Consecuencias del conflicto bélico en el cerebro infantil

CONSECUENCIAS DEL CONFLICTO BÉLICO EN EL CEREBRO INFANTIL.

OBJETIVOS:

  • Conocer, reconocer y diferenciar las consecuencias de los conflictos bélicos en la infancia, en función de la etapa evolutiva, de la exposición, el tiempo de exposición y el contexto que les rodea.
  • Abordaje desde una perspectiva biopsicosocial y neuropsicológica.

Son muchos ya los estudios que han abordado este tema y las consecuencias en la población. Recordemos que estos conflictos se vienen desarrollando de forma activa en Camerún, Etiopía, Mozambique, Oriente Próximo, Sáhara Occidental, Sahel, Siria, República Centroafricana, Yemen,…Pero estos conflictos quedan lejos de nosotros y aunque los conocemos, no despiertan nuestra sensibilidad como el conflicto actual. ¿Por qué? Creo que porque ahora, por cercanía y por el poder que pueden ejercer hacia nosotros, sí vemos afectada nuestra seguridad.

Además…Todos conocemos a alguien, ¡yo conozco a alguien!

Hoy en día, 115.000 personas ucranianas viven en España

Antes de la pandemia, contábamos con 260.000 turistas ucranianos.

Pero ante todo, lo que sabemos a ciencia cierta, es que la guerra destruye la vida.

Más de la mitad de los menores Ucranianos han sido desplazados. Entre los niños que huyen, muchos no están acompañados o han sido separados de sus familias. Esos niños corren un mayor riesgo de violencia, abusos y explotación. Y cuando son trasladados a través de diferentes fronteras, los riesgos se multiplican.

Tampoco podemos olvidar a aquellos niños y niñas que no pueden escapar: niños con alguna enfermedad o discapacidad, niños que ya estaban recluídos en instituciones, y todos tenemos en la memoria algunas vivencias trágicas de abusos, de confinamiento y de falta de estímulos e incluso de luz solar en antiguos orfanatos de ciudades destruidas en otros tiempos.

Efectos conocidos del Estrés Post Traumático:

Cualquier conflicto bélico despierta una respuesta adaptativa de amenaza, donde las respuestas del organismo son luchar o huir. En ese momento, se da una activación del sistema nervioso simpático: Se contraen los vasos sanguíneos para que sangremos menos si sufrimos alguna herida, pero así fluye también menos sangre al cerebro. La glándula suprarrenal segrega cortisol, que nos proporciona glucosa para convertirla en energía. El nervio vago, que constituye una línea directa entre el cerebro y las vísceras y normalmente sirve para que mantengamos la calma y la seguridad, inhibe su actividad. A consecuencia de ello, se nos acelera la frecuencia cardiaca y se incrementa la presión sanguínea. Es probable que nos desmayemos o que se nos afloje la vejiga.

Esto puede ocurrir en el momento de la huída, o también ante una preocupación anticipada, cuando empezamos a escuchar en los medios que el conflicto puede llegar a darse aunque aún no haya comenzado.

La adrenalina da una mayor energía al organismo para luchar o huir, ya que, en cualquiera de estos dos procesos, debemos soportar una gran tensión física y aumentar nuestra resistencia, es por ello que aumenta nuestra frecuencia cardíaca, aumenta también el flujo sanguíneo a los músculos, se abren las vías respiratorias, aumenta el consumo de glucosa, se da una vasoconstricción de los vasos sanguíneos y aumenta la presión arterial.

El estrés perjudica nuestra función ejecutiva, lo que dificulta nuestra capacidad para resistir los impulsos. El estrés crónico puede aumentar la respuesta de recompensa de nuestros cerebros. Así que nos hará más propensos a la adicción, y a hacer que consumamos alimentos más grasos y con alto contenido en azúcar.

LA AMENAZA PREVIA POR COVID 19:

Como nos recuerda David Bueno iTorrens, ni siquiera es necesario un conflicto real, analicemos un momento la sensación de peligro inminente y constante que hemos vivido con la pandemia por Covid-19. Durante estos dos años, hemos oído frecuentemente un uso del lenguaje propio de los escenarios bélicos, apoyado por el incremento de presencia policial y militar. ¿Quién no escuchaba que nuestros sanitarios estaban en primera línea de la batalla y que debíamos ganar esta guerra? Este vocabulario no es neutro para el cerebro, sino que estimula ciertas conexiones neurales relacionadas con la supervivencia, anulando la capacidad reflexiva del ser humano y reduciendo la flexibilidad cognitiva.

Esos dos años de “conflicto” también han tenido sus consecuencias en el cerebro de nuestros niños y niñas y creo que todos somos conscientes de ello con el aumento significativo de casos de ansiedad, depresión, autolesiones e intentos autolíticos en menores. Incluso hay estudios que indican que los sentimientos de soledad de estos se acerca al 30%, frente al 18% de ancianos que encabezaban esta estadística.

Que nuestros menores se sientan más solos que nuestros abuelos es algo que debemos empezar a considerar seriamente. Que tengamos niños y niñas con 7 años que piensen en el suicidio no tiene nombre y deberíamos de revisar seriamente nuestro negligente sistema.

Volvemos a la realidad de esos miles o millones de niños que viven o han vivido directa o indirectamente un conflicto bélico real. Un solo suceso traumático puede desencadenar la misma sintomatología que una exposición más prolongada, ya que en situaciones más prolongadas suelen activarse mecanismos resilientes característicos de todo ser humano, pero también una liberación constante de adrenalina, debido a un estrés crónico, traerá enfermedades físicas como problemas digestivos, enfermedades cardiovasculares, enfermedades metabólicas, trastornos del sueño, trastornos del aprendizaje, ansiedad y depresión.

Pero en todo caso, el estrés crónico cursa con otra consecuencia…

Los telómeros son una cubierta protectora al final de una hebra de ADN. Cada vez que una célula se divide, pierde un poco de sus telómeros. Una enzima llamada telomerasa puede reponerla, pero el estrés crónico y la exposición al cortisol disminuyen su suministro. Cuando el telómero está demasiado disminuido, la célula a menudo muere o se vuelve pro-inflamatoria 

El estrés, los abusos o el maltrato psicológico sufrido en la infancia provoca el mismo envejecimiento precoz que la radiación o el tabaco.

Uno de los marcadores del envejecimiento precoz es el acortamiento de los telómeros, regiones de ADN que protegen los bordes de los cromosomas y que se van desgastando con la edad debido a la pérdida de la enzima telomerasa. Cuando los telómeros se acortan por debajo de una longitud mínima, las células interrumpen su ciclo celular y dejan de regenerar los tejidos, produciéndose así su envejecimiento y, consecuentemente el de todo el organismo.

En 1961, el biólogo Leonard Hayflick descubrió que las células humanas corrientes son capaces de dividirse un número finito de veces antes de morir. Las células se reproducen fabricando copias de ellas mismas (proceso denominado mitosis). Sin embargo un día, las células del laboratorio de Hayflick dejaron de reproducirse, como si estuvieran cansadas. La células más longevas lograron efectuar alrededor de cincuenta divisiones celulares, aunque la mayoría se dividió muchas menos veces. Aquellas células fatigadas acababan alcanzando un estado que denominó senescencia: seguían estando vivas pero habían dejado definitivamente de dividirse. Esto es lo que se llama «límite de Hayflick», el límite natural que alcanzan las células humanas al dividirse, y la causa de que exista ese límite resulta ser que los telómeros se han vuelto críticamente cortos.

Es decir, los telómeros van acortándose de manera natural con el paso del tiempo, ya que cada vez que una célula se divide, una porción de telómero no se replica. Este es el motivo por el que todo ser humano envejece.

Sin embargo, las células madre, si se mantienen sanas, disponen de suficiente telomerasa para poder seguir dividiéndose a lo largo de toda nuestra vida.

¿Por qué el estrés tiene entonces estas consecuencias también? Nosotros sabemos que el estrés crónico es un factor de riesgo de trastornos y enfermedades psiquiátricas, pero también lo es de patologías cardiovasculares y autoinmunes.

Cuando estamos expuestos constantemente al estrés, la adaptación al mismo provoca que los sistemas inmune, metabólico y endocrino dejen de funcionar correctamente, ya que se da una respuesta excesiva y continua que altera la división celular generando un acortamiento de los telómeros más rápido.

De hecho, ya hay estudios como el de Judith Carrol en la Universidad de California que nos dice que el estrés de las madres previo al parto e incluso con anterioridad al embarazo puede generar un impacto negativo en la salud de los hijos, acortando del mismo modo la longitud de los telómeros en el bebé. También estaría relacionado con un mayor riesgo de cáncer, de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos y otras causas de muerte a una edad temprana.

Existe un período especialmente vulnerable en el tercer trimestre del embarazo de madres con altos niveles de estrés, en el cual los niños tienen un mayor riesgo de acortamiento de los telómeros. De hecho, si una madre tiene depresión, sus hijas serán más propensas a sufrirla también e incluso antes de que se manifieste esa depresión en las niñas, sus telómeros sanguíneos ya son más cortos que el de niñas de madres que no tenían depresión.

También el estrés previo o durante el embarazo provoca partos prematuros, por lo que esas madres que incluso aún no están embarazadas o que ya lo están, darán a luz a niños y niñas prematuros con las consecuencias que también conocemos de ello.

Sabemos que los factores de riesgo ante el estrés, la ansiedad y la depresión son modificables, pero prácticamente la totalidad de las mujeres que experimentan estos problemas de salud mental pasan desapercibidas, incluso entre nosotros, por lo que debería darse un abordaje prenatal y perinatal, prestando mucha atención a los síntomas en las mujeres embarazadas o aquellas que desean ser madres y aún no lo son.

Fomentar entre las embarazadas factores protectores frente a los trastornos mentales harán que no sólo no los hereden sus bebés, sino tampoco próximas generaciones, ya que esta información se queda guardada en los genes.

¿TODOS LOS MENORES SUFREN EL MISMO GRADO DE ESTRÉS?

No. A algunos menores les dicen que van a pasar unas vacaciones fuera de casa, o que van a probar a vivir en un país nuevo, o que van a visitar a familiares a los que ya conocían,…

Estos niños y niñas podrán iniciar sus rutinas y sentirse más seguros más rápido que aquellos que saben que huyen de una guerra y/o que han perdido a alguien en el camino. Depende también mucho de la etapa evolutiva en la que se encuentre el niño. La infancia es un momento muy vulnerable que tenemos que cuidar. Muchas veces vamos a creer que lo mejor es que inicien cuanto antes la rutina escolar y la integración en el nuevo entorno, pero otras será peor si les empujamos a un entorno desconocido que genera aún más estrés en los menores y que quizás necesitaban más tiempo con sus madres. Sabemos que la oxitocina que se genera entre la madre y sus hijos es un factor protector frente al estrés, por lo que deberemos evaluar cada caso de forma independiente, evaluando qué estrategias de afrontamiento tiene el menor, qué necesidades tiene, y qué nivel de hiperactivación se observa en él.

Cualquier niño o niña atemorizados pueden sentirse fuera de control y desamparados. Tengamos en cuenta que no sólo necesitan haberlo vivido, basta con haberlo presenciado.

Sabemos que el cerebro asocia fácilmente emociones, sensaciones, olores, posturas, lugares y sonidos.

Además, los conflictos en Ucrania se dan desde 2014 y que la constante amenaza desde entonces ha hecho que la hiperactivación de estos niños sea una constante en sus vidas. Muchos manifiestan desde antes del conflicto actual, altos niveles de angustia, problemas para dormir, pobreza, mala calidad alimentaria, marginación, etc.

HERRAMIENTAS ÚTILES:

MÁS ALLÁ DE LA INFANCIA, LA ADOLESCENCIA:

Recordemos que el periodo evolutivo en el que se encuentra el menor, va a determinar algunas diferencias en el modo en que perciben, entienden o dan respuesta al conflicto.

Los adolescentes tienen sus propias formas de pensar, sus propios valores, y suelen responder más con ira que con miedo. Incluso habréis oído al principio de estallar todo esto, como nuestros adolescentes aseguraban que ellos defenderían su país con armas y que estarían preparados para matar. Algo que a mí me preocupa, ya que los adultos debemos argumentar contra eso con preguntas tipo, ¿a quién crees que ayudaría eso? Evidentemente debemos validar sus emociones y hacerles ver que lo entendemos pero que la violencia precisamente, es lo que desencadena este tipo de conflictos, por lo que nunca puede ser la solución a ellos.

Debemos preguntarles mucho sobre lo que ven en Internet, sobre lo que piensan y cómo gestionan todo esto que está ocurriendo. Con los adolescentes ucranianos lo tendremos más difícil por el idioma, ya que son reacios al servicio de traducción y se aíslan mucho más.

El cerebro adolescente se caracteriza por una mayor sobreactivación emocional o hiperreactividad. Ante una situación de amenaza, la amígdala reacciona y cualquier estímulo neutro puede ser interpretado como un peligro potencial. Además, en la adolescencia, los niveles de cortisol son más elevados que en la infancia o en la adultez, por lo que esto les predispone a mayor ansiedad y mayores respuesta de ira, viviendo sus problemas y preocupaciones con mucha más intensidad.

La adrenalina y el cortisol, además de influir en los estados de ánimo, también interfieren en los procesos de aprendizaje.

Para que entendamos un poco mejor cómo influye el estrés en el aprendizaje: sabemos que las ratas son muy buenas recordando y encontrando la salida a los laberintos, pero si les mostramos un gato o un olor a gato, no sólo no son capaces de encontrar la salida sino que se quedan bloqueadas sin poder avanzar ni retroceder. (Muchos padres y docentes son como ese gato en el laberinto).

Tenemos otra hormona menos conocida, la tetrahidropregnanolona, que también se libera por el estrés, pero mirad qué curioso, en los adultos esta hormona reduce la ansiedad actuando como un sedante natural, liberándose a las media hora del suceso estresante y favoreciendo la relajación. Sin embargo, en la adolescencia ocurre lo contrario, su liberación hace que aumente la ansiedad, esto significa que están más indefensos ante las consecuencias del estrés que los adultos.

También sabemos que la pérdida de un ser querido, hace que disminuya el tamaño del hipocampo, responsable de la adquisición de nuevos aprendizajes, aumenta la reactividad de la amígdala y hay menor conectividad en la corteza prefrontal, afectando por lo tanto a la motivación y al control de impulsos.

Además, reitero que estamos saliendo de dos años de pandemia, donde la hiperactivación y la soledad han hecho estragos con este grupo de la población, que se sitúa en un momento crítico donde debe desarrollar sus habilidades sociales, pero que, debido al uso de mascarillas, han tenido la dificultad de inferir el estado emocional de sus iguales a través de las expresiones faciales, para conocer sus intenciones a priori, desarrollar confianza y empatía.

Recordemos también que la oxitocina reduce el estrés, favorece el aprendizaje al intervenir en los procesos de memoria, la cognición social, la empatía, los vínculos, la cohesión social y la cooperación. Sus beneficios son cada vez mayores, llegando a ser eficaz incluso para el tratamiento del dolor en el cáncer terminal y en la migraña. Tan solo tenemos que mantener el contacto físico más allá de 6 segundos.

Nuestras mascotas también hacen que liberemos más oxitocina en nuestros cerebros y del mismo modo, en nuestra presencia, sus cerebros también la liberan.

Los niños y niñas que viven en hogares afectuosos, liberan mucha más oxitocina que aquellos que viven en hogares donde hay conflictos frecuentes entre sus progenitores y/o están separados.

RESILIENCIA:

Termino esta presentación confiando en la innata capacidad del ser humano de ser resiliente o en la nuestra para generarla mediante esta propuesta de Mónica Marzetti:

 

Muchas gracias!!!

Si eres profesional o estudiante de Psicología, puedes solicitar el vídeo del Webinar a formacion@copao.com

Referencias

Prenatal maternal stress prospectively relates to shorter child buccal cell telomere length. Judith E.Carroll, Nicole E.Mahrer, Madeleine Shalowitz, Sharon Ramey and Christine Dunkel Schetter. Psychoneuroendocrinology (2020).DOI: https://doi.org/10.1016/j.psyneuen.2020.104841

Rees  S, Channon  S, Waters  CS.  The impact of maternal prenatal and postnatal anxiety on children’s emotional problems: a systematic review.  Eur Child Adolesc Psychiatry. 2019;28(2):257-280. doi:10.1007/s00787-018-1173-5PubMedGoogle ScholarCrossref

Maternal Stress Before Conception Is Associated with Shorter Gestation. N E Mahrer et al. Annals of Behavioral Medicine (2020).DOI: https://doi.org/10.1093/abm/kaaa047

https://childrensnational.org/departments/developing-brain-research-laboratory

https://academic.oup.com/abm/article/55/3/242/5873717?login=true

https://newsroom.ucla.edu/releases/maternal-stress-and-faster-aging-of-babies

Neurociencias y Aprendizaje: Autores/as: Analía Verónica LOSADA; Juana Eva SILBERMAN; Mónica Beatriz MARZETTI (Argentina). Natandoson TORRES DANTAS (Brasil). Leslie Bravo GARCÍA; Leidy J. RODRÍGUEZ HIGUERA; Mónica I. HERAZO CHAMORRO (Colombia). Javier TIRAPU-USTÁRROZ; Inma PIQUERES-JUAN, Miguel GARCÍA-SALA (España). Luis ECHAVARRÍA-RAMÍREZ (Perú). Ariel CUADRO; Ana Laura PALOMBO (Uruguay).

El arte de persistir / El cerebro adolescente: David Bueno iTorrens

Nieves López-Brea Serrat. Neuropsicóloga Infanto-Juvenil.

¡Prestadme atención! El proceso atencional

El proceso atencional

 

La atención es aquel mecanismo que nos permite seleccionar, dar prioridad, procesar y supervisar toda la información que nos llega. Nuestro sistema nervioso está recibiendo constantemente tal cantidad de información (tanto del exterior como de nuestro propio organismo) que es incapaz de procesarla por completo. Con lo cual, es imprescindible contar con un sistema que seleccione los estímulos que realmente son necesarios, descartando aquellos que resultan irrelevantes.

El proceso atencional se puede dividir en dos modalidades: pasiva y activa. La atención pasiva hace referencia a procesos involuntarios en los que la persona no tiene un objetivo específico como, por ejemplo, el estado de alerta y la respuesta de orientación (es decir, que estemos “lo suficientemente despiertos” para permitir el acceso de los estímulos y que sepamos reconocer el ambiente donde nos encontramos).

En contraposición, la atención activa es un proceso que se realiza de forma deliberada, actuando de forma consciente y con un objetivo concreto. Está íntimamente relacionada con áreas corticales de asociación. El proceso atencional activo puede desglosarse en diferentes modalidades:

  • Atención focalizada: es la capacidad para concentrarse en un objetivo concreto. Ejemplos de este tipo son prestar atención en clase, leer, conducir…
  • Atención sostenida: es el proceso gracias al cual podemos mantener el foco atencional durante un período prolongado de tiempo, resistiendo a la fatiga. Los ejemplos anteriores pueden servir también en este apartado (si se llevan a cabo de forma prolongada) o, incluso, actividades de ocio como ver una película también nos requieren este tipo de atención.
  • Atención selectiva: se trata de la habilidad de responder ante un estímulo pese a la aparición de distractores que compiten entre sí. Es decir, ser capaz de enfocarse en la actividad mientras se anula la información irrelevante. Por ejemplo, seguir una conversación con un compañero de trabajo mientras que hay otras personas en la sala que también están hablando.
  • Atención alternante: se utiliza para cambiar de foco atencional de un estímulo a otro de forma voluntaria, según las exigencias del entorno. Tareas que requieren este tipo de atención son, por ejemplo, escuchar al profesor y tomar apuntes o volver al paso de la receta que estábamos realizando cuando nos han interrumpido con una pregunta o llamada.
  • Atención dividida: es la habilidad para dar varias respuestas a la vez ante distintos estímulos. Esta modalidad es la que implica un mayor esfuerzo y requiere otros componentes. Ejemplos de este tipo de atención son estudiar mientras se escucha música, conducir y hablar con el copiloto, aunque cada vez existen más teorías que nos dicen que este tipo de atención no existe, y que lo que se ejecuta es una atención alternante muy rápida. Además, puede producir una falsa sensación de mayor eficiencia en las tareas ejecutadas.

El proceso atencional pasivo depende de la actividad de las áreas más basales del cerebro mientras que el activo está íntimamente relacionado con áreas corticales de asociación. Para iniciar los procesos atencionales es necesario disponer de un cierto nivel de activación, del que se va a encargar un conjunto de estructuras cerebrales llamado la formación reticular. Por otro lado, el tálamo va a tener la misión de dirigir cada estímulo hacia los canales perceptivos adecuados. Otras estructuras como los ganglios basales, el cíngulo y el sistema límbico también van a estar igualmente implicados (conectando estructuras, facilitando el cambio atencional o la exploración y búsqueda…).

Asimismo, cada lóbulo cerebral tiene su función en el proceso atencional. La zona occito-temporal atiende a las características visuales de los estímulos, la parietal del control y la orientación espacial y la prefrontal es la que mayor implicación tiene (control de la atención focalizada y sostenida, resistencia a la interferencia, regular la planificación y el control inhibitorio, control de los movimientos sacádicos oculares.. )

Por tanto, como es evidente, es necesario el buen funcionamiento de la atención para otros procesos mentales como la memoria o las funciones ejecutivas. El proceso atencional puede verse mermada en múltiples patologías, más allá del TDAH o una lesión cerebral traumática, como la esquizofrenia o la depresión. Asimismo, en muchas ocasiones se tiende a interpretar como problema de memoria lo que, en realidad, es una dificultad de atención en primera instancia.

Ante la dificultad en alguno de los procesos atencionales, se hace necesario una evaluación y, si procede, un tratamiento totalmente personalizado. En Psycolab contamos con diferentes instrumentos de evaluación y rehabilitación para tratar estos déficits. Como, por ejemplo, la plataforma NeuronUP que cuenta con diferentes actividades y juegos muy dinámicos para entrenar cada tipo de atención y la velocidad de procesamiento tanto en población infanto-juvenil como en adultos.

Bibliografía

Portellano Pérez, J.A. y García Alba, J. (2014). Neuropsicología de la atención, las funciones ejecutivas y la memoria. Síntesis.

Sohlberg, M. M. y Mateer, C. A. (2017). Introduction to cognitive rehabilitation: Theory and practice. Guilford Press.

“Imagina un bebé” (El cerebro del bebé)

Imagina un bebé

¿Por qué un curso sobre el cerebro del bebé?

Bueno, soy psicóloga sanitaria experta en neuropsicología infanto-juvenil y en psicología de la educación; pero sobre todo soy “mamá”, y yo diría que, en escala de importancia, esto último sería lo primero, ya que serlo, me ha ayudado a entender mi profesión de una forma totalmente diferente. En mi carrera he aprendido mucho sobre la infancia y la adolescencia, por lo que debo a mi hija y a todo mi alumnado mi formación y para ellos y para ellas, decidí realizar este curso, porque yo hubiera necesitado uno en su día, para entender sus cerebritos, pero sobre todo, para entender el mío.

¿Por qué he decidido empezar “imaginando un bebé” antes de que haya un bebé? Precisamente por la importancia que cobra el tipo de relación afectiva que se dé entre los progenitores con los que vaya a convivir ese bebé…cada vez más estudios relacionan una convivencia afectiva, respetuosa y amorosa de la pareja con un mejor desarrollo socio-emocional y cognitivo del bebé. En el primer capítulo hablaremos de la oxitocina, una importante hormona que hará que nuestra pareja se refuerce antes, durante y después del bebé…

La oxitocina juega un papel fundamental en el establecimiento de los vínculos que formamos con nuestras parejas y en el parto con nuestro bebé. Es conocida como la hormona del amor, es la responsable de que amemos, seamos fieles, compasivos y empáticos. Bien podríamos llamarla la hormona de la “humanidad”. Se segrega durante las relaciones sexuales, pero también durante el parto y la lactancia. Pero su papel más ancestral es la supervivencia de las especies que viven en grupo. Se estima que tiene más de 500 años y además de ser una hormona, es un neurotransmisor.

Es producida en el hipotálamo y secretada desde la hipófisis y está implicada en comportamientos de cuidado, en la compasión, en el comportamiento maternal y en comportamiento de agresión. Su presencia interviene en la regulación del miedo eliminando las respuestas de parálisis. Está muy relacionada con la monogamia y la fidelidad, siendo la responsable, por su déficit de infidelidades en la pareja. De momento es difícil saber si tu pareja derrocha oxitocina, pero aunque no sea así, es algo que se puede generar de nuevo cuidando los lazos afectivos y reparando los vínculos rotos, es lo que se suele hacer en terapia de pareja y que además, mejorará la salud mental de ambos, por lo que te contaremos siete truquillos para aumentar los niveles de oxitocina de forma natural antes o después de que lleguen los peques.

Lo que veremos después serán curiosidades sobre la posibilidad de tener un embarazo, ya que no suele ser tan fácil como pensamos, por lo que siempre es recomendable conocer todos los recursos de los que disponemos.

Y de aquí entramos de lleno de una forma muy dinámica e interactiva, con juegos, enlaces y vídeos, en lo que podemos esperar en cada trimestre de embarazo, tanto sobre los cambios en el bebé como en la mamá (y en el otro progenitor si lo hay), hasta que por fin se da el nacimiento…con más oxitocina!!! Pero cuidado!!!

El embarazo y el nacimiento de un bebé son tremendamente importantes, existen factores protectores y factores de riesgos que tendremos que tener muy en cuenta, ya que puede alterar el neurodesarrollo motor, físico, sensorial, senso-emocional, lingüístico, conductual y cognitivo, por lo que es de vital importancia que esto se conozca y se promuevan hábitos saludables en los progenitores desde que se “imagina un bebé”.

 

Con esta ayuda, tendremos un bebé sano que hará que cada mañana amanezcamos con más ilusión pero con menos energía, por lo que los siguientes años no podemos descuidarlos en absoluto, los cinco primeros años también serán fundamentales para todo su neurodesarrollo, es como si en este tiempo, se construyeran todas las carreteras por las que circulará todo su futuro. Por lo tanto, abordaremos paso a paso todo su neurodesarrollo motor, sensorial, físico, socio-emocional, lingüístico, conductual y cognitivo hasta los 5 años, para que puedas seguir el correcto ritmo de crecimiento de tu peque.

IMAGINA UN BEBÉAccede a “Imagina un bebé” pinchando en la imagen y descubre las valoraciones que han hecho algunos usuarios. 

 

 

 

 

 

Nieves López-Brea Serrat, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga infanto-juvenil

Asertividad, la habilidad intermedia entre la Pasividad y la Agresividad

La asertividad es la habilidad para expresar nuestras preferencias, sentimientos y opiniones
desde un clima de tranquilidad y respeto a los demás. Es una actitud muy importante para la
resolución de conflictos, defendiendo los propios derechos sin sentirnos ansiosos o culpables.
Asimismo, hace referencia a “saber decir que no”, estableciendo límites de una forma
respetuosa.

Hay personas que tienen problemas para llevar a cabo conductas asertivas y optan por una
actitud sumisa: anteponen los derechos de los demás a los suyos, no quieren molestar o
hacerle daño a los demás, tienen miedo a ser criticados o rechazados o, directamente, no
saben cómo expresarse. Otras, se decantan por un estilo de comunicación agresivo que
infunde temor más que respeto. Pudiendo recurrir también a estrategias de manipulación
como provocar sentimientos de culpa, criticar o ridiculizar. Estos estilos de comunicación
inadecuado generan conflictos entre parejas, padres e hijos, compañeros de trabajo o en el
centro educativo.

No obstante, la asertividad no es una cuestión de todo o nada. En ciertas ocasiones, resulta
más fácil desplegar este tipo de conductas en un entorno concreto que en otros ambientes o
con diferentes personas. Estas diferencias pueden deberse a variables como el grado de
confianza con las personas, la seguridad en uno mismo, el estado de ánimo, el miedo a
posibles consecuencias, etc.

¿Qué beneficios conlleva responder de forma asertiva? Entre otras cosas, fortalece la
autoestima, potencia el autoconocimiento, resuelve problemas y mejora la comunicación con
los demás. Para ello, se debe reflexionar y definir los propios derechos como, por ejemplo, el
de poder decidir, expresar sentimientos, ser tratado con respeto o cambiar de opinión.

Esta habilidad nace de un aprendizaje de las experiencias personales, con lo cual, se puede
desarrollar y mejorar gracias a estrategias para implementar en nuestro repertorio conductual.
Por tanto, la terapia psicológica ayuda a identificar qué variables impiden desplegar conductas
asertivas e interviene en cuestiones como la culpa anticipada y el miedo a la evaluación
negativa o a comportarse inadecuadamente. Asimismo, aporta técnicas de comunicación
asertiva y prepara ante las posibles respuestas del entorno.

¿Quieres un truco rápido para empezar a ponerla en práctica? Recuerda la técnica del sandwich, las dos partes de pan deben ser positivas y el relleno del medio es la parte negativa que necesitamos comunicar. Por lo tanto, empezaremos con una frase positiva que impida el reproche inmediato, ya que nuestro cerebro suele ser muy reactivo; en medio lanzaremos aquello que ha supuesto el conflicto; y muy importante terminar de forma positiva de nuevo para que la crítica sea constructiva y evitemos de nuevo la reactividad de nuestro interlocutor.

Prueba con este ejemplos:

  • Te entiendo perfectamente….
  • Pero no puedo permitir que siga ocurriendo esto…
  • Aún así, seguro que encontramos la forma de entendernos y respetarnos…¿qué te parece si….?

 

Por Desirée Castellano Olivera, Psicóloga Sanitaria y Neuropsicóloga

 

 

 

 

 

Bibliografía:
Monje Mayorca, V., Camacho Camacho, M., Rodríguez Trujillo, E., y Carvajal Artunduaga, L.
(2009). Influencia de los estilos de comunicación asertiva de los docentes en el aprendizaje
escolar. Psicogente, 12(21), 78-95.
Naranjo Pereira, M. L. (2008). Relaciones interpersonales adecuadas mediante una
comunicación y conducta asertivas. Actualidades Investigativas en Educación, 8(1), 1-27.
Riso, W. (2013). Guía práctica para no dejarse manipular y ser asertivo. Phronesis, España.
Ruvalcaba Romero, N. A., Gallegos Guajardo, J., Villegas Guinea, D., y Lorenzo Alegría, M.
(2013). Influencia de las habilidades emocionales, los estilos de comunicación y los estilos
parentales sobre el clima familiar. Revista de Investigación y Divulgación en Psicología y
Logopedia, 3(2), 2-7.

ALTERACIONES DEL RITMO VIGILIA-SUEÑO EN NIÑOS, NIÑAS Y ADOLESCENTES

Los ritmos circadianos son cambios físicos, psicológicos y conductuales que siguen un ciclo diario de 24 horas y que responden a la luz y a la oscuridad. Por ejemplo, dormir de noche y estar despierto por el día sería un ejemplo de ritmo circadiano. Y no sólo los encontramos en las personas, sino también en los animales, las plantas y muchos microbios. Su estudio se llama cronobiología.

Nuestros relojes biológicos son innatos, están compuestos por proteínas que interactúan con todo nuestro organismo para producir los ritmos circadianos, regular su programación y sincronizarlos.

Nuestro reloj biológico tiene unas 20.000 neuronas reunidas en el núcleo supraquiasmático, ubicado en el hipotálamo cuya información proviene directamente de los ojos, por lo que los ritmos circadianos son muy sensibles a la luz del día, haciendo que se activen o se desactiven los genes que controlan los relojes biológicos.

Este sistema está compuesto por marcapasos centrales, osciladores periféricos (hepático y cardiaco), un reloj molecular (bucles de retroalimentación positiva y negativa que dan lugar a ritmos de expresión génica), la retina, la glándula pineal y vías de entrada y salida de información.

Todos los órganos de nuestro cuerpo tienen su propio oscilador circadiano que, dirigidos por nuestro núcleo supraquiasmático, mantienen un orden temporal adecuado y orquestado, y favorece nuestra salud. Es cuando se desacoplan por los motivos que os hablaremos ahora, cuando se convierten en osciladores autónomos con su propia estructura circadiana, generando algunos problemas críticos en el individuo.

Durante los seis primeros meses de la vida de un bebé, irán apareciendo los ritmos circadianos y se irán madurando, pero la interacción sincrónica “mamá-bebé”, será determinante para que se establezcan unos correctos ciclos de sueño. Antes de esos seis meses, es común que se produzcan desajustes y se inviertan los ciclos de sueño-vigilia, que, si no se regulan adecuadamente, producirán una cronodisrupción del reloj biológico.

Los ritmos circadianos controlan la producción de melatonina, la hormona que hace que nos entre sueño por la noche, y dejemos de tenerlo por la mañana (con una diferencia de unas pocas horas según la edad que tengamos). Y ahora además se está estudiando como guardián del cerebro frente al coronavirus (Covid-19).

La información de “luz” que reciben los nervios ópticos por el día o por dispositivos móviles, es interpretada por el cerebro de tal manera que, si hay luz, el cerebro no activará la producción de melatonina para dormirnos. La ausencia de luz (porque sea de noche, o porque apaguemos nuestros dispositivos móviles), sí hará que se produzca y favorezca el inicio de la somnolencia.

Además de su papel regulador, la melatonina también tiene propiedades antitumorales, neuroprotectoras, inmunomoduladoras, antiinflamatorias y antioxidantes.

Cuando cambiamos a países con diferentes zonas horarias, sufriremos el temible jet lag porque mi reloj está sincronizado con otros horarios, y me llevará varios días que se ajuste a los nuevos ciclos de luz/oscuridad.

Cuando nuestros ritmos circadianos se desajustan o se alteran continuamente, tendremos trastornos del sueño, bajo rendimiento académico, trastornos cognitivos, trastorno afectivo estacional, alteraciones hormonales, pérdida de hábitos alimentarios y problemas de digestión, alteraciones de la temperatura corporal, deterioro del sistema inmunitario, afecciones médicas crónicas, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, obesidad, diabetes, depresión, trastorno bipolar, deterioro cognitivo, algunos tipos de cáncer y envejecimiento prematuro. Por lo que podemos entender que respetar los ciclos del ritmo vigilia-sueño no es un capricho, sino una necesidad para cuidar nuestra salud, tanto física como mental.

La población más afectada es por tanto, la de los/las trabajadores/as con turnos rotatorios de día y de noche; el personal de vuelos transmeridianos con jet lag crónico; y la adolescencia, donde nos situamos en un porcentaje de hasta un 40% que ya presentan déficits crónicos del sueño al estar “conectados” a dispositivos con luz brillante de noche (móviles, tablets, ordenadores,…). El problema es que esto ya se está empezando a ver a partir de los 8 años.

Otro motivo es que en la adolescencia se retrasan la secreción de melatonina por la noche y se adelanta por la mañana, siendo frecuente que haya una diferencia de un par de horas con los horarios que tenían en primaria, y se da en mayor proporción en chicos que en chicas. De hecho, el sistema educativo ignora estos cambios haciendo que en secundaria se entre al instituto más temprano aún, teniendo de este modo auténticos zombies en clase. Podría decirse que su reloj biológico es de 25 horas en lugar de 24. Si además los fines de semana se incrementan los desfases, nos encontramos con adolescentes con un verdadero y crónico jet lag social.

Y aunque existen diferentes cronotipos (el matutino se levanta y se acuesta pronto frente al vespertino que se levanta y se acuesta tarde), la mayor parte de la población se sitúa en puntos intermedios.

Algo diferente a la cronodisrupción, es el Síndrome de retraso de fase o Síndrome de la fase del sueño retrasada (SFSR) definido como un tiempo de inicio y finalización del sueño retrasado en más de dos horas en relación con los tiempos de sueño aceptables socialmente (en nuestro caso, serían personas que se acuestan entre las 23,30h y las 5,30h). Aunque en la mayoría de casos la dificultad se da en conciliar el sueño, una vez que se da, suele ser normalizado. Pero sí tiene consecuencias sobre todo laborales y escolares al no estar en sintonía con el resto de la sociedad. Y esto es un ejemplo de lo que está ocurriendo en la adolescencia.

Una forma rápida de recuperar nuestros ritmos circadianos es la exposición a la luz natural (por ejemplo, dormir con la persiana levantada para que la luz nos despierte y dejar los dispositivos móviles fuera de nuestro alcance cuando nos vayamos a dormir) y la realización de ejercicio moderado.

El sueño, junto con la nutrición, la actividad física, el desarrollo social y la actividad mental, serán pilares fundamentales para cuidar de nuestra salud física y mental.

Bibliografía:

  • Perumal SR, Srinivasan V, Maestroni GJ, Cardinali DP, Poeggeler B, Hardeland R. Melatonin: Nature’s most versatile biological signal? FEBS J. 2006; 273: 2813-38.
  • Arendt J, Skene DJ. Melatonin as a chronobiotic. Sleep Med Rev. 2005; 9: 25-39.
  • Pandi-Perumal SR, Trakht I, Srinivasan V, et al. Physiological effects of melatonin: role of melatonin receptors and signal transduction pathways. Prog Neurobiol. 2008; 85: 335-53.
  • Cronobiología Básica y Clínica. Ed: J.A. Madrid, A. Rol del Lama. Editec@Red, Madrid 2006.
  • Pediatría integral. Vol. XXII, nº8, dic. 2018, curso VI (J. A. Madrid, G.Pin Arboledas, M.C. Ferrández Gomariz).
  • Merino Andreu M, Hidalgo Vicario MI. Hipersomnia. Somnolencia diurna excesiva y alteraciones del ritmo circadiano en pediatría. Pediatr Integral. 2010; XIV(9): 720-34.

Por Nieves López-Brea Serrat, psicóloga sanitaria y neuropsicóloga infanto-juvenil.

 

 

 

 

 

 

La atención y el estrés en el cerebro de los niños y las niñas

Estoy viendo muchas situaciones donde se les grita, presiona e incluso se les está pegando a los niños y niñas porque no están haciendo las tareas del cole “como deben”, “no se enteran” o “se distraen mucho”.

A los padres y madres que pegan, sólo les diré un par de cosas:

  • “Si pegas a un adulto es delito, ¿si pegas a un niño o a una niña es educación?, piénsalo bien, porque yo creo que es todo un abuso de poder injustificable en un contexto de confianza.
  • “Si pegas a un niño o a una niña, no va a dejar de quererte, pero aprenderá a dejar de quererse a sí mism@”, piénsalo también.

(Y por favor, absteneros de esos comentarios que oigo de “a mí me pegaron y no me ha creado ningún trauma”, antes de que lo hagáis pensad si alguna vez habéis escuchado esto otro: “a mí me trataron con respeto y me ha causado un trauma”, ¿verdad que no? Pues eso).

Ahora sí vamos a hablar un poco sobre la atención y sobre el estrés.

Parece que se está difundiendo el tiempo de atención que puede mantener un niño o una niña en base a su edad, y claro, si tu niño o tu niña no entra dentro de esos tiempos ya empezamos a agobiarnos, a pensar que se distrae mucho, que es torpe, y lo peor de todo, a hacérselo sentir a ellos y a ellas y a estresarles aún más, con lo cual su cerebrito no es capaz de soportar más presión y se bloquea.

Para que lo entendamos un poco, en primer lugar, la atención no puede ser evaluada con una simple prueba de tiempo para dictaminar que con 6 años deben mantener su atención unos 30 minutos y con 10 años unos 50 minutos como se está afirmando en redes sociales. Además el concepto de atención, aún hoy en día, es muy difuso, ya que habría que definir si nos referimos a la atención como filtro para elegir estímulos relevantes o como mecanismo que regula los procesos cognitivos que dirigen el aprendizaje donde entran conceptos como percepción, dirección, selección, alternancia, velocidad de procesamiento,…lo que daría lugar a diferentes tipos de atención (selectiva, alternante, sostenida,…) y si vamos más allá visual/auditiva, controlada/automática, voluntaria/involuntaria, global/selectiva,… (por ejemplo, los bebés nacen con una capacidad increíble para atender de forma global todo lo que les rodea como si de un gran foco se tratase, es cuando crecemos cuando vamos forzando este proceso atencional para que se dirija únicamente a estímulos concretos como si ahora fuéramos una linterna, entrenando al menor a que deje en la oscuridad todo lo que hay alrededor y que antes sí veía)…

Para resumir, ya que el tema de la atención es bastante amplio y podríamos estar días hablando de ello, como norma general, y posiblemente en cualquier edad comprendida entre los 3 y los 99 años, si el estímulo es un rollazo, no podremos mantener nuestra atención por mucho que queramos, y aunque parezca que tenemos los ojos fijos en la tarea, bien podría estar dirigiendo mi atención a la última peli que he visto que era bien chula. Es la novedad y la curiosidad que despierta la tarea (o el docente) lo que permite “captar” la atención más o menos tiempo, se tenga la edad que se tenga. Aún así, en otro post,  os traeremos truquillos para entrenar diferentes atenciones.

Vamos ahora con el estrés. No hace falta nombrar todos los estudios que existen donde se indican claramente, los efectos negativos que tiene el estrés sobre el aprendizaje, la conducta y la salud. Y no sólo en la infancia, sino que el estrés prolongado en el tiempo, tendrá consecuencias a largo plazo, perturba el correcto desarrollo del cerebro y debilita el sistema inmunitario, aumentando el riesgo de enfermedades además de aumentar el riesgo de adicciones y otros trastornos mentales.

¿Por qué es tan sensible el cerebro infantil al estrés? Pues porque precisamente es el momento evolutivo donde más conexiones neuronales se darán al estar el sistema nervioso aún en desarrollo. El perfil neuropsicológico de niños maltratados se caracteriza por déficits de atención, memoria, retraso en el lenguaje y en el neurodesarrollo….,por lo que vamos a pararnos a reflexionar un momento:

Le gritas, le insultas o le golpeas porque “no aprende adecuadamente”, o “no se porta adecuadamente”, esto genera estrés en sus cabecitas y justo lo que estás haciendo, es impedirle que “aprenda adecuadamente” o “aprenda a portarse de una forma diferente”. Ahí lo dejo.

Evidentemente, que yo haya algún día que me estrese, que me enfade o que pegue algún grito, no es para que piense que estoy maltratando a nadie, pero cuando esto se convierte en el día a día, entonces debo pararme un poco a pensar si es lo que quiero seguir haciendo, porque yo sí soy adulto, y puedo poner en práctica el autocontrol que le exijo a mis peques.

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2014) define el maltrato infantil como los abusos y la desatención de que son objeto los menores de dieciocho años. Incluye todos los tipos de maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de otro tipo, que causen o puedan causar daño a la salud y desarrollo físico o mental, la dignidad del niño, o poner en peligro su supervivencia, en el contexto de una relación de responsabilidad, confianza o poder.

Para suavizar el tema, os animo a ver este precioso vídeo en familia:

ALIKE

Por Nieves López-Brea Serrat, neuropsicóloga infanto-juvenil

Guía de convivencia familiar durante el estado de alarma por el Covid-19

El servicio de Psicología Aplicada de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), ha elaborado una serie de guías muy útiles en estos momentos de confinamiento. Queremos haceros llegar esta sobre la convivencia familiar, ya que el repunte de violencia familiar durante el confinamiento se está incrementando.

Os animamos a echarle un vistazo en el siguiente link: GUÍA DE CONVIVENCIA FAMILIAR DURANTE EL ESTADO DE ALARMA POR EL COVID-19

Recordemos que la OMS define la violencia como “el uso intencional de la fuerza física, amenazas contra uno mismo, otra persona, un grupo o una comunidad que tiene como consecuencia o es muy probable que tenga como consecuencia un traumatismo, daños psicológicos, problemas de desarrollo o la muerte”, pero existen otros tipos de violencia donde no se emplea la fuerza física, son violencias invisibles para el resto, pero igual de incapacitante para el que la sufre, hablamos de la violencia verbal, sexual, económica, el ciberbullying o la negligencia entre otras…En caso de sospecha de que alguien puede estar sufriendo cualquier tipo de violencia, no mires a otro lado.

Terapia de pareja

 

La importancia del Aprendizaje Social y Emocional (A.S.E.) incluso en terapia de pareja ya es notoria. Nos ayuda a comprender y revalorizar muchos de los aspectos de nuestra vida en pareja. La genial escritora Françoise Sagan nos decía: “Amar no es sólo querer, es comprender”. Comprender las emociones propias y ajenas, comprender las necesidades del otro aunque no se correspondan con las mías.

Si eres hábil en gestión emocional, lo serás en comunicación, en negociación, en comprensión y en empatía. Además hará que detectes a tiempo esos malestares que se inician en la convivencia y podrás repararlo, con o sin ayuda profesional, antes de esperar varios años para darte cuenta de que la relación está ya más que desgastada. Ahí es donde aparece la otra vertiente de la terapia de pareja, la de hacer de la ruptura un proceso respetuoso, usando la mediación si es necesario, sobre todo si hay hijos de por medio.

Según señala la Association of Marriage and Family Therapists de EEUU, tres de cada cuatro parejas que acuden a terapia admiten una mejoría en su relación. Incluso el 90% de las personas que acuden a terapia de pareja con profesionales mejora su estado de ánimo, su salud y su desempeño académico o laboral.

Pincha a continuación para ver un video sobre algunas técnicas que se utilizan en terapia de pareja, añadiendo un vídeo para tomar este tema con un poco de humor: Terapia de pareja/The nothing box

 

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