Prevenir las demencias

El término demencia hace referencia a la pérdida de funciones cognitivas (memoria, lenguaje, capacidad de reconocimiento, funciones ejecutivas) y la aparición de sintomatología de carácter psicológico y conductual que afectan a las actividades de la vida diaria (área laboral, social, familiar…). Las causas de su emergencia son muy diversas: enfermedades degenerativas, vasculares, tumores, trastornos metabólicos, infecciones… Con lo cual, pese a que la enfermedad de Alzheimer es la más conocida y habitual causa de demencia, no es la única.

Entre los factores de riesgo a padecerla se encuentra la edad avanzada, traumatismos craneoencefálicos, factores asociados a la arterioesclerosis (hipertensión, diabetes, tabaquismo, obesidad…), contar con familiares que la hayan sufrido anteriormente y otros aspectos genéticos (como, por ejemplo, el Síndrome de Down).

Además, también hay diferentes circunstancias que pueden actuar de factores protectores para prevenir la aparición de la enfermedad como tener buenos hábitos de alimentación, sueño y ejercicio, realizar actividades que exijan un esfuerzo cognitivo (leer, estudiar o aprender un nuevo idioma, jugar al ajedrez…) o contar con una red de apoyo social. Como dato curioso, algunos estudios indican que un consumo de cafeína o de alcohol moderado también podrían contribuir a la prevención.

El diagnóstico diferencial es clave para poner en marcha una intervención totalmente individualizada, adaptada a cada paciente. En primer lugar, se deben descartar otras circunstancias como, por ejemplo, el Deterioro de Memoria Asociado a la Edad (DMAE) que, pese a que no se considera una condición patológica, puede aparecer en personas mayores de 50 años aquejadas de pérdidas graduales de memoria pero conservando las demás funciones intelectuales. Asimismo, el Deterioro Cognitivo Leve (DCL) se trata de un síndrome clínico con alteraciones cognitivas que, sin cumplir los criterios para el diagnóstico de demencia, afecta de forma significativa a la capacidad funcional. De hecho, en algunas ocasiones puede ser la antesala de la demencia, de ahí la importancia de su detección precoz.

Con lo cual, es fundamental realizar una evaluación para determinar el nivel de alteración de las funciones, identificar el estilo de vida (tanto sus fortalezas como sus aspectos a mejorar), ver los apoyos con los que se cuenta y analizar la posible sintomatología psicológica asociada.

Por tanto, las estrategias de intervención más comunes hacen referencia a la modificación del ambiente para facilitar la relación de las actividades cotidianas, aplicar mecanismos y estrategias compensatorias (uso de ciertas ayudas como calendarios, agendas o alarmas), técnicas de restauración (actividades para mejorar las diferentes capacidades cognitivas como, por ejemplo la atención) y diversas técnicas de aprendizaje.

Este tipo de entrenamientos se llevan a cabo en nuestros centros para prevenir y tratar las demencias en una edad temprana. Consúltanos.

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Bibliografía

Mateer, C.A. (2006). Introducción a la rehabilitación neuropsicológica. En J. C. Arango Lasprilla (Ed.), Rehabilitación Neuropsicológica (pp. 1-14). El Manual Moderno.

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Subirana Mirete, J., Crusat Basté, M., Cullell Gómez, N., Cuevas Pérez, R. y Signo Miguel, S. (2011). Demencias y enfermedad de Alzheimer. En O. Bruna Rabassa., T. Roig Rovira., M. Puyuelo Sanclemente., C. Junqué Plaja., A. Ruano Hernández (Ed.), Rehabilitación Neuropsicológica (pp. 289-317). Elsevier.

Desirée Castellano Olivera.
Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

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