las causas de esta patología son complejas debido su diversidad ya que abarcan aspectos genéticos, fisiológicos, hormonales, psicológicos y sociales. Diversas áreas cerebrales como la amígdala, la corteza prefrontal, el hipocampo y la corteza cingulada, muy relacionadas con las emociones, son de un tamaño más reducido en las personas que sufren esta enfermedad. Las primeras hipótesis sobre la etiología del trastorno depresivo hacían referencia a un déficit en neurotransmisores como la serotonina (que influye en el sueño, la actividad motora, el apetito o el comportamiento sexual, entre otras) y la noradrenalina (asociada con aspectos como la motivación, los mecanismos de recompensa y el aprendizaje). Recientemente, se aboga por la interacción de factores genéticos y ambientales que altera la liberación de los mismos. Además, hay evidencia de una reducción de los niveles de GABA (implicado en la inhibición de la actividad neuronal) y de altos niveles de glutamato (neurotransmisor excitador) en personas con sintomatología depresiva.

Asimismo, se están incorporando nuevos hallazgos como la influencia del estrés al sistema nervioso central, al sistema inmune y al eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA). Los eventos estresantes de carácter crónico pueden tener un grave impacto cerebral, alterando diferentes estructuras y sus funciones. Además, hay estudios que relacionan procesos inflamatorios entre las causas de esta problemática, encontrándose altos niveles de citosinas pro-inflamatorias en los pacientes. Este hecho puede producir atrofia y muerte neuronal, favoreciendo la sintomatología depresiva característica.

Con lo cual, tratamientos con agentes glutamatérgicos, gabaérgicos y con fármacos antiinflamatorios están dando resultados prometedores en investigaciones preliminares. Asimismo, la terapia asistida con psicodélicos está en estudio debido a su relación con la serotonina, el glutamato y la plasticidad neuronal.

Además del tratamiento farmacológico en los casos que se requiera, se hace imprescindible un abordaje psicológico. En él, los objetivos pueden ser muy diversos según las necesidades de cada paciente: promover conductas saludables, ejercicio cardiovascular, programar actividades agradables, entrenar en habilidades sociales, fomentar el autocontrol, dotar de estrategias de solución de problemas, examinar pensamientos negativos, entre otros. Asimismo, es muy importante hacer hincapié en la prevención de recaídas y dotar de estrategias para evitarlas de cara al futuro.

Bibliografía

Navío Acosta, M. y Pérez Sola, V. (2020). Depresión y suicidio 2020. Documento estratégico para la promoción de la Salud Mental. Wecare-u.

Ortiz-Tallo, M. (2019). Psicopatología clínica. Adaptado al DSM-5. Ediciones Pirámide

Pérez-Padilla, E. A., Cervantes-Ramírez, V. M., Hijuelos-García, N. A., Pineda-Cortés, J. C. y Salgado-Burgos, H. (2017). Prevalencia, causas y tratamiento de la depresión Mayor. Revista Biomédica, 28(2), 89-115.

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga.

Intervención psicológica en obesidad

La obesidad es una de las grandes problemáticas de salud en la actualidad, afectando a millones de personas. Se trata de una enfermedad que, además de estar asociada a una condición física concreta, conlleva ciertas consecuencias psicológicas y sociales.

Por tanto, nos encontramos ante una patología crónica y de etiología multifactorial que involucra diferentes causas:

  • Causas biológicas: se han estudiado relaciones entre la genética y la obesidad. Hallándose, por ejemplo, diferencias en el metabolismo basal, en la activación del consumo de energía tras comer o en los niveles de leptina (la hormona que se encarga de regular el apetito).
  • Causas socioculturales: aspectos como el fácil acceso a los alimentos (y, especialmente, a la comida “rápida” y altamente calórica), los avances en tecnología y transporte que limitan la necesidad de realizar actividad física diaria, la promoción del ocio sedentario o los malos hábitos de sueño (hecho que conlleva el enlentecimiento del metabolismo) parecen ser claves en la aparición de esta enfermedad.
  • Causas psicobiológicas: destaca la llamada “Teoría del incentivo positivo” , indicando que lo que verdaderamente incita a los individuos a comer es la anticipación del placer que producirá. De hecho, hay investigaciones que indican que ciertos alimentos estimulan los sistemas de recompensa del sistema nervioso central.

Anteriormente, la psicología se centraba en el tratamiento de las alteraciones psicológicas que surgían a consecuencia de esta condición. Sin embargo, en las últimas décadas se está centrando también en la creación de intervenciones psicológicas específicas para la prevención y el abordaje de la obesidad.

Los pacientes necesitan técnicas concretas para cambiar sus hábitos y estilo de vida y que su uso se mantenga a lo largo del tiempo. Para ello, es imprescindible un proceso de evaluación previo para descartar la necesidad de intervención de otras patologías psicológicas que pueden ser la causa del problema de obesidad. Asimismo, requiere valorar los hábitos previos de alimentación, ejercicio físico y sueño y las circunstancias que están manteniendo la enfermedad.

Se hace imprescindible abordar cuestiones como las ideas irracionales y “de todo o nada”, la impulsividad o falta de inhibición y la resolución de problemas para hacer frente a posibles barreras que puedan ir apareciendo en el día a día. También debe hacerse hincapié en promover el sentimiento de autoeficacia, las habilidades sociales y el mantenimiento de los cambios.

En resumen, el enfoque psicológico es un elemento clave para abordar la obesidad junto al trabajo de otros profesionales. Con ello, se potenciará una intervención con un mayor grado de eficacia cuyo objetivo principal debe ser instaurar hábitos saludables, no llegar a un número concreto en la báscula. Es decir, dar prioridad a alcanzar pequeños cambios que den lugar poco a poco a la reducción de riesgos físicos y psicológicos, mejorar la calidad de vida y las relaciones personales y realizar actividades gratificantes que anteriormente no se llevaban a cabo.

Nuestros centros multidisciplinares cuentan con psicólogos sanitarios expertos en trastornos de la alimentación, y expertos en nutrición y dietética para mejorar el abordaje de la obesidad de forma conjunta.

 

 

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Bibliografía

Baile Ayensa, J.I. y González Calderón, M. J. (2013). Intervención psicológica en obesidad. Ediciones Pirámide

Baile, J. I. (2019) ¿Por qué no somos eficaces en el tratamiento de la obesidad? La necesaria aportación de la psicología. Medicina Clínica, 152(2), 72-74.

Baile, J. I., González-Calderón, M. J., Palomo, R. y Rabito-Alcón, M. F. (2020). La intervención psicológica de la obesidad: desarrollo y perspectivas. Revista Clínica Contemporánea, 11(3), 1-14.

De La Vega Morales, R. I. y Cruz Hernández, L. (2018). Efectos de la terapia cognitivo-conductual en factores asociados a la obesidad: un estudio de caso. Psicología y Salud, 28(1), 85-94.

Ansiedad y depresión, los términos más buscados en internet

Las palabras “ansiedad” y “depresión” se han disparado en los buscadores de internet desde que se inició  la pandemia por Covid-19, registrando récords en periodos de confinamientos.

Esto no es del todo nuevo, ya antes de la crisis sanitaria que estamos viviendo, 1 de cada 10 personas ya tenía problemas de salud mental. Ahora se ha reducido a 1 de cada 5, lo que supone un verdadero problema, ya que no sólo se está dando en la población adulta sino también en la población infantil y adolescente.

Estas personas acuden una media de 20 veces más al médico de cabecera que personas que no sufren estas patologías, y la solución que se les ha ofrecido es, en la mayoría de las ocasiones, farmacológica, cuya venta se ha disparado también un 43% más. Es un dato trágico que, por ejemplo, en Galicia son 20.000 niños ya los que consumen psicofármacos. Y ni siquiera es la primera en la lista.

Pero, ¿realmente esta es la mejor solución que puede dar el Sistema Público ante una crisis ya no sólo sanitaria y económica, sino también emocional. Evidentemente NO.

Los medios cada vez se interesan más por este preocupante empobrecimiento de la salud mental y recurren a nosotros para recibir respuestas.

Compartimos con vosotros una entrevista que nos ha realizado ProntoPro para conocer un poco más sobre la ansiedad y la depresión. Puede acceder a ella en su canal pinchando AQUÍ.

 

1. ¿Puede proporcionar alguna información acerca de usted, como su nombre, su edad, su lugar de nacimiento y cualquier otra información que desee compartir?
Nieves López-Brea Serrat, 45 años, nacida en Madrid, adoptada en Benalmádena, pero me considero ciudadana del mundo.
2. ¿Puede describir su empresa y su historia? ¿Trabaja sola o en equipo? ¿Se han producido cambios en los últimos años?
En 2012 inicié mi carrera como Psicóloga Sanitaria autónoma tras entrar en el equipo de atención psicológica de la Fundación Punset, en ese año, fundé Psycolab, una Sociedad Científica Sanitaria Emocional que actualmente está reorganizándose debido a que en 2017 me centré en abrir Centros EQ, de la que soy gerente. Anteriormente a 2012 mi campo era el de la Psicología Industrial.
Trabajar en equipo es una de las cosas más enriquecedoras de nuestra profesión, de hecho, ambos proyectos han contado con equipos multidisciplinares de campos muy afines como la psicología, psiquiatría, neuropsicología, neurología, psicopedagogía, logopedia, nutrición,…
3. ¿Cuál es su área de especialización? ¿Qué le gustaría hacer dentro de su área de especialización? ¿Lo que más a menudo le piden sus clientes?
Tras 10 años como Psicóloga Industrial, la ciencia era mi curiosidad principal, por eso intenté y conseguí acercarme a quien en ese momento era el mejor ejemplo de difusión de la ciencia, Eduardo Punset. Decidí entonces estudiar Neuropsicología y me especialicé en Neuropsicología Infanto-Juvenil, además soy experta en Psicología de la Educación e intento acercar la neurociencia a través de formaciones, charlas y cursos online.
Soy una gran activista por los Derechos de la Infancia.
La gran demanda hoy en día es sobre trastornos de ansiedad y depresión y sobre dificultades en la infancia y la adolescencia.
4. ¿Cuáles fueron sus motivos que le llevaron a elegir este trabajo? ¿Cuáles son las razones que le empujan al cumplimiento de su trabajo día a día?
Más bien diría esta profesión o esta pasión, por lo que no tengo que “cumplir” con mi trabajo, es un placer realizarlo y es muy gratificante ver cómo las personas mejoran, superan o consiguen aquello para lo que te piden ayuda. 
Tengo redacciones de cuando iba a EGB en la que ya hablaba de mi curiosidad hacia el funcionamiento del cerebro, así que creo que el motivo vivía ya en mí antes de saberlo.

5. ¿Qué consejos me darías para superar problemas de ansiedad y depresión?

Bueno, son dos trastornos diferentes, aunque es habitual que se den de forma conjunta.

El primer consejo para la ansiedad, sin duda, es su abordaje en los colegios de educación primaria, l@s niñ@s a partir de unos 8 años están empezando a experimentar ansiedad, y a partir de 10 años estamos viendo menores medicados con ansiolíticos y esta medida no debería extenderse como está ocurriendo cada vez más. De hecho, la ansiedad llega a interferir de forma muy concreta hasta en el aprendizaje de las matemáticas. Cuando se les explica a los menores por qué ocurre esta sobre-activación y aprenden las técnicas para que ellos mismos puedan reducirla, tiene unos efectos muy positivos sobre su bienestar, sobre su rendimiento académico y sobre sus relaciones sociales.

El segundo consejo para la ansiedad viene de una frase que me encanta: “no eres tú, es tu cerebro”, avanzamos más rápido cuando entendemos que lo que ocurre “ahí dentro”, explica muchas de las conductas que vemos por fuera y que son el motivo de toda la sintomatología fisiológica, cognitiva y conductual que acarrea la ansiedad. El cerebro crea sus propias asociaciones, por lo que hay que tratar de modificar esas asociaciones con sencillos pasos como realizar pequeños cambios en nuestro entorno o en nuestras actividades de forma consciente para entender que algo que ocurrió en el pasado o la anticipación de algo que puede ocurrir en el futuro, no está ocurriendo en estos momentos. Por poner un ejemplo tonto, el cerebro sigue interpretando esa activación como cuando tenía que huir hacia una caverna o trepar a un árbol porque le perseguía un depredador. Evidentemente no siempre es tan sencillo, pero existen dos técnicas que todos deberíamos conocer y practicar, la respiración diafragmática y la relajación muscular progresiva.

Sobre la depresión, que también se observa de forma cada vez más frecuente en la infancia (y esto nos debería de preocupar bastante), se ha comprobado, sobre todo en adultos, que mantener cierto rol vital nos ayuda a mantener un estado de ánimo estable. Cuando perdemos este rol vital nos deprimimos, por ejemplo cuando perdemos un empleo, nos divorciamos, nuestr@s hij@s se van de casa, nos jubilamos, etc.

Y de nuevo no podemos simplificar tanto, ya que pueden darse desajustes en ciertos neurotransmisores que pueden explicar también una depresión endógena.

Finalmente, para ambos trastornos, una inversión real en la sanidad pública con profesionales que puedan dar una respuesta rápida no farmacológica a gran parte de la población que acude por estos motivos al médico de cabecera.

 

6. ¿Cuál es la metodología de trabajo que empleáis a tratar a pacientes con problemas de ansiedad y depresión?

Sabemos que la terapia cognitivo conductual es la que mejor y más rápidos resultados tiene, pero no podemos hacer que un paciente se adapte a un tratamiento, sino que debemos adaptar el tratamiento al paciente. 

Y sobre todo desconfiar de terapias ofrecidas por personas sin la cualificación necesaria. La Psicología es la ciencia que estudia la conducta humana, el aprendizaje, los procesos de pensamiento, las emociones, el comportamiento, tanto en su desarrollo normal como en los diferentes trastornos o problemas, dispone de modelos explicativos de la conducta normal y de los trastornos y de técnicas adecuadas para la evaluación, diagnóstico y tratamiento.

El psicólogo cognitivo-conductual es, además, un educador y un entrenador de habilidades de afrontamiento, con las que se pretende, no sólo solucionar los trastornos y problemas actuales, sino entrenar a la persona para la prevención de recaídas, de modo que el aprendizaje se mantiene a lo largo del tiempo.

7. ¿Cuál es el coste de una consulta con vuestros psicólogos especialistas en ansiedad y depresion?¿Qué factores se toman en cuenta para definir este coste?

Nuestra tarifa para psicología es de 60€ la consulta de una hora aproximada, este coste se encuentra definido entre unos mínimos y unos máximos que indica nuestro Colegio Profesional. Evidentemente no todo el mundo puede pagar esto, por eso defendemos que la Sanidad Pública debe ofrecer una solución real a la salud mental que no se está dando, como si la salud mental, no fuera salud.

8. ¿Qué problema puedo resolver con tu servicio de consultas como psicólogo especialista en manejo de ansiedad y depresión?

Evidentemente si acudes a un profesional, es para resolver aquello que no has podido resolver tú solo, como cuando puedes cuidarte por tí mismo ante una torcedura de tobillo, pero acudes a un especialista para resolver un esguince o una fractura, en ese caso, tienes que salir recuperado, si no, no tiene mucho sentido un tratamiento.

 

 

 

 

 

Nieves López-Brea Serrat, Psicóloga Sanitaria, Col. AO07687

(Pincha en la imagen para ver su CV)

1 2

Search

+
EnglishSpanish
0
    0
    Carrito de compra
    Su carrito está vacíoVolver a la tienda