ALTERACIONES DEL RITMO VIGILIA-SUEÑO EN NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES

Los ritmos circadianos son cambios físicos, psicológicos y conductuales que siguen un ciclo diario de 24 horas y que responden a la luz y a la oscuridad. Por ejemplo, dormir de noche y estar despierto por el día sería un ejemplo de ritmo circadiano. Y no sólo los encontramos en las personas, sino también en los animales, las plantas y muchos microbios. Su estudio se llama cronobiología.

Nuestros relojes biológicos son innatos, están compuestos por proteínas que interactúan con todo nuestro organismo para producir los ritmos circadianos, regular su programación y sincronizarlos.

Nuestro reloj biológico tiene unas 20.000 neuronas reunidas en el núcleo supraquiasmático, ubicado en el hipotálamo cuya información proviene directamente de los ojos, por lo que los ritmos circadianos son muy sensibles a la luz del día, haciendo que se activen o se desactiven los genes que controlan los relojes biológicos.

Este sistema está compuesto por marcapasos centrales, osciladores periféricos (hepático y cardiaco), un reloj molecular (bucles de retroalimentación positiva y negativa que dan lugar a ritmos de expresión génica), la retina, la glándula pineal y vías de entrada y salida de información.

Todos los órganos de nuestro cuerpo tienen su propio oscilador circadiano que, dirigidos por nuestro núcleo supraquiasmático, mantienen un orden temporal adecuado y orquestado, y favorece nuestra salud. Es cuando se desacoplan por los motivos que os hablaremos ahora, cuando se convierten en osciladores autónomos con su propia estructura circadiana, generando algunos problemas críticos en el individuo.

Durante los seis primeros meses de la vida de un bebé, irán apareciendo los ritmos circadianos y se irán madurando, pero la interacción sincrónica “mamá-bebé”, será determinante para que se establezcan unos correctos ciclos de sueño. Antes de esos seis meses, es común que se produzcan desajustes y se inviertan los ciclos de sueño-vigilia, que, si no se regulan adecuadamente, producirán una cronodisrupción del reloj biológico.

Los ritmos circadianos controlan la producción de melatonina, la hormona que hace que nos entre sueño por la noche, y dejemos de tenerlo por la mañana (con una diferencia de unas pocas horas según la edad que tengamos). Y ahora además se está estudiando como guardián del cerebro frente al coronavirus (Covid-19).

La información de “luz” que reciben los nervios ópticos por el día o por dispositivos móviles, es interpretada por el cerebro de tal manera que, si hay luz, el cerebro no activará la producción de melatonina para dormirnos. La ausencia de luz (porque sea de noche, o porque apaguemos nuestros dispositivos móviles), sí hará que se produzca y favorezca el inicio de la somnolencia.

Además de su papel regulador, la melatonina también tiene propiedades antitumorales, neuroprotectoras, inmunomoduladoras, antiinflamatorias y antioxidantes.

Cuando cambiamos a países con diferentes zonas horarias, sufriremos el temible jet lag porque mi reloj está sincronizado con otros horarios, y me llevará varios días que se ajuste a los nuevos ciclos de luz/oscuridad.

Cuando nuestros ritmos circadianos se desajustan o se alteran continuamente, tendremos trastornos del sueño, bajo rendimiento académico, trastornos cognitivos, trastorno afectivo estacional, alteraciones hormonales, pérdida de hábitos alimentarios y problemas de digestión, alteraciones de la temperatura corporal, deterioro del sistema inmunitario, afecciones médicas crónicas, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, depresión, trastorno bipolar, deterioro cognitivo, algunos tipos de cáncer y envejecimiento prematuro. Por lo que podemos entender que respetar los ciclos del ritmo vigilia-sueño no es un capricho, sino una necesidad para cuidar nuestra salud, tanto física como mental.

La población más afectada es por tanto, la de los/las trabajadores/as con turnos rotatorios de día y de noche; el personal de vuelos transmeridianos con jet lag crónico; y la adolescencia, donde nos situamos en un porcentaje de hasta un 40% que ya presentan déficits crónicos del sueño al estar “conectados” a dispositivos con luz brillante de noche (móviles, tablets, ordenadores,…). El problema es que esto ya se está empezando a ver a partir de los 8 años.

Otro motivo es que en la adolescencia se retrasan la secreción de melatonina por la noche y se adelanta por la mañana, siendo frecuente que haya una diferencia de un par de horas con los horarios que tenían en primaria, y se da en mayor proporción en chicos que en chicas. De hecho, el sistema educativo ignora estos cambios haciendo que en secundaria se entre al instituto más temprano aún, teniendo de este modo auténticos zombies en clase. Podría decirse que su reloj biológico es de 25 horas en lugar de 24. Si además los fines de semana se incrementan los desfases, nos encontramos con adolescentes con un verdadero y crónico jet lag social.

Y aunque existen diferentes cronotipos (el matutino se levanta y se acuesta pronto frente al vespertino que se levanta y se acuesta tarde), la mayor parte de la población se sitúa en puntos intermedios.

Algo diferente a la cronodisrupción, es el Síndrome de retraso de fase o Síndrome de la fase del sueño retrasada (SFSR) definido como un tiempo de inicio y finalización del sueño retrasado en más de dos horas en relación con los tiempos de sueño aceptables socialmente (en nuestro caso, serían personas que se acuestan entre las 23,30h y las 5,30h). Aunque en la mayoría de casos la dificultad se da en conciliar el sueño, una vez que se da, suele ser normalizado. Pero sí tiene consecuencias sobre todo laborales y escolares al no estar en sintonía con el resto de la sociedad. Y esto es un ejemplo de lo que está ocurriendo en la adolescencia.

Una forma rápida de recuperar nuestros ritmos circadianos es la exposición a la luz natural (por ejemplo, dormir con la persiana levantada para que la luz nos despierte y dejar los dispositivos móviles fuera de nuestro alcance cuando nos vayamos a dormir) y la realización de ejercicio moderado.

El sueño, junto con la nutrición, la actividad física, el desarrollo social y la actividad mental, serán pilares fundamentales para cuidar de nuestra salud física y mental.

Por Nieves López-Brea Serrat, neuropsicóloga infanto-juvenil.

Bibliografía:

  • Perumal SR, Srinivasan V, Maestroni GJ, Cardinali DP, Poeggeler B, Hardeland R. Melatonin: Nature’s most versatile biological signal? FEBS J. 2006; 273: 2813-38.
  • Arendt J, Skene DJ. Melatonin as a chronobiotic. Sleep Med Rev. 2005; 9: 25-39.
  • Pandi-Perumal SR, Trakht I, Srinivasan V, et al. Physiological effects of melatonin: role of melatonin receptors and signal transduction pathways. Prog Neurobiol. 2008; 85: 335-53.
  • Cronobiología Básica y Clínica. Ed: J.A. Madrid, A. Rol del Lama. Editec@Red, Madrid 2006.
  • Pediatría integral. Vol. XXII, nº8, dic. 2018, curso VI (J. A. Madrid, G.Pin Arboledas, M.C. Ferrández Gomariz).
  • Merino Andreu M, Hidalgo Vicario MI. Hipersomnia. Somnolencia diurna excesiva y alteraciones del ritmo circadiano en pediatría. Pediatr Integral. 2010; XIV(9): 720-34.

La atención y el estrés en el cerebro de los niños y las niñas

Estoy viendo muchas situaciones donde se les grita, presiona e incluso se les está pegando a los niños y niñas porque no están haciendo las tareas del cole “como deben”, “no se enteran” o “se distraen mucho”.

A los padres y madres que pegan, sólo les diré un par de cosas:

  • “Si pegas a un adulto es delito, ¿si pegas a un niño o a una niña es educación?, piénsalo bien, porque yo creo que es todo un abuso de poder injustificable en un contexto de confianza.
  • “Si pegas a un niño o a una niña, no va a dejar de quererte, pero aprenderá a dejar de quererse a sí mism@”, piénsalo también.

(Y por favor, absteneros de esos comentarios que oigo de “a mí me pegaron y no me ha creado ningún trauma”, antes de que lo hagáis pensad si alguna vez habéis escuchado esto otro: “a mí me trataron con respeto y me ha causado un trauma”, ¿verdad que no? Pues eso).

Ahora sí vamos a hablar un poco sobre la atención y sobre el estrés.

Parece que se está difundiendo el tiempo de atención que puede mantener un niño o una niña en base a su edad, y claro, si tu niño o tu niña no entra dentro de esos tiempos ya empezamos a agobiarnos, a pensar que se distrae mucho, que es torpe, y lo peor de todo, a hacérselo sentir a ellos y a ellas y a estresarles aún más, con lo cual su cerebrito no es capaz de soportar más presión y se bloquea.

Para que lo entendamos un poco, en primer lugar, la atención no puede ser evaluada con una simple prueba de tiempo para dictaminar que con 6 años deben mantener su atención unos 30 minutos y con 10 años unos 50 minutos como se está afirmando en redes sociales. Además el concepto de atención, aún hoy en día, es muy difuso, ya que habría que definir si nos referimos a la atención como filtro para elegir estímulos relevantes o como mecanismo que regula los procesos cognitivos que dirigen el aprendizaje donde entran conceptos como percepción, dirección, selección, alternancia, velocidad de procesamiento,…lo que daría lugar a diferentes tipos de atención (selectiva, alternante, sostenida,…) y si vamos más allá visual/auditiva, controlada/automática, voluntaria/involuntaria, global/selectiva,… (por ejemplo, los bebés nacen con una capacidad increíble para atender de forma global todo lo que les rodea como si de un gran foco se tratase, es cuando crecemos cuando vamos forzando este proceso atencional para que se dirija únicamente a estímulos concretos como si ahora fuéramos una linterna, entrenando al menor a que deje en la oscuridad todo lo que hay alrededor y que antes sí veía)…

Para resumir, ya que el tema de la atención es bastante amplio y podríamos estar días hablando de ello, como norma general, y posiblemente en cualquier edad comprendida entre los 3 y los 99 años, si el estímulo es un rollazo, no podremos mantener nuestra atención por mucho que queramos, y aunque parezca que tenemos los ojos fijos en la tarea, bien podría estar dirigiendo mi atención a la última peli que he visto que era bien chula. Es la novedad y la curiosidad que despierta la tarea (o el docente) lo que permite “captar” la atención más o menos tiempo, se tenga la edad que se tenga. Aún así, en otro post,  os traeremos truquillos para entrenar diferentes atenciones.

Vamos ahora con el estrés. No hace falta nombrar todos los estudios que existen donde se indican claramente, los efectos negativos que tiene el estrés sobre el aprendizaje, la conducta y la salud. Y no sólo en la infancia, sino que el estrés prolongado en el tiempo, tendrá consecuencias a largo plazo, perturba el correcto desarrollo del cerebro y debilita el sistema inmunitario, aumentando el riesgo de enfermedades además de aumentar el riesgo de adicciones y otros trastornos mentales.

¿Por qué es tan sensible el cerebro infantil al estrés? Pues porque precisamente es el momento evolutivo donde más conexiones neuronales se darán al estar el sistema nervioso aún en desarrollo. El perfil neuropsicológico de niños maltratados se caracteriza por déficits de atención, memoria, retraso en el lenguaje y en el neurodesarrollo….,por lo que vamos a pararnos a reflexionar un momento:

Le gritas, le insultas o le golpeas porque “no aprende adecuadamente”, o “no se porta adecuadamente”, esto genera estrés en sus cabecitas y justo lo que estás haciendo, es impedirle que “aprenda adecuadamente” o “aprenda a portarse de una forma diferente”. Ahí lo dejo.

Evidentemente, que yo haya algún día que me estrese, que me enfade o que pegue algún grito, no es para que piense que estoy maltratando a nadie, pero cuando esto se convierte en el día a día, entonces debo pararme un poco a pensar si es lo que quiero seguir haciendo, porque yo sí soy adulto, y puedo poner en práctica el autocontrol que le exijo a mis peques.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014) define el maltrato infantil como los abusos y la desatención de que son objeto los menores de dieciocho años. Incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo, que causen o puedan causar daño a la salud y desarrollo físico o mental, la dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.

Para suavizar el tema, os animo a ver este precioso vídeo en familia:

ALIKE

Por Nieves López-Brea Serrat, neuropsicóloga infanto-juvenil

Guía de convivencia familiar durante el estado de alarma por el Covid-19

El servicio de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), ha elaborado una serie de guías muy útiles en estos momentos de confinamiento. Queremos haceros llegar esta sobre la convivencia familiar, ya que el repunte de violencia familiar durante el confinamiento se está incrementando.

Os animamos a echarle un vistazo en el siguiente link: GUÍA DE CONVIVENCIA FAMILIAR DURANTE EL ESTADO DE ALARMA POR EL COVID-19

Recordemos que la OMS define la violencia como «el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte», pero existen otros tipos de violencia donde no se emplea la fuerza física, son violencias invisibles para el resto, pero igual de incapacitante para el que la sufre, hablamos de la violencia verbal, sexual, económica, el ciberbullying o la negligencia entre otras…En caso de sospecha de que alguien puede estar sufriendo cualquier tipo de violencia, no mires a otro lado.

Search

+
WhatsApp chat