No es timidez, es fobia social

La fobia social o trastorno de ansiedad se caracteriza por un miedo intenso, duradero y desproporcionado ante situaciones donde podemos ser evaluados por los demás. Por ejemplo, a las interacciones sociales (mantener una conversación), ser observado (comiendo, bebiendo) y/o a actuar delante de otras personas (exponer un trabajo en clase, dar una conferencia en el trabajo).

Con lo cual, la persona afectada tiene miedo de responder de cierta manera o de desplegar sintomatología ansiosa que pueda ser valorada negativamente por los demás (humillándole, rechazándole o sintiéndose ofendido). Con lo cual, suele evitar ese tipo de circunstancias o, si no tiene esa opción, las resiste con un alto grado de malestar. Este hecho interfiere de manera notoria en su vida cotidiana, por lo que difiere significativamente con la timidez.

Según las investigaciones, las situaciones temidas suelen ser referentes a:

  • Intervención pública: hablar o interactuar en público (hacer una presentación en clase, intervenir en grupos…)
  • Interacción informal: todo lo relativo al inicio, mantenimiento y terminación de las conversaciones (dar una opinión, hacer un cumplido, asistir a una fiesta, llamar por teléfono…)
  • Interacción asertiva: expresar derechos o necesidades a los demás (devolver un producto, rechazar una petición, expresar desacuerdo…).
  • Ser observado: realizar actividades donde se puede ser observado (comer delante de otras personas, asistir a clases de baile…)

Por tanto, se presenta fobia social generalizada cuando el miedo está relacionado con la mayor parte de las situaciones sociales comentadas anteriormente. En comparación con la fobia social circunscrita (el miedo sólo aparece en situaciones concretas), estos pacientes suelen presentar más ansiedad, miedo a la evaluación negativa y déficits en habilidades sociales, lo que les conlleva a deterioro en sus relaciones familiares, sociales y laborales y al despliegue de estrategias de evitación.

Respecto a las reacciones habituales pueden ser corporales, de pensamiento y/o conductuales:

  • Reacción fisiológica: frecuentemente, puede aparecer taquicardia, temblor, sudoración, malestar gastrointestinal, boca seca, dolor de cabeza, problemas para tragar y urgencia urinaria.
  • Reacción cognitiva: dificultad para pensar, sesgo atencional referente a las reacciones corporales, los propios errores y las reacciones de los demás. Esto conlleva a pensamientos negativos frecuentes y anticipación de situaciones.
  • Reacciones conductuales: además de la evitación, se puede recurrir a conductas de búsqueda de seguridad como consumir alcohol o ansiolíticos, evitar el contacto visual, evitar hablar o hacerlo de forma muy rápida…

El inicio y mantenimiento de esta problemática conlleva una gran heterogeneidad de variables biológicas y psicológicas relacionadas entre sí como la capacidad innata para reconocer situaciones de amenaza social, cierta lentitud para reducir la activación fisiológica, experiencias en el pasado asociadas a falta o pérdida de control en una situación social, pautas educativas sobreprotectoras o demasiado exigentes, antecedentes familiares de trastorno de ansiedad y/o depresivo mayor, etc.

Tras un proceso evaluativo completo para determinar los factores implicados en cada caso, la intervención se creará de manera totalmente individualizada. En ella, tendrán cabida aspectos como la psicoeducación, la educación en valores, el entrenamiento en relajación, aceptación y atención plena, la restructuración cognitiva y desvinculación de los pensamientos, el entrenamiento en habilidades sociales y asertividad y la exposición a las situaciones temidas. Asimismo, están emergiendo interesantes métodos de tratamiento como la realidad virtual que permite al paciente a exponerse a los estímulos ansiógenos de forma más controlada y segura.

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BIBLIOGRAFÍA

Bados, A. (2001). Fobia social. Síntesis.

Caballo, V. E., Salazar, I.C. y Garrido, L. (2018). Programa de intervención multidimensional para la ansiedad social (IMAS). Pirámide

García López, L. J. (2013). Tratando…trastorno de ansiedad social. Pirámide

Reyna, D., Caraza, R., González, M., Ayala, A., Martínez, P., Loredo, A, Leal, R. y Reyes, P. (2018) Realidad Virtual en el Tratamiento de Fobia Social. Smart Technology. Notas de la conferencia del Instituto de Ciencias de la Computación, Informática Social e Ingeniería de Telecomunicaciones, vol 213.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

¿Cómo escapar de la agorafobia si esa es la creencia que te limita?

Frecuentemente, el término “agorafobia” se asocia con una afección que impide a la persona afectada salir de casa. No obstante, esa descripción resulta bastante escasa y limitada. Este trastorno, más bien, se caracteriza por temor y/o evitación a ciertas situaciones en las que se haría muy difícil escapar o contar con ayuda en el caso de que apareciera sintomatología ansiosa o de carácter vergonzoso. Con lo cual, a las personas con agorafobia les provoca un intenso malestar situaciones como el uso del transporte público, encontrarse en espacios abiertos (zonas de aparcamiento, mercados, puentes…) o cerrados (tiendas, museos, teatros, cines…), hacer cola, encontrarse en medio de una gran multitud o estar fuera de casa sin compañía.

Es uno de los trastornos más incapacitantes, puesto que interfiere en todas las áreas de la vida de la persona afectada (familia, pareja, amigos, trabajo…). Asimismo, se suele asociar con una historia anterior de ataques de pánico, pero no siempre es así. Si bien es cierto que la gravedad es mayor cuando hay comorbilidad, es decir, cuando se presentan los dos juntos. También puede aparecer junto a otros trastornos de ansiedad, trastornos del estado de ánimo y abuso de sustancias.

Entre las circunstancias que contribuyen a la aparición de la sintomatología se encuentran aspectos genéticos, una vulnerabilidad psicológica consistente en sensibilidad a experimentar ansiedad, una sensación exagerada de amenaza y peligro o una historia de enfermedad física y abuso, entre otros.

Este tipo de paciente ante una elevación del miedo o ansiedad (o la anticipación de un posible incremento) despliegan una serie de conductas para eludir esa circunstancia. Con lo cual, aquellas respuestas que, en un principio, alivian la sintomatología se acaban convirtiendo en conductas de afrontamiento desadaptativas que interfieren en la vida diaria:

  • Conductas de evitación: se reduce o elimina la ansiedad evitando la circunstancia o evento temido. Por ejemplo: compro online en vez de ir a la tienda, me quedo en casa en vez de ir al concierto…
  • Conductas de escape: se huye de la situación provocadora de sintomatología ansiosa. “Me tuve que bajar del metro” “Dejé el carrito de la compra y me salí del supermercado”.
  • Evitación interoceptiva: se previene aquellas respuestas fisiológicas asociadas con la ansiedad. “Dejé de hacer deporte, me late muy fuerte y deprisa el corazón y eso me pone nervioso”.
  • Conductas de afrontamiento parcial: se despliegan ciertas conductas, se buscan señales de seguridad o se acude a objetos y/o compañía para facilitar el afrontamiento de la situación temida. “Sólo voy si me acompaña alguien”

Existen varias opciones de tratamiento para la sintomatología asociada a la agorafobia. Entre ellas, las más utilizadas son la exposición en vivo a las situaciones temidas y la terapia cognitivo-conductual (que incluye información sobre el trastorno, abordaje de pensamientos, técnicas de relajación, de exposición y desactivación). Asimismo, en los últimos años, se está utilizando la realidad virtual para el tratamiento de la sintomatología de ciertos trastornos como, por ejemplo, la agorafobia.

Bibliografía
Barlow, D. H. (2014). Manual Clínico de Trastornos Psicológicos. Tratamiento Paso a Paso. Manual Moderno.
Espada, J. P., Olivares, J. y Méndez, F. X. (2008). Terapia psicológica. Pirámide.
Peñate, W., Pitti, C. T., Bethencourt, J. M. y Gracia, R. (2006). Agorafobia (Con o Sin Pánico) y Conductas de Afrontamiento Desadaptativas. Primera Parte. Salud Mental, 29(2), 22-29.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

TOC-TOC, cuando llama a la puerta el Trastorno Obsesivo Compulsivo

El trastorno obsesivo compulsivo es una condición clínica caracterizada por la presencia de obsesiones y/o compulsiones. Entendemos como obsesiones a aquellos pensamientos, imágenes o impulsos que invaden la mente, sin poder evitarlos. Asimismo, las compulsiones son conductas que se realizan de forma repetitiva y, en ocasiones, siguiendo unas reglas determinadas con el fin de reducir el malestar que provocan las obsesiones y/o para prevenir las posibles consecuencias que se anticipan a raíz de ellas.

En ocasiones, la compulsión no tiene relación con la situación que se pretende prevenir (por ejemplo, contar hasta 30 para evitar un accidente) y, cuando existe, es claramente desproporcionada (excesiva limpieza para no contaminarse). Asimismo, estas conductas pueden ser de carácter observable por el entorno o tratarse de una respuesta encubierta (actos cognitivos o pensamientos).

Igualmente, en un pequeño porcentaje de casos, pueden aparecer obsesiones puras (sin la necesidad de llevar a cabo un ritual asociado) y compulsiones sin una obsesión previa que se pueda identificar. Además, en estos pacientes suelen aparecer numerosas conductas de evitación de estímulos y circunstancias concretas que disparan mucha ansiedad y malestar.

Anteriormente, el trastorno obsesivo compulsivo se encuadraba en la categoría de problemáticas relacionadas con la ansiedad. No obstante, las investigaciones más recientes señalan claras diferencias en variables como los factores genéticos y bio-marcadores, el curso de la enfermedad o la comorbilidad, entre otras. Por tanto, actualmente se sitúa junto a otros trastornos caracterizados por conductas repetitivas o compulsiones (tricotilomanía, trastorno de acumulación, trastorno de excoriación…).

Las temáticas más habituales de obsesiones y sus respectivas compulsiones son contaminación, violencia o impulsos violentos, seguridad, orden/simetría/perfección, aspectos morales o religiosos, de índole erótico y de acumulación, entre otras.

Las teorías explicativas hacen referencia a diferentes aspectos:

  • Factores biológicos: En primer lugar, las investigaciones sugieren la posible transmisión genética del trastorno. Por otra parte, los estudios de neuroimagen arrojan información sobre diversas áreas cerebrales que parecen estar alteradas en estos pacientes (regiones prefrontales y orbitofrontales, corteza sensoriomotora, giro cingulado, ganglios basales y tálamo). Asimismo, existen diversas teorías sobre la disfunción en los sistemas de neurotransmisión de la serotonina y las catecolaminas o la implicación de las endorfinas. Todas estas circunstancias dan lugar a un perfil neuropsicológico con lateralización, alteraciones en el procesamiento de la información y en regiones frontales y fronto-estriales.
  • Factores socioambientales: Determinados estilos educativos parecen influir en la aparición de la sintomatología TOC. Concretamente, aquellos sobreprotectores, tendientes al perfeccionismo y la exigencia pueden favorecer una vulnerabilidad a la ansiedad, dificultades para desarrollar habilidades de afrontamiento y solución de problemas y la aparición de miedos condicionados.
  • Factores psicológicos: Ciertas variables de índole psicológico pueden predisponer al desarrollo o mantenimiento de este trastorno. Por ejemplo, la sobreestimación de la importancia de los pensamientos (exagerando la conexión entre el pensamiento y la realidad), la intolerancia a la incertidumbre, el miedo al fracaso o sufrir un acontecimiento estresante.

El abordaje de esta patología se inicia con un proceso evaluativo para indagar las principales manifestaciones y las variables que mantienen la situación. Finalmente, la intervención propiamente dicha va encaminada a disminuir la estimación de poder de las obsesiones y compulsiones, el malestar que provocan y la frecuencia en la que aparecen, modificar ideas desadaptativas, potenciar la tolerancia a la incertidumbre y la prevención de futuras recaídas.

Bibliografía

Aldaz, J. A. y Sánchez, M. M. (2005). Obsesiones y compulsiones. Editorial Síntesis.

Lozano-Vargas, A. (2017). Aspectos clínicos del trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados. Revista Neuropsiquiatría, 80(1), 35-41.

Tomàs, J., Bassas, N. y Casals, M. (2005). Tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos obsesivos-compulsivos en paidopsiquiatría (guía práctica). Editorial Laertes.

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga.

Trastorno por atracón

El trastorno por atracón se caracteriza por episodios de ingesta de comida en grandes cantidades y una sensación de falta de control durante los mismos. Por tanto, es frecuente que durante los atracones se coma muy rápidamente, incluso sin hambre, de forma aislada y hasta sentirse desagradablemente lleno. Tras ello, la persona suele sentirse culpable, triste y/o avergonzado.

La principal diferencia con la bulimia es que en el trastorno por atracón no se acude a comportamientos compensatorios tras la ingesta. Es decir, tras los atracones no se intenta compensar emitiendo conductas como vomitar, usar laxantes y diuréticos o realizar ejercicio físico de forma excesiva.

Las teorías explicativas que se manejan sobre esta patología indican, en primer lugar, una posible predisposición genética a poseer ciertos rasgos de personalidad o tendencia a desplegar un estilo alimentario concreto. Asimismo, regiones cerebrales como el núcleo accumbens, la amígdala y la corteza orbitofrontal parecen estar relacionadas con la aparición de la sintomatología debido a su implicación con los circuitos de recompensa y del control de impulsos. Por tanto,  una de las líneas de investigación es, precisamente, el estudio de las posibles similitudes con los procesos de adicción a sustancias y el juego patológico. Otros autores señalan que este problema suele formar parte de una cadena de otros trastornos relacionados con el comportamiento alimentario (como obesidad o anorexia)  o con el control de impulsos.

 De igual forma, hay teorías que hacen hincapié en distintos factores que facilitan, inician y mantienen la sintomatología del trastorno:

  • Factores predisponentes: influencia de los medios de comunicación, interacción social negativa, situaciones de abuso o abandono, ciertos patrones de interacción familiar, baja autoestima, perfeccionismo…
  • Factores desencadenantes: sensación de hambre o ansia por comer, críticas de terceras personas, crisis familiares o personales, estado emocional bajo, etc.
  • Factores mantenedores: intento de reducir sensaciones, pensamientos e interacciones aversivas, como vía de escape ante dietas restrictivas, ver la comida como premio o gratificación, entre otras.

La intervención ante este tipo de problemática se enfocará según la circunstancia personal del paciente y las variables que la influencian. No obstante, en términos generales, los objetivos principales son instaurar hábitos saludables, tratar la sintomatología física y emocional asociada al trastorno, la adquisición de estrategias y habilidades de afrontamiento y la prevención de recaídas en el futuro. Asimismo, en ocasiones también se realiza un trabajo terapéutico y de asesoramiento a los familiares del afectado.

BIBLIOGRAFIA

Baile Ayensa, J. I., González Calderón, M. J. (2016). Trastorno por atracón. Diagnóstico, evaluación y tratamiento. Ediciones Pirámide.

Raich, R. M. (2017). Anorexia, bulimia y otros trastornos alimentarios. Ediciones Pirámide.

Serra, M. (2015). Los trastornos de la conducta alimentaria. Editorial UOC

 

 

Desirée  Castellano  Olivera

Psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

Fobias

Tener miedo, en muchas ocasiones, se trata de un proceso adaptativo ya que nos prepara para desplegar conductas de supervivencia. ¿Pero qué ocurre cuando el estímulo que tememos realmente no es tan amenazante como indica nuestra reacción? Nos encontraríamos, pues, ante una fobia.

Las fobias, a diferencia del miedo adaptativo, cuentan con una serie de características concretas. En primer lugar, su intensidad, persistencia y el carácter irracional de las mismas ante el estímulo fóbico. De hecho, suelen ser los propios aquejados los que admiten que el miedo que les invade es totalmente excesivo. Asimismo, aparece una intensa angustia sólo con el hecho de pensar o ver una fotografía del objeto o la circunstancia temida. Con lo cual, el paciente evita directamente que se produzca la situación o, en el caso en el que aparezca de forma repentina el estímulo, le emerge una necesidad urgente de alejarse del mismo.

Los tipos de fobias más habituales son las referentes a animales (serpientes, arañas, insectos, entre otros), entornos o circunstancias naturales (por ejemplo, tormentas, agua, alturas o la oscuridad), ambientes sanitarios (realizarse un análisis de sangre o ponerse una inyección, ver heridas u otras intervenciones médicas invasoras) y situacionales (túneles, ascensores, transportes… ).

La exposición a lo temido (ya sea de forma presencial o a través de la imaginación o medios audiovisuales) conlleva una serie de respuestas de carácter fisiológico:

  • Cambios en la actividad cardiovascular: aceleración cardíaca e incremento de la presión arterial. No obstante, las fobias relacionadas con la sangre, inyecciones y heridas pueden tener patrón distinto, observándose tras ese incremento del ritmo y la presión una caída muy rápida que puede dar lugar a desmayos.
  • Respuesta galvánica de la piel: se produce un aumento de las respuestas provenientes de las glándulas sudoríparas.
  • Aumento de los reflejos: como, por ejemplo, la respuesta de sobresalto.
  • Cambios en la actividad cerebral: incremento de la actividad de un circuito cerebral conformado por distintas regiones como la amígdala, la ínsula, la corteza prefrontal y la corteza cingulada.

Existen diversas causas que contribuyen a la aparición de una fobia. En primer lugar, tener un contacto negativo con un estímulo o circunstancia y desplegar conductas de evitación tras producirse la situación desagradable. Por ejemplo, tener un choque con el coche y no conducir más por miedo a que vuelva a ocurrir (amaxofobia). Si bien es cierto que hay estímulos que se pueden convertir más fácilmente en fóbicos debido a que antiguamente amenazaban la supervivencia (como ciertos animales), que ese contacto haya sido grave y/o frecuente o que concuerde con nuestras expectativas de peligro (consideramos más lógico caerse desde un sitio alto que tener otro tipo de reacciones). Asimismo, también se puede producir debido a la observación en terceras personas de consecuencias aversivas tras el contacto con el estímulo o circunstancia o al recibir información al respecto (alertas de nuestros familiares, noticias en prensa sobre accidentes…). Estas variables pueden retroalimentarse: en el ejemplo anterior, podría darse la situación de que tras tener el choque con el coche y desarrollar ese miedo, un familiar tenga un accidente más grave y esté hospitalizado. En este caso, el hecho de conducir se ha convertido en un estimulo altamente aversivo almacenado en nuestra memoria.

Estas variables, a su vez, se encuentran bajo la influencia de ciertas características del individuo. Por un lado, contar con una hipersensibilidad neurobiológica al estrés y, por otro, una vulnerabilidad psicológica que potencia la creencia de que las situaciones amenazantes resultan totalmente incontrolables, miedo a los síntomas físicos y susceptibilidad al asco. Con lo cual, los pacientes entran en un círculo vicioso compuesto por ansiedad anticipatoria que sobreestima la amenaza y la percepción de no tener las habilidades suficientes para afrontar la situación. Este hecho, en última instancia, empuja al sujeto a emitir conductas evitativas. Y, además, en muchas ocasiones el entorno contribuye al mantenimiento de estas respuestas (en nuestro ejemplo: “no te preocupes, yo conduzco que sé que a ti te da mucho miedo”).

Por tanto, el tratamiento de las fobias va encaminado fundamentalmente a la exposición al objeto o situación temida. Pese a que lo ideal es la exposición en vivo, se realizan otras intervenciones menos invasoras según las características del paciente como el uso de la imaginación o la realidad virtual. Asimismo, también se suele compaginar con otras técnicas como el abordaje de creencias erróneas, la creación de nuevas asociaciones, el entrenamiento en habilidades relacionadas específicamente con lo temido o la relajación, entre otras.

Desirée Castellano Olivera

Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Tartamudez infantil o disfemia, ¿debo ir al logopeda?

Siguiendo los criterios del Manual de Diagnóstico Internacional de Trastornos
Mentales (DSM-V) (APA, 2014), se define tartamudez o disfemia como:

A. Alteraciones de la fluidez y la organización temporal normales del habla que son inadecuadas para la edad del individuo y las habilidades de lenguaje, persisten con el tiempo y se caracterizan por la aparición frecuente y notable de uno (o más) de los siguientes factores:

1. Repetición de sonidos y sílabas.
2. Prolongación de sonido de consonantes y vocales.
3. Palabras fragmentadas (p. ej., pausas en medio de una palabra).
4. Bloqueo audible o silencios (pausas en el habla, llenas o vacías).
5. Circunloquios (sustitución de palabras para evitar palabras problemáticas).
6. Palabras producidas con exceso de tensión física.
7. Repetición de palabras completas monosilábicas (p. ej., “Yo-Yo-Yo-Yo lo veo”).

B. La alteración causa ansiedad al hablar o limitaciones en la comunicación eficaz, la participación social, el rendimiento académico o laboral de forma individual o en cualquier combinación.

C. El inicio de los síntomas se produce en las primeras fases del período de desarrollo.

D. La alteración no se puede atribuir a un déficit motor o sensitivo del habla, disfluencia asociada a un daño neurológico (p. ej., ictus, tumor, traumatismo) o a otra afección médica y no se explica mejor por otro trastorno mental.

Como hemos visto, este trastorno de fluidez suele aparecer en edades tempranas y clínicamente adopta el nombre de tartamudez de desarrollo. Si bien existe una recuperación espontánea en el 70-80% de los casos, surge la duda, ¿es necesario tratarla o no?

No son pocos los padres a los que les surge esta duda; advierten que su hijo/a empieza a “bloquearse” en algunos sonidos, palabras, frases pero al mismo tiempo contemplan el mito de “ya se les pasará”, “el niño/a es muy nervioso…”, de hecho, durante algunos años, se pensó que había que esperar a los 4 o 5 años para intervenir justificándolo con una remisión espontánea.

Sin embargo, corremos el riesgo de que algunos casos se cronifiquen y por esta razón, es conveniente acudir a un logopeda para intervenir lo antes posible, valorando cada caso, y concretamente se tendrán en cuenta:

– Las dificultades de comunicación, habla y lenguaje del niño.
– La presencia de factores que contribuyan a la cronificación. (Fernández-Zuñiga, 2005).

El logopeda identificará qué dificultades y factores presenta cada caso y de este modo ofrecerá un tratamiento del habla eficaz.

Entre los tratamientos del habla destacamos las Técnicas indirectas de moldeado del habla, en las que, de forma lúdica, el logopeda ofrece al niño un modelo de habla en el que combina velocidad y entonación en un contexto de juego sin pretender que el niño nos imite y las Técnicas directas de trabajo con el habla en las que el logopeda instruye al niño en un modelo que favorezca la fluidez, siempre lentificando el habla y suavizando las aproximaciones articulares. (Fosnot y Woodford, 1992; Gregory, 1999; Starkweather y Gottwald, 1990).

Cabe destacar que un tratamiento del habla no conforma una alternativa excluyente a las intervenciones sobre el ambiente, todo lo contrario, lo habitual es que se realicen en paralelo, de hecho, el trabajo con niños siempre incluye activamente a los padres:

• Informando en el conocimiento y características del problema y de cómo suele evolucionar.
• Disminuyendo su preocupación y favoreciendo la comunicación.
• Controlando los factores de estrés comunicativo de su alrededor. (Fernández-Zuñiga, 2005).

Referencias:
American Psychiatric Association (2000). DSM-IV-TR. Diagnostical and statistical manual of mental disorders (4th Edition-Text Revised). Washington, D.C.: American Psychiatric Association.
Fernández-Zúñiga, A. (2005). Guía de intervención logopédica en tartamudez infantil. Madrid: Síntesis
Fosnot SM, Woodford LL. The fluency development system for young children.
Buffalo: United Educational Services; 1992
Gregory HH, Hill D. Differential evaluation-Differential therapy for stuttering children.
En: Curlee RF, ed. Stuttering and related disorders of fluency. New York: Thieme; 1999
Starkweather W, Gottwald S, Halfond M. Stuttering prevention: A clinical method.
Englewood Cliffs: Practice Hall; 1990.

 

Wanda C. Meschian Coretti
Logopeda Colegiada Nº 29/2163
Especialista en Terapia Orofacial Miofuncional

No estoy triste, tengo depresión

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la depresión será la principal problemática de salud en la población en un futuro cada vez más cercano. En la actualidad, se calcula que más de 300 millones de personas padecen este tipo de sintomatología. Concretamente, en España hay aproximadamente 3 millones de pacientes con este diagnóstico o con un diagnóstico mixto ansioso-depresivo. No obstante, se estima que alrededor de un 58% de las personas que la padecen, no buscan ayuda profesional. Debemos ser conscientes de que se trata de un trastorno muy incapacitante y que puede afectar a cualquier persona.

El trastorno depresivo se caracteriza por un sentimiento de tristeza profunda y pérdida de interés por realizar actividades, incluso aquellas con las que se solía disfrutar con anterioridad. También pueden aparecer otros síntomas como pérdida o aumento del apetito, insomnio o hipersomnia, disminución de energía, enlentecimiento, culpabilidad o incapacidad para concentrarse.

Esta sintomatología, por tanto, podría clasificarse en las siguientes categorías:

  • Afectiva y emocional: el descenso del estado de ánimo puede apreciarse por sentimientos de desesperanza, amargura y pesimismo. Asimismo, es habitual la sensación de vacío o insensibilidad. En la población infantil, juvenil y anciana puede predominar la irritabilidad más que la tristeza.
  • Cognitiva: pueden aparecer problemas de concentración y memoria, dificultad para pensar e indecisión. La atención suele focalizarse únicamente en estímulos de carácter negativo.
  • Conductual: podría apreciarse una ralentización de movimientos y gestos. Asimismo, el abandono de relaciones sociales, tareas y responsabilidades.
  • Motivacional: se aprecia apatía, aburrimiento e indiferencia que dificulta realizar las actividades cotidianas y la toma de decisiones.
  • Somática: síntomas como dolores de cabeza, molestias abdominales, problemas de sueño, falta de energía y disminución del deseo sexual pueden estar presentes.

Las causas de esta patología son complejas debido su diversidad ya que abarcan aspectos genéticos, fisiológicos, hormonales, psicológicos y sociales. Diversas áreas cerebrales como la amígdala, la corteza prefrontal, el hipocampo y la corteza cingulada, muy relacionadas con las emociones, son de un tamaño más reducido en las personas que sufren esta enfermedad. Las primeras hipótesis sobre la etiología del trastorno depresivo hacían referencia a un déficit en neurotransmisores como la serotonina (que influye en el sueño, la actividad motora, el apetito o el comportamiento sexual, entre otras) y la noradrenalina (asociada con aspectos como la motivación, los mecanismos de recompensa y el aprendizaje). Recientemente, se aboga por la interacción de factores genéticos y ambientales que altera la liberación de los mismos. Además, hay evidencia de una reducción de los niveles de GABA (implicado en la inhibición de la actividad neuronal) y de altos niveles de glutamato (neurotransmisor excitador) en personas con sintomatología depresiva.

Asimismo, se están incorporando nuevos hallazgos como la influencia del estrés al sistema nervioso central, al sistema inmune y al eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA). Los eventos estresantes de carácter crónico pueden tener un grave impacto cerebral, alterando diferentes estructuras y sus funciones. Además, hay estudios que relacionan procesos inflamatorios entre las causas de esta problemática, encontrándose altos niveles de citosinas pro-inflamatorias en los pacientes. Este hecho puede producir atrofia y muerte neuronal, favoreciendo la sintomatología depresiva característica.

Con lo cual, tratamientos con agentes glutamatérgicos, gabaérgicos y con fármacos antiinflamatorios están dando resultados prometedores en investigaciones preliminares. Asimismo, la terapia asistida con psicodélicos está en estudio debido a su relación con la serotonina, el glutamato y la plasticidad neuronal.

Además del tratamiento farmacológico en los casos que se requiera, se hace imprescindible un abordaje psicológico. En él, los objetivos pueden ser muy diversos según las necesidades de cada paciente: promover conductas saludables, ejercicio cardiovascular, programar actividades agradables, entrenar en habilidades sociales, fomentar el autocontrol, dotar de estrategias de solución de problemas, examinar pensamientos negativos, entre otros. Asimismo, es muy importante hacer hincapié en la prevención de recaídas y dotar de estrategias para evitarlas de cara al futuro.

Bibliografía

Navío Acosta, M. y Pérez Sola, V. (2020). Depresión y suicidio 2020. Documento estratégico para la promoción de la Salud Mental. Wecare-u.

Ortiz-Tallo, M. (2019). Psicopatología clínica. Adaptado al DSM-5. Ediciones Pirámide

Pérez-Padilla, E. A., Cervantes-Ramírez, V. M., Hijuelos-García, N. A., Pineda-Cortés, J. C. y Salgado-Burgos, H. (2017). Prevalencia, causas y tratamiento de la depresión Mayor. Revista Biomédica, 28(2), 89-115.

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga.

Discalculia y ansiedad frente a las matemáticas

Discalculia y ansiedad frente a las matemáticas

“Desde pequeña siempre se me han dado mal las matemáticas. Memorizar las tablas de multiplicar se convirtió en un suplicio, pero iba saliendo del paso como buenamente podía. Según iban avanzando los cursos, más difícil era el temario y menos entendía las clases.

La situación se complicó cuando aparecieron las ecuaciones en el temario , empecé a sentir bastante malestar cuando llegaba la hora de esa asignatura. Temblaba, me sentía tonta, parecía que hablaban en otro idioma. En las demás clases me iba bastante bien, no entendía qué era lo que ocurría.

Los profesores, al final de la exposición, comentaban: ¿alguien tiene alguna duda? Yo siempre pensaba “TODAS”. Llegó un momento en que ya no quería esforzarme e intentar atender, estaba convencida que no iba a comprender los contenidos. Es decir, me rendía antes de intentarlo directamente…”

Lo que ocurría eran, ni más ni menos, que síntomas de discalculia. La discalculia, algunos la consideran la dislexia de las matemáticas, hace referencia aquellas dificultades que afectan a la capacidad matemática como, por ejemplo, realizar cálculos, definir grupos de objetos y en el pensamiento espacial. La persona que lo padece, pese a no tener un cociente intelectual bajo, tiene un rendimiento académico en las matemáticas por debajo al esperado para su edad y desarrollo mental. Sus causas pueden ser debidas a aspectos evolutivos, educativos, neurológicos y/o cognitivos y pueden aparecer déficits en distintas habilidades: lingüísticas, perceptivas, atencionales y matemáticas.

 

Además de posibles causas genéticas que a día de hoy todavía se encuentran en proceso de estudio, esta problemática se asocia a una disfunción en los lóbulos parietales. Concretamente, daños en el hemisferio izquierdo (encargado del lenguaje) provocan dificultades en la comprensión y emisión de números y, por tanto, déficits en la realización de operaciones aritméticas. Asimismo, si la lesión se encuentra en el hemisferio derecho, se verán afectadas diversas capacidades como, por ejemplo, la organización espacial de las cantidades o la resolución de problemas de carácter abstracto.

De igual manera, se ven implicadas zonas occipito-temporales (pertenecientes a una de las vías visuales) en capacidades como el procesamiento de la semejanza numérica y para realizar cálculos con varios dígitos. Finalmente, hay investigaciones que señalan una disminución de células y fibras nerviosas en diversas regiones cerebrales en los niños que padecen discalculia.

Por tanto, los problemas que suelen tener los niños con esta condición son muy diversos:

  • Atención: les resulta complicado seleccionar entre diferentes estímulos y dirigir la atención al verdaderamente importante, dificultando la resolución de operaciones y problemas.
  • Percepción: déficits en la diferenciación figura-fondo, en la discriminación y orientación espacial y se aprecia cierta lentitud perceptiva.
  • Memoria: rendimiento bajo en el mantenimiento y manipulación de datos numéricos.
  • Autoconcepto: éste suele ser negativo, presentando bajo autoestima e inseguridad.
  • Atribuciones: los sujetos con esta problemática suelen atribuir sus fracasos a escasa capacidad y los éxitos a factores ajenos como la suerte.
  • Conducta: los niños con discalculia suelen emitir respuestas de carácter impulsivo.
  • Ansiedad: la incapacidad para resolver las tareas les provoca angustia y malestar.
  • Estrategias metacognitivas: desconocimiento sobre los pasos a seguir para resolver problemas.

La discalculia, tal como se ha indicado, suele presentarse con ansiedad frente a las matemáticas. Esta circunstancia se caracteriza por sentimientos de tensión y miedo que interfiere en el rendimiento en las tareas relacionadas con las matemáticas. La principal consecuencia son la emisión de conductas de evitación y un autoconcepto negativo.

Con lo cual, un diagnóstico temprano es importante para poner en marcha una rehabilitación para mejorar los déficits. Además de una evaluación al alumno, se hace necesario extraer información del contexto familiar y escolar. El plan de intervención debe ser totalmente personalizado e individualizado para cada caso, usando ejercicios cuya temática incluya los intereses del niño. Asimismo, es imprescindible fomentar la autoestima y dotar de estrategias motivacionales para enfrentarse a los miedos e ir abandonando las conductas de evitación.

 

 

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga

BIBLIOGRAFIA

Castejón, J. L. y Navas, L. (2011). Dificultades y trastornos del aprendizaje y del desarrollo en infantil y primaria. Editorial Club Universitario

Fiuza Asorey, M. J., Fernández Fernández, M. P. (2014). Dificultades de aprendizaje y trastornos del desarrollo. Manual didáctico. Ediciones Pirámide

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Tejedor, B., Santos, M. A. , García-Orza, J., Carratalà, P. y Navas, M. (2009). Variables explicativas de la ansiedad frente a las matemáticas: un estudio de una muestra de 6º de primaria. Anuario de Psicología, 40 (3), 345-355

Teruel Romero, J. y Latorre Latorre, Á. (2014). Dificultades de aprendizaje. Intervención en dislexia y discalculia. Ediciones Pirámide

 

Intervención psicológica en obesidad

La obesidad es una de las grandes problemáticas de salud en la actualidad, afectando a millones de personas. Se trata de una enfermedad que, además de estar asociada a una condición física concreta, conlleva ciertas consecuencias psicológicas y sociales.

Por tanto, nos encontramos ante una patología crónica y de etiología multifactorial que involucra diferentes causas:

  • Causas biológicas: se han estudiado relaciones entre la genética y la obesidad. Hallándose, por ejemplo, diferencias en el metabolismo basal, en la activación del consumo de energía tras comer o en los niveles de leptina (la hormona que se encarga de regular el apetito).
  • Causas socioculturales: aspectos como el fácil acceso a los alimentos (y, especialmente, a la comida “rápida” y altamente calórica), los avances en tecnología y transporte que limitan la necesidad de realizar actividad física diaria, la promoción del ocio sedentario o los malos hábitos de sueño (hecho que conlleva el enlentecimiento del metabolismo) parecen ser claves en la aparición de esta enfermedad.
  • Causas psicobiológicas: destaca la llamada “Teoría del incentivo positivo” , indicando que lo que verdaderamente incita a los individuos a comer es la anticipación del placer que producirá. De hecho, hay investigaciones que indican que ciertos alimentos estimulan los sistemas de recompensa del sistema nervioso central.

Anteriormente, la psicología se centraba en el tratamiento de las alteraciones psicológicas que surgían a consecuencia de esta condición. Sin embargo, en las últimas décadas se está centrando también en la creación de intervenciones psicológicas específicas para la prevención y el abordaje de la obesidad.

Los pacientes necesitan técnicas concretas para cambiar sus hábitos y estilo de vida y que su uso se mantenga a lo largo del tiempo. Para ello, es imprescindible un proceso de evaluación previo para descartar la necesidad de intervención de otras patologías psicológicas que pueden ser la causa del problema de obesidad. Asimismo, requiere valorar los hábitos previos de alimentación, ejercicio físico y sueño y las circunstancias que están manteniendo la enfermedad.

Se hace imprescindible abordar cuestiones como las ideas irracionales y “de todo o nada”, la impulsividad o falta de inhibición y la resolución de problemas para hacer frente a posibles barreras que puedan ir apareciendo en el día a día. También debe hacerse hincapié en promover el sentimiento de autoeficacia, las habilidades sociales y el mantenimiento de los cambios.

En resumen, el enfoque psicológico es un elemento clave para abordar la obesidad junto al trabajo de otros profesionales. Con ello, se potenciará una intervención con un mayor grado de eficacia cuyo objetivo principal debe ser instaurar hábitos saludables, no llegar a un número concreto en la báscula. Es decir, dar prioridad a alcanzar pequeños cambios que den lugar poco a poco a la reducción de riesgos físicos y psicológicos, mejorar la calidad de vida y las relaciones personales y realizar actividades gratificantes que anteriormente no se llevaban a cabo.

Nuestros centros multidisciplinares cuentan con psicólogos sanitarios expertos en trastornos de la alimentación, y expertos en nutrición y dietética para mejorar el abordaje de la obesidad de forma conjunta.

 

 

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

Bibliografía

Baile Ayensa, J.I. y González Calderón, M. J. (2013). Intervención psicológica en obesidad. Ediciones Pirámide

Baile, J. I. (2019) ¿Por qué no somos eficaces en el tratamiento de la obesidad? La necesaria aportación de la psicología. Medicina Clínica, 152(2), 72-74.

Baile, J. I., González-Calderón, M. J., Palomo, R. y Rabito-Alcón, M. F. (2020). La intervención psicológica de la obesidad: desarrollo y perspectivas. Revista Clínica Contemporánea, 11(3), 1-14.

De La Vega Morales, R. I. y Cruz Hernández, L. (2018). Efectos de la terapia cognitivo-conductual en factores asociados a la obesidad: un estudio de caso. Psicología y Salud, 28(1), 85-94.

Ansiedad y depresión, los términos más buscados en internet

Las palabras “ansiedad” y “depresión” se han disparado en los buscadores de internet desde que se inició  la pandemia por Covid-19, registrando récords en periodos de confinamientos.

Esto no es del todo nuevo, ya antes de la crisis sanitaria que estamos viviendo, 1 de cada 10 personas ya tenía problemas de salud mental. Ahora se ha reducido a 1 de cada 5, lo que supone un verdadero problema, ya que no sólo se está dando en la población adulta sino también en la población infantil y adolescente.

Estas personas acuden una media de 20 veces más al médico de cabecera que personas que no sufren estas patologías, y la solución que se les ha ofrecido es, en la mayoría de las ocasiones, farmacológica, cuya venta se ha disparado también un 43% más. Es un dato trágico que, por ejemplo, en Galicia son 20.000 niños ya los que consumen psicofármacos. Y ni siquiera es la primera en la lista.

Pero, ¿realmente esta es la mejor solución que puede dar el Sistema Público ante una crisis ya no sólo sanitaria y económica, sino también emocional. Evidentemente NO.

Los medios cada vez se interesan más por este preocupante empobrecimiento de la salud mental y recurren a nosotros para recibir respuestas.

Compartimos con vosotros una entrevista que nos ha realizado ProntoPro para conocer un poco más sobre la ansiedad y la depresión. Puede acceder a ella en su canal pinchando AQUÍ.

 

1. ¿Puede proporcionar alguna información acerca de usted, como su nombre, su edad, su lugar de nacimiento y cualquier otra información que desee compartir?
Nieves López-Brea Serrat, 45 años, nacida en Madrid, adoptada en Benalmádena, pero me considero ciudadana del mundo.
2. ¿Puede describir su empresa y su historia? ¿Trabaja sola o en equipo? ¿Se han producido cambios en los últimos años?
En 2012 inicié mi carrera como Psicóloga Sanitaria autónoma tras entrar en el equipo de atención psicológica de la Fundación Punset, en ese año, fundé Psycolab, una Sociedad Científica Sanitaria Emocional que actualmente está reorganizándose debido a que en 2017 me centré en abrir Centros EQ, de la que soy gerente. Anteriormente a 2012 mi campo era el de la Psicología Industrial.
Trabajar en equipo es una de las cosas más enriquecedoras de nuestra profesión, de hecho, ambos proyectos han contado con equipos multidisciplinares de campos muy afines como la psicología, psiquiatría, neuropsicología, neurología, psicopedagogía, logopedia, nutrición,…
3. ¿Cuál es su área de especialización? ¿Qué le gustaría hacer dentro de su área de especialización? ¿Lo que más a menudo le piden sus clientes?
Tras 10 años como Psicóloga Industrial, la ciencia era mi curiosidad principal, por eso intenté y conseguí acercarme a quien en ese momento era el mejor ejemplo de difusión de la ciencia, Eduardo Punset. Decidí entonces estudiar Neuropsicología y me especialicé en Neuropsicología Infanto-Juvenil, además soy experta en Psicología de la Educación e intento acercar la neurociencia a través de formaciones, charlas y cursos online.
Soy una gran activista por los Derechos de la Infancia.
La gran demanda hoy en día es sobre trastornos de ansiedad y depresión y sobre dificultades en la infancia y la adolescencia.
4. ¿Cuáles fueron sus motivos que le llevaron a elegir este trabajo? ¿Cuáles son las razones que le empujan al cumplimiento de su trabajo día a día?
Más bien diría esta profesión o esta pasión, por lo que no tengo que “cumplir” con mi trabajo, es un placer realizarlo y es muy gratificante ver cómo las personas mejoran, superan o consiguen aquello para lo que te piden ayuda. 
Tengo redacciones de cuando iba a EGB en la que ya hablaba de mi curiosidad hacia el funcionamiento del cerebro, así que creo que el motivo vivía ya en mí antes de saberlo.

5. ¿Qué consejos me darías para superar problemas de ansiedad y depresión?

Bueno, son dos trastornos diferentes, aunque es habitual que se den de forma conjunta.

El primer consejo para la ansiedad, sin duda, es su abordaje en los colegios de educación primaria, l@s niñ@s a partir de unos 8 años están empezando a experimentar ansiedad, y a partir de 10 años estamos viendo menores medicados con ansiolíticos y esta medida no debería extenderse como está ocurriendo cada vez más. De hecho, la ansiedad llega a interferir de forma muy concreta hasta en el aprendizaje de las matemáticas. Cuando se les explica a los menores por qué ocurre esta sobre-activación y aprenden las técnicas para que ellos mismos puedan reducirla, tiene unos efectos muy positivos sobre su bienestar, sobre su rendimiento académico y sobre sus relaciones sociales.

El segundo consejo para la ansiedad viene de una frase que me encanta: “no eres tú, es tu cerebro”, avanzamos más rápido cuando entendemos que lo que ocurre “ahí dentro”, explica muchas de las conductas que vemos por fuera y que son el motivo de toda la sintomatología fisiológica, cognitiva y conductual que acarrea la ansiedad. El cerebro crea sus propias asociaciones, por lo que hay que tratar de modificar esas asociaciones con sencillos pasos como realizar pequeños cambios en nuestro entorno o en nuestras actividades de forma consciente para entender que algo que ocurrió en el pasado o la anticipación de algo que puede ocurrir en el futuro, no está ocurriendo en estos momentos. Por poner un ejemplo tonto, el cerebro sigue interpretando esa activación como cuando tenía que huir hacia una caverna o trepar a un árbol porque le perseguía un depredador. Evidentemente no siempre es tan sencillo, pero existen dos técnicas que todos deberíamos conocer y practicar, la respiración diafragmática y la relajación muscular progresiva.

Sobre la depresión, que también se observa de forma cada vez más frecuente en la infancia (y esto nos debería de preocupar bastante), se ha comprobado, sobre todo en adultos, que mantener cierto rol vital nos ayuda a mantener un estado de ánimo estable. Cuando perdemos este rol vital nos deprimimos, por ejemplo cuando perdemos un empleo, nos divorciamos, nuestr@s hij@s se van de casa, nos jubilamos, etc.

Y de nuevo no podemos simplificar tanto, ya que pueden darse desajustes en ciertos neurotransmisores que pueden explicar también una depresión endógena.

Finalmente, para ambos trastornos, una inversión real en la sanidad pública con profesionales que puedan dar una respuesta rápida no farmacológica a gran parte de la población que acude por estos motivos al médico de cabecera.

 

6. ¿Cuál es la metodología de trabajo que empleáis a tratar a pacientes con problemas de ansiedad y depresión?

Sabemos que la terapia cognitivo conductual es la que mejor y más rápidos resultados tiene, pero no podemos hacer que un paciente se adapte a un tratamiento, sino que debemos adaptar el tratamiento al paciente. 

Y sobre todo desconfiar de terapias ofrecidas por personas sin la cualificación necesaria. La Psicología es la ciencia que estudia la conducta humana, el aprendizaje, los procesos de pensamiento, las emociones, el comportamiento, tanto en su desarrollo normal como en los diferentes trastornos o problemas, dispone de modelos explicativos de la conducta normal y de los trastornos y de técnicas adecuadas para la evaluación, diagnóstico y tratamiento.

El psicólogo cognitivo-conductual es, además, un educador y un entrenador de habilidades de afrontamiento, con las que se pretende, no sólo solucionar los trastornos y problemas actuales, sino entrenar a la persona para la prevención de recaídas, de modo que el aprendizaje se mantiene a lo largo del tiempo.

7. ¿Cuál es el coste de una consulta con vuestros psicólogos especialistas en ansiedad y depresion?¿Qué factores se toman en cuenta para definir este coste?

Nuestra tarifa para psicología es de 60€ la consulta de una hora aproximada, este coste se encuentra definido entre unos mínimos y unos máximos que indica nuestro Colegio Profesional. Evidentemente no todo el mundo puede pagar esto, por eso defendemos que la Sanidad Pública debe ofrecer una solución real a la salud mental que no se está dando, como si la salud mental, no fuera salud.

8. ¿Qué problema puedo resolver con tu servicio de consultas como psicólogo especialista en manejo de ansiedad y depresión?

Evidentemente si acudes a un profesional, es para resolver aquello que no has podido resolver tú solo, como cuando puedes cuidarte por tí mismo ante una torcedura de tobillo, pero acudes a un especialista para resolver un esguince o una fractura, en ese caso, tienes que salir recuperado, si no, no tiene mucho sentido un tratamiento.

 

 

 

 

 

Nieves López-Brea Serrat, Psicóloga Sanitaria, Col. AO07687

(Pincha en la imagen para ver su CV)

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