Tricotilomanía y la pérdida de control sobre nuestro cabello.

Tricotilomanía y la pérdida de control sobre nuestro cabello.

 

La piel es el órgano más visible y extenso del cuerpo que presenta enfermedades intrínsecas de la misma, otras que son manifestación de órganos ajenos a la piel y, por último, también expresa desordenes propios de las emociones.

Nos ocupamos aquí de la tricotilomanía, que es una de entre tantas manifestaciones de la dermopsicopatología.

La expresión más clara de la misma es la de tocarse, retorcerse, enrularse y/o arrancarse el cabello de modo tal que es un comportamiento recurrente y como consecuencia pueden evidenciarse zonas de perdida de pelo.

Este comportamiento presenta dos características distintivas. Por un lado una sensación de tensión interna que va creciendo hasta el acto del arrancamiento y por otro lado una sensación de calma interior una vez realizado. Cabe mencionar que este comportamiento se realiza a pesar de los intentos de la persona por disminuirlos o detenerse.

Muchas veces el arrepentimiento que el individuo tiene después del acto, lo lleva a ocultar dentro del grupo familiar o social su padecimiento ocasionando disfunción en los ámbitos donde se desempeña.

No es infrecuente que se encuentre asociado o en comorbilidad con otros fenómenos como la tricofagia que consiste en tragarse el cabello arrancado y que en cuadros graves deriven en cuadros gastroenterológicos que requieren el ingreso hospitalario. Si bien es considerado como un trastorno del control de impulsos entendemos que el elemento compulsivo a la repetición es un elemento que nos acerca a las conductas de tipo obsesivas.

Los estudios epidemiológicos informan que lo padecen de 3 a 5 personas cada 100, siendo más frecuente en mujeres.

Si bien en general las primeras manifestaciones aparecen en la infancia pueden tener una continuidad en la vida adulta.

¿Cuál es su tratamiento?

El consenso internacional aconseja abordar de manera interdisciplinaria el tratamiento de la tricotilomanía. Nuestra experiencia nos lleva también a asentir dicho consejo y utilizamos tanto las herramientas psicológicas como también, en los casos en los que requiera, las medicaciones pertinentes.

Antiguamente se encuadraba dentro de los trastornos del control de impulsos (visto como una adicción). No obstante, actualmente la visión se decanta más por clasificarlo como un problema con sintomatología afín a los trastornos obsesivos-compulsivos y patologías relacionadas.

Su tratamiento psicológico, tras la evaluación de la sintomatología, está encaminada en aportar herramientas para gestionar la ansiedad, el control de estímulos para evitar los disparadores y reducir la probabilidad de iniciar la tracción, realizar un entrenamiento en conductas incompatibles o respuestas competitivas , examinar creencias irracionales y prevenir recaídas.

En cuanto al tratamiento médico utilizamos distintos medicamentos según el caso, la intercurrencia de otras enfermedades tanto físicas como de salud mental, la edad del paciente y la dificultad del cuadro.

Varios estudios apuntan a que se produce un desequilibrio en el balance de neurotransmisores aunque todavía no se han encontrado cuales son los daños estructurales o funcionales que llevan a dicho desequilibrio.

Por ese motivo utilizamos medicamentos que actúan sobre el equilibrio de los grupos de neurotransmisores implicados. Comenzamos con los medicamentos llamados inhibidores de recaptación de serotonina y evaluamos la respuesta, si es necesario en segunda instancia se utilizan los antidepresivos tricíclicos como la clomipramina, si el cuadro requiere el uso de otros medicamentos por la escasa respuesta de los anteriores otra opción que se tiene en cuenta es el uso de otros medicamentos llamados antipsicóticos de los cuales el más estudiado para uso en el tratamiento de la tricotilomanía es la olanzapina. También el antioxidante N acetil cisteina ha sido muy estudiado como complemento en el tratamiento.

Consulta a nuestros expertos pinchando en su imagen.

BIBLIOGRAFÍA

Ha EL, Magid M. Psychopharmacology in dermatology: Five common disorders. Clin Dermatol: Jan-Feb;41(1):112-120, 2023.

Farhat LC, Olfson E, Nasir M, et al: Pharmacological and behavioral treatment for trichotillomania: An updated systematic review with meta-analysis. Depress Anxiety 37(8):715-727, 2020.


Fobias específicas

Las fobias especificas forman parte de los denominados trastornos de ansiedad, e implican un miedo intenso y persistente a objetos o situaciones no proporcional al riesgo real, provocando un elevado nivel de ansiedad, llevando a la persona a evitar dichos estímulos o resistirlos soportando un elevado malestar.

Como respuesta a este miedo intenso, se produce la activación del sistema nervioso simpático, dando lugar a taquicardia, palpitaciones, respiración acelerada, presión en el pecho, temblor, tensión muscular, sudoración o malestar intestinal. Además, otros síntomas que se pueden experimentar son dolor en el pecho, sequedad de boca, pensamientos distorsionados, mareos, incluso desmayo. En el caso de los niños, este miedo puede traducirse en lloros, ira y rabietas.

Dentro de los trastornos se considera el trastorno menos grave, pero el más prevalente. Las fobias suelen comenzar en la niñez y adolescencia, manteniéndose si no se trata de manera adecuada, en la edad adulta. Existe una prevalencia mayor en mujeres, alcanzando el pico máximo entre los 25 y 54 años.

Se distinguen los siguientes tipos de fobia específica:
– Animal. Los animales más temidos son las serpientes, arañas, perros, ratas y ratones.
– Ambiente natural. Las situaciones naturales más temidas son las tormentas, el viento, alturas y oscuridad.
– Sangre, inyecciones y daño corporal.
– Situaciones. Entre las situaciones específicas más temidas se encuentran los transportes públicos, túneles, volar en avión, lugares cerrados.
– Otros tipos. Los estímulos que no se engloban en las categorías anteriores, se incluyen aquí, como es el atragantamiento o vómito.

Aunque en algunos casos puede producirse una remisión espontánea de los síntomas, existen tratamientos eficaces para abordar la sintomatología de la fobia específica. El más investigado y contrastado empíricamente es la exposición en vivo a los estímulos temidos. Se ha demostrado su eficacia para la fobia a los animales, alturas, lugares cerrados, volar en avión, inyecciones, tormentas y atragantamiento. Una exposición gradual, progresiva y con resultados exitoso, tiene como resultado una reducción de la actividad de la amígdala y aumento de la actividad del córtex orbitofrontal, implicado en la regulación de emociones y del reaprendizaje estímulo-consecuencia. La exposición en vivo reduce el miedo, las conductas de evitación, las cogniciones amenazantes y la valencia negativa del estímulo fóbico.

Otros tratamientos que también se han encontrado eficaces son el modelado participante, la realidad virtual, terapia cognitiva y la relajación aplicada. Nuestra compañera Alba Ruiz, psicóloga sanitaria, te ayuda a superar tus miedos y fobias en Benalmádena. ¿Tienes alguna duda? Contacta o reserva cita con ella:

Alba Ruiz Gómez, Psicóloga Sanitaria

 

 

 

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Referencias Bibliográficas:

Bados López, A. (2017). Fobias específicas: Naturaleza, evaluación y tratamiento. Universidad de Barcelona.
Bosch, C. G. B., Vindel, A. C., Rodríguez, P. R., Martínez, S. B., & Priede, A. (2021). Tratamientos psicológicos para los trastornos de ansiedad. Manual de tratamientos psicológicos: adultos. pp. 367-391. Pirámide.
Subdirección General de Información Sanitaria. Salud mental en datos: prevalencia de los problemas de salud y consumo de psicofármacos y fármacos relacionados a partir de registros clínicos de atención primaria. BDCAP Series 2. Madrid: Ministerio de Sanidad. 2021.

Counceling in Benalmádena, Málaga

Counseling en Málaga y en Benalmádena

Ya que a veces nos preguntáis, nuestra especialista en Counseling en Málaga y Benalmádena resuelve las dudas de las diferencias que pueden existir entre el counseling y la psicología sanitaria o clínica.

Hoy en día, estamos muy acostumbrados a escuchar los conceptos de “psicología sanitaria o psicología clínica”, usualmente al referirnos a una terapia psicológica. En otro post os hablaremos de la diferencia entre estas dos.

Sin embargo, en otros países como Inglaterra y muchos países del norte de Europa suelen utilizar el counseling. Pero, ¿qué es?, y ¿qué diferencias existen con la psicología sanitaria/clínica?

Por un lado, la psicología sanitaria o clínica se ocupan de tratar la salud mental del ser humano y tienen como objetivo superar alguna situación que le está generando malestar, es decir, busca un tratamiento empírico y científico. Aquí encontramos que nuestra corriente Cognitivo-Conductual, es la que mejores resultados ofrece ante trastornos, lamentablemente tan comunes hoy en día, como la ansiedad o la depresión.

En cambio, el counseling (o también conocido como consejería o asesoramiento psicológico) también lo lleva a cabo una profesional de la salud mental, es decir, una psicóloga, y que, lejos de centrarse únicamente en aquello que le supone malestar, se centra en trabajar con la persona de manera íntegra tratando de abarcar todos aquellos aspectos de su personalidad y de sus circunstancias y así potenciar su autodesarrollo mediante el desarrollo de habilidades personales, la toma de decisiones importantes o la ayuda de alcanzar metas tanto personales como profesionales.

Además, el objetivo también insta en proporcionar un entorno seguro y de apoyo, al igual que la terapia de psicología sanitaria/clínica, aunque algunas de las diferencias se encuentra en la duración de la terapia: mientras la terapia de psicología sanitaria/clínica suele ser más extensa, según el trastorno o la dificultad que presenta el individuo, el counseling suele ser más breve y suele centrarse en problemas más específicos o en metas y no tanto en un trastorno per sé.

En Psycolab, nuestra especialista Berta Valentino ofrece ambos servicios en inglés, tanto psicología sanitaria como Counseling. La elección entre el counseling o terapia depende de las necesidades de cada persona y la gravedad de los problemas.

Si tienes dudas, puedes consultarnos o reservar directamente con ella en el siguiente enlace:

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Psicóloga Sanitaria Bilingüe
Counsellor en Málaga y Benalmádena

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS:

Martí-Gil, C., Marcos-Pérez, G., & Barreira-Hernández, D. (2013). Counseling: una herramienta para la mejora de la comunicación con el paciente. Farmacia Hospitalaria, 37(3), 236-239.

Mearns, D., & Thorne, B. (2020). Counseling centrado en la persona: En acción. Gran Aldea Editores.

Artiles, M. (2014). ¿ Qué es Counseling?. de Consultorias y psicopterapias centradas en la persona y experienciales, Buenos Aires, Gran Aldea Editores, 37-45.

Erazo, L. R., & Nisenbaum, I. S. (2005). Psicología clínica de la salud. Un enfoque conductual. UNAM.

TOC EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA

TOC INFANTIL

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por la presencia de pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes (obsesiones) y pueden llevar a comportamientos repetitivos (compulsión) para prevenir o disminuir la ansiedad o malestar que genera la obsesión.

En el TOC, estos síntomas pueden darse de forma conjunta o separados. Estos síntomas interfieren en las actividades del día a día, ya que en la mayoría de las ocasiones requieren mucho tiempo, afectando al trabajo, escuela, relaciones personales…

Los síntomas del TOC tienden a aparecer en la niñez, en torno a los 10 años, o alrededor de los 20 años. Es importante señalar que en los varones suelen tener un comienzo más temprano, por ello, durante las etapas del desarrollo, el TOC es más frecuente en niños. Es llegando a la adolescencia cuando la prevalencia se iguala entre chicos y chicas. En la edad adulta, las mujeres se ven ligeramente más afectadas por este trastorno.

En cuanto a las manifestaciones de la sintomatología del TOC en la niñez, son similares al adulto, aunque si existen diferencias en función de la edad del inicio. El TOC con un inicio temprano se caracteriza por mayor sintomatología, mayor gravedad, más compulsiones sin obsesiones y mayor comorbilidad con otros trastornos. Además, el TOC en la infancia tiene unas características específicas. Presentan más compulsiones que obsesiones, perciben las compulsiones como contrarias a sus necesidades, tienen dificultad para describir los síntomas y esto hace que el tiempo entre la aparición de los primeros síntomas y el diagnóstico sea muy superior al de adultos.

Es importante tener en cuenta que los niños aprenden repitiendo, lo que no significa que padezcan este trastorno. A lo largo del desarrollo, los niños establecen rutinas, juegos para no pisar rayas, coleccionan cromos o llevan a cabo un ritual para una actividad determinada, pero todos ellos son agradables, contribuyen al aprendizaje y no interfieren en su vida. Es en el momento en el que estos rituales comienzan a generar malestar, no son agradables, cuando hay que prestar atención y acudir a un profesional.

En cuanto al tratamiento que puede aplicarse en niños y adolescentes con TOC, es importante tener en cuentas las características individuales de cada sujeto. En el caso de esta población adulta, la terapia combinada de Terapia Cognitivo Conductual (TCC) y tratamiento farmacológico, es la opción más eficaz en la reducción de síntomas obsesivos-compulsivos, pero en la infancia y la adolescencia sólo se recomienda la medicación si los síntomas son muy graves. Si tenemos en cuenta estas dos opciones de tratamiento (TCC y tratamiento farmacológico) de manera aislada, la TCC ha mostrado ser más eficaz que el tratamiento farmacológico, ya que la tasa de recaída en 9 meses es menor.

Dentro de la intervención de TCC, destacar los dos componentes principales. La exposición con prevención de respuesta (EPR) y terapia cognitiva. Con la exposición repetida al estímulo que genera ansiedad, la intensidad va disminuyendo progresivamente. Además, la terapia cognitiva tiene como objetivo modificar aquellos pensamientos disfuncionales que pueden estar provocando malestar. En el caso del TOC infanto-juvenil, es importante tener en cuenta el papel de la familia, e incluirlos en la terapia, ya que van a ser los coterapeutas que van a ayudar a supervisar el proceso.

¿Tienes dudas con algún comportamiento de tus hijos o hijas? Consúltanos.

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Alba Ruiz
Psicóloga Sanitaria

Nieves López-Brea Serrat, experta en Neuropsicología y Neuroeducación

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-5®), American Psychiatric Association Publishing.

Arroyo López, N., Bobabilla González, I., Bravo Sánchez, M., García Delgar, B., Jiménez Cabré, G., y Úbeda Gómez, J. (s.f.). Guía de Tratamiento del Trastorno Obsesivo-Compulsivo en niños y adolescentes.

Organización Mundial de la Salud (2004). Clasificación Internacional de Enfermedades, 10ª Revisión, Segunda Edición (CIE-10), OMS Ginebra.

Ulloa Flores, R.E., Palacios Cruz, L., y Sauer Vera, T.R. (2011). Trastorno obsesivo-compulsivo en niños y adolescentes: una revisión del tratamiento. Salud Mental, 34(5)

Depresión infantil y aprendizaje

¿Cómo afecta la depresión al aprendizaje?

Referirnos a que alguien tiene depresión simplemente porque está más triste de lo habitual o que algo nos la provoca porque nos hace sentir un profundo malestar en un momento concreto, es cada vez más común entre las personas que no han vivido en primera o tercera persona dicha enfermedad. Para evitarlo, es conveniente educar desde la infancia en el uso adecuado de las palabras, haciéndoles conscientes de lo importante que es no emplear términos de los que desconocemos su significado.

Al igual que un adulto, un infante puede poseer numerosos cambios en su estado de ánimo. Diferenciar la distimia de la depresión es importante a la hora de detectarla en los niños y adolescentes, pues cuando la tristeza se produce de forma prolongada el punto de atención deberá recaer en el grado de tristeza que dicho sujeto presenta.

La depresión es una enfermedad que afecta de forma global a la persona que la sufre. Por tanto, no resulta complicado pensar que la depresión en niños y adolescentes afectará de manera directa en su proceso de aprendizaje, pues el tiempo que dedican a esta actividad es notorio.

En España un niño con edades comprendidas entre 6 y 12 años pasa un mínimo de cinco horas en un ambiente educativo, mientras que los niños de entre 12 y 16 años poseen un aumento diario de una hora y media lectiva con respecto al nivel educativo anterior.

Asimismo, el número de población infanto-juvenil que asiste a clases particulares o de refuerzo grupal es cada vez mayor, lo que conlleva un incremento del número de horas dedicadas al aprendizaje. Y si la situación económica no se lo permite, desde la Administración Pública se han llevado a cabo diversas estrategias para ayudar a aquellas personas que necesitan ese refuerzo educativo de forma gratuita, como por ejemplo el PROA (Plan de Refuerzo, Orientación y Apoyo) que lleva en funcionamiento desde el año 2005 y cada vez son más centros los que demandan este servicio. También desde el ámbito privado, iniciativas solidarias como las que realiza PSYCOLab cada año, atiende a numerosa población infantil de forma gratuita.

A nivel cerebral, el aprendizaje se produce gracias a las conexiones neuronales y la estimulación de áreas cerebrales concretas, teniendo en cuenta la variabilidad de la plasticidad cerebral de cada individuo a través de los estímulos recibidos por el ambiente.

Cuando se establece un proceso de aprendizaje son numerosos factores implicados, algunos de los cuales podemos clasificar como:

  • Fisiológicos: Constituidos por aspectos como el control motor, la edad, la salud o los niveles de ansiedad del estudiante.
  • Socioafectivos: Se refiere a los sentimientos y emociones de un individuo y la relación que establece con los demás.
  • Contextuales: Encontramos los de origen personal, social y familiar, entre otros.
  • Cognitivos: Entre ellos encontramos la percepción, la inteligencia, la memoria, la atención, las funciones ejecutivas, la autoestima o la motivación.

Fundamentando una relación a nivel puramente teórico de aspectos comunes del proceso de aprendizaje y la depresión, caben destacar los componentes cognitivos, motivaciones y afectivos. El hecho de basarnos en teorías para llegar a la conclusión de que puede existir influencia de la depresión en el proceso de aprendizaje de la población infanto-juvenil, deja patente la necesidad de estudios empíricos que sustenten la correlación de ambas variables para así poder mejorar la calidad del aprendizaje de esta población que  sufre depresión y cuyo número ha aumentado de forma considerable tras la pandemia.

Si crees que tu hijo o hija puede estar sufriendo depresión, consulta a nuestros especialistas.

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Bibliografía:

Canter and S. Carroll (Eds.), Helping Children at Home and School: Handouts From Your School Psychologist (Bethesda, Md.: National Association of School Psychologists, 1998), pp. 237–240.

Bermejo, V. 1994. Desarrollo cognitivo. Madrid: Síntesis.

Gómez León, M.I. (2001) Depresión infantil: Estrategias cognitivas y rendimiento académico. Revista de Psicología General y Aplicaciones, 54(1), 67-80

Subdirección General de Cooperación Territorial e Innovación Educativa (Ministerio de Educación y Formación Profesional) Recuperado de: https://www.educacionyfp.gob.es/mc/sgctie/cooperacion-territorial/programas-cooperacion.html

Por Aida Cabello Carrillo y Nieves López-Brea Serrat

Nieves López-Brea Serrat, experta en Neuropsicología y Neuroeducación

CUIDA-me: Abordaje de la depresión infanto-juvenil y perinatal

CUIDA-me: Abordaje de la depresión infanto-juvenil y perinatal

Psycolab (Sociedad Científica Sanitaria Emocional), cada año lanza su proyecto solidario para la población de Benalmádena. Los últimos años, el proyecto “Otra Oportunidad” ofreció a decenas de niños y niñas un abordaje integral ante dificultades del aprendizaje. Este año, nuestro equipo, conocedor del delicado estado emocional de la infancia y la adolescencia, arranca con el Proyecto “CUIDA-me”, para el abordaje de la depresión infanto-juvenil y perinatal.

 

La depresión a día de hoy se considera una de las enfermedades más comunes en la sociedad. Se entiende como una alteración en el estado de ánimo de la persona, afectando a todas las áreas de su vida, provocando gran sufrimiento en quien la padece.

Más de 250 millones de personas sufren esta enfermedad en todo el mundo, siendo más prevalente en la población femenina que en la masculina. Según la OMS, la depresión es la principal causa mundial de discapacidad y contribuye de forma muy importante a la carga mundial general de morbilidad.

Dada la situación pandémica atravesada los últimos años, se han observado variaciones en los casos de depresión en la población. Desde 2021, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 5% de la población adulta presenta esta enfermedad. No podemos dejar de mencionar, la elevada cifra del 3% en depresión infantil. El bajo nivel de detección y tratamiento de depresión en esta población, llevan a una mayor cronicidad.

La manifestación de la sintomatología tanto en población adulta como infantil es similar, existiendo algunas variaciones. Los principales síntomas a los que se deben atender en la población infantil son los siguientes:

  • Irritabilidad o estado de ánimo triste.
  • Bajo rendimiento académico.
  • Problemas conductuales.
  • Alteraciones en el sueño y/o apetito.
  • Empeoramiento de las relaciones sociales y familiares, incluso aislamiento.
  • Baja autoestima.
  • Ideas de muerte o suicidio.

La variabilidad de los síntomas en cada niño, depende de la etapa madurativa en la que se encuentre.

Uno de los principales riesgos asociados a la depresión, y la consecuencia más grave, es el suicidio. Cada año se suicidan en el mundo 700.000 personas. Podemos decir que es la cuarta causa de muerte en jóvenes entre 15 y 29 años a nivel mundial.

Si miramos con lupa la situación en España, tras la situación de confinamiento vivida en 2020, se produjeron 3.941 defunciones por suicidio, un 7,4% más que en el año 2019. Esto supone una media de 11 personas que mueren por suicidio al día. Sin olvidar que, en 2020, 61 niños y adolescentes murieron por esta causa frente a los 8 menores que murieron por Covid-19.

En 2021, el 2% de niños entre 4 y 8 años han presentado pensamientos suicidas, algo inusual a estas edades. Esto nos indica que es imprescindible cuidar del cerebro del bebé y del cerebro de la madre.

Por tanto, se trata de una problemática real de la sociedad que no puede pasar desapercibida y hay que abordarla de manera tajante e inmediata. Existen mecanismos para prevenir el suicidio y el número 024 de atención inmediata. No dudes en usarlo.

Incluso la Asociación de Pediatría, lanzó en enero de 2022 un comunicado alarmante que nos recuerda que antes de la pandemia, se estimaba que el 30% de los menores habían presentado ideación suicida en algún momento, el 10% lo habían intentado y un 2% de forma seria, requiriendo atención médica. Se calcula que 18% de los menores se infligen autolesiones antes de los 18 años.

Los estudios que indican tras la pandemia por COVID aumentos en todos estos indicadores son numerosos. La Fundación ANAR ha atendido en este período un 145% más llamadas de menores con ideas o intentos de suicidio, y un 180% más de autolesiones con respecto a los dos años previos. En el año 2020, se suicidaron en España 14 niños menores de 15 años, el doble que el año anterior. Entre el grupo de jóvenes de 15 a 29 años el suicidio es ya la segunda causa de fallecimiento, solo superada por los tumores malignos. El sexo femenino, la presencia de síntomas depresivos, una mayor exposición a casos COVID, y un mayor consumo de redes sociales son factores de riesgo para la conducta suicida en la actualidad.

Bibliografía:

Guía de Práctica Clínica sobre la Depresión Mayor en la Infancia y la Adolescencia. Actualización. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Unidad de Asesoramiento Científico-técnico Avalia-t; 2018. Guías de Práctica Clínica en el SNS.

Fundación Española para la prevención del suicidio (10 de noviembre de 2021). Observatorio del Suicidio en España 2020. https://www.fsme.es/observatorio-del-suicidio-2020/

Organización Mundial de la Salud (13 Septiembre, 2021). Depresión.

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression

Organización Mundial de la Salud (17 de Junio, 2021c). Suicidio. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide

https://www.savethechildren.es/actualidad/suicidios-adolescentes-espana-factores-riesgo-datos

 

Nieves López-Brea Serrat, experta en Neuropsicología y Neuroeducación

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Alba Ruiz
Psicóloga Sanitaria

Terapia EMDR, eficaz frente al trauma

¿Qué es la terapia EMDR y quién se puede beneficiar de ella?

EMDR es el acrónimo en inglés de Eye Movement Desensitization and Reprocessing (desensibilización y reprocesamiento por movimientos oculares). Es un abordaje terapéutico desarrollado desde 1987 por Francine Shapiro para desensibilizar y reprocesar traumas psicológicos de forma natural.

Desde 2013 la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la Terapia EMDR como tratamiento para los trastornos relacionados con el Trauma.

El enfoque del EMDR está en el recuerdo de la experiencia o experiencias traumáticas que han contribuido al desarrollo de la patología o del trastorno que presenta el paciente. Es el recuerdo traumático lo que se trata terapéuticamente: “No es lo que pasó, sino el recuerdo de lo que sucedió”. La información relacionada con experiencias traumáticas o estresantes no siempre se procesa completamente, sino que a veces, las percepciones iniciales vividas en el momento del suceso se quedan encerradas en una red neuronal con las mismas emociones, creencias y sensaciones físicas que existían en el momento del hecho. Así, al quedarse ese recuerdo traumático “encapsulado” impide que se integre al resto de la red neuronal, el recuerdo no se procesa y se bloquea el sistema innato que empuja a cada uno hacia la auto-curación.

La base del EMDR es la estimulación bilateral. Se estimulan ambos hemisferios cerebrales mediante movimientos oculares, tapping o tonos auditivos. Gracias a este abordaje los recuerdos atrapados de modo disfuncional hacen una transmutación, es decir, adquieren otro significado más adaptativo y luego se almacenan a través de un proceso de reconsolidación. Es el cerebro el que hace el trabajo.

Después de una sesión de EMDR, los pacientes recuerdan todavía el hecho o la experiencia, pero sienten que pertenece al pasado, y el contenido se integra desde una perspectiva adulta, alcanzan una visión más madura y funcional.

¿Para qué se utiliza?

La investigación científica sobre EMDR ha establecido que es un tratamiento con evidencia empírica (evidence-based) para la terapia del Trastorno de Estrés Post-Traumático. Asimismo, el EMDR demuestra su eficacia para traumas con T “mayúscula” y t “minúscula”.

Ejemplos de trauma con “T” incluirán atentados, robos, accidentes de coche, experiencias en guerras, abusos sexuales o físicos. Situaciones en los que la persona a sentido que su vida corría peligro a causa de un agente externo.

Los traumas “t” se refieren a traumas relacionales: rechazo de los padres,  bullying (acoso escolar), mobbing (acoso laboral), etc., es decir, situaciones que la persona vive como perturbadoras y que se repitieron y mantuvieron en el tiempo.

Un suceso traumático marca un antes y un después en la vida de una persona. El pasado se hace presente porque no se pudo resolver. El abordaje EMDR ayuda a que la persona pueda discriminar el peligro real y no real; a dar un sentido a las emociones respecto al recuerdo traumático y a que el hecho quede integrado en la memoria declarativa de una manera adaptativa y saludable.

“El trabajo con EMDR se centra en procesar los recuerdos conectados con los problemas actuales, para luego abordar los síntomas presentes y los cambios hacia el futuro”. (Asociación EMDR España)

 

¿Quién lo puede aplicar?

Psicólogos o psiquiatras debidamente entrenados, supervisados y formados por entrenadores (trainers) acreditados por EMDR Europa, cuyos cursos han sido validados en cuanto a su metodología y contenidos.

¿Quién se puede beneficiar de la terapia EMDR?

La terapia EMDR ayuda a niños y adultos de todas las edades. Los terapeutas utilizan la terapia EMDR para abordar diferentes dificultades emocionales causadas por experiencias difíciles en la vida de la persona que solicita la ayuda:

• Trastorno de estrés postraumático (TEPT) y otros problemas relacionados con el trauma y el estrés
• Ansiedad, ataques de pánico y fobias
• Depresión y trastornos bipolares
• Trastornos disociativos
• Trastornos alimentarios
• Duelos y pérdidas
• Dolor
• Ansiedad por el rendimiento
• Trastornos de la personalidad
• Violencia y abuso físico, sexual y emocional
• Trastornos del sueño
• Abuso de sustancias y adicción

Referencias Bibliográficas:

Asociación EMDR España (2022) (en línea) ¿Qué es la terapia EMDR? https://www.emdr-es.org/Sobre-EMDR/Que-es-EMDR

Bossini, L., Fagiolini, A y Castrogiovanni, P. (2007). Neuroanatomical Changes after Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR) Treatment in Posttraumatic Stress Disorder. The Journal of Neuropsychiatry and Clinical Neurosciences,  19(4), pp.475-476.

García, F. (2022). Workshop Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR). Manual de Entrenamiento Nivel I. Instituto Español de EMDR S.L.

Lee, C.W. y Cuijpers, P. (2013). A meta-analysis of the contribution of eye movements in processing emotional memories. Journal of Behaviour Therapy and Experimental Psychiatry, 44(2), pp.231-239.

Organización Mundial de la Salud (2013). OMS, Ginebra. Nuevo protocolo y directrices clínicas para dispensar una atención de salud mental eficaz a adultos y niños expuestos a traumas o a la pérdida de seres queridos https://apps.who.int/mediacentre/news/releases/2013/trauma_mental_health_20130806/es/index.html

Shapiro, F. (1989). Eye movement desensitization: A new treatment for post-traumatic stress disorder. Journal of Behaviour Therapy and Experimental Psychiatry, 20(3), pp.201-217.

Solomon, R.M., Shapiro, F. (2008).  EMDR and the adaptative information processing model potential mechanisms of change. Journal of EMDR Practice and Research, 2(4), pp.315-325.

SILVANA MORILLAS

Silvana Morillas Neuropsicóloga y terapeuta EMDR

 

No es timidez, es fobia social

La fobia social o trastorno de ansiedad se caracteriza por un miedo intenso, duradero y desproporcionado ante situaciones donde podemos ser evaluados por los demás. Por ejemplo, a las interacciones sociales (mantener una conversación), ser observado (comiendo, bebiendo) y/o a actuar delante de otras personas (exponer un trabajo en clase, dar una conferencia en el trabajo).

Con lo cual, la persona afectada tiene miedo de responder de cierta manera o de desplegar sintomatología ansiosa que pueda ser valorada negativamente por los demás (humillándole, rechazándole o sintiéndose ofendido). Con lo cual, suele evitar ese tipo de circunstancias o, si no tiene esa opción, las resiste con un alto grado de malestar. Este hecho interfiere de manera notoria en su vida cotidiana, por lo que difiere significativamente con la timidez.

Según las investigaciones, las situaciones temidas suelen ser referentes a:

  • Intervención pública: hablar o interactuar en público (hacer una presentación en clase, intervenir en grupos…)
  • Interacción informal: todo lo relativo al inicio, mantenimiento y terminación de las conversaciones (dar una opinión, hacer un cumplido, asistir a una fiesta, llamar por teléfono…)
  • Interacción asertiva: expresar derechos o necesidades a los demás (devolver un producto, rechazar una petición, expresar desacuerdo…).
  • Ser observado: realizar actividades donde se puede ser observado (comer delante de otras personas, asistir a clases de baile…)

Por tanto, se presenta fobia social generalizada cuando el miedo está relacionado con la mayor parte de las situaciones sociales comentadas anteriormente. En comparación con la fobia social circunscrita (el miedo sólo aparece en situaciones concretas), estos pacientes suelen presentar más ansiedad, miedo a la evaluación negativa y déficits en habilidades sociales, lo que les conlleva a deterioro en sus relaciones familiares, sociales y laborales y al despliegue de estrategias de evitación.

Respecto a las reacciones habituales pueden ser corporales, de pensamiento y/o conductuales:

  • Reacción fisiológica: frecuentemente, puede aparecer taquicardia, temblor, sudoración, malestar gastrointestinal, boca seca, dolor de cabeza, problemas para tragar y urgencia urinaria.
  • Reacción cognitiva: dificultad para pensar, sesgo atencional referente a las reacciones corporales, los propios errores y las reacciones de los demás. Esto conlleva a pensamientos negativos frecuentes y anticipación de situaciones.
  • Reacciones conductuales: además de la evitación, se puede recurrir a conductas de búsqueda de seguridad como consumir alcohol o ansiolíticos, evitar el contacto visual, evitar hablar o hacerlo de forma muy rápida…

El inicio y mantenimiento de esta problemática conlleva una gran heterogeneidad de variables biológicas y psicológicas relacionadas entre sí como la capacidad innata para reconocer situaciones de amenaza social, cierta lentitud para reducir la activación fisiológica, experiencias en el pasado asociadas a falta o pérdida de control en una situación social, pautas educativas sobreprotectoras o demasiado exigentes, antecedentes familiares de trastorno de ansiedad y/o depresivo mayor, etc.

Tras un proceso evaluativo completo para determinar los factores implicados en cada caso, la intervención se creará de manera totalmente individualizada. En ella, tendrán cabida aspectos como la psicoeducación, la educación en valores, el entrenamiento en relajación, aceptación y atención plena, la restructuración cognitiva y desvinculación de los pensamientos, el entrenamiento en habilidades sociales y asertividad y la exposición a las situaciones temidas. Asimismo, están emergiendo interesantes métodos de tratamiento como la realidad virtual que permite al paciente a exponerse a los estímulos ansiógenos de forma más controlada y segura.

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BIBLIOGRAFÍA

Bados, A. (2001). Fobia social. Síntesis.

Caballo, V. E., Salazar, I.C. y Garrido, L. (2018). Programa de intervención multidimensional para la ansiedad social (IMAS). Pirámide

García López, L. J. (2013). Tratando…trastorno de ansiedad social. Pirámide

Reyna, D., Caraza, R., González, M., Ayala, A., Martínez, P., Loredo, A, Leal, R. y Reyes, P. (2018) Realidad Virtual en el Tratamiento de Fobia Social. Smart Technology. Notas de la conferencia del Instituto de Ciencias de la Computación, Informática Social e Ingeniería de Telecomunicaciones, vol 213.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

¿Cómo escapar de la agorafobia si esa es la creencia que te limita?

Frecuentemente, el término “agorafobia” se asocia con una afección que impide a la persona afectada salir de casa. No obstante, esa descripción resulta bastante escasa y limitada. Este trastorno, más bien, se caracteriza por temor y/o evitación a ciertas situaciones en las que se haría muy difícil escapar o contar con ayuda en el caso de que apareciera sintomatología ansiosa o de carácter vergonzoso. Con lo cual, a las personas con agorafobia les provoca un intenso malestar situaciones como el uso del transporte público, encontrarse en espacios abiertos (zonas de aparcamiento, mercados, puentes…) o cerrados (tiendas, museos, teatros, cines…), hacer cola, encontrarse en medio de una gran multitud o estar fuera de casa sin compañía.

Es uno de los trastornos más incapacitantes, puesto que interfiere en todas las áreas de la vida de la persona afectada (familia, pareja, amigos, trabajo…). Asimismo, se suele asociar con una historia anterior de ataques de pánico, pero no siempre es así. Si bien es cierto que la gravedad es mayor cuando hay comorbilidad, es decir, cuando se presentan los dos juntos. También puede aparecer junto a otros trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo y abuso de sustancias.

Entre las circunstancias que contribuyen a la aparición de la sintomatología se encuentran aspectos genéticos, una vulnerabilidad psicológica consistente en sensibilidad a experimentar ansiedad, una sensación exagerada de amenaza y peligro o una historia de enfermedad física y abuso, entre otros.

Este tipo de paciente ante una elevación del miedo o ansiedad (o la anticipación de un posible incremento) despliegan una serie de conductas para eludir esa circunstancia. Con lo cual, aquellas respuestas que, en un principio, alivian la sintomatología se acaban convirtiendo en conductas de afrontamiento desadaptativas que interfieren en la vida diaria:

  • Conductas de evitación: se reduce o elimina la ansiedad evitando la circunstancia o evento temido. Por ejemplo: compro online en vez de ir a la tienda, me quedo en casa en vez de ir al concierto…
  • Conductas de escape: se huye de la situación provocadora de sintomatología ansiosa. “Me tuve que bajar del metro” “Dejé el carrito de la compra y me salí del supermercado”.
  • Evitación interoceptiva: se previene aquellas respuestas fisiológicas asociadas con la ansiedad. “Dejé de hacer deporte, me late muy fuerte y deprisa el corazón y eso me pone nervioso”.
  • Conductas de afrontamiento parcial: se despliegan ciertas conductas, se buscan señales de seguridad o se acude a objetos y/o compañía para facilitar el afrontamiento de la situación temida. “Sólo voy si me acompaña alguien”

Existen varias opciones de tratamiento para la sintomatología asociada a la agorafobia. Entre ellas, las más utilizadas son la exposición en vivo a las situaciones temidas y la terapia cognitivo-conductual (que incluye información sobre el trastorno, abordaje de pensamientos, técnicas de relajación, de exposición y desactivación). Asimismo, en los últimos años, se está utilizando la realidad virtual para el tratamiento de la sintomatología de ciertos trastornos como, por ejemplo, la agorafobia.

Bibliografía
Barlow, D. H. (2014). Manual Clínico de Trastornos Psicológicos. Tratamiento Paso a Paso. Manual Moderno.
Espada, J. P., Olivares, J. y Méndez, F. X. (2008). Terapia psicológica. Pirámide.
Peñate, W., Pitti, C. T., Bethencourt, J. M. y Gracia, R. (2006). Agorafobia (Con o Sin Pánico) y Conductas de Afrontamiento Desadaptativas. Primera Parte. Salud Mental, 29(2), 22-29.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

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