Fobias

Tener miedo, en muchas ocasiones, se trata de un proceso adaptativo ya que nos prepara para desplegar conductas de supervivencia. ¿Pero qué ocurre cuando el estímulo que tememos realmente no es tan amenazante como indica nuestra reacción? Nos encontraríamos, pues, ante una fobia.

Las fobias, a diferencia del miedo adaptativo, cuentan con una serie de características concretas. En primer lugar, su intensidad, persistencia y el carácter irracional de las mismas ante el estímulo fóbico. De hecho, suelen ser los propios aquejados los que admiten que el miedo que les invade es totalmente excesivo. Asimismo, aparece una intensa angustia sólo con el hecho de pensar o ver una fotografía del objeto o la circunstancia temida. Con lo cual, el paciente evita directamente que se produzca la situación o, en el caso en el que aparezca de forma repentina el estímulo, le emerge una necesidad urgente de alejarse del mismo.

Los tipos de fobias más habituales son las referentes a animales (serpientes, arañas, insectos, entre otros), entornos o circunstancias naturales (por ejemplo, tormentas, agua, alturas o la oscuridad), ambientes sanitarios (realizarse un análisis de sangre o ponerse una inyección, ver heridas u otras intervenciones médicas invasoras) y situacionales (túneles, ascensores, transportes… ).

La exposición a lo temido (ya sea de forma presencial o a través de la imaginación o medios audiovisuales) conlleva una serie de respuestas de carácter fisiológico:

  • Cambios en la actividad cardiovascular: aceleración cardíaca e incremento de la presión arterial. No obstante, las fobias relacionadas con la sangre, inyecciones y heridas pueden tener patrón distinto, observándose tras ese incremento del ritmo y la presión una caída muy rápida que puede dar lugar a desmayos.
  • Respuesta galvánica de la piel: se produce un aumento de las respuestas provenientes de las glándulas sudoríparas.
  • Aumento de los reflejos: como, por ejemplo, la respuesta de sobresalto.
  • Cambios en la actividad cerebral: incremento de la actividad de un circuito cerebral conformado por distintas regiones como la amígdala, la ínsula, la corteza prefrontal y la corteza cingulada.

Existen diversas causas que contribuyen a la aparición de una fobia. En primer lugar, tener un contacto negativo con un estímulo o circunstancia y desplegar conductas de evitación tras producirse la situación desagradable. Por ejemplo, tener un choque con el coche y no conducir más por miedo a que vuelva a ocurrir (amaxofobia). Si bien es cierto que hay estímulos que se pueden convertir más fácilmente en fóbicos debido a que antiguamente amenazaban la supervivencia (como ciertos animales), que ese contacto haya sido grave y/o frecuente o que concuerde con nuestras expectativas de peligro (consideramos más lógico caerse desde un sitio alto que tener otro tipo de reacciones). Asimismo, también se puede producir debido a la observación en terceras personas de consecuencias aversivas tras el contacto con el estímulo o circunstancia o al recibir información al respecto (alertas de nuestros familiares, noticias en prensa sobre accidentes…). Estas variables pueden retroalimentarse: en el ejemplo anterior, podría darse la situación de que tras tener el choque con el coche y desarrollar ese miedo, un familiar tenga un accidente más grave y esté hospitalizado. En este caso, el hecho de conducir se ha convertido en un estimulo altamente aversivo almacenado en nuestra memoria.

Estas variables, a su vez, se encuentran bajo la influencia de ciertas características del individuo. Por un lado, contar con una hipersensibilidad neurobiológica al estrés y, por otro, una vulnerabilidad psicológica que potencia la creencia de que las situaciones amenazantes resultan totalmente incontrolables, miedo a los síntomas físicos y susceptibilidad al asco. Con lo cual, los pacientes entran en un círculo vicioso compuesto por ansiedad anticipatoria que sobreestima la amenaza y la percepción de no tener las habilidades suficientes para afrontar la situación. Este hecho, en última instancia, empuja al sujeto a emitir conductas evitativas. Y, además, en muchas ocasiones el entorno contribuye al mantenimiento de estas respuestas (en nuestro ejemplo: “no te preocupes, yo conduzco que sé que a ti te da mucho miedo”).

Por tanto, el tratamiento de las fobias va encaminado fundamentalmente a la exposición al objeto o situación temida. Pese a que lo ideal es la exposición en vivo, se realizan otras intervenciones menos invasoras según las características del paciente como el uso de la imaginación o la realidad virtual. Asimismo, también se suele compaginar con otras técnicas como el abordaje de creencias erróneas, la creación de nuevas asociaciones, el entrenamiento en habilidades relacionadas específicamente con lo temido o la relajación, entre otras.

Desirée Castellano Olivera

Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Tartamudez infantil o disfemia, ¿debo ir al logopeda?

Siguiendo los criterios del Manual de Diagnóstico Internacional de Trastornos
Mentales (DSM-V) (APA, 2014), se define tartamudez o disfemia como:

A. Alteraciones de la fluidez y la organización temporal normales del habla que son inadecuadas para la edad del individuo y las habilidades de lenguaje, persisten con el tiempo y se caracterizan por la aparición frecuente y notable de uno (o más) de los siguientes factores:

1. Repetición de sonidos y sílabas.
2. Prolongación de sonido de consonantes y vocales.
3. Palabras fragmentadas (p. ej., pausas en medio de una palabra).
4. Bloqueo audible o silencios (pausas en el habla, llenas o vacías).
5. Circunloquios (sustitución de palabras para evitar palabras problemáticas).
6. Palabras producidas con exceso de tensión física.
7. Repetición de palabras completas monosilábicas (p. ej., “Yo-Yo-Yo-Yo lo veo”).

B. La alteración causa ansiedad al hablar o limitaciones en la comunicación eficaz, la participación social, el rendimiento académico o laboral de forma individual o en cualquier combinación.

C. El inicio de los síntomas se produce en las primeras fases del período de desarrollo.

D. La alteración no se puede atribuir a un déficit motor o sensitivo del habla, disfluencia asociada a un daño neurológico (p. ej., ictus, tumor, traumatismo) o a otra afección médica y no se explica mejor por otro trastorno mental.

Como hemos visto, este trastorno de fluidez suele aparecer en edades tempranas y clínicamente adopta el nombre de tartamudez de desarrollo. Si bien existe una recuperación espontánea en el 70-80% de los casos, surge la duda, ¿es necesario tratarla o no?

No son pocos los padres a los que les surge esta duda; advierten que su hijo/a empieza a “bloquearse” en algunos sonidos, palabras, frases pero al mismo tiempo contemplan el mito de “ya se les pasará”, “el niño/a es muy nervioso…”, de hecho, durante algunos años, se pensó que había que esperar a los 4 o 5 años para intervenir justificándolo con una remisión espontánea.

Sin embargo, corremos el riesgo de que algunos casos se cronifiquen y por esta razón, es conveniente acudir a un logopeda para intervenir lo antes posible, valorando cada caso, y concretamente se tendrán en cuenta:

– Las dificultades de comunicación, habla y lenguaje del niño.
– La presencia de factores que contribuyan a la cronificación. (Fernández-Zuñiga, 2005).

El logopeda identificará qué dificultades y factores presenta cada caso y de este modo ofrecerá un tratamiento del habla eficaz.

Entre los tratamientos del habla destacamos las Técnicas indirectas de moldeado del habla, en las que, de forma lúdica, el logopeda ofrece al niño un modelo de habla en el que combina velocidad y entonación en un contexto de juego sin pretender que el niño nos imite y las Técnicas directas de trabajo con el habla en las que el logopeda instruye al niño en un modelo que favorezca la fluidez, siempre lentificando el habla y suavizando las aproximaciones articulares. (Fosnot y Woodford, 1992; Gregory, 1999; Starkweather y Gottwald, 1990).

Cabe destacar que un tratamiento del habla no conforma una alternativa excluyente a las intervenciones sobre el ambiente, todo lo contrario, lo habitual es que se realicen en paralelo, de hecho, el trabajo con niños siempre incluye activamente a los padres:

• Informando en el conocimiento y características del problema y de cómo suele evolucionar.
• Disminuyendo su preocupación y favoreciendo la comunicación.
• Controlando los factores de estrés comunicativo de su alrededor. (Fernández-Zuñiga, 2005).

Referencias:
American Psychiatric Association (2000). DSM-IV-TR. Diagnostical and statistical manual of mental disorders (4th Edition-Text Revised). Washington, D.C.: American Psychiatric Association.
Fernández-Zúñiga, A. (2005). Guía de intervención logopédica en tartamudez infantil. Madrid: Síntesis
Fosnot SM, Woodford LL. The fluency development system for young children.
Buffalo: United Educational Services; 1992
Gregory HH, Hill D. Differential evaluation-Differential therapy for stuttering children.
En: Curlee RF, ed. Stuttering and related disorders of fluency. New York: Thieme; 1999
Starkweather W, Gottwald S, Halfond M. Stuttering prevention: A clinical method.
Englewood Cliffs: Practice Hall; 1990.

 

Wanda C. Meschian Coretti
Logopeda Colegiada Nº 29/2163
Especialista en Terapia Orofacial Miofuncional

No estoy triste, tengo depresión

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la depresión será la principal problemática de salud en la población en un futuro cada vez más cercano. En la actualidad, se calcula que más de 300 millones de personas padecen este tipo de sintomatología. Concretamente, en España hay aproximadamente 3 millones de pacientes con este diagnóstico o con un diagnóstico mixto ansioso-depresivo. No obstante, se estima que alrededor de un 58% de las personas que la padecen, no buscan ayuda profesional. Debemos ser conscientes de que se trata de un trastorno muy incapacitante y que puede afectar a cualquier persona.

El trastorno depresivo se caracteriza por un sentimiento de tristeza profunda y pérdida de interés por realizar actividades, incluso aquellas con las que se solía disfrutar con anterioridad. También pueden aparecer otros síntomas como pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, disminución de energía, enlentecimiento, culpabilidad o incapacidad para concentrarse.

Esta sintomatología, por tanto, podría clasificarse en las siguientes categorías:

  • Afectiva y emocional: el descenso del estado de ánimo puede apreciarse por sentimientos de desesperanza, amargura y pesimismo. Asimismo, es habitual la sensación de vacío o insensibilidad. En la población infantil, juvenil y anciana puede predominar la irritabilidad más que la tristeza.
  • Cognitiva: pueden aparecer problemas de concentración y memoria, dificultad para pensar e indecisión. La atención suele focalizarse únicamente en estímulos de carácter negativo.
  • Conductual: podría apreciarse una ralentización de movimientos y gestos. Asimismo, el abandono de relaciones sociales, tareas y responsabilidades.
  • Motivacional: se aprecia apatía, aburrimiento e indiferencia que dificulta realizar las actividades cotidianas y la toma de decisiones.
  • Somática: síntomas como dolores de cabeza, molestias abdominales, problemas de sueño, falta de energía y disminución del deseo sexual pueden estar presentes.

Las causas de esta patología son complejas debido su diversidad ya que abarcan aspectos genéticos, fisiológicos, hormonales, psicológicos y sociales. Diversas áreas cerebrales como la amígdala, la corteza prefrontal, el hipocampo y la corteza cingulada, muy relacionadas con las emociones, son de un tamaño más reducido en las personas que sufren esta enfermedad. Las primeras hipótesis sobre la etiología del trastorno depresivo hacían referencia a un déficit en neurotransmisores como la serotonina (que influye en el sueño, la actividad motora, el apetito o el comportamiento sexual, entre otras) y la noradrenalina (asociada con aspectos como la motivación, los mecanismos de recompensa y el aprendizaje). Recientemente, se aboga por la interacción de factores genéticos y ambientales que altera la liberación de los mismos. Además, hay evidencia de una reducción de los niveles de GABA (implicado en la inhibición de la actividad neuronal) y de altos niveles de glutamato (neurotransmisor excitador) en personas con sintomatología depresiva.

Asimismo, se están incorporando nuevos hallazgos como la influencia del estrés al sistema nervioso central, al sistema inmune y al eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA). Los eventos estresantes de carácter crónico pueden tener un grave impacto cerebral, alterando diferentes estructuras y sus funciones. Además, hay estudios que relacionan procesos inflamatorios entre las causas de esta problemática, encontrándose altos niveles de citosinas pro-inflamatorias en los pacientes. Este hecho puede producir atrofia y muerte neuronal, favoreciendo la sintomatología depresiva característica.

Con lo cual, tratamientos con agentes glutamatérgicos, gabaérgicos y con fármacos antiinflamatorios están dando resultados prometedores en investigaciones preliminares. Asimismo, la terapia asistida con psicodélicos está en estudio debido a su relación con la serotonina, el glutamato y la plasticidad neuronal.

Además del tratamiento farmacológico en los casos que se requiera, se hace imprescindible un abordaje psicológico. En él, los objetivos pueden ser muy diversos según las necesidades de cada paciente: promover conductas saludables, ejercicio cardiovascular, programar actividades agradables, entrenar en habilidades sociales, fomentar el autocontrol, dotar de estrategias de solución de problemas, examinar pensamientos negativos, entre otros. Asimismo, es muy importante hacer hincapié en la prevención de recaídas y dotar de estrategias para evitarlas de cara al futuro.

Bibliografía

Navío Acosta, M. y Pérez Sola, V. (2020). Depresión y suicidio 2020. Documento estratégico para la promoción de la Salud Mental. Wecare-u.

Ortiz-Tallo, M. (2019). Psicopatología clínica. Adaptado al DSM-5. Ediciones Pirámide

Pérez-Padilla, E. A., Cervantes-Ramírez, V. M., Hijuelos-García, N. A., Pineda-Cortés, J. C. y Salgado-Burgos, H. (2017). Prevalencia, causas y tratamiento de la depresión Mayor. Revista Biomédica, 28(2), 89-115.

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga.

Discalculia y ansiedad frente a las matemáticas

Discalculia y ansiedad frente a las matemáticas

“Desde pequeña siempre se me han dado mal las matemáticas. Memorizar las tablas de multiplicar se convirtió en un suplicio, pero iba saliendo del paso como buenamente podía. Según iban avanzando los cursos, más difícil era el temario y menos entendía las clases.

La situación se complicó cuando aparecieron las ecuaciones en el temario , empecé a sentir bastante malestar cuando llegaba la hora de esa asignatura. Temblaba, me sentía tonta, parecía que hablaban en otro idioma. En las demás clases me iba bastante bien, no entendía qué era lo que ocurría.

Los profesores, al final de la exposición, comentaban: ¿alguien tiene alguna duda? Yo siempre pensaba “TODAS”. Llegó un momento en que ya no quería esforzarme e intentar atender, estaba convencida que no iba a comprender los contenidos. Es decir, me rendía antes de intentarlo directamente…”

Lo que ocurría eran, ni más ni menos, que síntomas de discalculia. La discalculia, algunos la consideran la dislexia de las matemáticas, hace referencia aquellas dificultades que afectan a la capacidad matemática como, por ejemplo, realizar cálculos, definir grupos de objetos y en el pensamiento espacial. La persona que lo padece, pese a no tener un cociente intelectual bajo, tiene un rendimiento académico en las matemáticas por debajo al esperado para su edad y desarrollo mental. Sus causas pueden ser debidas a aspectos evolutivos, educativos, neurológicos y/o cognitivos y pueden aparecer déficits en distintas habilidades: lingüísticas, perceptivas, atencionales y matemáticas.

 

Además de posibles causas genéticas que a día de hoy todavía se encuentran en proceso de estudio, esta problemática se asocia a una disfunción en los lóbulos parietales. Concretamente, daños en el hemisferio izquierdo (encargado del lenguaje) provocan dificultades en la comprensión y emisión de números y, por tanto, déficits en la realización de operaciones aritméticas. Asimismo, si la lesión se encuentra en el hemisferio derecho, se verán afectadas diversas capacidades como, por ejemplo, la organización espacial de las cantidades o la resolución de problemas de carácter abstracto.

De igual manera, se ven implicadas zonas occipito-temporales (pertenecientes a una de las vías visuales) en capacidades como el procesamiento de la semejanza numérica y para realizar cálculos con varios dígitos. Finalmente, hay investigaciones que señalan una disminución de células y fibras nerviosas en diversas regiones cerebrales en los niños que padecen discalculia.

Por tanto, los problemas que suelen tener los niños con esta condición son muy diversos:

  • Atención: les resulta complicado seleccionar entre diferentes estímulos y dirigir la atención al verdaderamente importante, dificultando la resolución de operaciones y problemas.
  • Percepción: déficits en la diferenciación figura-fondo, en la discriminación y orientación espacial y se aprecia cierta lentitud perceptiva.
  • Memoria: rendimiento bajo en el mantenimiento y manipulación de datos numéricos.
  • Autoconcepto: éste suele ser negativo, presentando bajo autoestima e inseguridad.
  • Atribuciones: los sujetos con esta problemática suelen atribuir sus fracasos a escasa capacidad y los éxitos a factores ajenos como la suerte.
  • Conducta: los niños con discalculia suelen emitir respuestas de carácter impulsivo.
  • Ansiedad: la incapacidad para resolver las tareas les provoca angustia y malestar.
  • Estrategias metacognitivas: desconocimiento sobre los pasos a seguir para resolver problemas.

La discalculia, tal como se ha indicado, suele presentarse con ansiedad frente a las matemáticas. Esta circunstancia se caracteriza por sentimientos de tensión y miedo que interfiere en el rendimiento en las tareas relacionadas con las matemáticas. La principal consecuencia son la emisión de conductas de evitación y un autoconcepto negativo.

Con lo cual, un diagnóstico temprano es importante para poner en marcha una rehabilitación para mejorar los déficits. Además de una evaluación al alumno, se hace necesario extraer información del contexto familiar y escolar. El plan de intervención debe ser totalmente personalizado e individualizado para cada caso, usando ejercicios cuya temática incluya los intereses del niño. Asimismo, es imprescindible fomentar la autoestima y dotar de estrategias motivacionales para enfrentarse a los miedos e ir abandonando las conductas de evitación.

 

 

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

BIBLIOGRAFIA

Castejón, J. L. y Navas, L. (2011). Dificultades y trastornos del aprendizaje y del desarrollo en infantil y primaria. Editorial Club Universitario

Fiuza Asorey, M. J., Fernández Fernández, M. P. (2014). Dificultades de aprendizaje y trastornos del desarrollo. Manual didáctico. Ediciones Pirámide

Rosselli, M. y Matute, E. (2011). La Neuropsicología del Desarrollo Típico y Atípico de las Habilidades Numéricas. Revista Neuropsicología, Neuropsiquiatría y Neurociencias, 11(1), 123-140

Tejedor, B., Santos, M. A. , García-Orza, J., Carratalà, P. y Navas, M. (2009). Variables explicativas de la ansiedad frente a las matemáticas: un estudio de una muestra de 6º de primaria. Anuario de Psicología, 40 (3), 345-355

Teruel Romero, J. y Latorre Latorre, Á. (2014). Dificultades de aprendizaje. Intervención en dislexia y discalculia. Ediciones Pirámide

 

Intervención psicológica en obesidad

La obesidad es una de las grandes problemáticas de salud en la actualidad, afectando a millones de personas. Se trata de una enfermedad que, además de estar asociada a una condición física concreta, conlleva ciertas consecuencias psicológicas y sociales.

Por tanto, nos encontramos ante una patología crónica y de etiología multifactorial que involucra diferentes causas:

  • Causas biológicas: se han estudiado relaciones entre la genética y la obesidad. Hallándose, por ejemplo, diferencias en el metabolismo basal, en la activación del consumo de energía tras comer o en los niveles de leptina (la hormona que se encarga de regular el apetito).
  • Causas socioculturales: aspectos como el fácil acceso a los alimentos (y, especialmente, a la comida “rápida” y altamente calórica), los avances en tecnología y transporte que limitan la necesidad de realizar actividad física diaria, la promoción del ocio sedentario o los malos hábitos de sueño (hecho que conlleva el enlentecimiento del metabolismo) parecen ser claves en la aparición de esta enfermedad.
  • Causas psicobiológicas: destaca la llamada “Teoría del incentivo positivo” , indicando que lo que verdaderamente incita a los individuos a comer es la anticipación del placer que producirá. De hecho, hay investigaciones que indican que ciertos alimentos estimulan los sistemas de recompensa del sistema nervioso central.

Anteriormente, la psicología se centraba en el tratamiento de las alteraciones psicológicas que surgían a consecuencia de esta condición. Sin embargo, en las últimas décadas se está centrando también en la creación de intervenciones psicológicas específicas para la prevención y el abordaje de la obesidad.

Los pacientes necesitan técnicas concretas para cambiar sus hábitos y estilo de vida y que su uso se mantenga a lo largo del tiempo. Para ello, es imprescindible un proceso de evaluación previo para descartar la necesidad de intervención de otras patologías psicológicas que pueden ser la causa del problema de obesidad. Asimismo, requiere valorar los hábitos previos de alimentación, ejercicio físico y sueño y las circunstancias que están manteniendo la enfermedad.

Se hace imprescindible abordar cuestiones como las ideas irracionales y “de todo o nada”, la impulsividad o falta de inhibición y la resolución de problemas para hacer frente a posibles barreras que puedan ir apareciendo en el día a día. También debe hacerse hincapié en promover el sentimiento de autoeficacia, las habilidades sociales y el mantenimiento de los cambios.

En resumen, el enfoque psicológico es un elemento clave para abordar la obesidad junto al trabajo de otros profesionales. Con ello, se potenciará una intervención con un mayor grado de eficacia cuyo objetivo principal debe ser instaurar hábitos saludables, no llegar a un número concreto en la báscula. Es decir, dar prioridad a alcanzar pequeños cambios que den lugar poco a poco a la reducción de riesgos físicos y psicológicos, mejorar la calidad de vida y las relaciones personales y realizar actividades gratificantes que anteriormente no se llevaban a cabo.

Nuestros centros multidisciplinares cuentan con psicólogos sanitarios expertos en trastornos de la alimentación, y expertos en nutrición y dietética para mejorar el abordaje de la obesidad de forma conjunta.

 

 

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Bibliografía

Baile Ayensa, J.I. y González Calderón, M. J. (2013). Intervención psicológica en obesidad. Ediciones Pirámide

Baile, J. I. (2019) ¿Por qué no somos eficaces en el tratamiento de la obesidad? La necesaria aportación de la psicología. Medicina Clínica, 152(2), 72-74.

Baile, J. I., González-Calderón, M. J., Palomo, R. y Rabito-Alcón, M. F. (2020). La intervención psicológica de la obesidad: desarrollo y perspectivas. Revista Clínica Contemporánea, 11(3), 1-14.

De La Vega Morales, R. I. y Cruz Hernández, L. (2018). Efectos de la terapia cognitivo-conductual en factores asociados a la obesidad: un estudio de caso. Psicología y Salud, 28(1), 85-94.

Ansiedad y depresión, los términos más buscados en internet

Las palabras “ansiedad” y “depresión” se han disparado en los buscadores de internet desde que se inició  la pandemia por Covid-19, registrando récords en periodos de confinamientos.

Esto no es del todo nuevo, ya antes de la crisis sanitaria que estamos viviendo, 1 de cada 10 personas ya tenía problemas de salud mental. Ahora se ha reducido a 1 de cada 5, lo que supone un verdadero problema, ya que no sólo se está dando en la población adulta sino también en la población infantil y adolescente.

Estas personas acuden una media de 20 veces más al médico de cabecera que personas que no sufren estas patologías, y la solución que se les ha ofrecido es, en la mayoría de las ocasiones, farmacológica, cuya venta se ha disparado también un 43% más. Es un dato trágico que, por ejemplo, en Galicia son 20.000 niños ya los que consumen psicofármacos. Y ni siquiera es la primera en la lista.

Pero, ¿realmente esta es la mejor solución que puede dar el Sistema Público ante una crisis ya no sólo sanitaria y económica, sino también emocional. Evidentemente NO.

Los medios cada vez se interesan más por este preocupante empobrecimiento de la salud mental y recurren a nosotros para recibir respuestas.

Compartimos con vosotros una entrevista que nos ha realizado ProntoPro para conocer un poco más sobre la ansiedad y la depresión. Puede acceder a ella en su canal pinchando AQUÍ.

 

1. ¿Puede proporcionar alguna información acerca de usted, como su nombre, su edad, su lugar de nacimiento y cualquier otra información que desee compartir?
Nieves López-Brea Serrat, 45 años, nacida en Madrid, adoptada en Benalmádena, pero me considero ciudadana del mundo.
2. ¿Puede describir su empresa y su historia? ¿Trabaja sola o en equipo? ¿Se han producido cambios en los últimos años?
En 2012 inicié mi carrera como Psicóloga Sanitaria autónoma tras entrar en el equipo de atención psicológica de la Fundación Punset, en ese año, fundé Psycolab, una Sociedad Científica Sanitaria Emocional que actualmente está reorganizándose debido a que en 2017 me centré en abrir Centros EQ, de la que soy gerente. Anteriormente a 2012 mi campo era el de la Psicología Industrial.
Trabajar en equipo es una de las cosas más enriquecedoras de nuestra profesión, de hecho, ambos proyectos han contado con equipos multidisciplinares de campos muy afines como la psicología, psiquiatría, neuropsicología, neurología, psicopedagogía, logopedia, nutrición,…
3. ¿Cuál es su área de especialización? ¿Qué le gustaría hacer dentro de su área de especialización? ¿Lo que más a menudo le piden sus clientes?
Tras 10 años como Psicóloga Industrial, la ciencia era mi curiosidad principal, por eso intenté y conseguí acercarme a quien en ese momento era el mejor ejemplo de difusión de la ciencia, Eduardo Punset. Decidí entonces estudiar Neuropsicología y me especialicé en Neuropsicología Infanto-Juvenil, además soy experta en Psicología de la Educación e intento acercar la neurociencia a través de formaciones, charlas y cursos online.
Soy una gran activista por los Derechos de la Infancia.
La gran demanda hoy en día es sobre trastornos de ansiedad y depresión y sobre dificultades en la infancia y la adolescencia.
4. ¿Cuáles fueron sus motivos que le llevaron a elegir este trabajo? ¿Cuáles son las razones que le empujan al cumplimiento de su trabajo día a día?
Más bien diría esta profesión o esta pasión, por lo que no tengo que “cumplir” con mi trabajo, es un placer realizarlo y es muy gratificante ver cómo las personas mejoran, superan o consiguen aquello para lo que te piden ayuda. 
Tengo redacciones de cuando iba a EGB en la que ya hablaba de mi curiosidad hacia el funcionamiento del cerebro, así que creo que el motivo vivía ya en mí antes de saberlo.

5. ¿Qué consejos me darías para superar problemas de ansiedad y depresión?

Bueno, son dos trastornos diferentes, aunque es habitual que se den de forma conjunta.

El primer consejo para la ansiedad, sin duda, es su abordaje en los colegios de educación primaria, l@s niñ@s a partir de unos 8 años están empezando a experimentar ansiedad, y a partir de 10 años estamos viendo menores medicados con ansiolíticos y esta medida no debería extenderse como está ocurriendo cada vez más. De hecho, la ansiedad llega a interferir de forma muy concreta hasta en el aprendizaje de las matemáticas. Cuando se les explica a los menores por qué ocurre esta sobre-activación y aprenden las técnicas para que ellos mismos puedan reducirla, tiene unos efectos muy positivos sobre su bienestar, sobre su rendimiento académico y sobre sus relaciones sociales.

El segundo consejo para la ansiedad viene de una frase que me encanta: “no eres tú, es tu cerebro”, avanzamos más rápido cuando entendemos que lo que ocurre “ahí dentro”, explica muchas de las conductas que vemos por fuera y que son el motivo de toda la sintomatología fisiológica, cognitiva y conductual que acarrea la ansiedad. El cerebro crea sus propias asociaciones, por lo que hay que tratar de modificar esas asociaciones con sencillos pasos como realizar pequeños cambios en nuestro entorno o en nuestras actividades de forma consciente para entender que algo que ocurrió en el pasado o la anticipación de algo que puede ocurrir en el futuro, no está ocurriendo en estos momentos. Por poner un ejemplo tonto, el cerebro sigue interpretando esa activación como cuando tenía que huir hacia una caverna o trepar a un árbol porque le perseguía un depredador. Evidentemente no siempre es tan sencillo, pero existen dos técnicas que todos deberíamos conocer y practicar, la respiración diafragmática y la relajación muscular progresiva.

Sobre la depresión, que también se observa de forma cada vez más frecuente en la infancia (y esto nos debería de preocupar bastante), se ha comprobado, sobre todo en adultos, que mantener cierto rol vital nos ayuda a mantener un estado de ánimo estable. Cuando perdemos este rol vital nos deprimimos, por ejemplo cuando perdemos un empleo, nos divorciamos, nuestr@s hij@s se van de casa, nos jubilamos, etc.

Y de nuevo no podemos simplificar tanto, ya que pueden darse desajustes en ciertos neurotransmisores que pueden explicar también una depresión endógena.

Finalmente, para ambos trastornos, una inversión real en la sanidad pública con profesionales que puedan dar una respuesta rápida no farmacológica a gran parte de la población que acude por estos motivos al médico de cabecera.

 

6. ¿Cuál es la metodología de trabajo que empleáis a tratar a pacientes con problemas de ansiedad y depresión?

Sabemos que la terapia cognitivo conductual es la que mejor y más rápidos resultados tiene, pero no podemos hacer que un paciente se adapte a un tratamiento, sino que debemos adaptar el tratamiento al paciente. 

Y sobre todo desconfiar de terapias ofrecidas por personas sin la cualificación necesaria. La Psicología es la ciencia que estudia la conducta humana, el aprendizaje, los procesos de pensamiento, las emociones, el comportamiento, tanto en su desarrollo normal como en los diferentes trastornos o problemas, dispone de modelos explicativos de la conducta normal y de los trastornos y de técnicas adecuadas para la evaluación, diagnóstico y tratamiento.

El psicólogo cognitivo-conductual es, además, un educador y un entrenador de habilidades de afrontamiento, con las que se pretende, no sólo solucionar los trastornos y problemas actuales, sino entrenar a la persona para la prevención de recaídas, de modo que el aprendizaje se mantiene a lo largo del tiempo.

7. ¿Cuál es el coste de una consulta con vuestros psicólogos especialistas en ansiedad y depresion?¿Qué factores se toman en cuenta para definir este coste?

Nuestra tarifa para psicología es de 60€ la consulta de una hora aproximada, este coste se encuentra definido entre unos mínimos y unos máximos que indica nuestro Colegio Profesional. Evidentemente no todo el mundo puede pagar esto, por eso defendemos que la Sanidad Pública debe ofrecer una solución real a la salud mental que no se está dando, como si la salud mental, no fuera salud.

8. ¿Qué problema puedo resolver con tu servicio de consultas como psicólogo especialista en manejo de ansiedad y depresión?

Evidentemente si acudes a un profesional, es para resolver aquello que no has podido resolver tú solo, como cuando puedes cuidarte por tí mismo ante una torcedura de tobillo, pero acudes a un especialista para resolver un esguince o una fractura, en ese caso, tienes que salir recuperado, si no, no tiene mucho sentido un tratamiento.

 

 

 

 

 

Nieves López-Brea Serrat, Psicóloga Sanitaria, Col. AO07687

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Asertividad, la habilidad intermedia entre la Pasividad y la Agresividad

La asertividad es la habilidad para expresar nuestras preferencias, sentimientos y opiniones
desde un clima de tranquilidad y respeto a los demás. Es una actitud muy importante para la
resolución de conflictos, defendiendo los propios derechos sin sentirnos ansiosos o culpables.
Asimismo, hace referencia a “saber decir que no”, estableciendo límites de una forma
respetuosa.

Hay personas que tienen problemas para llevar a cabo conductas asertivas y optan por una
actitud sumisa: anteponen los derechos de los demás a los suyos, no quieren molestar o
hacerle daño a los demás, tienen miedo a ser criticados o rechazados o, directamente, no
saben cómo expresarse. Otras, se decantan por un estilo de comunicación agresivo que
infunde temor más que respeto. Pudiendo recurrir también a estrategias de manipulación
como provocar sentimientos de culpa, criticar o ridiculizar. Estos estilos de comunicación
inadecuado generan conflictos entre parejas, padres e hijos, compañeros de trabajo o en el
centro educativo.

No obstante, la asertividad no es una cuestión de todo o nada. En ciertas ocasiones, resulta
más fácil desplegar este tipo de conductas en un entorno concreto que en otros ambientes o
con diferentes personas. Estas diferencias pueden deberse a variables como el grado de
confianza con las personas, la seguridad en uno mismo, el estado de ánimo, el miedo a
posibles consecuencias, etc.

¿Qué beneficios conlleva responder de forma asertiva? Entre otras cosas, fortalece la
autoestima, potencia el autoconocimiento, resuelve problemas y mejora la comunicación con
los demás. Para ello, se debe reflexionar y definir los propios derechos como, por ejemplo, el
de poder decidir, expresar sentimientos, ser tratado con respeto o cambiar de opinión.

Esta habilidad nace de un aprendizaje de las experiencias personales, con lo cual, se puede
desarrollar y mejorar gracias a estrategias para implementar en nuestro repertorio conductual.
Por tanto, la terapia psicológica ayuda a identificar qué variables impiden desplegar conductas
asertivas e interviene en cuestiones como la culpa anticipada y el miedo a la evaluación
negativa o a comportarse inadecuadamente. Asimismo, aporta técnicas de comunicación
asertiva y prepara ante las posibles respuestas del entorno.

¿Quieres un truco rápido para empezar a ponerla en práctica? Recuerda la técnica del sandwich, las dos partes de pan deben ser positivas y el relleno del medio es la parte negativa que necesitamos comunicar. Por lo tanto, empezaremos con una frase positiva que impida el reproche inmediato, ya que nuestro cerebro suele ser muy reactivo; en medio lanzaremos aquello que ha supuesto el conflicto; y muy importante terminar de forma positiva de nuevo para que la crítica sea constructiva y evitemos de nuevo la reactividad de nuestro interlocutor.

Prueba con este ejemplos:

  • Te entiendo perfectamente….
  • Pero no puedo permitir que siga ocurriendo esto…
  • Aún así, seguro que encontramos la forma de entendernos y respetarnos…¿qué te parece si….?

 

Por Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

 

 

 

 

 

Bibliografía:
Monje Mayorca, V., Camacho Camacho, M., Rodríguez Trujillo, E., y Carvajal Artunduaga, L.
(2009). Influencia de los estilos de comunicación asertiva de los docentes en el aprendizaje
escolar. Psicogente, 12(21), 78-95.
Naranjo Pereira, M. L. (2008). Relaciones interpersonales adecuadas mediante una
comunicación y conducta asertivas. Actualidades Investigativas en Educación, 8(1), 1-27.
Riso, W. (2013). Guía práctica para no dejarse manipular y ser asertivo. Phronesis, España.
Ruvalcaba Romero, N. A., Gallegos Guajardo, J., Villegas Guinea, D., y Lorenzo Alegría, M.
(2013). Influencia de las habilidades emocionales, los estilos de comunicación y los estilos
parentales sobre el clima familiar. Revista de Investigación y Divulgación en Psicología y
Logopedia, 3(2), 2-7.

Trastorno por estrés postraumático (TEPT)

Trastorno por estrés postraumático (TEPT)

La gran mayoría de personas han sufrido o sufrirán, en algún momento de su vida, una experiencia traumática o que conlleve un gran impacto emocional. Cuando, a raíz de esto, aparece una sintomatología desadaptativa que genera malestar e influye en la vida diaria de la persona podemos estar ante un trastorno por estrés postraumático.

(Baile Ayensa y Rabito Alcón, 2020)

¿Qué observamos cuando esto ocurre?:

  • Reexperienciación del suceso: puede presentarse en forma de recuerdos intrusivos, flashbacks o pesadillas.
  • Evitación de todo lo relacionado con la circunstancia: tanto pensamientos o recuerdos como lugares y personas que evoquen el hecho traumático.
  • Presencia de conductas y emociones que interfieren en el día a día: hipervigilancia o reacciones de sobresalto exageradas. Esta problemática puede alargarse varias semanas, deteriorando las áreas importantes para el funcionamiento diario.

En ciertas ocasiones, la experiencia traumática es tan grave y/o continuado en el tiempo que puede desarrollarse un tipo de trastorno por estrés postraumático complejo. Por ejemplo, puede aparecer en veteranos de guerra, personas secuestradas, víctimas de violencia y/o abusos sexuales, pero también ante catástrofes naturales, accidentes graves o ser testigo de muertes violentas. Además de los síntomas típicos del trastorno por estrés postraumático se unen problemas de regulación del afecto, sentimientos de vergüenza, culpa o fracaso y dificultades para relacionarse con los demás.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Por tanto, la gravedad de la sintomatología depende de diferentes factores:

  • Intensidad o gravedad del suceso traumático: grado de exposición, duración, severidad, probabilidad de que no haya finalizado o pueda volver a repetirse.
  • Vulnerabilidad personal.
  • Percibir el suceso como inevitable o no.
  • Culpabilidad ante el hecho.
  • Apoyo social.
  • Factores previos: edad, género, exposición previa a la circunstancia, sufrir otros sucesos traumáticos en la infancia o a lo largo de la vida, antecedentes psiquiátricos.

Pero ¿por qué, ante un mismo hecho, les ocurre a unas personas y a otras no?  En el trastorno por estrés postraumático entran en juego muchas variables que interactúan entre sí. En primer lugar, una predisposición genética que determina una mayor vulnerabilidad psicológica para enfrentarse a situaciones estresantes (éstas, a su vez, mediadas por experiencias del pasado), el tipo de reacción durante el evento traumatizante y la ausencia de apoyo social tras el mismo.

Por tanto, se inicia un proceso de aprendizaje en el cual, por un lado, se asocian diversos estímulos al evento estresante y, por otro, se refuerzan las conductas y pensamientos que se realizan para evitar enfrentarse al problema.

Muchas personas llevan una vida de sufrimiento al creer que este tipo de estrés les acompañará siempre, pero existe suficiente evidencia como para saber que un tratamiento eficaz reduce los síntomas asociados como la ansiedad, los problemas de sueño y las dificultades de concentración.

Por Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga.

El ASEPCE (Aprendizaje Social y Emocional Para la Convivencia Escolar) FRENA EL ACOSO ESCOLAR

En el año del confinamiento el Acoso Escolar traspasa los muros de los centros educativos para instalarse en las redes sociales

Hoy 2 de mayo se celebra el Día Mundial contra el Bullying o el Acoso Escolar, día en el que se pretende concienciar del riesgo que tiene para la salud física y mental de los niños, niñas y jóvenes a nivel mundial. Y es que cuando vemos el ranking de los países con mayores tasas de bullying en el mundo, vemos que España se sitúa en un trágico 7º puesto, donde además, todos los tipos de violencia que conocemos en la sociedad también han ido en aumento. Y esto, sólo nos aclara algo muy evidente:

ALGO NO DEBEMOS DE ESTAR HACIENDO MUY BIEN

Este año, el Covid-19 ha hecho que, al estar confinados en casa, casi nos olvidemos de que este problema sigue siendo muy real y muy presente, ya que lamentablemente el Acoso Escolar traspasa los muros de los centros educativos, encontrando en las Redes Sociales un huésped perfecto para alojarse y seguir dañando, allá donde te encuentres, cual virus conocemos ya todos. Y entonces, hablamos de Ciberbullying, un acoso que se sufre 24 horas al día, 7 días a la semana, y si para un/a adulto/a esto sería insoportable, imaginad para un/a menor que sólo busca ser aceptado y querido por sus iguales.

¿Qué es el Bullying?: Para que todos lo entendamos bien, es ese insulto o ese mote que recibo a diario, ese empujón que se repite varias veces a la semana o varias veces al día, esas humillaciones para dejar en ridículo delante del resto, ese acoso en el baño para asustarte, esas fotos trucadas que se mandan con mala intención, ese aislamiento del grupo, ese rechazo a jugar con el grupo,….la lista podría ser muy larga, pregunta a cualquier menor, te quedarías con la boca abierta.

Oficialmente el bullying es cualquier acoso, hostigamiento, intimidación y/o exclusión social dentro del contexto escolar (no sólo entre los muros del centro, sino también se extiende a servicios complementarios como el transporte, el comedor, extraescolares o ahora ya también, grupos de whatsapp), donde se da cualquier forma de maltrato físico, psicológico, verbal y/o social de forma constante y repetido en el tiempo por parte de un individuo o por un grupo hacia una persona determinada. Y normalmente sucede de forma invisible para los adultos.

¿Qué no es el Bullying?: No es cosa de niñ@s. Y no es cualquier tipo de violencia escolar, que por supuesto, habría que reducirlo también, pero en la violencia escolar no se dan tres características fundamentales del bullying: es REPETITIVO, es INTENCIONAL y supone un ABUSO DE PODER.

Lamentablemente, Andalucía sigue en cabeza y es de vital importancia abordar este tema cuanto antes. Es por ello que, desde 2013 venimos ofreciendo en los centros escolares el Programa ASEPCE (Aprendizaje Social y Emocional Para la Convivencia Escolar), que engloba una serie de temas que unidos, frenan la curva de la violencia y por lo tanto, hace que disminuyan los casos de violencia y de acoso escolar. Además, se muestra muy eficiente para abordar también los casos graves de conducta.

¿Qué aborda el Programa ASEPCE?

  • Neuroeducación: Es fundamental conocer el cerebro de forma global (Cognición, emoción, conducta y cognición social)
  • Aprendizaje Basado en Proyectos y Aprendizaje Experiencial: Si concebimos el aprendizaje de tal forma que al alumnado le resulte útil, curioso y novedoso, tendremos chicos y chicas aprendiendo y no provocando disrupciones en el aula.
  • Aprendizaje Social y Emocional: Es fundamental conocer nuestras emociones, gestionar las más intensas y ver cómo conociendo las de los demás, podemos influir en el estado emocional general, aportando bienestar de forma global.
  • Mediación Escolar: Los conflictos forman parte de la vida, esto no debería suponer un problema. El verdadero problema es no encontrar formas de solucionarlos y llegar a acuerdos pacíficos con un beneficio común.
  • Acoso Escolar: La violencia cada vez está más presente en nuestra sociedad, hasta tal punto que nos hacemos tolerantes a ella, llegando los agresores, las familias, los docentes, los testigos e incluso las víctimas a negar que sea un problema tan grave. Si antes los casos más graves de acoso escolar se daban en la E.S.O., hoy ya los casos de primaria son cada vez más espeluznantes.

 

¿Qué tal si aprovechamos el confinamiento para educar en valores y que la vuelta al cole sea una vuelta libre de bullying?

El lunes día 4 de mayo, la RIEEB, Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar, de la que soy miembro fundacional, transmitirá un webinar sobre la promoción de la convivencia y la detección de las situaciones de acoso, con pautas para los docentes y las familias.

Programa:

  1. Presentación por Rafael Bisquerra
  2. José María Avilés (España)
  3. Isabel Blázquez-Saiz (UCM, España)
  4. Ivonne Klein (México)
  5. Lorena Pastor-Gil (UCM, España)
  6. Preguntas de los participantes

Aquí te compartimos el link de registro del webinar: https://forms.gle/4ZhNFBDLBY3vQzZw9

Y si te lo perdiste, aquí tienes la grabación: https://rieeb.com/bullying/

Si eres docente o formas parte del AMPA de tu centro escolar, pregunta por nuestro programa ASEPCE en info@psycolab.com – 678 263 983

Muy pronto lo tendremos también en versión online junto al resto de nuestros cursos de e-Learning.

Por Nieves López-Brea Serrat, neuropsicóloga infanto-juvenil, experta en mediación escolar.

 

ALTERACIONES DEL RITMO VIGILIA-SUEÑO EN NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES

Los ritmos circadianos son cambios físicos, psicológicos y conductuales que siguen un ciclo diario de 24 horas y que responden a la luz y a la oscuridad. Por ejemplo, dormir de noche y estar despierto por el día sería un ejemplo de ritmo circadiano. Y no sólo los encontramos en las personas, sino también en los animales, las plantas y muchos microbios. Su estudio se llama cronobiología.

Nuestros relojes biológicos son innatos, están compuestos por proteínas que interactúan con todo nuestro organismo para producir los ritmos circadianos, regular su programación y sincronizarlos.

Nuestro reloj biológico tiene unas 20.000 neuronas reunidas en el núcleo supraquiasmático, ubicado en el hipotálamo cuya información proviene directamente de los ojos, por lo que los ritmos circadianos son muy sensibles a la luz del día, haciendo que se activen o se desactiven los genes que controlan los relojes biológicos.

Este sistema está compuesto por marcapasos centrales, osciladores periféricos (hepático y cardiaco), un reloj molecular (bucles de retroalimentación positiva y negativa que dan lugar a ritmos de expresión génica), la retina, la glándula pineal y vías de entrada y salida de información.

Todos los órganos de nuestro cuerpo tienen su propio oscilador circadiano que, dirigidos por nuestro núcleo supraquiasmático, mantienen un orden temporal adecuado y orquestado, y favorece nuestra salud. Es cuando se desacoplan por los motivos que os hablaremos ahora, cuando se convierten en osciladores autónomos con su propia estructura circadiana, generando algunos problemas críticos en el individuo.

Durante los seis primeros meses de la vida de un bebé, irán apareciendo los ritmos circadianos y se irán madurando, pero la interacción sincrónica “mamá-bebé”, será determinante para que se establezcan unos correctos ciclos de sueño. Antes de esos seis meses, es común que se produzcan desajustes y se inviertan los ciclos de sueño-vigilia, que, si no se regulan adecuadamente, producirán una cronodisrupción del reloj biológico.

Los ritmos circadianos controlan la producción de melatonina, la hormona que hace que nos entre sueño por la noche, y dejemos de tenerlo por la mañana (con una diferencia de unas pocas horas según la edad que tengamos). Y ahora además se está estudiando como guardián del cerebro frente al coronavirus (Covid-19).

La información de “luz” que reciben los nervios ópticos por el día o por dispositivos móviles, es interpretada por el cerebro de tal manera que, si hay luz, el cerebro no activará la producción de melatonina para dormirnos. La ausencia de luz (porque sea de noche, o porque apaguemos nuestros dispositivos móviles), sí hará que se produzca y favorezca el inicio de la somnolencia.

Además de su papel regulador, la melatonina también tiene propiedades antitumorales, neuroprotectoras, inmunomoduladoras, antiinflamatorias y antioxidantes.

Cuando cambiamos a países con diferentes zonas horarias, sufriremos el temible jet lag porque mi reloj está sincronizado con otros horarios, y me llevará varios días que se ajuste a los nuevos ciclos de luz/oscuridad.

Cuando nuestros ritmos circadianos se desajustan o se alteran continuamente, tendremos trastornos del sueño, bajo rendimiento académico, trastornos cognitivos, trastorno afectivo estacional, alteraciones hormonales, pérdida de hábitos alimentarios y problemas de digestión, alteraciones de la temperatura corporal, deterioro del sistema inmunitario, afecciones médicas crónicas, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, depresión, trastorno bipolar, deterioro cognitivo, algunos tipos de cáncer y envejecimiento prematuro. Por lo que podemos entender que respetar los ciclos del ritmo vigilia-sueño no es un capricho, sino una necesidad para cuidar nuestra salud, tanto física como mental.

La población más afectada es por tanto, la de los/las trabajadores/as con turnos rotatorios de día y de noche; el personal de vuelos transmeridianos con jet lag crónico; y la adolescencia, donde nos situamos en un porcentaje de hasta un 40% que ya presentan déficits crónicos del sueño al estar “conectados” a dispositivos con luz brillante de noche (móviles, tablets, ordenadores,…). El problema es que esto ya se está empezando a ver a partir de los 8 años.

Otro motivo es que en la adolescencia se retrasan la secreción de melatonina por la noche y se adelanta por la mañana, siendo frecuente que haya una diferencia de un par de horas con los horarios que tenían en primaria, y se da en mayor proporción en chicos que en chicas. De hecho, el sistema educativo ignora estos cambios haciendo que en secundaria se entre al instituto más temprano aún, teniendo de este modo auténticos zombies en clase. Podría decirse que su reloj biológico es de 25 horas en lugar de 24. Si además los fines de semana se incrementan los desfases, nos encontramos con adolescentes con un verdadero y crónico jet lag social.

Y aunque existen diferentes cronotipos (el matutino se levanta y se acuesta pronto frente al vespertino que se levanta y se acuesta tarde), la mayor parte de la población se sitúa en puntos intermedios.

Algo diferente a la cronodisrupción, es el Síndrome de retraso de fase o Síndrome de la fase del sueño retrasada (SFSR) definido como un tiempo de inicio y finalización del sueño retrasado en más de dos horas en relación con los tiempos de sueño aceptables socialmente (en nuestro caso, serían personas que se acuestan entre las 23,30h y las 5,30h). Aunque en la mayoría de casos la dificultad se da en conciliar el sueño, una vez que se da, suele ser normalizado. Pero sí tiene consecuencias sobre todo laborales y escolares al no estar en sintonía con el resto de la sociedad. Y esto es un ejemplo de lo que está ocurriendo en la adolescencia.

Una forma rápida de recuperar nuestros ritmos circadianos es la exposición a la luz natural (por ejemplo, dormir con la persiana levantada para que la luz nos despierte y dejar los dispositivos móviles fuera de nuestro alcance cuando nos vayamos a dormir) y la realización de ejercicio moderado.

El sueño, junto con la nutrición, la actividad física, el desarrollo social y la actividad mental, serán pilares fundamentales para cuidar de nuestra salud física y mental.

Bibliografía:

  • Perumal SR, Srinivasan V, Maestroni GJ, Cardinali DP, Poeggeler B, Hardeland R. Melatonin: Nature’s most versatile biological signal? FEBS J. 2006; 273: 2813-38.
  • Arendt J, Skene DJ. Melatonin as a chronobiotic. Sleep Med Rev. 2005; 9: 25-39.
  • Pandi-Perumal SR, Trakht I, Srinivasan V, et al. Physiological effects of melatonin: role of melatonin receptors and signal transduction pathways. Prog Neurobiol. 2008; 85: 335-53.
  • Cronobiología Básica y Clínica. Ed: J.A. Madrid, A. Rol del Lama. Editec@Red, Madrid 2006.
  • Pediatría integral. Vol. XXII, nº8, dic. 2018, curso VI (J. A. Madrid, G.Pin Arboledas, M.C. Ferrández Gomariz).
  • Merino Andreu M, Hidalgo Vicario MI. Hipersomnia. Somnolencia diurna excesiva y alteraciones del ritmo circadiano en pediatría. Pediatr Integral. 2010; XIV(9): 720-34.

Por Nieves López-Brea Serrat, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga infanto-juvenil.

 

 

 

 

 

 

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