Pensamiento Mágico en el TOC

EL PENSAMIENTO MÁGICO EN EL TOC

 

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por la presencia de pensamientos, imágenes o impulsos recurrentes y persistentes que generan malestar (obsesiones) y comportamientos repetitivos o con reglas rígidas (compulsiones) para prevenir o reducir la ansiedad de las obsesiones.

Con frecuencia, lo que subyace a las compulsiones es la creencia de que su realización será la causa de un cambio en el entorno. Esta relación causal y congruencia con las obsesiones no es siempre lógica, como sí sucedería entre las obsesiones de contaminación y el excesivo lavado de manos. Cuando se considera que un pensamiento o una acción es causante de eventos reales sin existir una conexión física y lógica es lo que se considera pensamiento mágico, y es un concepto muy presente en el TOC. Sería este el caso de niños con TOC Infantil que evitan pisar las líneas de la acera porque creen que así podrán prevenir que a sus padres les ocurra algo malo, o de un adulto que dé 3 golpes a la puerta de su casa antes de salir para que su día transcurra sin complicaciones.

Otro concepto estrechamente relacionado con el pensamiento mágico es la fusión pensamiento-acción, que supone la creencia de que pensar en algún evento aumenta la probabilidad de que ocurra. En este sentido, el pensamiento es relacionado causalmente con un resultado negativo y, al igual que lo descrito en el pensamiento mágico, dan un sentido de sobreresponsabilidad a la persona, tanto del daño como de su prevención.

El pensamiento mágico está presente en toda la población general, tanto infantil como adulta, siendo un fenómeno bastante común. Es especialmente frecuente en niños hasta aproximadamente los 11-12 cuando comienza a declinar. Esto es así porque los niños no tienen correctamente desarrolladas las leyes de la lógica causal, y con frecuencia consideran que si dos eventos se dan uno detrás del otro, el primero es el causante del segundo. De esta forma, un niño podría experimentar, por ejemplo, que al jugar pisando solo las líneas de la acera, su padre se ha torcido un tobillo. Así, podría considerar que ha sido el hecho de pisarlas las que han provocado que su padre reciba un daño. Más adelante, o en otra ocasión, podría evitar pisar las líneas, y al no ocurrir nada a sus padres considerar que esa es la forma de prevenir el daño.

A partir de los 11-12 años, los preadolescentes han aprendido mejor el sentido de causalidad, lo que les lleva a presentar menos pensamiento mágico, aunque este se mantendrá en menor medida durante toda la vida de una persona sana, y se puede seguir recurriendo al pensamiento mágico en situaciones en las que el niño o el adulto no haya encontrado una explicación lógica alternativa. En este proceso, las compulsiones se vuelven relevantes. Puesto que la persona considera que es el realizar la compulsión la que le ha permitido evitar algo negativo, llevarla a cabo reduce momentáneamente su ansiedad y continúan haciéndolo. No obstante, a largo plazo, la reducción del malestar cada vez dura menos tiempo, y puesto que no han experimentado que en ausencia de la compulsión no se produce el evento o daño, no pueden aprender que lo temido no está sujeto a esas acciones.

Debido a esto, la intervención recomendada es la Terapia Cognitivo Conductual (TCC) y, en el caso de los adultos, puede acompañarse de medicación si su uso se adapta a las características individuales de la persona. El elemento fundamental de la TCC que permite incidir sobre el mantenimiento de los síntomas descritos es la exposición con prevención de respuesta, que permitirá establecer situaciones seguras en las que aprender que no se produce el daño esperado en ausencia de las compulsiones, disminuyendo progresivamente así la ansiedad. Se acompaña además de terapia cognitiva, centrada en la modificación de los pensamientos que causan malestar. En el caso de los niños, el  rol de la familia en este proceso resultará esencial, tanto de acompañamiento como para la supervisión, realizando un trabajo de colaboración con el terapeuta.

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Bibliografía:

American Psychiatric Association. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-5® (5th ed.). Editorial Médica Panamericana. 

Bolton, D., Dearsley, P., Madronal-Luque, R. y Baron-Cohen, S. (2002). Magical thinking in childhood and adolescence: Development and relation to obsessive compulsion. British Journal of Developmental Psychology, 20(4), 479-494. https://doi.org/10.1348/026151002760390819  

Chessell, C., Halldorsson, B., Harvey, K., Guzman-Holst, C. y Creswell, C. (2021). Cognitive, behavioural and familial maintenance mechanisms in childhood obsessive compulsive disorders: A systematic review. Journal of Experimental Psychopathology, 12(3), Article 20438087211036581. https://doi.org/10.1177/20438087211036581

Evans, D. W., Hersperger, C. y Capaldi, P. A. (2011). Thought-action fusion in childhood: measurement, development, and association with anxiety, rituals and other compulsive-like behaviors. Child psychiatry and human development, 42(1), 12-23. https://doi.org/10.1007/s10578-010-0198-x

Evans, D. W., Milanak, M. E., Medeiros, B., y Ross, J. L. (2002). Magical beliefs and rituals in young children. Child psychiatry and human development, 33(1), 43-58. https://doi.org/10.1023/a:1016516205827 

Verhaak, L. M. y de Haan, E. (2007). Cognitions in children with OCD. A pilot study for age specific relations with severity. European child & adolescent psychiatry, 16(6), 353-361. https://doi.org/10.1007/s00787-007-0606-3

Clara Villasana González Psicóloga en prácticas en Psycolab

Nieves López-Brea Serrat
Psicóloga Sanitaria
Experta en Neuropsicología Clínica Infanto-Juvenil

TOC EN LA INFANCIA Y ADOLESCENCIA

TOC INFANTIL

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por la presencia de pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes (obsesiones) y pueden llevar a comportamientos repetitivos (compulsión) para prevenir o disminuir la ansiedad o malestar que genera la obsesión.

En el TOC, estos síntomas pueden darse de forma conjunta o separados. Estos síntomas interfieren en las actividades del día a día, ya que en la mayoría de las ocasiones requieren mucho tiempo, afectando al trabajo, escuela, relaciones personales…

Los síntomas del TOC tienden a aparecer en la niñez, en torno a los 10 años, o alrededor de los 20 años. Es importante señalar que en los varones suelen tener un comienzo más temprano, por ello, durante las etapas del desarrollo, el TOC es más frecuente en niños. Es llegando a la adolescencia cuando la prevalencia se iguala entre chicos y chicas. En la edad adulta, las mujeres se ven ligeramente más afectadas por este trastorno.

En cuanto a las manifestaciones de la sintomatología del TOC en la niñez, son similares al adulto, aunque si existen diferencias en función de la edad del inicio. El TOC con un inicio temprano se caracteriza por mayor sintomatología, mayor gravedad, más compulsiones sin obsesiones y mayor comorbilidad con otros trastornos. Además, el TOC en la infancia tiene unas características específicas. Presentan más compulsiones que obsesiones, perciben las compulsiones como contrarias a sus necesidades, tienen dificultad para describir los síntomas y esto hace que el tiempo entre la aparición de los primeros síntomas y el diagnóstico sea muy superior al de adultos.

Es importante tener en cuenta que los niños aprenden repitiendo, lo que no significa que padezcan este trastorno. A lo largo del desarrollo, los niños establecen rutinas, juegos para no pisar rayas, coleccionan cromos o llevan a cabo un ritual para una actividad determinada, pero todos ellos son agradables, contribuyen al aprendizaje y no interfieren en su vida. Es en el momento en el que estos rituales comienzan a generar malestar, no son agradables, cuando hay que prestar atención y acudir a un profesional.

En cuanto al tratamiento que puede aplicarse en niños y adolescentes con TOC, es importante tener en cuentas las características individuales de cada sujeto. En el caso de esta población adulta, la terapia combinada de Terapia Cognitivo Conductual (TCC) y tratamiento farmacológico, es la opción más eficaz en la reducción de síntomas obsesivos-compulsivos, pero en la infancia y la adolescencia sólo se recomienda la medicación si los síntomas son muy graves. Si tenemos en cuenta estas dos opciones de tratamiento (TCC y tratamiento farmacológico) de manera aislada, la TCC ha mostrado ser más eficaz que el tratamiento farmacológico, ya que la tasa de recaída en 9 meses es menor.

Dentro de la intervención de TCC, destacar los dos componentes principales. La exposición con prevención de respuesta (EPR) y terapia cognitiva. Con la exposición repetida al estímulo que genera ansiedad, la intensidad va disminuyendo progresivamente. Además, la terapia cognitiva tiene como objetivo modificar aquellos pensamientos disfuncionales que pueden estar provocando malestar. En el caso del TOC infanto-juvenil, es importante tener en cuenta el papel de la familia, e incluirlos en la terapia, ya que van a ser los coterapeutas que van a ayudar a supervisar el proceso.

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Alba Ruiz
Psicóloga Sanitaria

Nieves López-Brea Serrat, experta en Neuropsicología y Neuroeducación

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS:

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-5®), American Psychiatric Association Publishing.

Arroyo López, N., Bobabilla González, I., Bravo Sánchez, M., García Delgar, B., Jiménez Cabré, G., y Úbeda Gómez, J. (s.f.). Guía de Tratamiento del Trastorno Obsesivo-Compulsivo en niños y adolescentes.

Organización Mundial de la Salud (2004). Clasificación Internacional de Enfermedades, 10ª Revisión, Segunda Edición (CIE-10), OMS Ginebra.

Ulloa Flores, R.E., Palacios Cruz, L., y Sauer Vera, T.R. (2011). Trastorno obsesivo-compulsivo en niños y adolescentes: una revisión del tratamiento. Salud Mental, 34(5)

TOC-TOC, cuando llama a la puerta el Trastorno Obsesivo Compulsivo

El trastorno obsesivo compulsivo es una condición clínica caracterizada por la presencia de obsesiones y/o compulsiones. Entendemos como obsesiones a aquellos pensamientos, imágenes o impulsos que invaden la mente, sin poder evitarlos. Asimismo, las compulsiones son conductas que se realizan de forma repetitiva y, en ocasiones, siguiendo unas reglas determinadas con el fin de reducir el malestar que provocan las obsesiones y/o para prevenir las posibles consecuencias que se anticipan a raíz de ellas.

En ocasiones, la compulsión no tiene relación con la situación que se pretende prevenir (por ejemplo, contar hasta 30 para evitar un accidente) y, cuando existe, es claramente desproporcionada (excesiva limpieza para no contaminarse). Asimismo, estas conductas pueden ser de carácter observable por el entorno o tratarse de una respuesta encubierta (actos cognitivos o pensamientos).

Igualmente, en un pequeño porcentaje de casos, pueden aparecer obsesiones puras (sin la necesidad de llevar a cabo un ritual asociado) y compulsiones sin una obsesión previa que se pueda identificar. Además, en estos pacientes suelen aparecer numerosas conductas de evitación de estímulos y circunstancias concretas que disparan mucha ansiedad y malestar.

Anteriormente, el trastorno obsesivo compulsivo se encuadraba en la categoría de problemáticas relacionadas con la ansiedad. No obstante, las investigaciones más recientes señalan claras diferencias en variables como los factores genéticos y bio-marcadores, el curso de la enfermedad o la comorbilidad, entre otras. Por tanto, actualmente se sitúa junto a otros trastornos caracterizados por conductas repetitivas o compulsiones (tricotilomanía, trastorno de acumulación, trastorno de excoriación…).

Las temáticas más habituales de obsesiones y sus respectivas compulsiones son contaminación, violencia o impulsos violentos, seguridad, orden/simetría/perfección, aspectos morales o religiosos, de índole erótico y de acumulación, entre otras.

Las teorías explicativas hacen referencia a diferentes aspectos:

  • Factores biológicos: En primer lugar, las investigaciones sugieren la posible transmisión genética del trastorno. Por otra parte, los estudios de neuroimagen arrojan información sobre diversas áreas cerebrales que parecen estar alteradas en estos pacientes (regiones prefrontales y orbitofrontales, corteza sensoriomotora, giro cingulado, ganglios basales y tálamo). Asimismo, existen diversas teorías sobre la disfunción en los sistemas de neurotransmisión de la serotonina y las catecolaminas o la implicación de las endorfinas. Todas estas circunstancias dan lugar a un perfil neuropsicológico con lateralización, alteraciones en el procesamiento de la información y en regiones frontales y fronto-estriales.
  • Factores socioambientales: Determinados estilos educativos parecen influir en la aparición de la sintomatología TOC. Concretamente, aquellos sobreprotectores, tendientes al perfeccionismo y la exigencia pueden favorecer una vulnerabilidad a la ansiedad, dificultades para desarrollar habilidades de afrontamiento y solución de problemas y la aparición de miedos condicionados.
  • Factores psicológicos: Ciertas variables de índole psicológico pueden predisponer al desarrollo o mantenimiento de este trastorno. Por ejemplo, la sobreestimación de la importancia de los pensamientos (exagerando la conexión entre el pensamiento y la realidad), la intolerancia a la incertidumbre, el miedo al fracaso o sufrir un acontecimiento estresante.

El abordaje de esta patología se inicia con un proceso evaluativo para indagar las principales manifestaciones y las variables que mantienen la situación. Finalmente, la intervención propiamente dicha va encaminada a disminuir la estimación de poder de las obsesiones y compulsiones, el malestar que provocan y la frecuencia en la que aparecen, modificar ideas desadaptativas, potenciar la tolerancia a la incertidumbre y la prevención de futuras recaídas.

Bibliografía

Aldaz, J. A. y Sánchez, M. M. (2005). Obsesiones y compulsiones. Editorial Síntesis.

Lozano-Vargas, A. (2017). Aspectos clínicos del trastorno obsesivo-compulsivo y trastornos relacionados. Revista Neuropsiquiatría, 80(1), 35-41.

Tomàs, J., Bassas, N. y Casals, M. (2005). Tratamiento cognitivo-conductual de los trastornos obsesivos-compulsivos en paidopsiquiatría (guía práctica). Editorial Laertes.

 

 

 

Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga.

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