«Parece ser que todas evidencias científicas corroboran que el aprendizaje de nuevos contenidos, sobre todo los que tienen asociados deseos o necesidades del individuo, crean nuevas sinapsis, reclutan más neuronas para realizar la tarea y, en consecuencia, aumenta el volumen cerebral». (Javier Tirapú).

La moda del «cerebrocentrismo», hace que nos deslumbremos por todo aquello que empiece por «neuro», pero debemos ser cautos a la hora de recibir, estudiar o acercarnos a esta disciplina y sobre todo ver de quién viene esta información.

Una de las cuestiones que nos planteamos enseguida es cómo, sabiendo ya tantas cosas sobre el funcionamiento del cerebro, no se está aplicando a la educación para mejorar el aprendizaje. La respuesta es sencilla, y es que los científicos escriben para ser leídos por otros científicos, con lo cual es difícil acercar sus conocimientos a los docentes con un lenguaje accesible.

Nuestros profesionales pretenden acercarte esos conocimientos que la neurociencia posee ya, con un lenguaje sencillo y de una forma actualizada, para dar respuesta a las dificultades del aprendizaje o para optimizar el modo en que ofrecemos el contenido al alumnado para que se convierta en aprendizaje.

La neuroeducación, o la neuropedagogía, por tanto, pretende aplicar en la escuela los descubrimientos sobre el cerebro, con el propósito de ayudar a aprender y enseñar mejor.

Los estudios científicos demuestran que la emoción, el deporte, la sorpresa y la experimentación son algunos de los ingredientes necesarios para potenciar el aprendizaje.

Otra de las ideas que defiende la neuroeducación son las “ventanas”. El cerebro no es estático, como hemos creído durante muchos años, sino que existen ventanas o periodos críticos en los que un tipo de aprendizaje se ve más favorecido que otro. Por ejemplo, tener alumnado de infantil sentados en clase durante mucho tiempo influye negativamente sobre su cerebro, el cerebro sólo se construye una vez, hasta los 5 años, a partir de ahí iremos añadiendo conexiones sobre esas carreteras ya fijadas. Para hablar, nuestra ventana estará abierta hasta los 7 años aproximadamente, luego se cerrará, y aunque consigamos que un menor hable después gracias a la plasticidad cerebral, le costará mucho más y sin poder adquirir la fluencia o el dominio de la lengua que tendrá un menor que ha adquirido esa destreza mientras su ventana estaba abierta. Otro ejemplo es la ventanta específica para aprender aptitudes para razonar o manejar la información que tenemos hasta los 12 años, siendo así, la educación primaria se debería basar en trabajar la lectura comprensiva o el razonamiento no verbal o matemático en lugar de memorizar contenido.

Para consultas de neurodidáctica, te atienden nuestros psicólogos, pedagogos y logopedas en Benalmádena (Arroyo de la Miel), en Málaga y en Fuengirola.