No es timidez, es fobia social

La fobia social o trastorno de ansiedad se caracteriza por un miedo intenso, duradero y desproporcionado ante situaciones donde podemos ser evaluados por los demás. Por ejemplo, a las interacciones sociales (mantener una conversación), ser observado (comiendo, bebiendo) y/o a actuar delante de otras personas (exponer un trabajo en clase, dar una conferencia en el trabajo).

Con lo cual, la persona afectada tiene miedo de responder de cierta manera o de desplegar sintomatología ansiosa que pueda ser valorada negativamente por los demás (humillándole, rechazándole o sintiéndose ofendido). Con lo cual, suele evitar ese tipo de circunstancias o, si no tiene esa opción, las resiste con un alto grado de malestar. Este hecho interfiere de manera notoria en su vida cotidiana, por lo que difiere significativamente con la timidez.

Según las investigaciones, las situaciones temidas suelen ser referentes a:

  • Intervención pública: hablar o interactuar en público (hacer una presentación en clase, intervenir en grupos…)
  • Interacción informal: todo lo relativo al inicio, mantenimiento y terminación de las conversaciones (dar una opinión, hacer un cumplido, asistir a una fiesta, llamar por teléfono…)
  • Interacción asertiva: expresar derechos o necesidades a los demás (devolver un producto, rechazar una petición, expresar desacuerdo…).
  • Ser observado: realizar actividades donde se puede ser observado (comer delante de otras personas, asistir a clases de baile…)

Por tanto, se presenta fobia social generalizada cuando el miedo está relacionado con la mayor parte de las situaciones sociales comentadas anteriormente. En comparación con la fobia social circunscrita (el miedo sólo aparece en situaciones concretas), estos pacientes suelen presentar más ansiedad, miedo a la evaluación negativa y déficits en habilidades sociales, lo que les conlleva a deterioro en sus relaciones familiares, sociales y laborales y al despliegue de estrategias de evitación.

Respecto a las reacciones habituales pueden ser corporales, de pensamiento y/o conductuales:

  • Reacción fisiológica: frecuentemente, puede aparecer taquicardia, temblor, sudoración, malestar gastrointestinal, boca seca, dolor de cabeza, problemas para tragar y urgencia urinaria.
  • Reacción cognitiva: dificultad para pensar, sesgo atencional referente a las reacciones corporales, los propios errores y las reacciones de los demás. Esto conlleva a pensamientos negativos frecuentes y anticipación de situaciones.
  • Reacciones conductuales: además de la evitación, se puede recurrir a conductas de búsqueda de seguridad como consumir alcohol o ansiolíticos, evitar el contacto visual, evitar hablar o hacerlo de forma muy rápida…

El inicio y mantenimiento de esta problemática conlleva una gran heterogeneidad de variables biológicas y psicológicas relacionadas entre sí como la capacidad innata para reconocer situaciones de amenaza social, cierta lentitud para reducir la activación fisiológica, experiencias en el pasado asociadas a falta o pérdida de control en una situación social, pautas educativas sobreprotectoras o demasiado exigentes, antecedentes familiares de trastorno de ansiedad y/o depresivo mayor, etc.

Tras un proceso evaluativo completo para determinar los factores implicados en cada caso, la intervención se creará de manera totalmente individualizada. En ella, tendrán cabida aspectos como la psicoeducación, la educación en valores, el entrenamiento en relajación, aceptación y atención plena, la restructuración cognitiva y desvinculación de los pensamientos, el entrenamiento en habilidades sociales y asertividad y la exposición a las situaciones temidas. Asimismo, están emergiendo interesantes métodos de tratamiento como la realidad virtual que permite al paciente a exponerse a los estímulos ansiógenos de forma más controlada y segura.

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BIBLIOGRAFÍA

Bados, A. (2001). Fobia social. Síntesis.

Caballo, V. E., Salazar, I.C. y Garrido, L. (2018). Programa de intervención multidimensional para la ansiedad social (IMAS). Pirámide

García López, L. J. (2013). Tratando…trastorno de ansiedad social. Pirámide

Reyna, D., Caraza, R., González, M., Ayala, A., Martínez, P., Loredo, A, Leal, R. y Reyes, P. (2018) Realidad Virtual en el Tratamiento de Fobia Social. Smart Technology. Notas de la conferencia del Instituto de Ciencias de la Computación, Informática Social e Ingeniería de Telecomunicaciones, vol 213.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

¿Cómo escapar de la agorafobia si esa es la creencia que te limita?

Frecuentemente, el término “agorafobia” se asocia con una afección que impide a la persona afectada salir de casa. No obstante, esa descripción resulta bastante escasa y limitada. Este trastorno, más bien, se caracteriza por temor y/o evitación a ciertas situaciones en las que se haría muy difícil escapar o contar con ayuda en el caso de que apareciera sintomatología ansiosa o de carácter vergonzoso. Con lo cual, a las personas con agorafobia les provoca un intenso malestar situaciones como el uso del transporte público, encontrarse en espacios abiertos (zonas de aparcamiento, mercados, puentes…) o cerrados (tiendas, museos, teatros, cines…), hacer cola, encontrarse en medio de una gran multitud o estar fuera de casa sin compañía.

Es uno de los trastornos más incapacitantes, puesto que interfiere en todas las áreas de la vida de la persona afectada (familia, pareja, amigos, trabajo…). Asimismo, se suele asociar con una historia anterior de ataques de pánico, pero no siempre es así. Si bien es cierto que la gravedad es mayor cuando hay comorbilidad, es decir, cuando se presentan los dos juntos. También puede aparecer junto a otros trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo y abuso de sustancias.

Entre las circunstancias que contribuyen a la aparición de la sintomatología se encuentran aspectos genéticos, una vulnerabilidad psicológica consistente en sensibilidad a experimentar ansiedad, una sensación exagerada de amenaza y peligro o una historia de enfermedad física y abuso, entre otros.

Este tipo de paciente ante una elevación del miedo o ansiedad (o la anticipación de un posible incremento) despliegan una serie de conductas para eludir esa circunstancia. Con lo cual, aquellas respuestas que, en un principio, alivian la sintomatología se acaban convirtiendo en conductas de afrontamiento desadaptativas que interfieren en la vida diaria:

  • Conductas de evitación: se reduce o elimina la ansiedad evitando la circunstancia o evento temido. Por ejemplo: compro online en vez de ir a la tienda, me quedo en casa en vez de ir al concierto…
  • Conductas de escape: se huye de la situación provocadora de sintomatología ansiosa. “Me tuve que bajar del metro” “Dejé el carrito de la compra y me salí del supermercado”.
  • Evitación interoceptiva: se previene aquellas respuestas fisiológicas asociadas con la ansiedad. “Dejé de hacer deporte, me late muy fuerte y deprisa el corazón y eso me pone nervioso”.
  • Conductas de afrontamiento parcial: se despliegan ciertas conductas, se buscan señales de seguridad o se acude a objetos y/o compañía para facilitar el afrontamiento de la situación temida. “Sólo voy si me acompaña alguien”

Existen varias opciones de tratamiento para la sintomatología asociada a la agorafobia. Entre ellas, las más utilizadas son la exposición en vivo a las situaciones temidas y la terapia cognitivo-conductual (que incluye información sobre el trastorno, abordaje de pensamientos, técnicas de relajación, de exposición y desactivación). Asimismo, en los últimos años, se está utilizando la realidad virtual para el tratamiento de la sintomatología de ciertos trastornos como, por ejemplo, la agorafobia.

Bibliografía
Barlow, D. H. (2014). Manual Clínico de Trastornos Psicológicos. Tratamiento Paso a Paso. Manual Moderno.
Espada, J. P., Olivares, J. y Méndez, F. X. (2008). Terapia psicológica. Pirámide.
Peñate, W., Pitti, C. T., Bethencourt, J. M. y Gracia, R. (2006). Agorafobia (Con o Sin Pánico) y Conductas de Afrontamiento Desadaptativas. Primera Parte. Salud Mental, 29(2), 22-29.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Trastorno por atracón

El trastorno por atracón se caracteriza por episodios de ingesta de comida en grandes cantidades y una sensación de falta de control durante los mismos. Por tanto, es frecuente que durante los atracones se coma muy rápidamente, incluso sin hambre, de forma aislada y hasta sentirse desagradablemente lleno. Tras ello, la persona suele sentirse culpable, triste y/o avergonzado.

La principal diferencia con la bulimia es que en el trastorno por atracón no se acude a comportamientos compensatorios tras la ingesta. Es decir, tras los atracones no se intenta compensar emitiendo conductas como vomitar, usar laxantes y diuréticos o realizar ejercicio físico de forma excesiva.

Las teorías explicativas que se manejan sobre esta patología indican, en primer lugar, una posible predisposición genética a poseer ciertos rasgos de personalidad o tendencia a desplegar un estilo alimentario concreto. Asimismo, regiones cerebrales como el núcleo accumbens, la amígdala y la corteza orbitofrontal parecen estar relacionadas con la aparición de la sintomatología debido a su implicación con los circuitos de recompensa y del control de impulsos. Por tanto,  una de las líneas de investigación es, precisamente, el estudio de las posibles similitudes con los procesos de adicción a sustancias y el juego patológico. Otros autores señalan que este problema suele formar parte de una cadena de otros trastornos relacionados con el comportamiento alimentario (como obesidad o anorexia)  o con el control de impulsos.

 De igual forma, hay teorías que hacen hincapié en distintos factores que facilitan, inician y mantienen la sintomatología del trastorno:

  • Factores predisponentes: influencia de los medios de comunicación, interacción social negativa, situaciones de abuso o abandono, ciertos patrones de interacción familiar, baja autoestima, perfeccionismo…
  • Factores desencadenantes: sensación de hambre o ansia por comer, críticas de terceras personas, crisis familiares o personales, estado emocional bajo, etc.
  • Factores mantenedores: intento de reducir sensaciones, pensamientos e interacciones aversivas, como vía de escape ante dietas restrictivas, ver la comida como premio o gratificación, entre otras.

La intervención ante este tipo de problemática se enfocará según la circunstancia personal del paciente y las variables que la influencian. No obstante, en términos generales, los objetivos principales son instaurar hábitos saludables, tratar la sintomatología física y emocional asociada al trastorno, la adquisición de estrategias y habilidades de afrontamiento y la prevención de recaídas en el futuro. Asimismo, en ocasiones también se realiza un trabajo terapéutico y de asesoramiento a los familiares del afectado.

BIBLIOGRAFIA

Baile Ayensa, J. I., González Calderón, M. J. (2016). Trastorno por atracón. Diagnóstico, evaluación y tratamiento. Ediciones Pirámide.

Raich, R. M. (2017). Anorexia, bulimia y otros trastornos alimentarios. Ediciones Pirámide.

Serra, M. (2015). Los trastornos de la conducta alimentaria. Editorial UOC

 

 

Desirée  Castellano  Olivera

Psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

Tartamudez infantil o disfemia, ¿debo ir al logopeda?

Siguiendo los criterios del Manual de Diagnóstico Internacional de Trastornos
Mentales (DSM-V) (APA, 2014), se define tartamudez o disfemia como:

A. Alteraciones de la fluidez y la organización temporal normales del habla que son inadecuadas para la edad del individuo y las habilidades de lenguaje, persisten con el tiempo y se caracterizan por la aparición frecuente y notable de uno (o más) de los siguientes factores:

1. Repetición de sonidos y sílabas.
2. Prolongación de sonido de consonantes y vocales.
3. Palabras fragmentadas (p. ej., pausas en medio de una palabra).
4. Bloqueo audible o silencios (pausas en el habla, llenas o vacías).
5. Circunloquios (sustitución de palabras para evitar palabras problemáticas).
6. Palabras producidas con exceso de tensión física.
7. Repetición de palabras completas monosilábicas (p. ej., “Yo-Yo-Yo-Yo lo veo”).

B. La alteración causa ansiedad al hablar o limitaciones en la comunicación eficaz, la participación social, el rendimiento académico o laboral de forma individual o en cualquier combinación.

C. El inicio de los síntomas se produce en las primeras fases del período de desarrollo.

D. La alteración no se puede atribuir a un déficit motor o sensitivo del habla, disfluencia asociada a un daño neurológico (p. ej., ictus, tumor, traumatismo) o a otra afección médica y no se explica mejor por otro trastorno mental.

Como hemos visto, este trastorno de fluidez suele aparecer en edades tempranas y clínicamente adopta el nombre de tartamudez de desarrollo. Si bien existe una recuperación espontánea en el 70-80% de los casos, surge la duda, ¿es necesario tratarla o no?

No son pocos los padres a los que les surge esta duda; advierten que su hijo/a empieza a “bloquearse” en algunos sonidos, palabras, frases pero al mismo tiempo contemplan el mito de “ya se les pasará”, “el niño/a es muy nervioso…”, de hecho, durante algunos años, se pensó que había que esperar a los 4 o 5 años para intervenir justificándolo con una remisión espontánea.

Sin embargo, corremos el riesgo de que algunos casos se cronifiquen y por esta razón, es conveniente acudir a un logopeda para intervenir lo antes posible, valorando cada caso, y concretamente se tendrán en cuenta:

– Las dificultades de comunicación, habla y lenguaje del niño.
– La presencia de factores que contribuyan a la cronificación. (Fernández-Zuñiga, 2005).

El logopeda identificará qué dificultades y factores presenta cada caso y de este modo ofrecerá un tratamiento del habla eficaz.

Entre los tratamientos del habla destacamos las Técnicas indirectas de moldeado del habla, en las que, de forma lúdica, el logopeda ofrece al niño un modelo de habla en el que combina velocidad y entonación en un contexto de juego sin pretender que el niño nos imite y las Técnicas directas de trabajo con el habla en las que el logopeda instruye al niño en un modelo que favorezca la fluidez, siempre lentificando el habla y suavizando las aproximaciones articulares. (Fosnot y Woodford, 1992; Gregory, 1999; Starkweather y Gottwald, 1990).

Cabe destacar que un tratamiento del habla no conforma una alternativa excluyente a las intervenciones sobre el ambiente, todo lo contrario, lo habitual es que se realicen en paralelo, de hecho, el trabajo con niños siempre incluye activamente a los padres:

• Informando en el conocimiento y características del problema y de cómo suele evolucionar.
• Disminuyendo su preocupación y favoreciendo la comunicación.
• Controlando los factores de estrés comunicativo de su alrededor. (Fernández-Zuñiga, 2005).

Referencias:
American Psychiatric Association (2000). DSM-IV-TR. Diagnostical and statistical manual of mental disorders (4th Edition-Text Revised). Washington, D.C.: American Psychiatric Association.
Fernández-Zúñiga, A. (2005). Guía de intervención logopédica en tartamudez infantil. Madrid: Síntesis
Fosnot SM, Woodford LL. The fluency development system for young children.
Buffalo: United Educational Services; 1992
Gregory HH, Hill D. Differential evaluation-Differential therapy for stuttering children.
En: Curlee RF, ed. Stuttering and related disorders of fluency. New York: Thieme; 1999
Starkweather W, Gottwald S, Halfond M. Stuttering prevention: A clinical method.
Englewood Cliffs: Practice Hall; 1990.

 

Wanda C. Meschian Coretti
Logopeda Colegiada Nº 29/2163
Especialista en Terapia Orofacial Miofuncional

No estoy triste, tengo depresión

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la depresión será la principal problemática de salud en la población en un futuro cada vez más cercano. En la actualidad, se calcula que más de 300 millones de personas padecen este tipo de sintomatología. Concretamente, en España hay aproximadamente 3 millones de pacientes con este diagnóstico o con un diagnóstico mixto ansioso-depresivo. No obstante, se estima que alrededor de un 58% de las personas que la padecen, no buscan ayuda profesional. Debemos ser conscientes de que se trata de un trastorno muy incapacitante y que puede afectar a cualquier persona.

El trastorno depresivo se caracteriza por un sentimiento de tristeza profunda y pérdida de interés por realizar actividades, incluso aquellas con las que se solía disfrutar con anterioridad. También pueden aparecer otros síntomas como pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, disminución de energía, enlentecimiento, culpabilidad o incapacidad para concentrarse.

Esta sintomatología, por tanto, podría clasificarse en las siguientes categorías:

  • Afectiva y emocional: el descenso del estado de ánimo puede apreciarse por sentimientos de desesperanza, amargura y pesimismo. Asimismo, es habitual la sensación de vacío o insensibilidad. En la población infantil, juvenil y anciana puede predominar la irritabilidad más que la tristeza.
  • Cognitiva: pueden aparecer problemas de concentración y memoria, dificultad para pensar e indecisión. La atención suele focalizarse únicamente en estímulos de carácter negativo.
  • Conductual: podría apreciarse una ralentización de movimientos y gestos. Asimismo, el abandono de relaciones sociales, tareas y responsabilidades.
  • Motivacional: se aprecia apatía, aburrimiento e indiferencia que dificulta realizar las actividades cotidianas y la toma de decisiones.
  • Somática: síntomas como dolores de cabeza, molestias abdominales, problemas de sueño, falta de energía y disminución del deseo sexual pueden estar presentes.

Las causas de esta patología son complejas debido su diversidad ya que abarcan aspectos genéticos, fisiológicos, hormonales, psicológicos y sociales. Diversas áreas cerebrales como la amígdala, la corteza prefrontal, el hipocampo y la corteza cingulada, muy relacionadas con las emociones, son de un tamaño más reducido en las personas que sufren esta enfermedad. Las primeras hipótesis sobre la etiología del trastorno depresivo hacían referencia a un déficit en neurotransmisores como la serotonina (que influye en el sueño, la actividad motora, el apetito o el comportamiento sexual, entre otras) y la noradrenalina (asociada con aspectos como la motivación, los mecanismos de recompensa y el aprendizaje). Recientemente, se aboga por la interacción de factores genéticos y ambientales que altera la liberación de los mismos. Además, hay evidencia de una reducción de los niveles de GABA (implicado en la inhibición de la actividad neuronal) y de altos niveles de glutamato (neurotransmisor excitador) en personas con sintomatología depresiva.

Asimismo, se están incorporando nuevos hallazgos como la influencia del estrés al sistema nervioso central, al sistema inmune y al eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA). Los eventos estresantes de carácter crónico pueden tener un grave impacto cerebral, alterando diferentes estructuras y sus funciones. Además, hay estudios que relacionan procesos inflamatorios entre las causas de esta problemática, encontrándose altos niveles de citosinas pro-inflamatorias en los pacientes. Este hecho puede producir atrofia y muerte neuronal, favoreciendo la sintomatología depresiva característica.

Con lo cual, tratamientos con agentes glutamatérgicos, gabaérgicos y con fármacos antiinflamatorios están dando resultados prometedores en investigaciones preliminares. Asimismo, la terapia asistida con psicodélicos está en estudio debido a su relación con la serotonina, el glutamato y la plasticidad neuronal.

Además del tratamiento farmacológico en los casos que se requiera, se hace imprescindible un abordaje psicológico. En él, los objetivos pueden ser muy diversos según las necesidades de cada paciente: promover conductas saludables, ejercicio cardiovascular, programar actividades agradables, entrenar en habilidades sociales, fomentar el autocontrol, dotar de estrategias de solución de problemas, examinar pensamientos negativos, entre otros. Asimismo, es muy importante hacer hincapié en la prevención de recaídas y dotar de estrategias para evitarlas de cara al futuro.

Bibliografía

Navío Acosta, M. y Pérez Sola, V. (2020). Depresión y suicidio 2020. Documento estratégico para la promoción de la Salud Mental. Wecare-u.

Ortiz-Tallo, M. (2019). Psicopatología clínica. Adaptado al DSM-5. Ediciones Pirámide

Pérez-Padilla, E. A., Cervantes-Ramírez, V. M., Hijuelos-García, N. A., Pineda-Cortés, J. C. y Salgado-Burgos, H. (2017). Prevalencia, causas y tratamiento de la depresión Mayor. Revista Biomédica, 28(2), 89-115.

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga.

Discalculia y ansiedad frente a las matemáticas

Discalculia y ansiedad frente a las matemáticas

“Desde pequeña siempre se me han dado mal las matemáticas. Memorizar las tablas de multiplicar se convirtió en un suplicio, pero iba saliendo del paso como buenamente podía. Según iban avanzando los cursos, más difícil era el temario y menos entendía las clases.

La situación se complicó cuando aparecieron las ecuaciones en el temario , empecé a sentir bastante malestar cuando llegaba la hora de esa asignatura. Temblaba, me sentía tonta, parecía que hablaban en otro idioma. En las demás clases me iba bastante bien, no entendía qué era lo que ocurría.

Los profesores, al final de la exposición, comentaban: ¿alguien tiene alguna duda? Yo siempre pensaba “TODAS”. Llegó un momento en que ya no quería esforzarme e intentar atender, estaba convencida que no iba a comprender los contenidos. Es decir, me rendía antes de intentarlo directamente…”

Lo que ocurría eran, ni más ni menos, que síntomas de discalculia. La discalculia, algunos la consideran la dislexia de las matemáticas, hace referencia aquellas dificultades que afectan a la capacidad matemática como, por ejemplo, realizar cálculos, definir grupos de objetos y en el pensamiento espacial. La persona que lo padece, pese a no tener un cociente intelectual bajo, tiene un rendimiento académico en las matemáticas por debajo al esperado para su edad y desarrollo mental. Sus causas pueden ser debidas a aspectos evolutivos, educativos, neurológicos y/o cognitivos y pueden aparecer déficits en distintas habilidades: lingüísticas, perceptivas, atencionales y matemáticas.

 

Además de posibles causas genéticas que a día de hoy todavía se encuentran en proceso de estudio, esta problemática se asocia a una disfunción en los lóbulos parietales. Concretamente, daños en el hemisferio izquierdo (encargado del lenguaje) provocan dificultades en la comprensión y emisión de números y, por tanto, déficits en la realización de operaciones aritméticas. Asimismo, si la lesión se encuentra en el hemisferio derecho, se verán afectadas diversas capacidades como, por ejemplo, la organización espacial de las cantidades o la resolución de problemas de carácter abstracto.

De igual manera, se ven implicadas zonas occipito-temporales (pertenecientes a una de las vías visuales) en capacidades como el procesamiento de la semejanza numérica y para realizar cálculos con varios dígitos. Finalmente, hay investigaciones que señalan una disminución de células y fibras nerviosas en diversas regiones cerebrales en los niños que padecen discalculia.

Por tanto, los problemas que suelen tener los niños con esta condición son muy diversos:

  • Atención: les resulta complicado seleccionar entre diferentes estímulos y dirigir la atención al verdaderamente importante, dificultando la resolución de operaciones y problemas.
  • Percepción: déficits en la diferenciación figura-fondo, en la discriminación y orientación espacial y se aprecia cierta lentitud perceptiva.
  • Memoria: rendimiento bajo en el mantenimiento y manipulación de datos numéricos.
  • Autoconcepto: éste suele ser negativo, presentando bajo autoestima e inseguridad.
  • Atribuciones: los sujetos con esta problemática suelen atribuir sus fracasos a escasa capacidad y los éxitos a factores ajenos como la suerte.
  • Conducta: los niños con discalculia suelen emitir respuestas de carácter impulsivo.
  • Ansiedad: la incapacidad para resolver las tareas les provoca angustia y malestar.
  • Estrategias metacognitivas: desconocimiento sobre los pasos a seguir para resolver problemas.

La discalculia, tal como se ha indicado, suele presentarse con ansiedad frente a las matemáticas. Esta circunstancia se caracteriza por sentimientos de tensión y miedo que interfiere en el rendimiento en las tareas relacionadas con las matemáticas. La principal consecuencia son la emisión de conductas de evitación y un autoconcepto negativo.

Con lo cual, un diagnóstico temprano es importante para poner en marcha una rehabilitación para mejorar los déficits. Además de una evaluación al alumno, se hace necesario extraer información del contexto familiar y escolar. El plan de intervención debe ser totalmente personalizado e individualizado para cada caso, usando ejercicios cuya temática incluya los intereses del niño. Asimismo, es imprescindible fomentar la autoestima y dotar de estrategias motivacionales para enfrentarse a los miedos e ir abandonando las conductas de evitación.

 

 

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

BIBLIOGRAFIA

Castejón, J. L. y Navas, L. (2011). Dificultades y trastornos del aprendizaje y del desarrollo en infantil y primaria. Editorial Club Universitario

Fiuza Asorey, M. J., Fernández Fernández, M. P. (2014). Dificultades de aprendizaje y trastornos del desarrollo. Manual didáctico. Ediciones Pirámide

Rosselli, M. y Matute, E. (2011). La Neuropsicología del Desarrollo Típico y Atípico de las Habilidades Numéricas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 11(1), 123-140

Tejedor, B., Santos, M. A. , García-Orza, J., Carratalà, P. y Navas, M. (2009). Variables explicativas de la ansiedad frente a las matemáticas: un estudio de una muestra de 6º de primaria. Anuario de Psicología, 40 (3), 345-355

Teruel Romero, J. y Latorre Latorre, Á. (2014). Dificultades de aprendizaje. Intervención en dislexia y discalculia. Ediciones Pirámide

 

Intervención psicológica en obesidad

La obesidad es una de las grandes problemáticas de salud en la actualidad, afectando a millones de personas. Se trata de una enfermedad que, además de estar asociada a una condición física concreta, conlleva ciertas consecuencias psicológicas y sociales.

Por tanto, nos encontramos ante una patología crónica y de etiología multifactorial que involucra diferentes causas:

  • Causas biológicas: se han estudiado relaciones entre la genética y la obesidad. Hallándose, por ejemplo, diferencias en el metabolismo basal, en la activación del consumo de energía tras comer o en los niveles de leptina (la hormona que se encarga de regular el apetito).
  • Causas socioculturales: aspectos como el fácil acceso a los alimentos (y, especialmente, a la comida “rápida” y altamente calórica), los avances en tecnología y transporte que limitan la necesidad de realizar actividad física diaria, la promoción del ocio sedentario o los malos hábitos de sueño (hecho que conlleva el enlentecimiento del metabolismo) parecen ser claves en la aparición de esta enfermedad.
  • Causas psicobiológicas: destaca la llamada “Teoría del incentivo positivo” , indicando que lo que verdaderamente incita a los individuos a comer es la anticipación del placer que producirá. De hecho, hay investigaciones que indican que ciertos alimentos estimulan los sistemas de recompensa del sistema nervioso central.

Anteriormente, la psicología se centraba en el tratamiento de las alteraciones psicológicas que surgían a consecuencia de esta condición. Sin embargo, en las últimas décadas se está centrando también en la creación de intervenciones psicológicas específicas para la prevención y el abordaje de la obesidad.

Los pacientes necesitan técnicas concretas para cambiar sus hábitos y estilo de vida y que su uso se mantenga a lo largo del tiempo. Para ello, es imprescindible un proceso de evaluación previo para descartar la necesidad de intervención de otras patologías psicológicas que pueden ser la causa del problema de obesidad. Asimismo, requiere valorar los hábitos previos de alimentación, ejercicio físico y sueño y las circunstancias que están manteniendo la enfermedad.

Se hace imprescindible abordar cuestiones como las ideas irracionales y “de todo o nada”, la impulsividad o falta de inhibición y la resolución de problemas para hacer frente a posibles barreras que puedan ir apareciendo en el día a día. También debe hacerse hincapié en promover el sentimiento de autoeficacia, las habilidades sociales y el mantenimiento de los cambios.

En resumen, el enfoque psicológico es un elemento clave para abordar la obesidad junto al trabajo de otros profesionales. Con ello, se potenciará una intervención con un mayor grado de eficacia cuyo objetivo principal debe ser instaurar hábitos saludables, no llegar a un número concreto en la báscula. Es decir, dar prioridad a alcanzar pequeños cambios que den lugar poco a poco a la reducción de riesgos físicos y psicológicos, mejorar la calidad de vida y las relaciones personales y realizar actividades gratificantes que anteriormente no se llevaban a cabo.

Nuestros centros multidisciplinares cuentan con psicólogos sanitarios expertos en trastornos de la alimentación, y expertos en nutrición y dietética para mejorar el abordaje de la obesidad de forma conjunta.

 

 

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Bibliografía

Baile Ayensa, J.I. y González Calderón, M. J. (2013). Intervención psicológica en obesidad. Ediciones Pirámide

Baile, J. I. (2019) ¿Por qué no somos eficaces en el tratamiento de la obesidad? La necesaria aportación de la psicología. Medicina Clínica, 152(2), 72-74.

Baile, J. I., González-Calderón, M. J., Palomo, R. y Rabito-Alcón, M. F. (2020). La intervención psicológica de la obesidad: desarrollo y perspectivas. Revista Clínica Contemporánea, 11(3), 1-14.

De La Vega Morales, R. I. y Cruz Hernández, L. (2018). Efectos de la terapia cognitivo-conductual en factores asociados a la obesidad: un estudio de caso. Psicología y Salud, 28(1), 85-94.

Asertividad, la habilidad intermedia entre la Pasividad y la Agresividad

La asertividad es la habilidad para expresar nuestras preferencias, sentimientos y opiniones
desde un clima de tranquilidad y respeto a los demás. Es una actitud muy importante para la
resolución de conflictos, defendiendo los propios derechos sin sentirnos ansiosos o culpables.
Asimismo, hace referencia a “saber decir que no”, estableciendo límites de una forma
respetuosa.

Hay personas que tienen problemas para llevar a cabo conductas asertivas y optan por una
actitud sumisa: anteponen los derechos de los demás a los suyos, no quieren molestar o
hacerle daño a los demás, tienen miedo a ser criticados o rechazados o, directamente, no
saben cómo expresarse. Otras, se decantan por un estilo de comunicación agresivo que
infunde temor más que respeto. Pudiendo recurrir también a estrategias de manipulación
como provocar sentimientos de culpa, criticar o ridiculizar. Estos estilos de comunicación
inadecuado generan conflictos entre parejas, padres e hijos, compañeros de trabajo o en el
centro educativo.

No obstante, la asertividad no es una cuestión de todo o nada. En ciertas ocasiones, resulta
más fácil desplegar este tipo de conductas en un entorno concreto que en otros ambientes o
con diferentes personas. Estas diferencias pueden deberse a variables como el grado de
confianza con las personas, la seguridad en uno mismo, el estado de ánimo, el miedo a
posibles consecuencias, etc.

¿Qué beneficios conlleva responder de forma asertiva? Entre otras cosas, fortalece la
autoestima, potencia el autoconocimiento, resuelve problemas y mejora la comunicación con
los demás. Para ello, se debe reflexionar y definir los propios derechos como, por ejemplo, el
de poder decidir, expresar sentimientos, ser tratado con respeto o cambiar de opinión.

Esta habilidad nace de un aprendizaje de las experiencias personales, con lo cual, se puede
desarrollar y mejorar gracias a estrategias para implementar en nuestro repertorio conductual.
Por tanto, la terapia psicológica ayuda a identificar qué variables impiden desplegar conductas
asertivas e interviene en cuestiones como la culpa anticipada y el miedo a la evaluación
negativa o a comportarse inadecuadamente. Asimismo, aporta técnicas de comunicación
asertiva y prepara ante las posibles respuestas del entorno.

¿Quieres un truco rápido para empezar a ponerla en práctica? Recuerda la técnica del sandwich, las dos partes de pan deben ser positivas y el relleno del medio es la parte negativa que necesitamos comunicar. Por lo tanto, empezaremos con una frase positiva que impida el reproche inmediato, ya que nuestro cerebro suele ser muy reactivo; en medio lanzaremos aquello que ha supuesto el conflicto; y muy importante terminar de forma positiva de nuevo para que la crítica sea constructiva y evitemos de nuevo la reactividad de nuestro interlocutor.

Prueba con este ejemplos:

  • Te entiendo perfectamente….
  • Pero no puedo permitir que siga ocurriendo esto…
  • Aún así, seguro que encontramos la forma de entendernos y respetarnos…¿qué te parece si….?

 

Por Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

 

 

 

 

 

Bibliografía:
Monje Mayorca, V., Camacho Camacho, M., Rodríguez Trujillo, E., y Carvajal Artunduaga, L.
(2009). Influencia de los estilos de comunicación asertiva de los docentes en el aprendizaje
escolar. Psicogente, 12(21), 78-95.
Naranjo Pereira, M. L. (2008). Relaciones interpersonales adecuadas mediante una
comunicación y conducta asertivas. Actualidades Investigativas en Educación, 8(1), 1-27.
Riso, W. (2013). Guía práctica para no dejarse manipular y ser asertivo. Phronesis, España.
Ruvalcaba Romero, N. A., Gallegos Guajardo, J., Villegas Guinea, D., y Lorenzo Alegría, M.
(2013). Influencia de las habilidades emocionales, los estilos de comunicación y los estilos
parentales sobre el clima familiar. Revista de Investigación y Divulgación en Psicología y
Logopedia, 3(2), 2-7.

Orientación psicológica en Centros EQ:  Baja autoestima en las relaciones sociales

“Mi baja autoestima me afecta para establecer una relación de pareja y para mantenerme en los trabajos por falta de concentración y de seguridad en mí mismo. Tengo miedos internos infundados por los comentarios de mi padre como – ¿eres tonto? -, – ¡cállate! -, etc, que ya desde pequeño me dejaban sin capacidad de reaccionar y con miedo hacia mi padre. Me estreso muy fácilmente en el trabajo y me embarga la presión laboral, por lo que he perdido varios trabajos. Mis amigos me dicen que soy una persona muy inteligente y capaz, y yo sé que tengo talento y virtudes y he conseguido algunos éxitos, pero no logro expresarlo en mi vida. Cuando una mujer me gusta, algo me dice que ella nunca se fijará en mí. En otras ocasiones he logrado de vencer mis miedos, pero éstos aún me superan.”


Responde: Nieves López-Brea Serrat

Es común que en todas las definiciones de la autoestima se la relacione con un origen social. Nadie nace con alta o baja autoestima, sino que se desarrolla con la interacción social de las personas más significativas durante nuestra infancia, y posteriormente en la adolescencia, como familiares, amigos y profesores. Este proceso permanecerá siempre abierto y dependerá de cómo sean valoradas nuestras conductas de positivas o negativas por los demás.

Pero las personas no son meros receptivos de información, también somos agentes activos y nuestra estima depende también de la coherencia de nuestra conducta y de las atribuciones que hacemos de nuestras cualidades y habilidades. Existen muchos programas para mejorar la autoestima, y esto derivará en mejoras laborales y personales.

El efecto pigmalión o la teoría de la profecía auto cumplida nos dice que cuando tenemos una creencia firme respecto a alguien, acaba cumpliéndose. Nuestra conducta intenta ser coherente con las creencias que sostenemos. Si piensas que no gustarás a una mujer, tu comportamiento irá acorde a ese previsto rechazo y es lo que ella terminará viendo. No des nada por hecho, ni asumas opiniones, ajenas o propias sin antes someterlas a comprobación, ya que, sin ser conscientes, estamos cerrando puertas y oportunidades.

Algo que creo puede ayudarte, es la inteligencia emocional, que se define como la habilidad para percibir, asimilar, comprender y regular las propias emociones y la de los demás, promoviendo un crecimiento emocional e intelectual. Ésta juega un papel muy importante en el autocontrol emocional y en la capacidad adaptativa de las personas para afrontar situaciones estresantes usando estrategias de afrontamiento basadas en la reflexión y en la resolución de problemas.

Y como dice Elsa Punset cuando habla de la inteligencia social , ahora contamos con herramientas que aportan la psicología y la neurociencia que nos aseguran que la mente es flexible y se puede entrenar.

Orientación psicológica en Centros EQ: ¿es tarde para ser quien quiero ser?

“No me siento satisfecha con mi vida y me paso el día imaginando la vida que me gustaría tener. Me encierro en mi mundo interior, porque no me gusta el exterior, o simplemente porque me siento feliz pensando durante horas y horas en mi vida idealizada. Tengo 16 años, pero pienso con frecuencia que ya es demasiado tarde para aprender algunas cosas como bailar, tocar algún instrumento o ser más sociable y eso me entristece mucho. En mi vida imaginaria hago todas esas cosas. Estoy preocupada por lo que me pasa, puesto que afecta mucho a mi rendimiento escolar. No consigo concentrarme, me pongo a fantasear y cuando me doy cuenta, el día ya ha acabado y no hay tiempo para hacer nada. Siento como si viviera de una ilusión. Espero que mi problema tenga solución y me puedan ayudar. Muchas gracias. Un abrazo”       


                       

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Existe una gran frase que popularizó una famosa película: “Nunca es demasiado tarde para ser quien quieras ser […] puedes cambiar o no hacerlo, no hay normas al respecto”.

Es común en la adolescencia  verse como una persona a la que han enseñado a ser de una forma determinada. Es a partir de ella y de los cambios físicos, psicológicos, sociales y sexuales que se están produciendo en ti, que nuestra concepción sobre el mundo y sobre nosotros mismos se cuestiona incansablemente. Esas fantasías sobre lo que hubieras deseado en tu pasado, son necesidades de tu presente, y sólo tú puedes satisfacerlas y hacer que se hagan realidad. Nos hablas de querer tener habilidades artísticas y sociales. La habilidad es la destreza a la hora de realizar una tarea, y esta depende de su aprendizaje y continuo desarrollo.

El clásico concepto de inteligencia sólo define el buen rendimiento académico, pero inteligencia es mucho más, es resolver problemas en diversas situaciones cotidianas, es adaptación al medio, ya que desde Darwin, la especie que mejor se adapta es la que sobrevive, es desarrollar tu cognición social. Pero a pesar de lo que nos viene heredado en los genes, sólo el trabajo y la constancia, hará que mejoren las habilidades que deseas desarrollar. Quizás te guste ver este vídeo de Ricky Rubio, donde nos recuerda que el trabajo gana al talento si el talento no trabaja lo suficiente (Kevin Durant)

Y para que no pase ni un día más sin que te propongas realizar el cambio personal que deseas, te diré que la capacidad cognitiva estará en su momento más álgido desde ahora y durante algunos años más. Tampoco ocurriría nada si esta consulta la realizara una persona que ha alcanzado ya la madurez, ya que nunca dejamos de aprender. A lo largo de la vida se construye la inteligencia cristalizada por la experiencia, lo que comúnmente llamamos sabiduría.

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